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8
El ave fénix
Las noches de Cabiria no son las noches que se espera de una prostituta. Tres noches y tres fábulas, a cual más sorprendente: la improbable velada con un actor famoso; la visita a los infiernos con el buen samaritano (aquí la noche desemboca en el amanecer); y el espectáculo de magia e hipnotismo en un local llamado Lux –antesala de un idilio novelero.

Tres noches y tres hombres. El primero es la frivolidad, el lujo hortera y las burbujas; el segundo es todo compasión (comparte sin buscar publicidad ni reconocimiento, consciente de que sus acciones no son más que una gotita de piedad en un caudal inmenso de pobreza); y el tercero es la promesa de felicidad.

Podría hablar del tratamiento de lo religioso en la película: ritos, almas, procesiones, ironías. O de los excelentes personajes secundarios: la prostituta revirada, el tío lisiado, el fraile Giovanni, la amiga Wanda... O del uso fértil del lenguaje callejero. Podría detenerme en los detalles: el paraguas de Cabiria, su chaqueta mugrienta, la vela que se apaga, la presencia material de los billetes… O en el tono de tragicomedia, tan logrado. Esos aspectos se disfrutan sin necesidad de ponderarlos a priori.

El italiano retrata la prostitución sin enseñarnos el acto sexual. Lo más cerca que estamos de ver a Cabiria faenando es cuando sube en un camión con un cliente. Pero Fellini corta y aparece la protagonista abandonada en medio de ninguna parte. El buen samaritano la recoge. Más adelante, Cabiria vislumbra su futuro al encontrarse con una prostituta avejentada, que vive en la miseria.

No desvelaré los pormenores de la trama ni diré cuál es el desenlace. Pero esta cinta se degusta más a la segunda, conociendo previamente la última secuencia, una secuencia deslumbrante que desnuda el alma de Cabiria. Verla con ella en mente multiplica efectos, alegrías, tristezas, desengaños. Amplifica sufrimientos y sonrisas. Como si la piedra final le diera nueva luz al edificio.

Cuando todo parecía listo para una conclusión convencional y pulcra, Fellini se la juega con una serie de planos en que muestra al ave fénix, el pájaro de ensueño que renace de entre sus cenizas. En ese punto, la ilusión del cine llega al corazón.
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84 de 88 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
Las chicas del arrabal
No sé qué tienen algunos directores italianos, que van y me plantan delante algunas de las más inconmensurables maravillas que sólo unos cuantos tocados por la gracia son capaces de ofrecer.
Fellini, tan admirado como vilipendiado, supo escribir en las páginas de lo sublime con letras de oro, con ese pulso de lo que trasciende las fronteras de lo simplemente extraordinario para remontarse hacia lo que va más allá de todo lo hermoso que el ser humano pueda crear.
Algo tan inmenso me ha transmitido este drama, que nunca tendré palabras suficientes para hacerle honor. Personalmente, encumbro a Giuletta Masina en la que es una de las más sobrecogedoras interpretaciones femeninas desde que la primera actriz de cine actuó en una película, hace más de un siglo. No son muchas las actrices que han logrado sobrepasar todo lo imaginable en mi escala de emociones, pero sin duda, Masina se ha ganado, con pleno mérito, uno de los puestos más elevados. Fellini, al que sólo por una película como ésta califico como un verdadero gigante del séptimo arte, mostró su gran genio no sólo para dirigir, sino para elegir a los actores idóneos, y su buena mano para guiarlos a través de unas interpretaciones que en alguna ocasión dieron lo mejor y más insuperable. Segura estoy de que el mismo Fellini se extasió ante las dotes de Masina, y le dio alas para fundirse con su papel de un modo en que pocas veces se ve. No conozco las circunstancias del rodaje de "Las noches de Cabiria", pero estoy convencida de que el insigne genio italiano cifró en ella muchas esperanzas y su gran creatividad. Giulietta Masina, su esposa en la vida real y su único gran amor, rindió a su más ferviente admirador, quien permanecería a su lado para siempre.
No me cabe duda de que Fellini era un hombre agraciado con una sensibilidad más allá de lo corriente, porque de lo contrario, no habría sido capaz de regalarme algo tan bello.
Cuando él murió, Masina le siguió al poco tiempo. Tanto le amaba, que no pudo soportar seguir viviendo sin él a su lado. Y creo que comprendo la razón.
"Las noches de Cabiria" es una genuina obra de arte en la que lo penoso va de la mano con un lirismo desgarrador. Cabiria es una chica de los arrabales de Roma, como tantas otras que se prostituyen para sobrevivir. Desde el principio, ella nos roba el corazón porque derrama una luz que nada puede apagar. Vapuleada, llevada de un lado a otro, engañada y abandonada como un perro, ella es la prueba viviente de la dureza de esta vida intoxicada y corrompida. Dan ganas de gritar contra tanta maldad. Y ahí está ella que, de alguna manera, representa la esperanza en sí misma. Porque ese corazón tan grande que tiene, tan pisoteado, nos devuelve la certeza de que todavía quedan cosas buenas en esta cruel existencia.
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86 de 95 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Una sonrisa
Fumaba un cigarrillo largo y fino, de esos de exportación. Pero no llevaba can-can sino una faldita muy corta y unas botas hasta la rodilla a juego. Una blusa blanca muy fina que dejaba mucho más que intuir sus pezones y unos ojos rasgados. Todos los días pasaba por su lado cuando regresaba a casa y ella, todos los días, me llamaba chasqueando su lengua. Esa noche cuando pasaba por su lado chasqueé la lengua en contestación. Ella sólo tiró un beso al aire.

