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8
Una de las mejores historias sobre perdedores.
La primera gran película de Sidney Pollack se hizo esperar, sus inicios habían sido interesantes pero faltaba la confirmación de que podía aspirar a algo más.

Con la supresión del archifamoso código Hays había llegado el momento a finales de los sesenta de presentar otra realidad distinta de la que hasta entonces se nos había mostrado. Es cuando empezaron a filmarse películas muy valientes, con gran carga de autocrítica que hasta entonces eran impensables.

Pollack nos brindó una de ellas, “Danzad, danzad, malditos”, sin lugar a dudas una de las mejores películas que ha retratado una parte de la historia de los Estados Unidos sin salir apenas de una habitación, una sala de baile.

La galería de perdedores que irán desfilando ante nuestros ojos es descomunal, cada uno de ellos representa un sueño roto y una oportunidad perdida en la vida. Pero por muy canallas que sean, como el papel de Gig Young –en uno de los grandes papeles secundarios de toda la historia del cine-, no dejan de ser granujas de buen corazón.

Hoy tenemos Operación Triunfo o Gran Hermano, en los años treinta estos maratones de baile, pero poco ha cambiado. Cualquier cosa es posible con tal de que el espectáculo y las ganancias se multipliquen, mientras que por el camino van quedando muchas almas descorazonadas que más allá de estar viviendo una oportunidad lo que están haciendo es acelerar su final.

Mucha atención a algunos diálogos portentosos, la novedosa utilización de los flash-forwad, y el descorazonador final sin aditivos.

Como curiosidad decir que sigue siendo la película con más nominaciones (9) de las que dentro de las cuáles no estaba la de mejor película.


Nota: 8,3.
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48 de 50 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
Los milagros del equipo técnico en un entorno muy dificil para rodar una gran historia
¿Sabéis lo difícil que es poner en un set, esa sala de baile?
Los tiros y movimientos de cámara, con sus encuadres y en medio de esa trama depresiva en contraste con lo que podríamos suponer que conlleva la alegría del baile...¡¡Pues no!!.

Un guión prodigioso haciéndole la guerra al punto ocioso y de entretenimiento que puede percibir el público llano al leer el título, si no se fija bien en las caras desencajadas del cartel...

Los cambios de eje (enfoque) y que detrás de la cabeza aparezca el fondo adecuado, cuidando siempre que no hayan fallos de racor (Dos planos distintos en una misma escena montada)...
...¡¡Muy dificil!!...Y lo logró.

La película tiene el olorcillo a existencialismo de los 60, los diálogos son pequeñas clases de filosofía y literatura mordáz.

Esta fábula ecuestre contada por humanos, hay que verla porque no tiene desperdicio.
Cada frase nis deja pensando, sobre todo, nos desmitifica el "American Dream" casi con la luz y los gestos del mejor cine italiano...No sé...Pero he visto por la película la sombra del Fellini, más triste, pero con el látigo sociópata de un Sidney Pollack alucinante que hace involucionar hasta el desequilibrio a los pobres bailarinas/es circunstanciales de ese claustrofóbico antro.

Le pongo un 10 porque, para mí, es lo mejor de Pollack
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34 de 37 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Bocadillos de Hiel
Pura hiel enlatada en celuloide nos ofrece Sydney Pollack en esta fantástica película que de ser en blanco y negro sería Neorrealismo del bueno.
Años treinta en USA, años de depresión. Algunos, pocos, han salido volando por las ventanas. Muchos otros vagan de calle en calle, de estado en estado, buscando la supervivencia. Un maratón de baile puede ser un lugar idóneo para escapar, durante unos días, de la intemperie. Pero nada es gratuito....

El paralelismo entre un caballo herido y un ser humano maltrecho es tan acertado que nunca hubo un cántico a la inocencia, tan veraz, como el que nos ofrece el bueno de Michael Sarrazin en su ineludible responsabilidad ante la agonía.

