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5
Un dios salvaje repleto de éxtasis
Mira que las comedias negras me suelen gustar, pero ésta no me ha llegado. Te ríes porque los diálogos (más bien réplicas y contraréplicas) son ingeniosos, pero después de un rato se vuelven predecibles.
No veo un buen guión, los personajes son clichés. Y sus intérpetes los hacen evolucionar hacia la sobreactuación, el histrionismo y la exageración. Sólo se salva Patricia Clarkson.

En fin, tan solo es un divertimento fugaz. Olvidable.
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30 de 40 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Crítica de The Party por Cinemagavia
Un ingenioso e hilarante guion en donde las cosas se salen rápidamente de control a medida que van surgiendo nuevas revelaciones y se descubren verdades inesperadas. La vida de todos cambiará para siempre, pero ¿que suceso podría provocar que una celebración termine convirtiéndose en un desastre lleno de hostilidades?

En medio de la celebración, Bill lanza la primera de varias bombas devastadoras. A medida que se revela cada nueva noticia (y varios personajes intentan ocultar cosas aún más desagradables), la fiesta pasa de lo sublime a lo ridículo. Los anfitriones y sus invitados son personas educadas de la política, la economía, la ciencia y la cultura.

Una fantástica comedia negra cuya acción transcurre en tiempo real y en un espacio reducido, la casa de Janet, es decir entre cuatro paredes y un pequeño patio. La atención se centra en Kristin Scott Thomas, una política idealista de izquierdas que quiere demostrar que, como nueva ministra, aún puede acordarse de sus amigos. The Party es una reminiscencia de “Un Dios Salvaje” de Roman Polanski donde la situación se va tiñiendo cada vez más de negro, convirtiendo la buena conversación en una pelea violenta.

A pesar de ello, Sally Potter nunca concibió su guion como una obra de teatro, sin embargo, la directora reconoce que ha generado bastante interés su película para llevarla a los escenarios. The Party se siente, se ve y suena como una obra de teatro, pero no lo es. Potter escribió el escenario específicamente para esta película. Al igual que una obra de teatro, The Party depende en gran medida del diálogo.

The Party posee un casting de lujo formado por Kristin Scott Thomas ( “El Paciente Inglés“), Cillian Murphy (“Dunkerque“), Patricia Clarkson (“Aprendiendo a Conducir”, “La Librería“), Emily Mortimer (“El Sentido de un Final“, “La Librería“), Timothy Spall (“Negación”, “Mr. Turner), Cherry Jones (“El Bosque“) y Bruno Ganz (“El Hundimiento“). Debemos añadir a este sorprendente reparto al personaje central de la trama (?), sobre el que gira la película que aparecerá al final de forma muy ingeniosa. Según la directora, en declaraciones recogidas en el pasado Festival de Cine de Valladolid (Seminci 2017), la elección de los actores fue una decisión tomada al terminar el guion y no antes, es decir, nunca escribió pensando en un actor en concreto, aunque posteriormente todos ellos fueron su primera opción.

El personaje más sólido de los siete, es el interpretado por Patricia Clarkson. April es compañera de partido de Janet que usará su cortante ironía como arma de fuego. Convence sobradamente como una cínica insensible, la reencarnación de Mefistófeles. Bruno Ganz (Gottfried, marido de April) demuestra en su papel esotérico de coach de vida un sorprendente talento para la comedia. Timothy Spall, como Bill, marido desesperado de Janet, que se mueve entre la apatia y la pasión, realiza una magnífica actuación.

Cillian Murphy (Tom), es un banquero joven ambicioso y egoísta, lleva un traje muy brillante y demasiado caro. El marido de Marianne (amiga de Janet) realiza una interpretación un poco sobreactuada, siempre inquieto, no puede estar mucho rato en un mismo sitio y pasa constantemente su tiempo entre la sala de estar y el baño, donde se prepara sus rayas de cocaína. Por alguna razón, tiene una pistola en el bolsillo.

Por último, una pareja de lesbianas, Martha (Cherry Jones), feminista comprometida, monótona y pseudointelectual profesora de universidad y su novia mucho más joven, Jinny (Emily Mortimer) que acaba de enterarse de que espera no uno, sino tres hijos. Martha no puede o no quiere hacer los sacrificios necesarios para tener una familia, parece que no desea ser madre y no está muy lejos de cuestionarse su relación.

Todos los personajes de The Party tienen en común que poseen un secreto que los mantienen aislados y por ello viven en soledad. Además representan a una generación de izquierdas en horas bajas, un claro reflejo de la crisis actual sufrida por la Socialdemocracia en el Reino Unido ( y en gran parte de Europa). También se percibe en la trama un conflicto entre lo privado y lo público, sobre todo en lo referido a la sanidad.