Siempre me he preguntado qué pasa con todos esos besos que se escapan. ¿Dónde irán?

La llamaban La China pero todos los del barrio sabíamos que era tailandesa. Al pasar por su lado percibí un suave olor a mandarina y jazmín. Nunca había pasado tan cerca y jamás había cruzado palabra alguna con ella anteriormente. Al menos por mi parte. Así que aún me pregunto si fue el olor a frutas y flores lo que me incitó a darme la vuelta.

Le dije de sólo ir a un bar. Le invitaba a cenar y entablar conversación. Ella miró su calle. A un lado y luego a otro. Sopesando los clientes que pudieran llegar. Acepto la conversación, pero no la cena.

Y me lo contó todo. A un desconocido porque a los amigos esas cosas no se cuentan. Ella seguía hablando, con la cabeza gacha. Yo aguantaba el tipo, con los ojos rojos pero haciéndome el hombre que quería ser. Hubo un momento, pasada ya media noche en que ella se calló. Agarré su mano para que sintiera calor humano suponiendo que después de todas sus desdichas pudiera seguir sintiendo algo. Ella levantó la cabeza y tenía la sonrisa más hermosa que había visto en mi vida. Entonces sí. Entonces me desmoroné.
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60 de 69 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Cabiria, Wanda y los hombres
Quinto largo individual de Fellini, escrito por él, Ennio Flaiano, Tullio Pinelli y PP Pasolini (diálogos). Se rueda en exteriores de Roma (Acilia, Castel Gandolfo, Santuario Virgen del Amor Divino, Via Apia, etc.) y en Cinecittà Studios. Gana un Oscar (película extranjera) y dos premios de Cannes (actriz y OCIC). Producido por Dino de Laurentis, se estrena el 10-V-1957 (Festival Cannes).

La acción tiene lugar en Roma, en 1956. María Ceccarelli, alias "Cabiria" (Giulietta Masina), es prostituta, tiene unos 35 años, vive en el barrio de San Francesco, en las afueras de Roma, y hace la calle en el Passaggio Archeológico, cerca de las Termas de Caracalla. Es ingenua, inocente, activa, animosa, ahorradora, romántica, confiada y de buen corazón.

El film toma el nombre de la protagonista de la película muda "Cabiria" (1914), de Giovanni Pastrone, inspirada en una novela de Emilio Salgari. Da este nombre a una muchacha siciliana apresada por piratas y vendida como esclava a los cartagineses. La Cabiria de Fellini es un personje nuevo, de personalidad singular, tierna, humana y entrañable, que es maltratada y engañada por los hombres. Deviene una figura clásica moderna. El relato que sustenta al film es sencillo y simple. Lleno de encanto humano y de fuerza conmovedora, plantea la posibilidad de que el mal venza al bien, aunque a la larga el bien se impone sobre el mal. La vida y el azar tienden a ser injustos con las personas, sobre todo con las más débiles. Se considera que el film cierra la primera etapa del realizador, la neorrealista, caracterizada por la importancia de los personajes, la preferencia por las figuras sencillas, humanas y marginales y las referencias de crítica social. Aparecen en ciernes algunas de las constantes del autor que adquieren en la etapa siguiente mayor desarrollo, como las figuras fantasmagóricas (procesión de penitentes que se pierde en la oscuridad) y las matronas gruesas (Wanda, Franca Marzi). Se observan algunos trazos surrealistas, como la vieja prostituta que sale del subsuelo en la escena del samaritano, eliminada por la censura. La caracterización de Cabiria recuerda la del vagabundo de Chaplin, con la que mantiene algunos puntos en común (lucha con la cortina del "Night Club", cejas pintadas, atención al paraguas). Bob Fosse realiza un "remake" musical, "Sweet Charity" (1968).