En este paseo hacia la Nada, el director nos lleva de la mano de una más que convincente Jane Fonda y unos tristes, rayando el patetismo, Susannah York, Red Buttons, Bruce Dern.....a la guarida del maestro de ceremonias Gig Young, bien resguardado por Michael Conrad y su ayudante, el mudo comedor de puros, el gran Al Lewis. Entre todos se encargarán de hacernos próxima la tortura. Tan próxima, que en cualquier momento tú o yo podemos estar girando en el angustioso carrusel de los perdedores, mientras otros con más fortuna lanzan algunas monedillas para engrasar el espectáculo.
Tal vez, tú o yo, convengamos entonces, también, que la muerte puede ser la última puerta que nos queda por abrir para conseguir la libertad.
Pasará, Danzad, danzad malditos, a ser una de vuestras pelis preferidas y no querréis volver a verla más.
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26 de 27 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Danzad, hambrientos...
Más que interesante y correcta película, cuya lectura profunda es extrapolable a cualquier etapa histórica e, incluso, a un sistema capitalista que, a día de hoy, sigue ofreciendo solamente migajas a millones de mileuristas que se parten la espalda día tras día con el único sueño de sobrevivir a su hipoteca y al asco que le pueda producir el jefazo de turno; mientras tanto desde la platea los cuatro de siempre (y si no que se lo pregunten a la reina y a toda su prole, por ejemplo), observan sin ningún escrúpulo y para su regocijo, como tanto desgraciado sigue bailando a su son. A día de hoy, los esclavistas de antaño se han convertido en banqueros, su látigo es la usura y su cohartada, un sistema democrático que permite descargar responsabilidades político-sociales sobre un populacho que, por aburrimiento y resignación, ya ni sale a la calle a reclamar derechos constitucionales como una vivienda digna. No, no me estoy yendo por las ramas; simplemente demuestro cómo una película que pronto cumplirá 40 años mantiene su vigencia y su mensaje, cambiando las circunstancias. La sumisión de los personajes a las reglas del marathón no viene a ser otra que la nuestra a las de la sociedad capitalista del XXI... Y mientras seguimos danzando, aún nos queda como alternativa la posibilidad de que, algún día, tengamos la suerte de participar en cualquiera de esos concursos televisivos que reparten millones cada día ante nuestros atónitos ojos; es decir que la pareja ganadora seamos nosotros. Riau.
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32 de 44 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
el baile de la miseria
Bajo este singular y reinterpretado título se esconde una gran obra del desigual S. Pollack. Una película de basada en una práctica que se prodigó en los años de la gran Depresión americana: los carniceros maratones de baile.
Los maratones de baile era un espectáculo que se desarrollaban durante semanas y en las que los desaprensivos y desesperados concursantes pugnaban por un premio que sólo podía ganar una pareja. Un espectáculo dantesco, degradante para el ser humano y muy representativo de una sociedad y un tiempo. De la desesperación que conduce a las gentes a hacer lo que sea por dinero y de la condición humana, que disfruta viéndolo.
Pollack nos cuenta con gran realismo el desarrollo de un maratón, centrándose en algunos personajes que conducen las historias paralelas de sueños, pasados y desilusiones que bailan sobre la pista de baile. Entre ellos destacan una imponente Jane Fonda (personificando a la perdedora y mujer fatal de una manera incólume), o el vendedor de crecepelos y maestro de ceremonias Gig Young adalid de una sociedad devoradora de sus hijos; o la víctima del sueño americano, esa aspirante a actriz Susananh York que posiblemente acabará de haciendo la calle.
Muy buen filme, duro y desgarrador, emparentado con Las uvas de la ira por su temática pero llevado con el ritmo, el descaro y la crudeza del cine de los ´70
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17 de 19 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
¡Qué baile América!
Un título memorable del cine USA de los 60 y una fotografía/radiografía bastante lacerante de la sociedad americana posterior a la Depresión.
Es la historia de un inhumano y estúpido concurso de baile, inacabable, que da un engañoso premio a la pareja que más aguante sin parar de bailar durante días y días, aunque pierda hasta la vida en el empeño, haciéndose paradójicamente aún más ricos los cuatros tiburones capitalistas y provechosos.
Es un chequeo suficientemente ácido y agudo, a través de un excelente argumento, de la condición humana, de la soledad, la depravación, el autosalvajismo, la venta al por menor de uno mismo (el preludio de los actuales "reality-shows"), de su vida y alma.
Bastante pesimista y razonablemente desarrollada, es todavía hoy, por espíritu inquieto y crítico, aparte de su caracter analítico, una película muy considerable.
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13 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Show must go on
“Danzad, danzad malditos” es mucho más que una película sobre un maratón de baile. Ambientada en los años 30, con un país asfixiado tras la aplastante depresión del 29, Pollack realiza una excelente radiografía del ambiente que se respira y se palpa en Estados Unidos. Todo ello con pocos medios y escenarios, encerrado en una sala de fiesta y con unos cuantos personajes, agrupados en parejas de baile, que son una especie de representación del microcosmos patrio.