Las escenas en grupo están finamente coreografiadas y diseñadas. El rodaje de The Party coincidió con la época en la que los británicos votaron por el Brexit, es decir, en medio de la consulta por la permanencia o no del Reino Unido a la Unión Europea. Lo que parece ser una comedia de conversación entre intelectuales progres, es una exposición de todos los posibles vacíos de una sociedad que ha perdido la fe en sí misma y en el futuro.

La película está magníficamente fotografiada en un precioso blanco y negro por el ruso Aleksei Rodionov, tercer trabajo con Sally Potter, que comenzó con”Orlando” (1992), película que catapultó a la fama a su directora, y continuaría con “Yes” (2005). Alexey Rodionov, utiliza un enfoque profundo y un encuadre de ángulo muy bajo que permite un acercamiento a las caras de los personajes. A través de los ojos inquisitivos de la cámara, somos testigos de los desesperados intentos del grupo por mantener una apariencia de dignidad y coherencia entre su moral de derechas y sus ideas políticas de izquierda.

Todo ello unido a que el 90 % aproximadamente se filmó cámara en mano dan una sensación de máximo realismo a la narración. La estética monocromática de la cinta que provoca una sensación atemporal, acompañada de una apasionante banda sonora (un magnífico escenario musical de jazz, blues y reggae), envuelven una comedia llena de elementos trágicos que intenta condensar la experiencia humana universal en 70 minutos. The Party nos muestra cuán complejas y diferentes son las relaciones humanas.

En definitiva, se trata de una ingeniosa comedia negra al más puro y fino humor inglés, con magistrales interpretaciones de todos los actores siendo muy difícil destacar alguno sobre el resto.

https://cinemagavia.es/the-party-pelicula-critica/
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26 de 36 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Peor que la ceguera es no ver lo que hay
Esta modesta pieza británica es un inesperado desecho de virtudes artísticas y debería formar parte del currículo educativo en cualquier escuela de cine para guionistas avezados: una construcción formidable de personajes con elementos mínimos, unos diálogos ágiles e incisivos que dejan lacerantes heridas invisibles, la inclusión de un ominoso personaje ausente que sobrevuela como un aciago presagio todo el sobrio metraje – uno piensa en ‘Rebeca’ y no es una asociación baladí –, la proliferación de sorpresas, quiebros, revelaciones y testimonios que modifican a cada paso el flujo de la trama sin resultar caprichosos o inapropiados o falsos. Resumiendo, la piedra angular de una buena película sobre la cual se debe construir todo lo demás – es decir, el guión – es un prodigio de inteligencia, lucidez, inventiva y audacia.

Si además se cuenta con un reparto coral formado por excelentes actores de ambos lados del atlántico, el resultado final no puede ser sino estimulante – además de acremente desternillante. Porque si bien lo que se relata es una ¿o varias? tragedias, la verdad es que el espectador no deja de sonreír, burlón, ante el catálogo de despropósitos, hipocresías, mentiras, disimulos y tergiversaciones con las que los tan acelerados como infelices adultos sazonan sus cotidianas relaciones con sus parejas, amigos, confidentes y demás farisaica calaña, sin mala conciencia ni remordimiento alguno. Tanto trajín para acabar tirándose los trastos a la cabeza y desnudarse por completo sin tener que quitarse la ropa…

Es decir, en un registro más áspero, más adulto y menos angelical, estamos ante la versión británica del inesperado éxito español de Álex de la Iglesia “Perfectos desconocidos” (que a su vez es un remake de una reciente película italiana). Vamos, que parece que ha llegado el momento de reconocer – en toda Europa o quizás en todo el orbe – lo farsantes que somos en nuestras relaciones con nuestros supuestos seres más queridos y cercanos. Por ahora nos habremos de contentar con reírnos de los demás, pero podría sernos útil volver la mirada sobre nosotros mismos y reconocer la cantidad de falacias y fingimientos que acumulamos en nuestro devenir diario. Estamos ante un esperpento ‘made-in-England’ que deja poco espacio para la esperanza y se contenta con provocarnos una risilla inquieta, válvula de escape que quizás se nos debiera de atragantar para alcanzar su terapéutico objetivo.