La música, de Nino Rota, calaborador habitual de Fellini, aporta una partitura variada, alegre y emotiva, con un tema principal melódico y melancólico. Consta de 15 cortes, de entre los que destacan el "Tema final" (acordeón y guitarras), "Lla ri lla ra" (guitarra y voz), "Mambo de Cabiria" (maracas, contrabajo y batería) y "Pic-nic en el Divino Amor" (acordeón). Se añade un fragmento de la Sinfonía nº 5 de Beethoven. La fotografía, de Aldo Tonti, contrasta con fuerza blancos intensamente iluminados con abundantes negros (sombras y figuras). Ofrece algunos contraluces brillantes. La interpretación de Masina es admirable.
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40 de 45 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
MÁS APROPIADO ES REÍRSE DE LA VIDA QUE LAMENTARSE DE ELLA
La película es todo un argumento montado para el lucimiento de Giuletta Masina, la mujer o más apreciada de Federico Fellini. Giuletta nunca tuvo un prototipo de belleza despampanante, de hecho si uno se fija en sus cejas, parece por momentos una lechuza; sin embargo tenía carisma en su rostro, gracia, encanto y sobre todo sabía adaptarlo muy bien a lo que requerían sus interpretaciones.

La protagonista nos conquista por ser una mujer del montón, de las que pueblan la tierra de los fracasados, mal vistos, y aún así conservan y exponen belleza humana, optimismo, esperanza y sueños de cambio, dan amor y acogen a otros que necesitan momentos de cariño.

Para mí, lo mejor de la película son los dos minutos finales: maravillosa oda a la superación del hundimiento, a la resurrección del enterramiento, a encarar la vida con la sonrisa de la filosofía más poderosa: el Sentido del Humor. Porque a fin de cuentas todas las calamidades y dramatismos que padecemos también pueden contemplarse con la habilidad, la superioridad y nuestro potencial mental de comprensión positiva, consistente en contemplar el juego de la existencia precisamente como JUEGO con sus ganancias y sus pérdidas siempre relativas, lo cual es más saludable y poderoso que la habitual tendencia a tomarnos todos los desencantos con excesiva seriedad e importancia. Sin duda en esos dos minutos finales donde en el rostro abatido de Giulietta Masina va surgierndo una sonrisa y la luz de la reacción positiva, en el sentido filosófico que recomendaba el antiguo sabio cordobés establecido en Roma, el universal Séneca: "Más apropiado es reírse de la vida que lamentarse de ella."

Fej Delvahe
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36 de 39 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
IMPLOREMOS A LA VIRGEN DEL DIVINO AMOR UNA NUEVA VIDA PARA CABIRIA
El quinto proyecto de Fellini sigue siendo un fiel exponente de su etapa iniciática y neorralista y supuso además la tercera colaboración consecutiva con su esposa, la fantástica e irrepetible Giulietta Masina...

De una belleza poética y una plasticidad de imágenes digna de encomio, Fellini tomó prestado el nombre de Cabiria de la película homónima y de estilo peplum de 1914 del director, guionista y productor italiano Giovanni Pastrone, más conocido como Piero Fosco, y se basó para la deconstrucción del personaje en otro anterior surgido de una breve escena en su ópera prima, "El jeque blanco".

Siguiendo con la colaboración inestimable y perpetua hasta el día de su muerte en tareas musicales del genial Nino Rota, y la colaboración en las lides de fotógrafo de Aldo Tonti en un trabajo correcto sin más, Fellini y sus colaboradores habituales en la creación del guión Ennio Flaiano y Tullio Pinelli pergeñan los planos maestros para una de las obras tragi-cómicas más reseñables en la historia del arte contemporáneo...

Aquel maravilloso personaje de Maria 'Cabiria' Ceccarelli (interpretado de manera MEMORABLE por la inigualable Masina) nos conmueve y nos empatiza de una forma casi trágica, y nos recuerda lo injusto de una vida guiada por el azar...En el caso de Cabiria de un azar de lo más desdichoso...

Pues Cabiria sólo deseaba una vida nueva que le permitiera salir de su ruinosa existencia como prostituta en las afuera de Roma, en el kilómetro 18 de la carretera a Ostia, en un barrio periférico de la Roma indiferente de postguerra, donde convivía con su única amiga y compañera de profesión,Wanda(Franca Marzi)...antes de largarse a "hacer la calle" a la Via Veneto de Roma...

Soñaba con que un golpe de fortuna en forma de príncipe azul, un hombre honrado y por supuesto sin prejuicios le sacara de aquella pesadumbrosa existencia...

E N T R A Ñ A B L E.
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20 de 26 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
¡RÍE CABIRIA, RÍE...!
El cine de Fellini es un viaje desde aquel neorrealismo en el que participó hasta su particular universo "surrealista" donde el mundo de la realidad comparte mesa y mantel con el de los sueños. Es la travesía natural de los grandes genios que se hacen más y más íntimos a la vez que van soltando el lastre de los convencionalismos.