No hay desperdicio en los personajes que hábilmente presenta: un anciano patéticamente vestido de marinerito, una embarazada de varios meses o una atractiva aspirante a actriz que no es nada sin su elegante vestido. Pero el retrato más clarificador es el del organizador (excelente Gig Young): uno de esos empresarios despiadados que buscan rentabilidad a cualquier precio. La organización del concurso, siete comidas al día y 1500 $ de premio, de algún sitio tienen que salir. Nada es gratis. El fin justifica los medios. Su único interés es dar espectáculo a cualquier precio para que el público pague una entrada.

Dura, casi depresiva y con poco margen a la esperanza, probablemente el contexto socio-histórico del film se entiende mejor ahora, en la actual coyuntura de penuria económica en que se encuentra nuestro querido país.

Como es habitual en la filmografía de Pollack, la dirección de actores es excelente, y dirigir a estrellas seguirá siendo una constante en su carrera. Si ya en su debut contó con Sidney Poitier y Anne Bancroft en “La vida vale más” (1965), trabajará con algunos de los más grandes: Robert Reford, Paul Newman, Al Pacino, etc.

Como en otras películas suyas, Pollack envuelve hábilmente el mensaje en un fondo de entretenimiento, haciendo la película doblemente atractiva. Es una de sus mejores obras, aunque su filmografía está llena de éxitos como “Las aventuras de Jeremiah Johnson” (1972), “Tootsie” (1982), o “Memorias de África” (1985).

Película notable, entretenida aunque con un poso de amargura y que invita a la reflexión.
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8 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Bailar solo era una excusa
Antes de verla me enfrentaba a esta película sin saber prácticamente nada de ella (salvo lo típico de haber visto referencias en alguna serie al maratón de baile), por eso quizás su verdadero fondo me sorprendió, así como su arriesgada realización, su planteamiento y su ejecución por parte de un Sydney Pollack que está visto que es capaz de lo mejor y de lo peor.

El planteamiento ya de por sí es atractivo: Años 30, grave crisis en EE.UU., nadie tiene nada que perder y gente que no tiene donde caerse muerta se apunta a un maratón de baile por parejas casi circense que tiene como premio final 1.500 dólares. Para ello deben aguantar días y días bailando (o al menos sin parar de moverse) sin apenas descanso. Todo para el divertimento de un pueblo deprimido por su situación, una excusa barata para disfrutar del sufrimiento de los demás organizado por gente sin escrúpulos.

Gloria (Jane Fonda), una persona fría, cínica y desencantada de la vida, acude al concurso pero antes de apuntarse su pareja es descalificada. Un dubitativo y tímido Robert (Michael Sarrazin) es instigado por la organización para que le acompañe cuando éste observaba desde la entrada.

Todo esto del baile, que visto así parece muy festivo (y cualquiera diría que la película trata sobre quién va a ganar el concurso y poco más) se va enturbiando según se nos van presentando los personajes y la crueldad del concurso se va imponiendo.

Soberbio trabajo de actores, desde los principales hasta un elenco de secundarios interpretando a un grupo de perdedores que lo bordan. Cómo olvidar al marine retirado, a la ingenua aspirante a actriz, a la embarazada (y su tosco marido), a la "entrañable" anciana de las gradas... y llegando hasta el organizador del baile, interpretado por un Gig Young que se llevó el Oscar por este papel.

Pero el alma de la película son Jane Fonda, simplemente fantástica como mujer dura y cortante que no admite preguntas personales, con el único objetivo de ganar el concurso, y ante todo desapegada del mundo que le ha tocado vivir; y Michael Sarrazin con su eterna mirada tierna y despistada, en un personaje tímido que deja entrever el mismo desasosiego que su accidental compañera de baile.

