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9
La esencia de la aventura tiene nombre... Moonfleet
Un mar embravecido, las olas rompiendo con fuerza contra las rocas, la música de Miklos Rozsa punteando las imágenes y unos rótulos que van pasando cuya ultima frase dice ...”en un anochecer de octubre de 1757 un niño llegó en busca de un hombre al que creía su amigo”. Así comienza “Los contrabandistas de Moonfleet”. Obra de encargo -rodada íntegramente en estudio- se ha convertido con el tiempo en un film de culto y en una de las cumbres del cine de aventuras y de la filmografía de Fritz Lang.
El pequeño John Mohune (Jon Whiteley) irrumpe en la vida de Jeremy Fox (Stewart Granger) como un huracán y con el su pasado. El recuerdo de la madre del niño reabre viejas heridas del alma torturada de Fox y su mundo se derrumba, se rompe, se hace añicos y ya nada volverá a ser igual para el a partir de ese momento. Hermoso canto a la amistad teñido de un profundo romanticismo poético, a través de la mirada inocente y limpia del niño asistimos fascinados a un doble viaje mediático, el del pequeño John que ira descubriendo la vida, como si de un juego lleno de aventuras se tratara, de la mano de su amigo y el de Fox, que con sus esquemas vitales rotos camina de forma consciente y plenamente asumida hacia un destino inexorablemente fatalista, en el que sin duda alguna es uno de los finales más bellos y líricos de toda la historia del cine.
Un brillante guión adaptado, la soberbia dirección artística, la inspirada partitura del gran Miklos Rozsa y la atmósfera fantasmagórica que le confiere la gótica fotografía en color de R. Planck, bajo la magistral dirección y puesta en escena de un Fritz Lang que despliega ante nuestros ojos un auténtico master de sabiduría narrativa de ritmo y pulso implacables, hacen de la visión de este film intimista, profundamente triste y de una belleza visual apabullante una de las experiencias más excitantes y gratificantes que se pueden vivir en la oscuridad de una sala de cine. Menospreciada en el momento de su estreno, “Los contrabandistas de Moonfleet” emerge hoy como una joya indiscutible del séptimo arte y guarda celosamente en cada uno de sus fotogramas el milagro y el misterio más profundo de la creación artística y la esencia más pura de la aventura jamás vista en una pantalla de cine. Intemporal obra maestra total y absoluta del cine.

Francesc Chico Jaimejuan
Barcelona 27 de julio de 2006
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53 de 62 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Contrabandistas intrépidos
La vi hoy, sábado, a las cuatro de la tarde, como mandan los cánones no escritos del cine clásico de aventuras. Y sí, volví atrás en el tiempo. Casi esperaba girar la cabeza y ver el bocata de nocilla o a mi hermano durmiendo a pierna suelta. Estaba sola y en unos minutos la habitación se llenó de entrañables fantasmas: en una esquina, el club de los cinco; en la otra, algunos capitanes intrépidos; en el centro, junto a mí, los murmullos excitados de Los Goonies; y más allá, planeando alguna diablura, no podían faltar los pícaros Tom Sawyer y Huckleberry Finn. Y juraría haber visto a Oliver Twist haciéndome un guiño desde Monkey Island.

Aventura de rufianes, niños valientes, grutas piratas, cadáveres con sorpresa, mapas misteriosos y tesoros inesperados, "Los contrabandistas de Moonfleet" es un trabajo salvajemente entretenido en el que todos los elementos y tópicos del género aventurero encuentran su razón de ser y demuestran su eterna eficacia siempre que provengan de la mano de un director preciso como un reloj suizo. Si además vienen envueltos en una ambientación costera, de un tenebroso romanticismo inglés y se rematan con un final de corazón en la garganta, tenemos ochenta minutos de pura felicidad en celuloide que ningún cinéfilo amante de los clásicos debería perderse bajo ningún concepto.

Mágica.
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39 de 44 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
Aventuras intimistas
Hace un tiempo leía en la soledad de mis aposentos una excelente crítica que Carlos F. Heredero escribía, con excelencia, en 1987 para "Mundo obrero". Era una crítica que valoraba el grado de elaboración visual y temática de Moonfleet. Resaltaba la profundidad escondida tras el vitalismo de las aventuras juveniles que se narra en dicha obra.

Se trataba de una crítica sublime, magníficamente escrita e intelectualmente elaborada. Después de reflexionar sobre Moonfleet debo admitir que he llegado a las mismas conclusiones.

Moonfleet es un filme intimista que posee una densidad emocional mayor de lo normal en el género de las aventuras. Empieza de manera sublime, introduciéndonos en la situación de manera violentamente lírica, profundamente atrayente... Poco a poco la densidad inherente al cine de Fritz Lang se deja ver entre mirada y mirada, entre sombras, en escenas en las que el tiempo parece pararse para constituir filmes independientes...