Y en la mitad de su periplo, "Las noches de Cabiria", que en realidad son las noches de la "porca miseria" italiana, las noches de los "sin escrúpulos", las noches del pan, amor y fantasía (Comencini y su neorrealismo rosa)- Y en el cenit de todas estas noches, la ingenuidad indecorosamente ingenua, inolvidable Cabiria, inolvidable Giulietta Masina. Aquella inolvidable Gelsomina de La Strada llevando sobre su espalda la misma mochila cargada de sueños.

Y alrededor de este núcleo central se aglutina el personalismo de Fellini, con sus curas, sus tetonas y sus referencias chaplinescas, Con su humor distinto e irreverente. En definitiva, con su particular manera de entender y crear el cine. Fellini por y para su cine. Un cine capaz de conmover una y otra vez la sensibilidad de los espectadores, incluso los culturalmente diversos como prueban los 3 Oscars otorgados a la mejor película extranjera (Las noches de Cabiria, La Stradda y Amarcord).

Probablemente, la excelente música de Rota cree el sortilegio y todas esas noches se conviertan en la noche final, la del desengaño, la de la cruda realidad dándole una bofetada a los sueños, la de la ¿esperanzada o fatalista? sonrisa de Cabiria. Una sonrisa que acalla nuestras "culpabilidades" de mundo cruel.

¡Ríe Cabiria, ríe... !
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14 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
En medio de un mundo de miserables, brilla una luz que deslumbra: Cabiria.
Esta película ha conseguido transmitirme todo lo que pretendía. Su amargura, su tristeza, su esperanza. Todo envuelto de escenas tan sombrías como llenas de un mensaje que nos habla de la soledad y la desesperanza, y que para sortear estos dos grandes obstáculos vitales, la protagonista, una prostituta llamada Cabiria (Giulietta Masina), se aferrará a cualquier posibilidad por insegura que parezca para poder cambiar el rumbo de una vida que necesita y desea cambiar.

Pasan las noches y ella, feliz e ingenua como una niña hace precisamente lo que menos imaginaríamos de una persona de estas características, tan encantandora y dicharachera, tierna y con una mirada que atraviesa la pantalla y llega a apoderarse de los sentimientos de un servidor, que ha sufrido y se ha sentido impotente ante los pasajes oscuros que la protagonista ha vivido en esta película y que se ha sentido esperanzado cuando el argumento se ha puesto de parte de la misma. Cabiria, qué nombre tan perfecto para un papel tan bien dibujado y exquisitamente interpretado por Giulietta Masina (La Strada), vapuleada por esos malditos que se aprovechan y burlan de ella e incluso le roban y golpean.

Federico Fellini supo crear este drama amargo que invita a la reflexión desde según que punto interpretemos los mensajes que transmite. Cabiria hace la calle y nosotros, los espectadores, la acompañamos en este menú de restaurante de cinco tenedores, llegando a desear poder traspasar la pantalla para darle un abrazo enfermizo a la protagonista que consiga ofrecerle con justicia la plena felicidad que busca, y no disfrutando de ésta con tantos altibajos, como si fuese alquilada.

Y es que aunque Cabiria nos ofrezca todo un repertorio de sonrisas y miradas inocentes, se puede vislumbrar con no mucha dificultad que detrás de su baja estatura, formas graciosas e informales, se esconde un corazón atormentado, un alma que desea llenarse de amor y que llama incluso a Dios, haciendo éste caso omiso de sus insistentes peticiones. Destacar también todo el mundo que envuelve a Cabiria, como sus compañeras de oficio, algún chulo de éstas y los personajes con los que tiene que lidiar. Este aspecto se ofrece de manera notable, por lo que no es difícil que el espectador se adentre con facilidad en lo que se representa.

