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Deconstruyendo, más o menos.
Pues nada, aquí tenemos la comedia dramática sobre la adolescencia de la semana. Lo digo así porque de este género te salen películas hasta de debajo de las piedras, lo cual es lógico. Son baratas, son sencillas de vender, se adhieren en su mayor parte a una fórmula que ha funcionado en numerosas ocasiones pero a su vez permiten cierta maleabilidad, tratan temas con los que todos nos podemos identificar o nos hemos identificado en el pasado y se adaptan a los nuevos tiempos con relativa facilidad. Booksmart sigue en su mayor parte los elementos básicos del género, creando un producto más que digno, efectivo, aunque lejos de ser revolucionario.

La mayor baza de Booksmart reside en la enorme química entre sus dos protagonistas. Kaitlyn Dever y Beanie Feldstein se complementan maravillosamente y tienen una vena cómica decente. Ambas aprueban con nota interpretando a Amy y Molly, personajes, dicho sea de paso, bastante bien construidos. Con los secundarios, por desgracia, no todo son aciertos. Aunque el guion sea inteligente a la hora de presentarte a algunos de ellos, dotarles de cierta personalidad y deconstruirlos conforme va pasando la película (Jared es probablemente el mejor ejemplo), otros muchos se quedan en refuerzos cómicos y estereotipos unidimensionales (los dos alumnos gays que hacen teatro, aunque ocasionalmente divertidos, son los que peor parados salen, en mi opinión). Y con esto hablo de los personajes, porque no tengo nada malo que decir de los actores que los interpretan, ya que prácticamente todo el elenco joven hace un trabajo fantástico (destaco especialmente a una desatada Billie Lourd como Gigi). A ellos hay que sumar, además, la presencia de cómicos más conocidos como Lisa Kudrow, Jason Sudeikis y Will Forte, que espolvorean la cinta y cumplen en sus breves apariciones.

En cuanto al guion en sí, pues funciona, pero dista mucho, en mi opinión, de la excelencia. El argumento de Booksmart no es muy distinto al de otras películas del estilo (protagonistas impopulares que deciden desmelenarse, rollo Supersalidos) y, aunque bien desarrollado por lo general, me da la sensación de que pierde un poco el foco cuando empieza el segundo acto (ese ir de un lado a otro en busca de la fiesta se me acaba haciendo un pelín cansino) y que corre el riesgo de descalabrarse cuando se acerca el final, con una escena en particular que me parece una americanada más molesta que enternecedora (sí, hablo de la puta graduación).

Booksmart tal vez merezca más elogios por su relativa riqueza temática (al menos con respecto a otras comedias dramáticas del estilo), por su forma de desmontar las preconcepciones que existen no en las mentes de los personajes secundarios, sino en las de las protagonistas. Ambas son inadaptadas cuyos arcos no se centran en plantarles cara a unos abusones, ni en demostrar lo válidas que son, ni en vengarse por lo injusta que ha sido la vida del instituto con ellas, sino en aprender y corregir sus propios prejuicios. Son imperfectas, lo cual las hace mucho más interesantes. También tienes, por supuesto, estas ideas sobre la amistad, la madurez, la responsabilidad, el despertar y la identidad sexuales que sí, es cierto que son omnipresentes en el género, pero todas están bastante bien tratadas. Como comedia (que no olvidemos que es una comedia) es decente, diría yo. Ninguna coña me parece particularmente mala, pero la gran mayoría me hacen sonreír más que descojonarme, con alguna que otra excepción.

En definitiva, Booksmart es una buena coming of age (lo dije en otra crítica y lo repito, necesitamos un término en español para referirnos a este género). Es agradable y divertida, y tiene encanto. Los diálogos están bien escritos y los actores hacen un gran trabajo, tiene una fotografía sólida para ser una comedia de bajo presupuesto y una banda sonora que encaja bien con la historia. Su mayor fallo es que la he visto antes. En varias ocasiones. No es sorprendente ni demasiado original, aunque bueno, no todas las películas tienen que serlo. Tampoco me ha parecido el descojone padre, pero no hay nada más subjetivo que la comedia. Si la comparamos con películas recientes de este género con protagonistas femeninas, Booksmart le da mil vueltas a Blockers, pero para mí se queda lejos de la sencillez, la suavidad, la emotividad y la eficacia de Eighth grade.

Puntuación: 6,8
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1 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
4
Predecible coming-of-age sin dirección ni novedad alguna
El título original de este película, 'Booksmart', es una expresión anglosajona para alguien que es muy listo y avanzado académicamente hablando pero que luego no tiene mucha idea de cómo funciona el mundo real. Y eso deberían haber sido las protagonistas, personajes que no saben comportarse fuera de clase, no personajes exagerados y estereotipados que parecen no formar parte del mundo real. El mayor problema de esta cinta son sus protagonistas, que es indudable que hay química entre las actrices, pero eso no puede salvar los papeles que les han dado.