Una vieja casa en la que uno de los protagonistas fue maltratado por la familia de su amada (reminiscencias de Cumbres borrascosas vigorizadas por el intelecto de Lang), un niño en un mundo lleno de misterios y emociones (el autor de Oliver Twist también inspira el relato), celos y redenciones... En Moonfleet se alternan luces y sombras al mismo tiempo que ilusión y amargura. Interesantísima, Moonfleet se erige en mi opinión como uno de los mayores logros de Lang y su sugestividad y calidad la sitúan en un buen lugar en la historia del arte cinematográfico.

Después de veer Moonfleet (la había esperado largo tiempo) sentí una desilusión que poco a poco fue transformándose en comprensión de su infinita gama de matices e ideas. Esa comprensión se transformó en admiración, en ganas de revisitarla continuamente... No es una película de aventuras más: es la plasmación simultanea de la mirada de un niño y de un adulto, es decir, la plasmación idonea de la aventura.
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25 de 31 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Los contrabandistas
Segundo largometraje que Fritz Lang (“Furia”, 1936) realiza para la MGM. El guión, de Margaret Fitts y Jan Lustig, se inspira en la novela “Moonfleet” (1898), del británico John Meade Falkner (1858-1932), que a su vez se inspira en “La isla del tesoro” (1883), de Robert L. Stevenson. Se rueda entre el 17/VIII y el 12/X de 1954, en platós de MGM Studios (Culver City, CA) y en unos pocos escenarios naturales de la costa de California, con un presupuesto de obra menor. Producido por John Houseman (“Carta de una desconocida”, Ophüls, 1948) para la MGM, se estrena el 24-VI-1955 (EEUU).

La acción dramática tiene lugar en Moonfleet (pequeño puerto de la costa inglesa de Dorset) y alrededores, a partir de octubre de 1787. El pequeño John Mohune (Whitely), de unos 8 años, tras la muerte de la madre queda solo en el mundo y se traslada a pie a Moonfleet con una carta de presentación dirigida por ella a Jeremy Fox (Granger), administrador de los bienes de la familia Mohune y contrabandista. Fox es astuto, vanidoso, autoritario y traicionero. De vida licenciosa, es aficionado a las aventuras, tiene buen corazón y sigue enamorado de Olivia, una antigua amante que no ha podido olvidar. Lleva en el alma una profunda herida causada por haber sido rechazada por la familia su propuesta de matrimonio con Olivia, madre del pequeño Mohune. El pequeño John es inocente, inexperto, siente gran admiración por Fox, es curioso y está interesado en todo lo que ocurre a su alrededor.

El film suma aventuras, drama, misterio, contrabandistas y cine de época (Inglaterra del s. XVIII). Tiene escaso éxito en EEUU y se distribuye tarde y mal en Europa. En España no se estrena en el circuito comercial. Pasados los años, se emite por la segunda cadena de TVE bajo el título de “Los aventureros de la noche” y se incorpora con éxito al circuito del cine de arte y ensayo. Es el primer trabajo de Lang en cinemascope, sistema por el que no siente simpatía. Realiza su trabajo con interés y entrega, pese a tratarse de una obra de encargo. Crea una obra oscura, sombría, misteriosa, melancólica y triste, de singular belleza. Los lances de aventura destilan vigor y una seductora vitalidad. Capta y retiene la atención del espectador.

Es admirable la economía de medios que usa Lang. Sus elipsis narrativas están diseñadas y cortadas con maestría. Se sirve de sobreentendidos y supuestos, que quedan abiertos a la libre interpretación del espectador. Admira la sobriedad y la austeridad como medios al servicio de un discurso exento de adornos, rizos y derivas moralistas. Bajo la sencillez de su apariencia, el film oculta un rico, complejo y profundo mundo interior, que invita a la reflexión.
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19 de 21 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Volver a ser un niño
Primero, ruego se me permitan 2 reflexiones:

1- ¿Quién por encima de los 30 no ha visto esta película un fin de semana por la tarde y en familia? Recuperen tiempos pasados. Visionenla un sábado a las 16:00 y, si lo hacen en DVD pongan un papel a la derecha de la televisión que ponga TVE1(aquellos tiempos de la uno y el uhf).
2- La próxima vez que me encuentre ante un listado de al menos los mejores 10 directores de cine y no vea a Lang, creo que recurriré a la vía judicial.

Una vez más, Fritz Lang nos muestra aquí su habitual maestría en un film de encargo, rodado en decorados, adaptando una novela de J. Meade Faulkner y puede que algo lejos de sus géneros más habituales (aunque sí trataría el de aventuras en repetidas ocasiones, y ésta en definitiva lo es).