Nino Rota se encarga de ponerle música a la cinta como ya hizo en otras muchas películas de Fellini y que siempre será recordado mundialmente por la banda sonora inolvidable que compuso para la trilogía de El padrino de Francis Ford Coppola. El tema central es precioso y adecuado, pues refleja con acierto la tristeza que envuelve a esta gran película y de la que se deja constancia que, a pesar de los males que cualquiera puede padecer, ignorar éstos y reírse de los mismos puede ser la solución más eficaz para combatirlos.
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9 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
LAS NOCHES DE CABIRIA
¡"Cabiria" es el más excelso de los partos de Federico Fellini. Es lo que a Beethoven su "5ª Sinfonía"... Giulietta Masina parece que se descrisma por averiguar qué demoníaco antojo o manía embarga el ánimo de su inteligentísimo marido por recuperar aquel extraño personaje que esbozó en "El jeque blanco" ¡Y a fe que nos lo dejó bien patente! (Aún la recuerdo bajando del avión en Roma con su bien ganado Oscar en la mano). ¿Cómo habrían sido esos "eternos" ayes lastimeros del naturalismo italiano sin el pícaro Federico de sus primeros claroscuros. ¡¡Y "Cabiria" llegó!! ¡Una nueva pelandusca, bajita y delgaducha (a contracorriente de aquellas "puttanas" como ballenas que siempre retrató, y que, a lo largo de su filmografía, aparecerían en playas pestilentes, en el estanco de su infancia, o en aquella aledaña Vía Appia romana). Pero Cabiria es simplona y romántica, vive su prostitución forzosa (¡pobreza e ignorancia!) como si buscara remedio al sarampión de curiosidades amorosas y enternecedoras que la consumen. Tiene peor fama que otras mucho más gordas que ella por enamorarse de su chulo y dejarse tirar al río por él, que, al tiempo que le roba el bolso, la quiere mandar al otro mundo. Y Cabiria, a la que tanto le cuesta descender por los escalones más bajos de las miserias humanas, no se lo cree. Menos mal que la genial Franca Marzi (amiga de fatigas, también rellenita, culona y guapísima) acostumbrada, como todas las filantrópicas compañeras afiliadas al ramo de la prostitución callejera, a los dédalos tenebrosos de los vicios chulescos de esos machos jóvenes, pobres en sofisterías, y que, si no cuentan con el sustento que proporciona el vicio callejero, muestran su desazón ¡¡hostia va, y hostia viene!!, le equilibra, momentáneamente, su trastornos románticos. Pero las obsesiones de Cabiria son delirantes, no se resigna a la estrechez disoluta y vulgar de su existencia. Clama por el milagro, ¡que, por supuesto, no se produce! Giulietta Masina, con su desengaño, su griterío, y su burla, ante la procesión de la romería, es uno de los seres cinematográficos más memorables que el celuloide conserva! ¡El final es antológico, y no lo cuento! Los ojos de la Massina, con sus lágrimas a lo "pierrot", son de un lujo aterciopelado. ¡Giulietta y Fellini, ídolo uno, idolatrada la otra! "Cabiria" es la más grande empresa de la voluntad artística y el loco entusiasmo que impulsó el cine naturalista italiano. El doblaje contó con voces magníficas. Pero Cabiria únicamente puede ser auténtica e irrepetible en versión original.
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9 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Una actriz inmejorable
La protagonista no podía haber sido mejor interpretada, aunque la próxima película que uno vea de esta actriz volverá a pensar en Cabiria. Esa chica entrañable víctima de la sociedad, que como cualquier persona busca un sueño. Pronto conecta con el espectador a base de dar pena, a la vez que nos hace reír a lo largo del film. Se trata de una de los más simples relatos de Fellini, pero a la vez uno de los mejores.
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7 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
La hetaira
Cabiria, representa el candor, la inocencia, la ingenuidad. Fellini, contrapone las virtudes clásicas de las vírgenes a una mujer que se gana la vida prostituyéndose. El neorrealismo italiano de los años ´50 da lugar en los legendarios estudios Cinecittá, a algunas de las mejores muestras del cine italiano y europeo de posguerra. Giulietta Masina llega a conmover al espectador que, poco a poco, se va implicando en esta historia tragicómica, donde se entremezclan una visión dramática de la Italia de posguerra, con un surrealismo, que trastoca el orden natural de las cosas. Sin embargo, tras esa amargura evidente, se esconde un optimismo vital, una alegría de vivir, que permite a Cabiria ir sobrellevando una vida dura e injusta. Haciendo una extrapolación interpretativa del filme yo creo que Cabiria representa a Italia, a esa Italia pobre, humilde , humillada por la guerra, pero que conserva la ilusión de salir adelante, y que sabe sortear todas las adversidades que le van ocurriendo. Es, sin duda,una magnífica película, a todas luces recomendable, y que el paso de los años no ha hecho sino situar como uno de los grandes clásicos del cine europeo y universal.
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6 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
4
La tonta del bote
Voy a ser muy impopular con mi opinión. Somos pocos los que miramos atrás, los que no vamos corriendo a ver la superproducción del momento y que nos sentimos atraídos por nombres propios como el de Fellini... Somos pocos los que ponemos todo nuestro interés por conocer los grandes clásicos y así aprender un poco de la Historia del Cine, y dentro de esa ya por sí misma minoría, me encuentro dentro de una minoría aún más pequeña que no cree que las películas de Federico Fellini sean excepcionales. Iba a decir con mayúsculas sobre la historia de Cabiria algo tan rotundo como "No me interesa tu vida", pero resulta que ya dije eso mismo sobre la boba que va detrás de Anthony Quinn en "La strada", así que en una irrupción de originalidad he querido recordar a la nefasta Lina Morgan que tan gran parecido tiene con Giuletta Masina, por su sobreactuación, por sus andares encorvados, por sus gesticulaciones de cateta...