En los aspectos técnicos y cinematográficos hay que alabar la realización de este film, desarrollado prácticamente en dos escenarios (la pista de baile y la sala de descanso) y una sola localización, y que sin embargo agudiza al máximo el ingenio para evitar cualquier monotonía (aquí también tiene mucho que ver un espléndido guión, que constantemente nos va sorprendiendo según avanza el metraje).

Sigo en "spoiler" por falta de espacio, aunque no desvelo nada importante de la trama.
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8 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Martillo pilón...
Uno de los martillos pilones cinematográficos más devastadores que recuerdo.

Escandalosamente profética del morbo de la audiencia por el sufrimiento humano, actualmente de moda por esa serie de bochornosos programas que llenan de pestilencia nuestra TV, Sidney Pollack se enfunda el traje habitual de su tocayo, Sidney Lumet, y factura una obra rebelde, inteligentísima, recia, intensa, y maravillosamente cruel.

Jane Fonda cuaja la que es quizá la interpretación más deslumbrante de su vida, y es a la vez la que borda el personaje más memorable de la función, escupiendo dialogos sulfúricos a diestro y siniestro.

Quizá es excesivamente larga, para mi gusto tiene momentos en los que se disipa un poco, pero es una fabulosa patada en la boca, qué duda cabe.
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8 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
¿Acaso no matan a los caballos?.
Magnifica y fiel adaptación de la absorbente novela “¿Acaso no matan a los caballos?” de Horace McCoy (incluida en la mejor y más completa colección de novela negra que cualquier aficionado al género debería tener en las estanterías de su biblioteca, “Club del Misterio” de Ed. Bruguera, 20 tomos y más de 150 clásicos del género) y extraordinario, realista y absorbente retrato de personajes tratando de sobrevivir en la dura época pos crack del 29, que junto a “Las uvas de la ira”, “El luchador” de Walter Hill y “El emperador del norte” y alguna más que ahora mismo no me viene a la cabeza y debido a lo novedoso del enfoque en la época de su estreno y lo reconocible y extrapolable a la sociedad de hoy en día, la hacen una intemporal obra maestra.
Jane Fonda y Michael Sarrazin nunca han estado mejor que en la piel de los supervivientes Gloria y Robert y tanto la dirección por parte del maestro Pollack, como la ambientación y todos y cada uno de los miembros del casting brillan a estratosférica altura, regalándonos una película que por nada del mundo deberías perderte.
Absolutamente recomendable.
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7 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
For SYDNEY POLLACK.
Gran Depresión, USA, años del New Deal y el primer _ digámoslo así_ Gran Hermano de la Historia: 200 personas bailando ante el público espectante... al acecho de las miserias de los otros para amortiguar las suyas. Y, esperando a que caigan de bruces y desfallecidos. Fatigados de entre las decenas de parejas que giran y bailan, bailan y giran durante más de 60 días...

Un circo romano en Chicago. La recompensa, sólo para una pareja, será de 1.500 dólares reduciendo gastos de alojamiento en barracas sin churris pero con cucarachas, comidas de lata y sanseacabó.

Sidney Pollack fue controvertido hasta salirse de los gráficos. Para muestra su cine flanqueable, criticable, expuesto. Poco elogiado. Digamos que hasta comprometido como es este el caso. Una especie de maldito al que tanto se le rinde pleitesía como se le menosprecia fácilmente. Eterna promesa que no cuajó.

El tiempo le dará su lugar, a 7 metros bajo tierra como está mandado.

Aún así, no hay donde terminar para reconcer su enorme obra. Lo triste es que a capítulo póstumo queda mucho Pollack por descubrir. El eterno inconformista que nunca se sintió cómodo, plasmó en muchas de sus obras, NO un QUIERO y no PUEDO sino un PUEDO, pero no QUIERO. Se revolvió contra sí mismo y hasta se convirtió en un medio trepa. En ese sentido recuerda a Cassavettes: dos autoestimas de alcantarilla.