Todos los actores están formidables y aunque sea injusto, quizás debiera de destacar la labor de Patricia Clarkson y Kristin Scott Thomas y, sobre todo, de un Bruno Ganz en estado de gracia interpretando a un ‘coach vital’ que encarna y aúna todo lo grotesco del espíritu ‘new age’ que devora y vacía los bolsillos de tantos ilusos. Te reirás mucho – pero no te hará maldita la gracia.
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16 de 20 usuarios han encontrado esta crítica útil
4
Diferenciación de género en las tareas domésticas de los utopistas americanos
Música diegética, ¿se dice así?, variada, rica y sustanciosa, desde Coltrane hasta la Candela latina, acompaña esta pequeña obra de esencia teatral y un blanco y negro que tiene la función, la buena/mala intención, supongo yo, de desnudar el alma de sus personajes, de dejarles en el puro hueso de sus contradicciones y embustes, con la cara lavada, sin afeites, de verdad, nada guapos, a palo y tentetieso.
Lo hemos visto bastantes veces, clase media que quiere ser alta, intelectuales de primera plana, políticos, gente estupenda, la llamada intelligentsia, que frisa o supera los sesenta, que en su lejano día fueron hippies, tuvieron sus muchos ideales, sueños y esperanzas, de izquierdas, y ahora también lo dicen aunque ya no cuela, se reúnen, por un motivo cualquiera, un nombramiento ministerial o cualquier cosa parecida igual de horrenda, y ay, Dios mío, salen a borbotones, como a presión, como si hubieran estado retenidas demasiado tiempo a la fuerza, en la sombra, las cabronas, todas sus espantosas penas y miserias, o tal vez su minucias más ridículas y necias, groseras y negras, como larvas hambrientas comiéndose un cuerpo muerto, pura nada purulenta.
Con la inveterada característica de que nada de lo que creen/aparentan ser, escribir, decir o pensar se corresponde ni siquiera muy lejanamente con lo que realmente son, hacen, sienten o desean. Es decir, hipocresía, máscaras, mentiras, cuentos, caraduras, impostores.
Seres patéticos que se rebozan en su propia vergüenza y pena, que, sea por el motivo que sea, esta vez se van a ver reflejados en el espejo de su derrota y falacia.
Cangrejos cocidos a fuego lento que se agarran a las paredes de su propia prisión y que en la lucha por la supervivencia, por alargar aunque solo sea un minuto más su ridícula existencia, se enfrentarán unos a otros desesperada, caótica, desquiciadamente se cantan las cuarenta y (algo) se pegan/despedazan.
Arcand en "Las invasiones bárbaras". Koch en "La cena". Branagh en "Los amigos de Peter". Kasdan en "Reencuentro". Ungría en "Hasta luego cocodrilo". Hasta la reciente de una forma muy diferente de nuestro Álex de la Iglesia, "Perfectos desconocidos", hacía/copiaba una idea similar.
Un recurso, por lo tanto, molido por el uso. Que aquí no está mal del todo. Tampoco bien, se arrastra entre la superficialidad más alborotada, cierta elegancia esquinada y varios tópicos que necesitarían ser masacrados con más gracia, pericia y mala baba todavía.
Es un ejercicio nimio, esmirriado, sarcástico en su aspecto más tímido, timorato, falto de tiempo, de aliento, de fuerza, de decisión, de arrojo y riesgo. A mitad de trayecto. Es un esbozo. Ni fu ni fa. Un ay que no veo. Un quiero (o no quiero porque no me atrevo o no sé o tampoco hay que molestar demasiado, es mejor dejar a todo el mundo igual de molesto/contento) y no puedo.
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13 de 19 usuarios han encontrado esta crítica útil
5
El entierro
La flamante Ministra de Sanidad de Reino Unido decide reunir en su casa a sus amigos de toda la vida para celebrar tan solemne acontecimiento. Con lo que no contaba es que cada uno de los invitados tiene ganas de todo menos de fiesta.

La directora londinense Sally Potter filma lo más parecido a un entierro televisado de una especie de familia mal avenida. Todos los invitados a la celebración son amigos desde hace muchos años, pero todos guardan secretos que atañen al de al lado, y las finas primeras ironías iniciales acaban siendo auténticos puñales clavados por la espalda. Los anfitriones son la política Kristin Scott Thomas y su consorte marido Timothy Spall, que parece vivir en un permanente estado de shock durante la película pero no será hasta la aparición en el piso de un desbocado Cillian Murphy cuando se iniciará la batalla campal que sacará lo peor de cada uno de los personajes. Cada uno de ellos sacará sus miedos y sus egoísmos a relucir y ese lujo y clase alta que destilan se verá manchado por sus instintos primarios. Recuerda mucho a Un dios salvaje, pero Roman Polanski son palabras mayores, aquella dejaba más poso en el espectador y no era tan imprevisible como ésta, en la que se tocan varios temas como la infidelidad, la infelicidad, la maternidad y el feminismo mal entendido, pero sobre todo, esas rencillas del pasado que nunca habían salido a flote y que ahora estallan en la cara de todos y que promete no dejar títere con cabeza. Lo que pasa es que los personajes me parecen tran estridentes y sobreactuados que en vez de mantenerme en alerta y en tensión para ver cómo acaba la carnicería, acabo más bien mirando el reloj cada cinco minutos y eso en una película que dura setenta…no la deja en buen lugar. Con todo, es de obligado visionado para todas aquellas personas que quieran ver cómo es capaz de desmoronarse toda una vida en cuestión de minutos sin que puedas hacer nada para impedirlo…ni tal vez quieras hacerlo.

Sacapuntas de oro: Que esté filmada en un aparente tiempo real y que el blanco y negro agudice aún más su fino y ácido humor negro. El tocadiscos y sus punzantes melodías. El elenco de protagonistas.

