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9
“Sé para que sirve la última bala”
La última bala, igual que la cicuta o el haraquiri, están reservados para salvaguardar el honor. Si todo se va al traste, si nada surge como está escrito y quedamos vendidos ante el mejor postor, no estaría mal poder elegir tu entrada al reino de las sombras.

Winchester está llena de claves y de mucho humor. El humor lo ponen uno diálogos ácidos y ágiles. Siempre es por culpa de las faldas. Es uno de los pocos honores que directores de este género han regalado a las mujeres.

Lo que hace a Winchester un western especial es el hecho de contener mucho de otros western en su historia. Por culpa de un arma, adivinen cual, Mann borda una película donde caben muchas otras. Hay de todo en ella y todo en su justa medida.

El inicio es demoledor, de esos que en poquitos minutos nos dice una burrada. Como hizo Hawks con su “Río Bravo”. Y luego ya no hay marcha atrás. Trepidante persecución donde el arma va pasando de mano en mano hasta el duelo final.

Todo a cargo de un hombre que un con físico nada proclive para el western (excesivamente alto y delgaducho) se convirtió en la última bala de John Ford.
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52 de 55 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Relato de persecución y venganza
Primer western, y primer film, de Mann con James Stewart. Escrito por Robert I. Richards y Borden Chase, desarrolla un argumento de Stuart N. Lake, gran conocedor de la biografía de Wyatt Earp. Se rueda en exteriores de Tucson (Arizona) y en los platós de Universal Studios, con un presupuesto ajustado. Producido por Aaron Rosemberg, se estrena el 12-VII-1950 (EEUU).

La acción principal tiene lugar en Dodge City y en territorio de Arkansas, a lo largo de unos pocos días, a partir del 4-VII-1876, primer centenario de la independencia del país. Lin McAdam (Stewart) anda en busca del pistolero Dutch Henry Brown (McNally), asesino, ladrón y cazarrecompensas, con el propósito de darle muerte para vengar a su padre. McAdam es hombre recto, airado y obsesivo.

El film desarrolla un relato de odio, persecución y venganza, más bien propio del cine negro. Largometraje nº 19 de Mann, es el tercer western de su ciclo de 11. La narración se estructura en forma de itinerario circular y se apoya en dos hilos conductores: el seguimiento de un rifle Winchester 73 que cambia de manos sucesivamente y la persecución implacable del pistolero Brown por el obsesivo McAdam. La variedad de episodios confiere a la obra un aire de grata complejidad y atractiva densidad. La narración es fluida, está dotada de buen ritmo y se beneficia de la eficacia expositiva de Mann. Los episodios incorporan motivos característicos del género: competición de tiro, ataque indio, intervención de la Caballería, etc. Se dedican referencias a iconos del Oeste: Dodge City, general Custer, Wyatt Earp, Caballo Loco, etc.

Bajo la batuta de Mann, la obra adquiere gran dinamismo y una admirable intensidad. La historia de aventura, conquista, lucha y supervivencia, deviene absorbente y apasionante. Las relaciones entre los personajes muestran sus situaciones límite: viven poseídos por la angustia y la desesperación. No es fácil, ni cómodo, ni placentero, vivir en el Oeste. La vida se ha de ganar cada día, cada momento, cada instante. La supervivencia es cosa de los más fuertes, los más hábiles, los más rápidos.

Particular atención merece la protagonista femenina, Lola (Winters), explotada, prostituida, marginada y desalojada de la ciudad los días de fiesta por hipócritas razones de falsas apariencias. Abandonada y terriblemente sola en su amargura de mujer, de desplazada y de víctima, se valdrá por si misma. La fortaleza no es sólo cosa de hombres.

La música, de Walter Scharf, ofrece cortes breves, orquestales, de viento y metal, que hablan de tareas épicas, luchas encarnizadas, dramas humanos. La fotografía, de William H. Daniels, en B/N, presenta composiciones de fuerte contraste, abundantes trazos negros y contraluces emotivos. La cámara capta el dinamismo de la acción con encuadres rápidos, certeros y bien montados. Los parajes casi desérticos, desolados y opresivos, evocan el estado de ánimo de los protagonistas. Excelentes interpretaciones. Western memorable.
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38 de 39 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
Iconografía del western
Si lo que uno busca es un relato cuyos guionistas lo borden, este es el caso. La sempiterna historia de venganza mueve la narración, cuyo entramado de personajes y situaciones se cohesiona en torno a un oscuro objeto de deseo, un rifle Winchester de 1873, una obra maestra de ingeniería armamentística y un símbolo de eminente poder.

Además, es una película idónea para que el no iniciado en el western se adentre en el apasionante mundo cinematográfico del viejo oeste, pues se vale de una completísima galería de personajes y objetos tradicionales del género: jinetes, caballos, pistoleros, tramperos, el sheriff, revólveres, la diligencia, la chica del saloon, el tahúr, el traficante indio, indios, soldados de caballería, un forajido...
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38 de 48 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Historia de un rifle de repetición??
En esta película se funden tres talentos, que comenzarán una colaboración que no desaparecerá en gran parte de sus respectivas carreras. Hablamos del director, Anthony Mann, el guionista, Borden Chase y el protagonista de la cinta, James Steward.
En este film, estructurado circularmente, en torno a un rifle de repetición muy preciado (el Winchester ’73), y como diría Win Wenders en una ocasión, “en Winchester 73 hay tantas buenas historias a cerca de un fusil, que se podrían hacer al menos ocho buenos “westerns” italianos”.