El destinado a ser mejor cineasta de la década de los 70 en USA, dejó grandes películas, _siempre a través de bellos rostros_: Jane Fonda, Robert Redford, Natalie Wood... Sus intérpretes hicieron de sí mismo una cápsula. Tan dependiente de ellos, siempre buscó en ellos la perfección y el contrapeso: su desdicha.

Es la razón, injusta, por la que a la espléndida Jane Fonda carga de mala baba, mala virgen, mala estampa y hasta mala digestión en esta película.

Podrán hablar de él como cineasta frustrado en el futuro, una suerte de Salieri enfrentado a Mozart. No por carecer de brillantes recursos para dirigir sus obras. Sin embargo, no fue ávido o poseedor del peso que infunde una autoestima crecida. Él no la tuvo; se creyó menos de lo que era y repercutió así en su obra, que aunque grande, no está valorada aún en la medida que corresponde.

Es el caso de esta película, no acabada, desganada, decadente, inservible.
Retrato sí, de una época que si no les tocó a nuestros padres les tocó a nuestros abuelos. Y al que pudo haber sido cronista americano de la historia reciente: Sydney POLLACK. NADA MÁS Y NADA MENOS.
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8 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Brindo por Pollack.
Gran adaptación, sin duda.
Recuerdo ver esta película un sábado noche siendo un crío hace muchos años y recuerdo la impresión que me causó. Y esa impresión y las parejas agotadas moviéndose por la pista como zombis era lo único que recordaba. No las tenía todas conmigo. Tenía una fuerte competidora en el mismo libro, que leí hace un año escaso y la verdad, dejando los tópicos (ciertos) a parte, esta película ensarta corazones y aplasta cráneos. Y además es una fiel y digna representante de la novela. Una pequeña y breve ola de desolación y ansiedad me ha recorrido el cuerpo cuando ha caído el telón. Ahora me estoy recuperando, a golpe de vino de garrafa.
Y brindo por Pollack.
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6 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
El circo de los horrores
Hay muchas películas en la historia que son totalmente atemporales. Están ambientadas en épocas pasadas y podrían ser adaptables perfectamente a nuestros tiempos. Este es el caso de "Danzad, danzad, malditos".

En este film de Sydney Pollack (basado en la novela de Horace McCoy) se nos cuenta la historia de un intenso maratón de baile que concentra parejas de toda la geografía estadounidense durante la Gran Depresión. Este salvaje y denigrante evento sirve de entretenimiento a cientos de espectadores morbosos que se entretienen con el sufrimiento de los participantes tras horas y horas de baile sin parar. Todo es un gran circo, pero un circo de horrores.

¿Podríamos imaginar un evento así en nuestros días? En mi opinión sí, sin duda. En estos días en que vivimos una crisis de difícil solución, en la que tanta gente pasa penurias y no tiene dinero ni para comer estoy seguro de que miles de parejas probarían suerte en este atroz espectáculo. Además, sería un show con el cual millones de personas podrían entretenerse. El ser humano es morboso, adora ver la miseria y el sufrimiento de los más desfavorecidos. Solo hay que poner la tele un rato, encontramos decenas de programas que tienen como objetivo entretener denigrando a otros. Los días en que los romanos abarrotaban los anfiteatros para ver gladiadores luchar a muerte no quedan tan atrás.

Hablando un poco de la película, encontramos una impactante y cruel historia sobre la pobreza y la desesperación. Pollack dirige con una maestría propia de los mejores directores, impecable su trabajo. Gran parte de la culpa de la grandeza del film reside en un fenomenal reparto encabezado por Jane Fonda, a la que acompaña un gran plantel de secundarios: Gig Young, Susannah York, Red Buttons... El único que no me convence es Michael Sarrazin, carisma cero.

Como suele ocurrir en este país, la traducción del título tiene poco o nada que ver con el original. El título debió ser: "Ellos disparan a los caballos, ¿no?". Título bellísimo y que hace alusión con un paralelismo extraordinario que guarda la película.