Sacapuntas de madera: Que setenta minutos se te hagan eternos. Que sea una pieza teatral 100%. Que entre la pareja de mujeres haya menos chispa que en un apagón.

Nota: 5,5 Sacapuntas.
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10 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
¡71 minutos!
Concebida como una obra de teatro, incluso acercándose mucho a las tres unidades aristotélicas, en un sobrio blanco y negro —tan sobrio como la residencia de la pareja de clase media-alta donde transcurre la acción— la película parte de un hecho que pronto se torna irrelevante, el nombramiento de la dueña de la casa como “ministra de la oposición” para desembocar en una exhibición de ese humor negro que tan bien dominan los británicos.

El tema del filme no es nada nuevo: las mezquindades que subyacen en todas las relaciones humanas, salpicado con algunas pinceladas que la autora va sembrando aquí y allá, planteadas casi siempre de modo dual: ateísmo-fe, medicina-curanderismo, izquierda-derecha, finanzas-cultura, triunfo-fracaso, idealismo-pragmatismo, hipocresía-sinceridad, maternidad-libertad… La película entra en materia ya desde el principio, renunciando al típico esquema de este tipo de historias, donde se suele presentar una “familia feliz” a la que se le van quitando máscaras hasta dejar toda la mugre al descubierto; aquí desde la primera escena, acaparada por el marido de la ministra, sabemos que algo no funciona.

La película se deja ver, aunque peca de una excesiva acumulación de conflictos y le sobra un punto de histrionismo, muy evidente en el marido de Mary Anne, un financiero yanqui cuyas idas y venidas con la pistola, la cocaína y sus paranoias resultan un tanto cargantes; como un tanto recargado resulta el “gurú” alemán (quizá no sea casual que ambos personajes, los más ridículos del filme, tengan esas nacionalidades: ¿venganza del Old Empire hacia quienes un día le arrebataron su primacía?).

Una vez más, no es la maravilla que los críticos han encumbrado en sus reseñas, pero no es en absoluto una mala película, aunque por lo recurrente del tema (que ya casi es un género propio) su impacto quede muy diluido. Y entre sus numerosas virtudes tiene una que no se puede pasar por alto y es digna de reseñar con letras de oro: su duración. ¡71 gloriosos minutos, 71! que dan más que de sobra para contar esta y muchas otras historias, evitándonos a los espectadores bostezos innecesarios, miradas al reloj y molestias en las posaderas. A ver si aprenden algunos.
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7 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
Relaciones muy británicas
Es difícil escribir sobre The Party sin caer en el spoiler. Con motivo de haber sido nombrada ministra de Sanidad de Gran Bretaña, en casa de Janet se reúne un diminuto grupo de personas, pertenecientes a su círculo más íntimo. Además de su marido, al que vemos un tanto ausente, están Martha y Jinny, una pareja de lesbianas que esperan trillizos; la mordaz April y su pareja, el apacible Gottfried, tan británica ella y tan teutón él; y Tom, un tiburón de la banca cuya esposa llegará más tarde... Vemos a Tom muy nervioso, sudoroso y dándole a la coca. Hasta que el marido de Janet, Bill empieza a hablar y la fiesta empieza a aguarse...
Sally Potter, inactiva desde hace cinco años, vuelve a la carga con esta mirada lúcida y descarnada sobre las relaciones humanas, su fragilidad, su hipocresía, su falta de sustancia, su suprema necesidad. Estructurada como una obra de teatro, rodada en un estupendo B&N, con unos diálogos ágiles y mortíferos, algún que otro tópico superfluo (¿por qué esos chicos tan monos, matarifes de la banca, tienen que ponerse siempre ciegos de sustancias blanquecinas?), y unos actores que se meten en la piel de los personajes (me gusta Ganz, Murphy está pasado de rosca, como si él también le hubiera dado al asunto, y mi idolatrada Scott Thomas podría brillar más), Potter nos conduce hasta un desenlace que algunos veíamos venir. De hecho, se lo juega todo en el último medio minuto.
Imprescindible en VOS, su mayor virtud reside en su duración, 71' medidos minutos, en estos tiempos de desmesura, alargamientos chicletosos y e inútiles añadidos. A degustar con calma.
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7 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
4
No cuela
Tu amigo el intelectualoide gafapasta te dirá que es un peliculón, el critico del periodico de turno la alabará sin haberla visto y a tu abuela le parecerá atrevida y descarada y todo esto solo porque es en blanco y negro, en realidad la pelicula está grabada en color y pasada por un filtro porque el blanco y negro aqui no aporta nada. las actuaciones son buenas, pero el guion pierde fuerza y eso que no dura mucho la pelicula
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8 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
5
Poco mas de un buen trabajo de actores
Un montón de buenos actores en una película muy teatral rodada en blanco y negro, cortita porque dura 72 minutos bastante intensos y nos narra en plan comedia dramática una reunión aparentemente de buenos amigos que se irá de las manos pero que cuando empieza a ponerse de lo más interesante la película se termina.