John Mohune, tras la muerte de su madre, vuelve a las antiguas posesiones de su familia arruinada en busca de un hombre que amó su madre: Jeremy Fox, contrabandista bajo aspecto de caballero. Con este simplista punto de partida, el maestro completa una buena película de aventuras de capa y espada (aunque no haya mucho de una ni de otra) que en todo momento mantiene la atención del espectador y una sonrisa esbozada en el rostro (la actuación del niño John Whitely lo requiere).

Destaca ,ante todo, la interpretación de Stewart Granger, quien en esta clase de películas parece no tener rival. Es el personaje mejor construido: mujeriego pero enamorado de una mujer del pasado, todo un caballero, excéptico pero de gran corazón. Junto / frente a él, el gran George Sanders en un papel poco definido que constituye una de las grandes oportunidades perdidas del film (a Sanders hay que darle juego, siempre).

Y todo ello aderezado por la música de Miklòs Ròtzsa. Y uno de los bailes más sensuales de la historia del cine: el de la salvajemente bella gitana que aparece en el film.

Volvamos a ser niños durante 90 minutos.
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19 de 25 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
Viéndola en el ordenata se pierde todo
Moonfleet se debe ver en todo su esplendor. O en el cine o en una tele en condiciones. Abstenerse de verla en el ordenata ya que se pierde la percepción de la realidad. El mundo de piratas se hizo mayor y lo dejó en lo más alto. Recomiendo a todo lector la obra de John Meade Falkner: Moonfleet, el mejor libro de aventuras en la misma altura que La isla del tesoro. De aquella cogió Lang su maravillosa visión de la amistad y la aventura. Igual que muchas obras del vienés el final fue mutilado. Los cementerios, las cuevas y la mirada final que hace con el pirata Stewart Granger deja a las claras que el cine de Lang no tenia secretos. El único secreto es que era único. En el ordenata no verás nada de eso y encima quedarás una piltrafa humana.
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12 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil
3
En busca del diamante escondido
Con una carta de su madre en el bolsillo, el pequeño huérfano John Mohune, ha salido en busca de Jeremy Fox, el hombre que ella asegura sabrá convertirse en su amigo. Pronto, el chico descubrirá que aquel maduro zorro comanda una pandilla de contrabandistas de licor, seda y tabaco, delito que, en Moonfleet, castigan sin remordimiento alguno con la horca.

No sin reticencia, Fox acoge al chico, pero pronto busca meterlo a un internado ya que no ve factible asumir con entereza el rol de padre que, bien sabe, le correspondería. Pero, el chico desea seguir a su lado y hará cuanto pueda para conseguirlo. En estas, pronto se sabrá que el fantasma de Barbarroja (éste, antepasado de los Mohune y oficial de la corona inglesa), ronda por estos lares y un inmenso diamante por el que, se dice, vendió su honor, está escondido en algún lugar del puerto.

Realizada como una película de aventuras, es ésta una rutinaria historia que, cuando uno piensa en títulos como “El halcón del mar” o “El temible burlón”, entre otras, se queda bastante corta. Las falencias y desfaces de este primer cinemascope de Fritz Lang -en el que abundan las postales de estudio, y una iluminación entre gótica y romántica sin duda sobresaliente-, son demasiado evidentes y, en parte, fueron descuidos del propio director, y el resto, a causa de los cortes y añadidos que, una vez más, le hicieron los atrevidos productores.

Veamos: ¿Cómo es que un párroco habla pestes de Barbarroja, acusa a la gente de blasfema por atribuirle poderes sobrenaturales…y enseguida vemos que conserva una gran estatua de este personaje en el interior de su templo?, ¿Cuál es el verdadero conflicto del filme: el chico del que Fox no logra deshacerse, la chica que lo mira celosa de sus coqueteos, o la persecución que asume con él la justicia que lo acusa de asesinato?, ¿Qué sentido tiene mostrar a un hombre liderando a una pandilla, si luego vemos que con ésta no pasa nada?, ¿No resulta excesivamente simplista la manera como nuestro héroe se hace con el preciado diamante?... ¿Y qué tal Stewart Granger como héroe, habían visto a alguien menos expresivo?...

Y bueno, digamos para terminar que, gran parte de las escenas en que aparece la bella Anne Minton (Viveca Lindfords) fueron cortadas sin consentimiento de Lang y por eso su personaje resulta apenas esbozado. Y el esperanzador final fue añadido por la MGM, pues, para el director vienés, el viejo zorro terminaba en aquella barcaza.

¡Cuántos reveses has debido soportar en Hollywood, mi querido Fritz! Pero bueno, es un hecho que ya hiciste historia.