Resumiendo, "Danzad, danzad, malditos" es una película maravillosa, de las que hay que ver una vez en la vida. Bella y dolorosa por igual, con una dirección y guión exquisitos y un reparto magnífico. Tristemente actual y cruel como pocas.
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6 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Danzad, Danzad, Malditos
La primera crítica va para la traducción del título al español. Llevamos décadas en el mundo del cine y seguimos pasándonos las traducciones por el f... de los c...

La cinta... "Sublime". Empiezas a verla y piensas "¿Qué demonios es esto?. Conforme va pasando el tiempo (largo por cierto) desnudas el género humano e indagas en sus adentros para descubrir hasta dónde somos capaces de llegar. Increíble. Termina... y sólo te queda quitarte el sombrero frente a semejante obra maestra.

Pollack, Fonda, Sarrazin... De Oscar.
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5 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Tercera ley de Newton: Sólo pisar ya es una ofensa.
¿Quién podría hacer la historia de un hombre que cuando camina recibe su propio peso del suelo? ¿Cómo no se le ocurrió a nadie escribir un relato sobre ello? Sólo sobre eso.

En secundaria me resultó tan difícil entender la tercera ley de Newton. Y sin embargo ahora me resulta tan evidente que el asfalto me devuelva a las rodillas mis pisotones y agravios.

¿Cómo pudo paserle por alto a Galileo, a tantos genios, la ley de acción y reacción, en su vejez, en sus achaques de articulaciones gastadas?

!Qué ilusos fuímos en la juventud! !Pero acordaos, eramos tan livianos! ¿En serio no os acordaís de lo ligeros que eramos?
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5 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
La danza sin esperanza
Un excelente largometraje, y uno de los mejores trabajos firmados por Sydney Pollack: sin concesiones al público, y sin un final feliz que tranquilice a nadie, es un film triste, duro, a veces cruel, a menudo desgarrador, y sin esperanza. Como la vida misma. El reparto, con grandes actores y actrices, y grandes interpretaciones -entre las que destacaría la de Bonnie Bedelia como mujer embarazada, o la de Gig Young como maestro de ceremonias, un maestro de ceremonias que anuncia en algunas cosas al Joel Grey de "Cabaret" (Cabaret, 1972), de Bob Fosse- ayuda bastante a la definición general de esta obra maestra. Gran papel de Jane Fonda, durísimo e inolvidable.
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4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
They Shoot The Audience, Don't They?
En mi opinión es un error el de calificar a esta película de “antiquada”, condescendientemente moralizadora o pretenciosamente espesa. Vivimos en una época en la que el cine ha decrecido significativamente en fuerza a la hora de contar historias embriagadoramente melodramáticas. Esto dado también a una justificada despersonalización de estilos visuales que empujen esa misma fuerza del argumento. La palabra clave es compromiso. Es por ello que la adapatción al cine de 1969 de la novela de Horace McCoy bien podría venir a ser la antítesis de todo esto.
Fascinantemente insistente en todo momento, esta parábola o alegoría existencialista de la vida es un sórdido espectáculo sobre los tiempos duros. Mientras la cámara permanece sentenciada, dentro del salón de baile, escogiendo los detalles de la creciente desesperación de los bailarines, la película se convierte en una epopeya sobre el agotamiento y la futilidad.
El look que Pollack le da a la película es contextualmente oportuno, personificando bien esa sensación desesperanzadora y de sudor, alcohol y tabaco. Sobre todo en el personaje de Rocky, magníficamente interpretado por Gig Young. Y es que viniendo de un realizador reconocido por su destreza en la dirección de actores, Pollack nos ofrece más que notables interpretaciones de Sarrazin, York y el resto del reparto. Punto y aparte Jane Fonda que consigue brillar en una dramática y medida composición que viene a ser lo que da al film su apasionante poder, y sí, anclaje emocional.
La película esta lejos de ser perfecta, pero es tan perturbadora en tantos sentidos importantes que la hace difícil de olvidar, que es más de lo que se puede decir de mejores y más consistentes películas. También es sobradamente lo mejor que Pollack ha dirigido, sobre todo como muestra ejemplar en la planificación de la dirección (sabemos que él mismo operaba la cámara en la frenética secuencia del derby con unos patinetes). Además resulta enormenente representativa en cuanto al paso estilístico del cine de los 60 al de los 70. Esto se hace notar sobre todo gracias a un efectista y efectivo montaje, y a su puesta en escena, lo que la convierte probablemente en la película que mejor ha sabido envejecer en comparación con cualquiera de sus contemporáneas.
Hábilmente el director, a través de la persistencia de sus tesis, consigue evocar una zarrapastrosa atmósfera donde las explosivas emociones llegan a hervir logrando una adecuadamente apesadumbrada y catártica experiencia cinematográfica.
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4 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
Easy come, easy go...
No es tan solo una retrato de la pobreza en EEUU en la década del 30, en la que unos cuantos “suertudos” logran ingresar a un concurso de feria que llegará a su fin solo cuando quede una pareja de pie, después de sortear carreras y bailes por días enteros por un mísero refrigerio y un mugroso catre para tener unos minutos de descanso. No es solo eso, es una alegoría que refleja el poder del aparato estatal, y la forma oculta de esclavismo impuesta a todos sus ciudadanos. Los parias, cegados por promesas vacías y empujados al abismo cuando no pueden beneficiar a la gran maquinaria que los mantiene. No les resulta suficiente con condenar a un individuo al olvido, sino que indistintamente disparan contra sus sueños, que cual gallardos corceles, alguna vez pudo ver galopar, pero ahora yacen, pudriéndose en algún lugar de su conciencia.