Sally Potter la escritora y directora, no termina de convencerme con ninguna película de su filmografía “Orlando”, “Rage”,”Vidas Furtivas” o la ultima “Ginger y Rosa” no las encuentro muy redondas o con demasiado interés, supongo que es cuestión de gustos. Esta quizá es la que considero mejor de todas, por el gran trabajo de los actores como Timothy Spall, Patricia Clarkson,Bruno Ganz, Kristin Scott Thomas, Emily Mortimer o Cillian Murphy que siempre es un placer verlos trabajar.

La recién nombrada ministra de Gran Bretaña invita a sus amigos a una cena en esta sátira con unos diálogos mordaces y con una buena puesta en escena, aunque no veo la razón de rodar en Blanco y negro. La cena por supuesto se torna bastante pintoresca ya que empiezan a aflorar infidelidades y oscuros secretos.

Un buen guiño es el de acusar de nazi a Bruno Ganz ya que todos recordamos su magnífica interpretación de Hitler en “El Hundimiento”. También incluye en el guión temas interesantes como el político ya que se rodo al mismo tiempo que la votación Brexit, el feminismo, la homoxesualidad, el servicio de salud del Reino Unido o los trolls de las redes sociales.

El film tiene una premisa muy interesante con buenos giros y personajes histrionicos, pero no la considero un plato fuerte.
Destino Arrakis
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6 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
3
Humor inglés "after brexit" (devaluado y con ínfulas)
La película es un vodevil con sorpresa final, para que no falte de nada, que se desarrolla en un único escenario y está rodada en blanco y negro. Eso ya da una pista, lo del blanco y negro.
El resultado es una representación teatral en el peor sentido de la palabra, sin química entre los actores, porque el guión, con vocación de desmadrado pero disparatado en realidad, no lo permite, con unos personajes que de tanto en tanto tienen que soltar discursitos filosóficos, políticos o sociales, pretendidamente ingeniosos o mordaces pero más propios de tertulianos mediocres de algún programa de radio en decadencia, y salpicado todo de un humor negro que se diluye en el despropósito general.
Mención especial merece el actor Timothy Spall, que parece un anciano con demencia senil en lugar de lo que pretende el guión.
En fin, que lo único realmente bueno de la película es su corta duración.
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5 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Ven a cenar conmigo... si te atreves
Que no os despisten el blanco y negro, ni su brevedad, ni sus evidentes formas teatrales: “The party” es una película agresiva, mordaz, corrosiva, afilada y más eficaz en su retrato del mundo actual que cualquier telediario o documental con pretensiones.

Un matrimonio formado por una recién nombrada ministra y un eminente profesor de universidad amante de la botella recibe en su casa a un plantel de amigos que parecen el reparto de un chiste: la filósofa madura y su esposa ex concursante de MasterChef; la amiga cínica y su marido teutón (un coach pelmazo que parece el contestador automático de Mr Wonderful), y el yupi cocainómano, que aparece solo porque, según anuncia, su mujer llegará con retraso.

La reunión derivará en un debate desatado y accidentado, donde caben la política, la economía, la educación y la cultura, y en el que se establecen duelos que enfrentan al amor y las ideas contra el trabajo y el dinero; a la sanidad contra la seudociencia, al coaching y el postureo espiritual contra el escepticismo y la razón académica, al feminismo contra el antimasculinismo… y entre pulla y reproche, espacio también para departir sobre la fidelidad, la ambición, el fracaso, la amistad, la muerte y casi todo lo imaginable cuando en una misma habitación juntamos seres humanos y litros de vino.

Esto de la reunión familiar o social que acaba en verbena de insultos o en bacanal de secretos inconfesables es casi un género en sí mismo, y vienen a la memoria títulos como “Los amigos de Peter” (Kenneth Branagh, 1992), “Celebración” (Thomas Vinternerg, 1998), “Agosto” (John Wells, 2013), “El nombre” (Alexandre de la Patellière, Matthieu Delaporte, 2012), “Un dios salvaje” (Roman Polanski, 2011) o la reciente “Perfectos desconocidos” (Álex de la Iglesia, 2017). Quizá el factor diferenciador de “The party” está en su vigencia, lo que no quiere decir que sea un trabajo meramente coyuntural, ya que los temas que aborda son sin duda aplicables a realidades pasadas o futuras, si es que nadie lo remedia antes.

Los intérpretes, de sobresaliente sin excepción, o, si acaso, con matrícula de honor para Timothy Spall y Patricia Clarkson (solo el Dios del marketing sabe por quñe no aparecen entre los candidatos a los Oscars). Destacar también la banda sonora hábilmente encajada desde el propio (y único) escenario en el que transcurre la acción: un tocadiscos que crea atmósfera y juega a cambiar el registro dramático aun en contra de la voluntad de los personajes.