La mayoría de quienes se acercan a ver "Las noches de Cabiria" de Fellini resaltan la maravillosa interpretación de su actriz protagonista y de golpe vengo yo a decir que es una actuación sin brillo alguno. El cine de Fellini en general me parece muy sobrevalorado, sólo recuerdo "Amarcord" como realmente buena, pero "Fellini 8 1/2", "La dolce vita", "Los inútiles"... todas son películas muy del montón si no malas.

La historia de la prostituta Cabiria que es pisoteada constantemente y que se levanta siempre con ilusión renovada es algo que no me llama la atención de forma especial, y menos introduciendo toques de humor que no casan con el neorrealismo italiano tal y como yo lo entiendo. A Cabiria no le hace falta un marido, lo que le hace falta son más luces. Y por cierto, la acertada y comentadísima escena final de la tristeza tornándose sonrisa no hace una película, es un momento más. Puestos a señalar algo destacable, todo lo que tiene que ver con la reunión religiosa, el cojo que se estampa y la maravillosa descripción de la estupidez humana en esas escenas sí me parecen brillantes. Pero en la historia de la vida de la tonta del bote no veo ninguna genialidad. De verdad, alucino con la cantidad de dieces que tiene esta película...
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9 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Genial Giullietta Masina...
Recordaba muy vagamente la escena de la hoguera de cuando mis padres me llevaron con ellos al cine para ver "Las noches de Cabiria", allà por los años 50-60 (No podían dejarme con nadie y supongo que me dejaron entrar en la sala porque no tendría más de 5 o 6 años y naturalmente no podía entender nada de ella).
No sé porque, siempre me he acordado de aquella escena, y de ese nombre: Cabiria (el nombre me lo dijo mi madre, supongo que al responder a una pregunta que yo le hice sobre la escena en cuestión).
Ahora, aprovechando la oportunidad que nos brinda Internet, la he buscado con objeto de volver a verla, y la verdad es que me ha traido muchos y muy buenos recuerdos de aquella época y que tenia dormidos en mi memoria.
La película, me ha gustado hasta el punto de que la he visto dos veces en poco tiempo. Giullietta Masina, está magistral, casi tanto como interpretando a "Gelsomina" en "La strada", cinta que también he tenido el gusto ver ultimamente para ir conociendo más a Federico Fellini.
Si tienen ocasión, véanla...es una bonita historia interpretada por una gran actriz.
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4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
La musa que envuelve a la creación.
La figura de la musa es inherente a la creación. Esa necesidad que tiene el creador de primero fundirse con su musa y después elaborar belleza a través de su influencia ha acompañado siempre al artista desde los orígenes del arte hasta la actualidad. Partiendo de la mujer como arquetipo de musa la necesidad de ensalzarla deriva en diferentes tipos de creación dependiendo de los estados de ánimo por los que pueda pasar el creador en base a que presencia decida adoptar frente a él la musa.

Así por ejemplo la musa en ocasiones puede estar esquiva, burlona, lejana y el creador no intenta si no atraerla con su arte, atraparla, enamorarla. Puede presentarse a su vez la musa solicita y dispuesta a ser moldeada convirtiéndose entonces el arte en un juego donde la musa se deja llevar y el creador se recrea llevando las distintas formas de la musa a su terreno. Puede tal vez que la musa se haya ido y cree el artista entonces desde el desamor o el recuerdo en un intento de rememorar lo amado o incluso de conservar a través del arte lo perdido.

Pero a menudo sucede que la musa ha venido para quedarse. Cuando esto es así el creador se libera y solamente ha de dejar fluir su arte a través de ella. Giulietta Masina fue una de esas musas. Federico Fellini amaba probablemente a todas las mujeres, característica muy común en un creador, pero solo una de ellas, Giulietta alcanzaba a tener para él la categoría de musa y así la trató en muchas de sus películas. El primer regalo que Fellini creó para su musa fue el inolvidable personaje de Gelsomina en La Strada, el último la Amelia otoñal de Ginger y Fred. Toda una vida juntos, perfecta fusión entre musa y creador.