No sé si mi noción esta errada, o si suena a pura y llana demagogia, solo recuerdo el asco y el desasosiego que me transmitió esta película. La obra maestra de Sidney Pollack. Una de aquellas de finales de los sesenta que cambió la forma de ver y hacer cine, abriendo sombríos prospectos de nuestra existencia.

Exuda un venenoso resentimiento contra el sistema, una denuncia contra el propio ser humano, su ingratitud, indiferencia e insignificancia cósmica. La batalla campal por el dios dinero, perdida de antemano por la gran mayoría.
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4 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
VUELTAS Y MÁS VUELTAS
Durante la Gran Depresión de los años treinta se celebra un torneo de baile dónde los participantes, por parejas, no pueden cesar de bailar. El objetivo del concurso es que la única pareja que queda ganadora se lleva unos cuantos centenares de dólares más la satisfacción de un público absorto por entretenerse en tiempos difíciles. Entre ellos están participantes están Robert (Michel Sarrazin), Gloria (Jane Fonda), Alice (Susannah York), un veterano de la marina (Red Buttons), Ruby, una chica embarazada (Bonnie Bedelia) y su marido James (Bruce Dern). Rocky (Gig Young), el maestro de ceremonias y promotor del interminable baile les anima a perder una esperanza que tal vez no exista ni dentro de las paredes del salón donde organizan la maratón.

“Danzad, Danzad Malditos” fue la primera película alcamada de Sidney Pollack y la quinta que añadía en su carrera de director cinematográfico. Un escenario sórdido disfrazado de curtida fiesta en donde las alegrías aparentan falsedad frente a una realidad cruel conforma el marco de este magnífico drama de personajes que luchan desesperadamente para sobrevivir y hasta cuanto puede llegar el límite de su resistencia para conseguir su propósito. Cada uno de ellos tiene sus miserias, su modo optimista o no, de ver la vida con un futuro no muy esclarecedor debido a las consecuencias de un “crack” económico. Brillante actuación de la espectacular Susannah York que sobresale ante unos correctos Michel Sarrazin y Jane Fonda.
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3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Abrazados a la miseria
Hay unas cuantas películas sobre la calamitosa situación de los EEUU durante la gran depresión, algunas de ellas excepcionales, pero yo probablemente me quedaría con Las uvas de la ira y esta. Cierto es que el guión parte de un muy buen material, el libro de Horace McCoy, pero no se puede negar que Pollack exprime al máximo un espacio cerrado (un salón de baile), un tiempo contínuo (un maratón de baile) y, sobre todo, la tragedia humana que es no tener donde caerse muerto y tener que bailar para comer. Jane Fonda, sin menospreciar al resto del reparto, está sencillamente soberbia y su personaje, roto por dentro y por fuera, está aún por superar. En definitiva, fascinante relato con final impactante muy recomendable pero que, eso sí, debería verse estando bien de ánimos.
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3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
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