Todo esto en setenta minutos. (¡Setenta!) Casi un milagro en estos tiempos de películas eternas como colas en urgencias y sobrehinchadas como culturistas.
Más información en ambigugarcia.blogspot.com.es/
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4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
¡De la que te estás librando Marianne!
Sally Potter aprovecha esta flemática comedia: inteligente, ingeniosa y cáustica, para divertirse divertir y dar un repaso al mundo de las relaciones de pareja, la clase política y la alta sociedad británica.
Con un reparto acertado y deslumbrante, la solvente realizadora consigue que los 71 minutos del metraje transcurran en un suspiro.

La excusa para el rapapolvo y el “cachondeíto” es una reunión de viejos amigos que tienen algo que celebrar, aunque no todos…
La seriedad anglosajona, sus exquisitas normas de comportamiento y su acrisolada educación, sirven en este caso de fulminante que proyecta a los irresistibles brazos de la ironía y la confesión ridícula, cuando no del sarcasmo, la obra cuasi teatral que hemos disfrutado en esta segunda jornada de la Seminci 2017.
Es la miseria moral de la mayoría de los asistentes a esta fiesta, la que los convierten en humanos, consiguiendo casi por lástima nuestro perdón y aprecio.

El público la ha recibido con entusiasmo y apunta a premios en el palmarés final.
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7 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
2
ácido humor inglés?
enorme truño. Enorme, de un tamaño tan grande... No la veáis! Salid a la calle, abrazad a vuestros padres, visitad la tumba de vuestra abuela, pero no perdáis vuestro valioso tiempo con esta bazofia inmunda. No me he reído en toda la película, ni siquiera una leve sonrisa. Actuaciones patéticas, al nivel de The Room. Lo ponen en b&n para hacerse los interesantes pero ni con esas. Huid insensatos, huid!
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6 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
La fiesta del humor negro
Una cinta muy corta, de apenas una hora y quince minutos de duración en la que la guionista y directora Sally Potter nos lleva hasta la fiesta que ha montado Janet con motivo de ser nombrada ministra del Gobierno. Varios amigos se reúnen para celebrar su nombramiento pero, sin embargo, lo que comienza como una celebración, terminará de la manera más inesperada.

Aupada en un elenco de actores muy bueno (Patricia Clarkson, Bruno Ganz, Cherry Jones, Emily Mortimer, Cillian Murphy, Kristin Scott Thomas y Timothy Spall) y en el que me atrevería decir que todos están sobresalientes, Potter va desmenuzando poco a poco los entresijos de esta particular reunión, en la que todos tienen algo que esconder y en la que todo sucede en tiempo real.

El espectador asiste, como un invitado más, a los setenta y pocos minutos de metraje en los que mentiras, desconfianza y traición estarán presentes bañados de un humor muy negro que arranca las carcajadas del espectador en más de una ocasión, ya sea gracias a sus audaces diálogos o al uso de la música en determinados momentos. Además, todo queda aderezado gracias a su sorpresa final, hilando cualquier cabo que pudiera quedar suelto.

Más en: https://alquimistacinefilo.wordpress.com/
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4 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
5
Pretenciosa
Extraída de mi blog personal:

Personalmente lo que más detesto en general es lo pretencioso, ya sea aplicado en alguien: quien no solo aparenta sino que se cree muy bueno y por encima del resto cuando en realidad no lo es; o en algo: el típico restaurante con largos y bancos manteles y con vajillas espectaculares en el que luego te sirven una espuma de vete a saber qué (porque siempre te lo explican muy rápido) y que en realidad es "aguachirri". Y muy a mi pesar esta película es pretenciosa, aunque en un nivel más bajo que al menos no me ofende tanto como los ejemplos anteriores.

Sally Potter empieza su película con una característica que me repele del todo: la fotografía en blanco y negro. The Party es más bien una obra teatral y coral, en la que se nos presenta una comida de celebración cuya anfitriona es Janet, que acaba de ser ascendida a Ministra de Sanidad del partido de la oposición del gobierno inglés. Esa es la excusa para montar una reunión de amigos (o no tan amigos) y liar la de Dios es Cristo.
Los personajes y el reparto son bastante dispares, pese a que el elenco tiene a grandes estrellas del cine inglés. Por un lado tenemos a Kristin Scott Thomas, como Janet. Su personaje es quizás el más complejo de todos y el que debe de lidiar con más conflictos durante la película, y ella como actriz está a la altura. Bill es el marido de Janet, y está en mi opinión mal interpretado por Thimothy Spall, demasiado confuso y excesivo al principio para después de repente actuar como una persona normal. Patricia Clarkson es April, de los personajes más destacados del film por su acidez e ironía y muy bien interpretada. Su pareja es Gottfried, un hippie alemán llevado a la pantalla magistralmente por Bruno Ganz y dando lugar a situaciones muy cómicas. Cherry Jones y Emily Mortimer son una pareja cuya trama es bastante floja y por último tenemos a Cilian Murphy como el agobiante y agobiado Tom.