Título para Latinoamérica: “EL TESORO DE BARBARROJA”
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9 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
Forever Lang...
Dentro de la excelente filmografía de Fritz Lang en Estados Unidos "Los contrabandistas de Moonfleet" siempre ha ocupado un lugar menor frente a otros títulos grandiosos (Los sobornados, La mujer del cuadro, Encubridora, etc...) y aunque hoy por hoy la crítica ya se ha encargado de situar esta película entre sus grandes logros, siempre se la ha tratado con una displicencia injusta, signo inequivoco de una ignorancia supina.
Por que esta obra posee la profundidad y belleza de las grandes e indiscutibles obras maestras de Lang, es una película perfecta, de una excelencia visual arrebatadora y con una complejidad moral y ética que la convierten en uno de las mejores películas de aventuras de todos los tiempos. Soberbiamente interpretada (hasta el siempre soso Stewart Granger resulta brillante), con un guión muy trabajado, una fotografía deslumbrante, una partitura musica de las que hacen época y una dirección capaz de sacar el genio más absoluto de todos cuantos participan en la obra.
Los contrabandistas de Moonfleet trasciende las limitaciones de el género en que está inscrita y como cualquier obra de arte ofrece un retrato de la grandeza y la miseria del alma humana tan complejo como lúcido y contundente, lo que la permite inscribirse sin ninguna duda entre los títulos mas gloriosos de la historia del cine.
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14 de 23 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
De los más hermosos...
Sobria y aceptable película de aventuras de Lang, con una atmósfera que por momentos me remitía al fascinante ciclo de Corman dedicado a Poe.

El protagonista, Stewart Granger, pese a sus limitaciones y a lucir una cara que me resulta un poco irritante, cumple, y sin duda va de menos a más, como la película.

Porque su final es complaciente y bienintencionado, pero como final complaciente y bienintencionado es uno de los más hermosos que he visto últimamente.
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9 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
El niño es de armas tomar
He leído en otra crítica que si el niño va descubriendo el mundo, que si profunda historia de amistad...No puedo estar más en desacuerdo. Para empezar, un niño del siglo XVIII que ya camina solo de noche por esos mundos de Dios, y que baja a criptas llenas de bandidos sin demasiado miedo ya tiene mucho recorrido hecho. Menos mal que, en su extrema pureza, sigue siendo niño. Por eso es imposible que sea amigo de Fox. Simplemente, el adulto se redime en él. Nunca llega ese abrazo esperado.
¡Señoras, señores! ¡Qué manera de meternos en materia! Los diez primeros minutos de brumosa película son de una intensidad ya delirante, en hechos, modos, miradas, climas...La escena, (de "terror romántico", al más puro estilo del cuento gótico anglosajón), de la horca con los dos niños debajo, al margen de que ha inspirado alguna otra, (¿puede ser en "los señores del acero", de Verhoeven?, no me acuerdo), insiste en la única bondad pura posible, la de la infancia; y, además, es cortísima, para no abusar ni lo más mínimo de un hallazgo que cualquier otro director hubiera subrayado mucho más. Y sigue la inocencia primigenia enfrentada a la Maldad, al hastío, a la podredumbre. ¡¡¡QUé manera de hacer, de conducir, cuando el niño llega a la reunión de borrachos del antaño esplendoroso "manor" familiar!!! Ahí, de repente, canta el niño una tontísima canción escuchada por los lobos. Es un momento de los más tristes que recuerdo haber visto, jamás, en ninguna película. Es menos espeluznante que aquella escena de "Los pazos de Ulloa" donde emborrachan a un pequeño, pero mucho más triste.
Lo malo es la parte de acción. El realismo era parte imprescindible aquí para sostener la lírica, y es todo muy chapucero, (no me refiero sólo a la ridícula pelea con el hacha; también están esos bandidos que al final actúan bajo una especie de código de honor, con lo sencillo que hubiera sido darle fin a Fox).
Maravilloso el clima gótico, el recuerdo a los grabados de Hogarth para dar ambiente; perfecto el pasotismo, el hastío de Sanders, (al parecer no fingido, próximo ya su suicidio en la vida real). Y, sobre todo, destacar a uno de los mejores actores que yo he visto: Stewart Granger. ¿Por qué? Porque siempre me convence, por filtrar más verdad, a través de su frivolidad y socarronería, que otros mucho más consagrados y peores, (se me ocurre ahora mismo James Stewart, ya que acabo de ver "Vértigo")y por romper una lanza porque siempre que se habla de él es para ponerlo a parir. En "Moonfleet" está inmenso.
¡¡¡Ay, niños inocentes que se movían por el mundo!!! ¡¡¡Qué distintos a los niños resabiados pero encerrados en institutos todo el año!!!
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8 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
3
A Fritz Lang le cortaron las alas
De todo lo que he leído sólo me interesaban las opiniones que intentan explicar el considerable descalabro que significa "Moonfleet", una película ambientada en una época en la que, ya se sabe, con la espada se podía solucionar todo. Mi enhorabuena a aquellos que han podido disfrutar de esta floja cinta de aventuras, sin embargo por mi cabeza y según avanzaba la película no hacía otra cosa que preguntarme cómo pudo firmar algo tan deslavazado, tan disperso, con tan poca chispa. No es de extrañar que muchos pasen por alto todo lo malo que tiene, que es mucho, cuesta creer que el nombre de Fritz Lang, tan anclado a la historia del cine, tenga en su filmografía películas tan flojas como este "Moonfleet".