Y uno de los más bonitos vestidos con los que Fellini engalanó a su querida musa vino de la mano de su personaje en Las Noches de Cabiria. Cabiria, la prostituta de buen corazón que sueña con encontrar el amor de la mano de un hombre bueno presenta una dicotomía entre la bondad inherente de la musa felliniana y los hombres fríos e interesados que se cruzan en su vida. La película no es si no toda una exaltación de la belleza interior, a través de una mujer inocente y soñadora en un mundo implacable. Y en frente la figura del hombre retorcido y malvado. Y con un relato muy duro por los acontecimientos que se cruzarán en la vida de Cabiria, cabe aún cerrarse con una sonrisa de esperanza. Maravillosa película del Fellini más humano que no hubiese sido posible sin ella, sin Masina, inspiración y complicidad del gran creador italiano.
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4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
El neorrealismo no es para mi...
Tienes que ser muy feliz para permitirte el lujo de que una historia te ponga tan triste. Para ver la mala estrella de una mujer tan cándida e inocente, cuyo único delito es tener la cabeza a pájaros, el corazón del tamaño de Coliseo y la moral a tope. Aunque siempre acabe con el alma en cabestrillo y las ilusiones a remojo en las frías aguas del Tíber. Y sin saber nadar, además.

Encuentro, decía, ensañamiento y alevosía con ella y con el espectador. Desde el minuto uno, en una primera escena brutal, se te encoje el corazón y ya no da tregua. Cabiria es una mujer que parece una niña o una adolescente llena de sueños, que sale todas las noches como si fuera a una fiesta de fin de curso en el instituto. A encontrar el amor de su vida. Lo que pasa es que no es la niña que parece. Es una prostituta que ejerce en los barrios más tristes de la ciudad, y todos los lugares que frecuenta parecen el arrabal del arrabal, y su barrio un vertedero y su casa, un "chabolo". Y todas las noches se sube al primer coche o camión que la invita a subir, pero donde no viaja nunca el amor de su vida. Y la gente con la que trata están como ella. O peor. Y, sin embargo, y desafiando esa regla constante de que todo lo que puede salir mal, saldrá mal, ella sigue manteniéndose a flote. La niña-mujer-puta es una loquita que sueña con un hombre bueno, cariñoso y trabajador que la convertirá en una mujer decente y un ama de casa, amante y madre. Y en esas "entremedias" sale todas las noches a estrellarse contra la realidad. La suerte, tal vez, tiene la cara del hombre famoso y rico que puede aparecer en cualquier momento, o la fe en el milagro que ella y, muchos como ella, esperan de alguna virgen buena, patrona de los imposibles y miserables, o, de la mano del hombre bueno que, una noche cualquiera, aparecerá para cambiarle la vida y el destino. Por fin.

No importa, sea lo que sea, ella seguirá soñando y esperando. Empapada, porque ha tenido que volver a zambullirse para recoger la última moneda que le quedaba del tesoro de ilusiones y proyectos. Le urge aprender a nadar, eso sí, porque cada vez le costará más subir a la superficie en un río cada vez más profundo. Eso es lo que me ha hecho sentir la película. Tristeza. Y abrumadora pena por Cabiria-Giulietta. Se me olvidó, incluso, que era una actriz porque su actuación es tan pavorosa, impresionante, triste, tierna, dulce y magnífica que te parece estar viviendo y sufriendo su realidad. La "neorrealidad". Uf! hay que saber soportarla. Y yo debo ser otra soñadora como Cabiria, pero sentí nostalgia de las películas de Lina Morgan, donde la mujer buena encuentra al amor de su vida que tiene la cara de Arturo Fernández como hombre rico y famoso que se enamora de una tontita con un bote de colillas. O conoce al mismísimo López Vázquez que es un empleado del Banesto o a un fontanero de Móstoles, bueno, cariñoso y trabajador que se la lleva a vivir a Cuenca... Los finales felices son otra realidad. Reconfortante a veces...
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5 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
La prostituta de buen corazón.
Fellini vuelve a dar muestras de su maestría mostrándonos la vida de Cabiria, una ingenua prostituta de corazón de oro (interpretada por su musa y esposa Masina) que deambula por la Italia de postguerra en busca de algo de cariño, acabando siempre engañada y vapuleada.
Considerada una de la obras póstumas del movimiento neorrealista italiano, Fellini alcanza otro Oscar al mejor film extranjero con esta sencilla película en la que la interpretación de su esposa logra emocionar por momentos al espectador, compadeciéndose de la mala suerte de la inocente Cabiria.
El film será motivo de un remake norteamericano, en tono musical, e interpretado por Shirley MacLaine, de menor éxito.
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3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Una de las películas más conmovedoras de la historia del cine.
Una vez más una película italiana logra moverme el corazón, tiene un sin fin de títulos maravillosos, después de EUA es la nación que más me gusta cinematográficamente hablando. Una película maravillosamente actuada por Giulietta Masiva, una persona que nació para sufrir, hirieron sus sentimientos hasta el extremo, no quiero seguir contando más, altamente recomendable, una de las mejores películas firmadas jamás.
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3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
El milagro que nunca llega
Un film dedicado a la ilusión, nunca una mirada fue tan expresiva.