El guión escrito por la autora del film es bastante irregular. Le cuesta arrancar, muy convencional y con un estilo un poco prefabricado en los diálogos. Es cuando empieza a avanzar la trama cuando se vuelve más provocador y diferente, con réplicas de lo más irónicas. Quizás peca de ser demasiado medido y perfeccionista, y a veces es fallido o irreal, pues trata temas de lo más variados y existencialistas con una naturalidad totalmente inverosímil, por muy políticos e intelectuales que sean los que están charlando. Es al final, cuando el primer giro (y el bueno) se da, que los personajes empiezan a comportarse como lo haríamos todos, de forma menos racional, y es entonces cuando la situación te atrapa de verdad y te ríes más a menudo.
Tiene escenas de lo más variopintas, algunas ridículas en un tono cómico y otras ridículas de casi vergüenza ajena. Hay espacio para la crítica social (muy amplia), médica e incluso política, y se hace normalmente con gracia pero de forma bastante directa. Las tramas amorosas son interesantes y te enganchan, queriendo destapar todo el misterio, pero están demasiado enrevesadas y el final es totalmente ofensivo de cara al espectador, es desconcertante e ilógico.

Sally Potter justifica en una entrevista para HeyUGuys que la fotografía B/W le permitía distraer menos al espectador y centrarlo más en sus diálogos, entre otras cosas. Para mí no tiene mucho sentido, más aún cuando la mayoría de películas parecidas a su proyecto se han hecho en color y muchas han sido exitosas. En mi opinión muestra un poco de prepotencia en la manera de hacer el proyecto. Dejando a un lado esa decisión, su labor como directora es digno de mención. Sus movimientos de cámara dentro de la pequeña planta baja de la casa de Janet son de lo más destacado de la película, haciéndola muy frenética y con un ritmo vertiginoso, para que no perdamos la atención durante los 71 minutos que dura el metraje. Llega a hacer un montaje un poco más largo y la película sería completamente fallida, pero es justo esa duración tan corta la que hace de este film algo diferente y fresco. Es de alabar que en tan poco tiempo se toquen tantos temas, y hace que no te aburras. También destaca mucho como filma los diálogos, con planos cortos para estar más cerca de los actores, algo que contribuye a no hacerla aburrida.

The Party es una comedia negra corta y veloz, con personajes y situaciones de lo más distintas que no siempre funcionan bien, con un final malo pero con una dirección muy ágil y escenas muy cómicas.

★★★

https://jaimelapazjr.blogspot.com.es/
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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Tension y Sorpresas en la fiesta
Para empezar este año con el Festival de cine de Valladolid he seleccionado la nueva película de Sally Potter. Con un guion propio la cinta encierra a un grupo de personajes para disparar contra todo y contra todos en una comedia de tono muy negro. Este es el octavo largometraje de la directora que fue presentado en la Sección oficial del Festival de cine de Berlín y ahora la podemos disfrutar en la Seminci. Entre sus anteriores trabajos podemos destacar “Ginger & Rosa” la cual fue presentada también en el año 2012 en la Seminci y gano el premio a la mejor actriz. Otra de sus grandes películas fue “La lección de Tango”.

La historia es muy sencilla, Janer la esposa de Bill, acaba de ser nombrada secretaria del Ministerio de Salud. Para celebrarlo, invita a varios amigos a una fiesta en su casa de Londres. Lo que parecía que iba a ser un gran evento se convierte en una tragedia.

Del brindis inicial, se va pasando las conversaciones, a las suspicacias, a los celos y a las mentiras. Nos anuncian un embarazo múltiple, una enfermedad terminal e incluso intercambios de pareja. Durante el transcurso de la fiesta el matrimonio y la carrera política de Janer se pondrán en entredicho.

La película con un gran guion ingenioso y retorcido va fluyendo en la pantalla en blanco y negro durante los 71 minutos que dura la película. A parte de las crisis personales de los personajes durante el desarrollo de la cinta vamos viendo una desesperación amplia sobre la corrupción social y política de Gran Bretaña.

La directora tira contra todo y contra todos, pretende ser una comedia negra. La cinta es como una pequeña obra de teatro, grabada en tiempo real en un pequeño espacio. El objetivo de la directora era que el público pasara un buen rato y que se metiera en la piel de los protagonistas. Ha querido reflejar una Inglaterra rota y con sentimiento de que se está perdiendo la vida política.

El elenco de actores es magnífico con Kristin Scott Thoma, Cillian Murphy, Patricia Clarkson, Emily Mortimer, Timothy Spall y Bruno Ganz. El papel que desempeña cada uno de ellos es fundamental para el desarrollo de la historia.