No es que sea una obra menor, hasta los dioses dicen que descansan a veces, es que es mala. Diré por qué por supuesto. El principal problema son los trompicones con los que avanza, de forma torpe, para explicarnos una historia que de presumiblemente sencilla pasa a ser inconexa por esos saltos en la narración. Es como si faltaran frases dentro de un párrafo, o peor, palabras que por lo que sea desaparecen. A mi juicio, hay una opinión que lo clava, y es la de un amable usuario que explica que los productores hicieron lo que quisieron, ya se sabe, quitando aquí, imponiendo allí y en definitiva estropeando lo que inicialmente el director de origen alemán pretendía ofrecer.

Efectivamente, no hay otra explicación que esa, la tiranía del vil metal impuso sus condiciones y el resultado es una película mal organizada, con una relación adulto-niño si quieren salvable, pero con aspectos de la trama resueltos de forma poco efectiva: ese diamante que aparece ahí, todo lo relacionado con la leyenda de Barba Roja... Una pena.

Si una película está bien hecha, es de justicia elogiar sus méritos. Yo de Fritz Lang siempre espero lo mejor y aquí, al lado de un átono Stewart Granger, el resultado es más bien pobre. Le cortaron las alas, qué lástima, de un director como él y en un género como el de las aventuras se podría haber esperado algo a la altura.
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8 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
4
El ostión de Moonfleet
Moonfleet (Los contrabandistas de Moonfleet, 1955) se trata de una curiosa película dirigida por el genio Fritz Lang y que se adscribe al género de aventuras. A pesar de que el alemán está detrás de las cámaras (al menos en teoría), lo cierto es que la cinta es realmente decepcionante, y poco podemos ver en ella del genio. Gran parte de la culpa se debió a la productora que impidió a Fritz Lang explayarse de manera totalmente independiente. Producida por la Metro-Goldwyn Mayer, la compañía seguía la tónica con este filme de las películas de aventuras, tan de boga en la década de los años cincuenta.

La película adapta la novela de John Meade Falkner, escritor de origen británico. Nos presenta a un joven muchacho, que debe buscar a Jeremy Fox por orden de su madre, para que este lo forme. Lo que pronto descubrirá el joven es que el tal Jeremy Fox está metido en más de un turbio negocio. A pesar de que en un principio el contrabandista no quiere saber nada del niño, poco a poco (mientras combaten contra todo tipo de inclemencias) irá surgiendo una relación de amistad entre ambos.

Nos encontramos pues ante una película más de aventuras, que a pesar de tener algunos elementos positivos, no puede competir con las grandes obras maestras del género. Como gran acierto podíamos citar la química que se establece entre los dos protagonistas, Jeremy Fox, interpretado por Stewart Granger (quien por cierto, según palabras del propio Lang, no se sabía las líneas del guión) y el joven chico, interpretado por Jon Whiteley. Lo que al principio parece un encargo tedioso para el contrabandista, acaba confluyendo finalmente en una unión de amistad sólo estropeada por un estúpido final (impuesto obviamente por la productora, Lang habría sido mucho más duro con el personaje de Granger). La ternura es el rasgo más destacable de la película, y algunas secuencias parece que si se abren vía al corazón, aunque son más bien escasas.

Hay también algunos toques adultos que parecen chocar en una película aparentemente de carácter más bien infantil. De hecho, nada más empezar la película nos encontramos con un cadáver de un contrabandista colgado, y justo después, con un baile subido de tono. Dicho baile, lo protagoniza Liliane Montevecchi, bellísima actriz y cantante de raíces francoitalianas, que en la película aparece representada como una gitana con inevitables toques hispanos (un cóctel de lo más curioso). Lo que impacta del baile es la exuberancia y el erotismo con el que Fritz Lang rueda dicha secuencia, que incluso muestra al niño protagonista del filme impactado ante lo que está viendo detrás de una ventana.

El guión es sin duda el agujero más negro que existe en la película. Nos encontramos con algunos fallos que no tienen ninguna explicación lógica. Para empezar ya la estructura del guión no está bien delimitada. Las secuencias parecen estar deslavazadas entre sí, y nuestros protagonistas se van moviendo de un lado a otro sin que haya una razón lógica para ello. Incluso algunos elementos más ordinarios del guión no tienen una razón lógica de ser, caso de la estatua de Barbarroja, la cual es criticada duramente por el párroco pero la mantiene en la iglesia.