Giulietta Masina realiza un trabajo y una interpretación expectacular, realmente no te importa como acaba la película, porque de antemano sabes el final, pero durante los ultimos 25 minutos no quieres que el final llege, porque lo conoces y no quieres que esa mirada se apague.

Federico Fellini emociona con esta obra hasta al espectador mas frio y carente de sentimientos, un film que entre la injusticia y la ilusion. La película juega con una dicotomía entre injusticia e ilusión y sólo el recorrido de la pelicula es lo que pone en funcionamiento tal artilujio.

Como si de un ciclo de depredador-presa se tratase, la injusticia aprieta a la ilusión, quien ejerce un efecto autoregulador de la injusticia. Sólo cuando la injusticia llega a su culmen es cuando la ilusión se recobra.

"Es dificil sonreir cuando todo es adverso, pero ironicamente es el único camino de salida"
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8
Un canto a la esperanza
Un soplo de magia y emoción es lo que me ha procurado esta obra de Fellini, de las más galardonadas y reconocidas en su carrera. Su imperecedero universo personal sigue siendo estudiado por los cinéfilos y aficionados, su influencia chapliniana en personajes como Gelsomina y Cabiria, recuerdan a la ingenua dulzura personificada de la gente buena. Cineasta que ha llegado en algunos de sus films al extremo de presentar una autobiografía de la que es difícil decir si es real o falsa, quien sabe, tal vez soñada…

El film describe las peripecias de una improbable prostituta sentimental y desamparada en constante búsqueda de un hombre que la ame y la redima de su condición, tema que en manos de otro director que no hubiera sido Fellini, llevaría a la sensiblería más dulzona. Pero el director de Rimimi tiene la habilidad – o mejor el talento – de transformar este material en un drama palpitante sobre la soledad de una mujer sin futuro y abandonada a la indiferencia de la gran ciudad. A pesar de su aparente relación con el neorrealismo, “Las noches de Cabiria” no es un film sobre la prostitución o los bajos fondos de la Roma de los cincuenta, sino sobre la ilusión y la esperanza, y más concretamente sobre el lado mágico que esconde la grisura realidad cotidiana. El propio nombre de la protagonista procede del film “Cabiria” de Giovanni Pastrone (1914), teniendo un inequívoco punto de ironía. Cabiria era una doncella cristiana que fue arrojada a la arena del circo donde la salvaba el forzudo Maciste, mientras al personaje que borda Giulietta Masina “hace la calle” cerca de las termas romanas de Caracalla, y espera la llegada de un héroe que la salve de su destino.

En cuanto a su estructura narrativa está articulada en episodios casi autónomos que diseccionan temas fundamentales como la opulencia y la frivolidad de las clases adineradas en contraste con la pobreza y la prostitución callejera, el ambiente de Vía Veneto, los cabarets de alegría fingida y lujo funerario, las multitudinarias peregrinaciones religiosas, etc. Guarda asimismo reminiscencias de la Gelsomina de “La Strada”, pues hay muchas similitudes entre ambos personajes que tan bien le iban a la esposa del cineasta. En su azarosa andadura, Cabiria acumula desengaños y humillaciones, tanto por parte de los hombres que se cruzan en su camino, como por su ingenua fe religiosa implorando a la Virgen para que cambie su suerte.

Pero lo más lacerante es que no aprende de los errores sin conseguir ningún tipo de madurez o experiencia. Cabiria es un ser entrañable, pero tan cándida, frágil y emotiva de igual forma a lo largo del metraje. Con su ternura y su permanente búsqueda de afecto, ella es el verdadero eje central del film, más cercano al poema visual que a una historia sentimental. Plena de lirismo y momentos brillantes e imborrables de nuestra memoria que oscila entre la comedia y el drama. La música siempre imprescindible de Nino Rota en el cine de Fellini, realza su mensaje humano y tierno para con los desheredados. Gracias por leer estas humildes ocurrencias y sensaciones.
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8
Las noches del Cabiria
Es 29 de enero de 2008. Estoy en un restaurante italiano de la colonia Condesa, en la ciudad de México. Disfruto de la comida en compañía de una chica. Dicha dama es una mariposilla. Mujer de la vida galante. Esto pasa a segundo termino. Sobre todo si el restaurante se llama “Cabiria” y me recuerda la película de Fellini. En donde utiliza a Giulietta. Y trata de enternecernos como lo logró en “La Strada” El vino tinto Barolo, se me sube a la cabeza y siento que Fellini no logra su cometido esta vez. Pues su Gilietta torpe, cae en la repetitiva tarantela de siempre. Sin embargo, hay algo de magia en esta película, que a pesar de su formula repetitiva, como si fuera un excelente manjar italiano. Nos hace remembrar las noches del Cabiria, como un lugar donde tuvimos un banquete casi orgásmico, con nuestra damita consentida.
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