En definitiva una película con una gran crítica social y con un humor negro magnífico.

Lo mejor: El elenco de actores y el desarrollo de la historia.
Lo peor: Se me hizo corta y me quedé con ganas de que siguiera la acción.
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5
Todo menos fiesta
The Party es una drama con aires de comedia, un cruce de historias amargas servido con una sonrisa. A mi parecer, es más drama que comedia.

Con un metraje de 71 minutos, The party promete una fiesta donde nadie tiene ganas de fiesta. Recuerda un poco las comidas de Navidad de muchas familias: donde debería reinar la paz y el amor no hay más que viejos resentimientos que crecen, se reproducen y un día...explotan.

El tono general es satírico con varias causas, especialmente el feminismo. El humor está escrito en clave política, por lo que acanzará mejor el segmento de público más activista. Por cierto, party se traduce como fiesta y también como partido político.

Las actuaciones son buenas como es costumbre en el cine británico. El guion, sin embargo, carece de profundidad. La historia tiene un buen planteamiento pero carece de un buen desenlace.

Se deja ver.
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6
CÓMO HEMOS CAMBIADO (Presuntos implicados)
Ya sabemos que casi todo está ya inventando y la formula que ha elegido la directora londinense de 68 años viene siendo recurrente con mayor o menor acierto: La reunión de amigos o familiares por algún motivo en un espacio cerrado, generalmente con un ausente que ejerce de agitador y detonante de un cocktel explosivo de corte teatral para mayor lucimiento de los intérpretes. La aparente calma inicial va exudando las frustraciones y miserias de los presentes hasta que la cruda verdad aflora dejándolos a todos "desnudos", sin máscaras ni artificios con consecuencias imprevisibles. "Los amigos de Peter", "Reencuentro", "Un Dios salvaje", "Las invasiones bárbaras", "La cena" o "Perfectos desconocidos" son buenos ejemplos de ello.

A la lista se suma la que nos ocupa en la que  Potter apoyada en un elenco de postín pasa repaso a una generación de corte progresista que como otras muchas quiso cambiar y comerse el mundo y vino el mundo y se los comió. ¿Como hemos llegado a esto?, dice el personaje del intelectual interpretado por Timothy Spall. Lo "divino" y lo humano acaban casando mal. Potter, construye una comedia negra, en blanco y negro ágil, ácida y cortante en la que se mueve con pericia cinematográfica en un ambiente teatral, pero peca de querer abarcar mucho y apretar poco en cada uno de los temas que tocan sus personajes. La política, las creencias, el feminismo, la identidad sexual, el estatus social..., y a pesar de un final brillante y una puesta en escena notable donde la música diegetica juega su protagonismo acertadamente la cosa no acaba de cuajar y uno termina con la sensación de que la potente artillería empleada a fallado el tiro.

cineziete.wordpress.com
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5
Crítica pretenciosa al sistema
Sin duda, Potter juega a disparar a todo lo que se mueve en esta especie de comedia negra con gotas de suspense en la que lo mejor, con mucha diferencia, son unos actores magníficos (excelsa Patricia Clarkson, convincentes Bruno Ganz y Emily Mortimer, adecuada Cherry Jones, sólo desentona un hiperactivo Cillian Murphy, un poco fuera de lugar) y unos diálogos afilados y rápidos. El tono teatral con un escenario único y un blanco y negro muy adecuado realzan la película que, además, tiene un metraje muy ajustado y también adecuado. ¿Qué falla, entonces? Pues falla la pedantería y la pretenciosidad de la directora y su guión, que se erige como juez y parte de la progresía británica, por extensión europea y por extensión occidental. Se critica al feminismo, al lesbianismo, a la concepción in vitro, a la intelectualidad, a los gurús del alma. Todos son infieles, todos traicionan o traicionaron, no hay nadie puro en esta sociedad. Contado así, podremos estar de acuerdo muchos, claro, pero la forma tan altiva y pretenciosa de contarlo hace que el espectador se ponga en guardia muy rápidamente. Con todo, tiene ratos muy divertidos y otros en los que espectador es empujado a pensar. No está mal, vaya.
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7
Excesivmanete teatral
En clave de comedia negra, la guionista y directora Sally Potter, dispara contra todo y contra todos (contra el feminismo, contra la izquierda …), donde la crisis de los personajes parece un reflejo de la corrupción social y política de Gran Bretaña.
Con grandes diálogos, hace que te reías en muchos momentos, pero la veo excesivamente teatral.
Según dijo la directora en la rueda de prensa de la Seminci: “El film es una mirada ligera y amorosa al estado de Inglaterra, a una Inglaterra destrozada”. Eligió el blanco y negro, “porque mis películas favoritas son mayoritariamente en blanco y negro y porque me permite llenar las imágenes de colores emocionales”. Se propuso como reto, “hacer una comedia que envolviera la tragedia, ambos son primos hermanos”.
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