La película fue rodada en Cinemascope, y se nota que los productores vieron la oportunidad para hacer negocio, utilizando el filme como un escaparate visual. Esto tiene sus puntos positivos, pero también se cierne una sombra negativa sobre el filme, como es la de la intrascendencia del género. La fotografía, que firma Robert Planck, aprovecha los escenarios (todos rodados en interiores) que transcurren durante la noche para dejar su huella artística, que explota los claroscuros, casi bordeando el género de terror. Recordemos si no las secuencias en las que el joven protagonista contempla atónito y aterrorizado la figura de la estatua del ángel caído, cuya silueta se recorta siniestramente en el filme. Ahora bien, en cuanto la película abandona las sombras y se coloca a la luz del día, pierde enteros, porque la monotonía se acaba imponiendo y la sensación general es la de que el filme aprovecha el potente color para filmar simples postales.

Que al propio Fritz Lang no le gustó ni el formato Cinemascope (era la primera vez que trabaja con él) ni la película lo afirman sus propias palabras, cuando afirmó que trabajar con Cinemascope sólo servía para rodar funerales o serpientes[1]

[1] V.V.A.A, Fritz Lang: Interviews, Ed. University Press Mississippi, Mississipi 2003, p.120

https://neokunst.wordpress.com/2016/08/23/los-contrabandistas-de-moonfleet-1955/
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4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Una aventura romántica.
El cine de Fritz Lang suele ser elogiado, y con razón, por muchas y variadas razones: su narrativa implacable, su sobriedad, su dureza, su violencia, su atmósfera, pero pocas veces se habla de él en función de una de sus más llamativas, aunque quizás no tan obvia: su romanticismo, más poderoso de lo que podría parecer a simple vista. “Moonflet” es, una excelente película de aventuras – que con un bajo presupuesto, fue cercenada y modificado el final por la Metro, en contra de la opinión del cineasta – donde podemos apreciar un Lang romántico, escéptico y fatalista a un mismo tiempo. Prestigiada por la admiración sin límites por la crítica francesa de “Cahiers du cinema” tuvimos que esperar en España hasta 1982 para verla.

“Moonfleet” se centra en el devenir de un personaje de fuerte raigambre en el género aventurero, el truhán Jeremy Fox (Stewart Granger), hacendado enriquecido pero en realidad un contrabandista y, tal como recuerdan las cicatrices de su espalda, un paria humillado. El rasgo esencial de esta obra (basada en una novela de J. Meade Falkner que desconozco), es la aventura interior, la fusión entre la acción y la reflexión. Fox, elegante y apuesto es observado atentamente por un niño admirado. Fox y el niño John Mohune, desarrollan una relación de considerable densidad: el pequeño remite al espectador del cine de aventuras, predispuesto y entregado a la fantasía y la imposibilidad. La admiración del niño hacia Fox, galante y libertino es inmerecida, observado con respeto y confianza, pero el espectador es consciente que tiene los pies de barro. Si el cine es por esencia el arte de la mirada, y Lang es uno de los que más radicalmente lo han entendido así, no tiene nada de extraño que su obra sea sombría y adusta.

Lang reencuentra su antigua vena romántica, en plena madurez expresiva, forjando a golpes de intensidad un universo nocturno cuyo exacerbado romanticismo se aleja del ascetismo que prevaleció en su última parte de la etapa americana, obligado por las circunstancias antes mencionadas, rodando gran parte en decorados de estudio, de ello se desprende un cálido aliento legendario. El azar domina la construcción de la película por encima incluso del determinismo de las conductas, el azar se asienta en un decorado subterráneo: el cementerio es en su interior una cueva pútrida, mohosa, un nido de contrabandistas que pasea su violencia entre los sepulcros con los fanales en las manos y el cuchillo siempre listo para entrar en acción. “Moonfleet” nos devuelve la grandeza del cine clásico cuando se construía, como era el caso de Fritz Lang, a base de una idea por plano: el espectador pasará así desde planos de ángeles de piedra y ojos blancos hasta el lirismo del aventurero, el detalle y las miradas cómplices que proporcionan al film momentos de brillantez.
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4 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Oficio de tinieblas
En una noche de octubre de 1757, un niño está a punto de finalizar el largo viaje a Moonfleet. Una nota perentoria de la madre, agonizante, cita el nombre que el pequeño Mohune grabará en su mente como el del amigo y protector que espera hallar: Jeremy Fox. El decidido muchacho apenas repara en el tétrico decorado de las últimas millas de su caminata. Una atmósfera de maldición, horrores presentidos y amenazas en la sombra envuelve Moonfleet. Las cuencas vacías de un gran ángel de la muerte, las tumbas recortándose a la pálida luz de una luna que apenas traspasa la barrera de negras nubes, el muro escalado por una garra de pesadilla... Fritz Lang consiguió un film desesperadamente romántico, y más en su entraña que por esta subyugante imaginería gótica.