Amy y Molly son dos chicas de instituto súper "wokes". Es decir, increíblemente abiertas de mente con los problemas e injusticias sociales de hoy en día. El problema con esto en la película es que Amy y Molly siempre parecen tocarlo por encima, repitiendo frases o términos básicos aprendidos sin profundizar mucho más. Y lo peor es que siempre acaba quedando pretencioso, casi como si lo dijeran para ser superiores (o incluso compitiendo con ellas mismas para ver quién es más progresista). No me entendáis mal, me gusta que hablen sobre las identidades de género y la exploración de la sexualidad femenina en una comedia de forma respetuosa, sin "slut-shaming" como parte final del mensaje de la película ni nada, pero el problema de querer que tus personajes hablen en tan poco tiempo de todo esto hace que estén pobremente construidos y que de la sensación de que digan todo eso por moda. Nuestras protagonistas, escritas por 3 mujeres, aquellas con las que debemos simpatizar, parecen una recolección de estereotipos exagerados sobre el feminismo blanco hechos por un par de tíos enganchados a contenido alt-right que utilizan el estúpido término de "feminazi" porque no follan. Hago otra aclaración, 3 personas para escribir el guión de un largo me parece excesivo, da igual que sean hombres o mujeres. Así lo único que haces es sacrificar la versión original de la historia, que podría dar un guión más centrado y pulido.

Se nos presenta a Molly, el personaje de Beanie Feldstein, como una persona manipuladora con su mejor y única amiga, y por momentos, gracias a la actuación de la actriz, desequilibrada mentalmente, lo cual dudo mucho que haya sido pensado así originalmente. Ya al principio queda claro que puede ser igual de hiriente y malintencionada con sus comentarios como los capullos del instituto que se meten con ella. Parece que la única forma que le dan al espectador de sentir que no es así y que de verdad es buena persona y distinta es haciéndola la coprotagonista. Amy, interpretada por Kaitlyn Dever, es la menos problemática de las dos, y la única que al final te todo puede decir que ha aprendido algo y que se gana el cariño del público.

El resto de personajes... A ver, repasemos: El chico guapo y popular pero tonto a más no poder; la loca bipolar que al final tiene más que contar de lo que parece; el pringado al que nadie hace caso y que sólo quiere ser aceptado (que también tiene más que contar de lo que parece); los padres que aceptan la homosexualidad de su hija pero que siguen pasando un rato incómodo al hablar de ello; y por la propia naturaleza de la película, y por cómo han diseñado la personalidad de las protagonistas, los personajes que más me han dolido han sido la pareja de amigos gays que hacen teatro, son afeminados, algo pérfidos y montan un show a la primera que pueden. Que vale, no todos los personajes gays de la película son estereotipados, pero darle a estos dos como único rasgo distintivo ser gays... Va en contra de lo que supone la película en primer lugar.

Si a Jonah Hill le acusaron de excederse con los montajes musicales en su debut, Mid90s, por poner dos seguidos al final del segundo acto, espero que hagan lo mismo con Booksmart. Aunque este también sea el debut de Olivia Wilde detrás de las cámaras, no creo que sea excusa para perdonarle el abuso de montajes musicales que ocurren. A lo mejor es para compensar una falta de lenguaje cinematográfico o imaginación a la hora de grabar, pero parece que a cada cambio de escenario que dan Amy y Molly tenemos un montaje con música rap. Eso sí, las letras de las canciones hablan de cosas completamente opuestas a la vida de ambas, como fiestas, ligues de una noche, ser millonario, alguien duro, etc., lo cual resulta un contraste divertido las primeras veces, luego cuando ves que sigue y sigue, la broma se pierde.

Pero no todo es malo. Aunque me queje de que todo salga bien para las dos, la evolución de Amy (Kaitlyn Dever) es la más justificada y satisfactoria, algo sacada de la manga, eso sí. El personaje de Jason Sudeikis es oro, y gracias a él tenemos la escena más divertida de la peli (seguida muy de cerca por una de Amy con sus padres). Aún así, un par de carcajadas no justifican el visionado.

Lo único que aprenden las dos, no ocurre hasta el final. O sea, todo lo que hemos visto hasta ese momento ha dado igual para llegar a esa conclusión, así que aunque hayas disfrutado el trayecto hasta ahí hace que parezca algo innecesario. Sumando eso a lo poco creíble que son la gran mayoría de personajes y a la pobre dirección de Olivia Wilde, nos queda un producto malo que va de algo más de lo que es y que personalmente, no sé cómo tanta gente ha picado.
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8
¿Cómo hacer una buena película teenager? - Booksmart es la respuesta.
Escribe alguien que no es precisamente un amante de este género pero que dadas las buenas críticas que había tenido la película y que supone el debut de Olivia Wilde como directora, se ha aventurado a descubrir 'Booksmart'.