Obra de admirable polisemia, "Moonfleet" es tan compleja, rica, ambigua y hermosa como cualquiera de las mejores películas de Lang. Esas que suelen citarse de modo reverencial. Los motivos de una infravaloración que, mucho me temo, no va a remediarse a estas alturas, me son incomprensibles.

Basándose en la novela homónima de un autor de escaso relieve, escribió Margaret Fitts un guión literario sólido, pero no especialmente distinguido ni original. Lang lo lleva a su terreno, lo enriquece hasta la transformación casi alquímica. A través de una puesta en escena apasionada, vibrante, genial. Nunca fue, ni en los momentos más arquitectónicos de su etapa alemana, un mero geómetra que lo fía todo al virtuosismo de una dirección artística sobresaliente. Cuando Jean-Luc Godard acuño esa célebre frase sobre travellings y moralidad, debía estar pensando en su admirado Lang.

El secreto de eso que muchos (erróneamente) llaman tranparencia, o clasicismo, es la ausencia de gratuidad en el más insignificante movimiento de cámara. Pero Lang no ejercía de economista ni se amoldaba a un academicismo funcional. Cada plano, cada movimiento dentro de él, estaba determinado por la reflexión. Una reflexión ligada esencialmente, esn su caso, a las motivaciones evidentes y secretas de los personajes. Los mejores trabajos de Lang son milagros de sutileza y precisión que muy pocos de entre sus colegas, dentro de muy diferentes universos creativos, han sido capaces de igualar.

Rodada, por imposición de MGM, en un formato (scope) que Lang detestaba y teniendo de fondo casi siempre los decorados construidos al efecto, incluyendo los espectaculares cielos pintados, "Moonfleet" trasciende la artificiosidad precisamente por hacer de ella un instrumento de adecuación a ese peculiar romanticismo langiano. Al que se ciñen también la sensacional partitura de Miklos Rozsa y la cuidadísima fotografía de Robert H. Planck.

John Mohune, nieto de aquel Barbarroja que tiene en "Moonfleet" un raro protagonismo elíptico, avanza, con su inocencia acusadora, por el tenebroso entramado de intrigas, traiciones y corrupción que envuelve las actividades de Jeremy Fox, el truhán impecable. "Moonfleet" es una de esas raras películas en las que lo intuido y lo oculto, el pasado, lo que sucedió y sucede fuera de campo a los personajes, nos interesa tanto o más que la evidencia de palabras y hasta de actos filmados. Y éso, cuando sucede, no puede ser imputable más que a la mano maestra de un director. No hay guión que lo garantice.
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3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
¡Aventuras!
No había tenido ocasión de verla hasta ahora y la he disfrutado mucho. Stewart Granger es un actor que nunca me ha entusiasmado pero que suele cumplir con su cometido bastante bien y aquí no es una excepción, el que me decepcionó un poco fue George Sanders, con un personaje más soso de los que tiene habitualmente. A destacar la interpretación del niño, un excelente hilo conductor en toda la pelicula y me gustaron mucho también los papeles de las mujeres. Esta es una película sin heroína, donde las mujeres que aparecen son egoístas y perversas como en los mejores clásicos dramáticos de Frizt Lang.

Mención aparte merece el ambiente, oscuro y tenebroso en ocasiones, melancólico en otras como la escena en que los niños van al cenador en el jardín abandonado. La escena en la que los contrabandistas encuentran al niño, con ese plano en el que sólo se ven sus rostros sobre la cámara, mirándonos, es espectacular.
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7 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil
5
Fallida incursión de Fritz Lang en la piratería
Para mí desde luego no es una de las mejores películas del cineasta alemán, en comparación con las de cine negro en las que destacó. De hecho, por mucho que Stewart Granger se especializara en papeles de capa y espada, ni siquiera él la salva. Para su breve duración la acción apenas existe al comienzo, es muy monótona y sólo parece un intento por imitar "La isla del tesoro".
Sinceramente, esperaba algo distinto y me he llevado una enorme decepción con "Los contrabandistas de Moonfleet". No la suspendo por respeto al director.
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4 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
4
De lo que he visto, lo peor de Fritz Lang
Debo admitir que el género de aventuras nunca me ha entusiasmado especialmente, ni siquiera cuando era niño. No obstante, creo que nunca he dejado de reconocer los méritos de una buena peli. Pero creo que ésta no lo es...

Seguramente, Fritz Lang no quería hacer una película de aventuras al uso, y pretendía poner el acento en otro tipo de valores: el romanticismo del viaje iniciático; el choque de personalidades, de culturas o de generaciones; en el goticismo de paisajes exóticos; en el escapismo del héroe que huye de sus propios recuerdos; el remordimiento; la redención... Pero lo cierto es que, a mi entender, las concesiones al gran estudio hacen que esos nobles fines queden reducidos hasta la nimiedad.

Formalmente, la ambientación es muy buena, pero los vivos colores, el cartón-piedra y el Cinemascope no son buenos aliados del clima de misterio y de la tenebrosidad que seguramente requería una historia como ésta.

Stewart Granger, en mi opinión, nunca fue un gran actor, simplemente se convirtió en un especialista de historias de capa y espada, que supo qué era lo que el público esperaba de él... Y eso es lo que da en "Moonfleet", ni más ni menos. Seguramente, la profundidad de la historia requería un actor capaz de ofrecer más matices.

Y es que la trama, bastante simplona, termina por imponerse a las buenas intenciones. Más allá de lo que implica el encuentro entre el niño y el contrabandista, el argumento tiene poca miga. Las cosas van desarrollándose de manera facilona, los malos son muy muy malos y muy muy torpes. Al personaje de George Sanders le falta sorna y el niño ha terminado por "cargarme" un poco. Se echa de menos un mayor desarrollo de los personajes femeninos, que podrían haber dado más juego en esta historia, y que terminan siendo meras comparsas.

A mi entender, las ganas de ofrecer espectáculo y entretenimiento al gran público primó sobre el interés en ofrecer una historia romántica de experiencias vitales encontradas. El mero entretenimiento, sin más, acostumbra a envejecer mal, y ése es uno de los lastres de esta película. Por todo eso, el conjunto resulta bastante flojo. Por supuesto, he recordado las sesiones de sábado por la tarde en las que, siendo niño, veía cine de aventuras por la tele. Pero eso no significa que todas aquellas películas hayan de parecerme buenas a día de hoy.

Eso sí, una cosa se le ha de reconocer. Un gran final.
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4 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Aventura crepuscular
Puro romanticismo de novela. Para narrar esta historia, Lang optó por la estética gótica: viejas estatuas, colores irreales, faroles en la noche, tabernas de piratas y cementerios malditos. Toda una historia de fantasmas, en su capa más superficial, 'Moonfleet' nos habla en realidad de la fascinación de un niño por un adulto - Jeremy Fox, un pirata, pero también un caballero- , a quien quiere seguir los pasos; así como de la evolución de este adulto gracias al niño. De egoísmo y hedonismo a la responsabilidad, y del paso de la infancia a la madurez, a través de una historia de aventuras de la vieja escuela. Muy recomendable.
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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
No Conocía esta Película de Stewart Granger, pero sin embargo...
Por alguna razón, no conocía esta película de Stewart Granger, notable actor de aventuras de los años 50 y 60, conocido por Scaramouche, El Prisionero de Zenda, Alaska, Tierra de Oro, Las Minas del Rey Salomón, entre otras. Sin embargo, la sorpresa es sumamente grata, con una historia bien llevada de la mano del Director Fritz Lang, cineasta de notable factura, y que destaca en películas como Metropolis y M el Vampiro de Dusseldorf, ambas de los primeros años de cine sonoro.
La cinta muestra los elementos básicos de una cinta de estas características: una dosis de acción, huidas apresuradas, la ambientación fue de primer nivel, donde destaco las escenas de la playa, tomadas desde arriba, con el mar embravecido. Granger siempre sólido en sus papeles, y el pequeñín que lo acompañaba estuvo a la altura. Como curiosidad, destacar que el párroco fue interpretado por Alan Napier a quien conocimos como Alfred, el mayordomo de Bruce Wayne en la serie de TV Batman, y una breve aparición de Jack Elam, figura recurrente en los Western de aquella época. George Sanders haciendo un eficiente papel secundario. Buenos 98 minutos de entretenimiento.-
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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
La extraña pareja de un mundo gótico
Película de aventuras ambientada a mediados del siglo XVIII, esta obra destaca por la puesta en escena, y por una ambientación tétrica, a veces más bien gótica, y que da al conjunto, de acuerdo con el momento histórico en el que se sitúa esta historia, un aire prerromántico, en el que los contrabandistas de la costa se mezclan con un baile flamenco, y con cementerios misteriosos, tesoros y personajes inquietantes, como los interpretados por George Sanders y Joan Greenwood. Un niño (Jon Whiteley) contempla un mundo corrompido y peligroso, en el que su protector y amigo, Jeremy Fox (Stewart Granger) es un ladrón sin escrúpulos, y a la vez una figura paterna. Lo que en la película se supone que es la costa inglesa, en realidad se rodó en la costa de California.

Es un film muy curioso, que recomiendo vivamente.
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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
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