Si superas los 10 primeros minutos donde parece la típica película cliché, con una fauna de diversidad con la que es imposible ofender a algún sector social, la sorpresa es grande.

Divertida, entretenida, inteligente, refrescante. Una noche de locura con la que me lo he pasado genial, me he reído bastante e incluso ha conseguido implicarme emocionalmente dentro de sus posibilidades. Olivia Wilde ha hecho una muy interesante y buena opera prima, rompiendo la monotonía que presentaba este género con un producto con personalidad y atractivo.

Destacar a un gran reparto, pero sobre todo a Kaitlyn Dever y Beanie Feldstein que están excelentes y con una química entre ellas descomunal, un dúo protagonista en estado de gracia. Todo esto acompañado de una gran uso de la BSO que te provoca ganas de bailar, un ritmo frenético con algún giro inesperado que no te ves venir, y una serie de eventos que están hilados a la perfección.

Merece mucho la pena.
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1 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
La gente mola
"Bla, bla, bla"
Así, con cierto tono despectivo añadido, leeré las reseñas y oiré las voces de quienes opinen que esta película es mala por tratarse de una comedia adolescente, o que es otra peli más acerca de fiestas de instituto, e incluso que "simplemente" es la versión femenina (o feminista) de otras pelis buenas ya realizadas. Es mucho más que eso; para mí, es una pedazo película. ¿Qué es lo que hace que sea tan buena? Ahí voy:

En primer lugar, que me reí mucho. La pareja protagonista tiene gracia en sus movimientos, en sus diálogos y en los temas que trata. En sus acciones y en sus pensamientos. Me río con sus bailes, con los chistes sexuales que hacen, con su torpeza, con las locuras que se les ocurren y de cómo expresan su visión política del mundo. El resto de personajes secundarios también merece el halago. Prácticamente todos ellos me resultan atractivos, creíbles y divertidos.

En segundo lugar, porque me resulta una película, en su mayor parte, imprevisible. En casi ningún momento sé qué va a pasar. No sé cómo van a desarrollarse las interacciones entre los personajes, no sé cuál va a ser el escenario y no tengo ni idea de cuándo o por qué me voy a reír. Cuando todo me hace indicar que algo va a salir bien, sale mal, y viceversa. Quizá soy muy tonto. O me conformo con poco.

Y en tercer y último lugar, y quizá más importante, porque la premisa latente de la peli es que la gente mola. En este mundo que juzgo tan individualista, se tiene la costumbre de autopercibir las propias acciones y opiniones como las mejores o las únicas verdaderas. Decimos que la gente está manipulada, que no sabe votar bien, que come cosas poco saludables, que es ignorante, etcétera. Pero nunca lo pensamos de nosotras mismas. Esta especie de autoconvencimiento psicológico, muchas veces nos provoca a todos, patente o latentemente, un sentimiento de superioridad; creer que nuestra vida es más guay que las de las demás. Que nuestros actos tienen más sentido. Y ahí se encuentran nuestras protagonistas al principio de la película, creyéndose las mejores, hasta que se dan cuenta que el resto de sus compañeros/as de instituto no son tan simples, sino que son unos/as cracks (en realidad, que la mayor parte de la sociedad lo es).

¿Y qué hay que hacer cuando la gente mola? Pues vivir en sociedad, interactuar, y surgirán cosas buenas. Tal y como deciden hacer nuestras queridas protagonistas, con nuestros queridos secundarios, de una manera liberadora e imprevisible.

(Genial XIII)
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2 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
5
Superbad 2: ¡ahora son tías!
Vamos a ver... la película está bien, es entretenida, las protagonistas tienen química, pero quiere ser demasiado ansiosamente la Superbad de chicas. Superbad es épica desde los créditos bailoteando ese funk tan guapo entre Michael Cera y Jonah Hill, que son sencillamente insuperables como pareja de losers. Y qué decir de McLovin, por dios, ¡McLovin! Intentar un remake con chicas es muy arriesgado, incluso copian escenas y situaciones en algunos momentos, un tanto descarado.

En esta las cosas que ocurren son exageradas y no se las cree ni el tato. La gracia no está en situaciones increíbles porque sí, sino en situaciones que se van de las manos y se hacen increíbles y divertidas, como por ejemplo ir a comprar alcohol con un carnet falso y un nombre ridículo.

Aparte de las dos chavalas protagonistas, el resto del cast ni fu ni fa, totalmente olvidables. Alguna situación graciosa o simpática y poco más. La resolución, típica de estos high-school flicks pero sin alma...

¿Quieres hacer un remake de Superbad? Adelante, pero intenta ser original y cañero o te compararán con Superbad y saldrás perdiendo por goleada.
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4 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil
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