Si bien como decíamos anteriormente, el film se estructura circularmente en torno al fusil, lo cierto es que la historia no es una. El relato se divide en diferentes historias, cuyo principal nexo de unión es el arma, pero cuya esencia es diferente en cada capítulo. Diferente en todas, salvo en la motivación real de Lin McAdam (James Steward), para perseguir a Dutch Henry Brown (Stephen McNally), que se basa en una vieja rencilla de hermanos a causa de la muerte del padre de ambos, que no se resuelve hasta el final de la cinta y que a pesar de la fuerte presencia de ambos, Mann logra enmascarar magistralmente hasta el desenlace final del film. Los secundarios que McAdam va conociendo a lo largo de la historia, van arrojando poco a poco algo de luz sobre el misterioso personaje de Dutch Brown.
Lin McAdam, asiste impotente durante toda la trama, al cambio de manos constante del rifle que le fue arrebatado en Dodge City, mientras continúa intentando dar caza a Brown por esos asuntos pendientes que ya hemos comentado. La persecución va ganando en intensidad a medida que avanza la cinta, y Mann, con una sutileza majestuosa, logra engarzar las historias y dirigirlas hacia un desenlace trágico en el que la casualidad juega un gran papel, pero en el que sin embargo, no se aprecia nada de improvisado ni forzado.
La historia en su conjunto, circular como ya hemos señalado, concluye cerrando esa estructura a través de los dos hilos conductores de la película.
Sin duda uno de los “westerns” más densos de la historia del género. Bien actuado, mejor dirigido y fenomenalmente resuelto.
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18 de 22 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
De mano en mano
Mitos del Salvaje Oeste Americano reunidos en un western. La aparición ocasional del más duro sheriff que pisó aquellos territorios, Wyatt Earp, que a los veintitantos ya era respetado y temido por los maleantes de la zona donde él ejerciera su jurisdicción (en 1876 tenía sólo veintiocho años cuando fue destinado a Dodge City, Kansas, con lo cual se han permitido una licencia cronológica respecto a su edad, empleando a un actor maduro). Por otra parte, el protagonista es un rifle que hizo furor, el Winchester de 1873, un arma muy cotizada. Tanto, que cualquiera soñaba con poseer una.
Éste es un compendio de westerns de pistoleros expertos, un hombre en busca de venganza, otro que es el objeto de la venganza, un amigo leal, persecuciones por el desierto, rufianes que se hacen ricos vendiendo rifles de repetición a los indios, indios que pelean por su honor malherido y por su civilización agonizante, malhechores que asaltan bancos, una corista atractiva que se dirige con su prometido al rancho en el que quieren empezar una nueva vida, soldados del ejército de la Unión repartidos por el seco paisaje, tiros… Y un rifle que circula de mano en mano, sin auténtico dueño, aunque se lo ganara en justa competición Lin McAdams. El Winchester es un símbolo de la codicia material, del morbo de la muerte, del poder ilusorio, transitorio y traicionero del que muchos quieren apoderarse. Cayendo en malas manos, se sube a la cabeza y el incauto infame que cree ser su dueño sólo encontrará la perdición. El rifle de los rifles no se deja poseer por nadie que no sea digno.
Dará muchos tumbos por el desierto, buscando quizás al único hombre al que puede respetar.
Anthony Mann era perro viejo en este género y sus westerns huelen a genuina pólvora, tierra reseca, cactus, sudor de caballos y efluvios humanos en poblaciones obstinadas que no conocen la tranquilidad de un día sin disparos, riñas de borrachos, duelos sin cuartel, redadas ni robos. Uno tenía que ser muy aguerrido en el Oeste, si quería llegar al día siguiente.
Valientes y cobardes, honrados y tramposos, vanidosos y humildes, débiles y fuertes. El Oeste hacía su selección natural, cuando las leyes todavía eran un simple boceto que apenas unos pocos tenían agallas para cumplir y hacer cumplir.
El Winchester, casi como un ente animado, tendrá que elegir.
Y seguramente acabe eligiendo a quienes no lo persiguen como fin, sino como medio.
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13 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Una historia circular completísima
Puede que sea cierto lo que se dice de "Winchester 73", que incluye al menos ocho historias tan buenas que cualquier director italiano podría haber usado para hacer ocho películas diferentes. La sabiduría de Anthony Mann, para mí el verdadero protagonista, supone convertir esas historias en una única, y además de menos de 90 minutos, con el mismo factor común, ese rifle que da título a la película. Me gusta destacar ese formalismo, que el hilo conductor de la gran historia circular sea un arma de fuego, que el máximo y mejor símbolo de todo western, sea el verdadero foco de atención, el objeto que está detrás de todos los líos, el objeto que atrae toda la acción.

Añadiré que la escenas en las que se encuentran varios personajes acorralados por los indios es lo que más he detestado siempre de las películas del oeste, entiendo que en la época se recurriera mucho al indio malo con plumas y pinturas de guerra, para mí es un desacierto siempre, antes y ahora. Encuentro lógico su uso pero lo censuro. Todo lo demás está muy bien resuelto, incluso aquellos que no tenemos a Stewart como el gran actor que la historia del cine sí tiene. De manera que absolutamente recomendable, imprescindible diría para los que amamos el género, no ocupa la pantalla como otros grandes pero tiene de todo y entretiene una barbaridad.
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14 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
''Uno entre 10000'' (8.8)
Esta película es el Winchester 73 de los westerns: sólo uno de cada 10000, o 20000, salen "perfectos". Y, como es lógico, su visionado no se paga con dinero.

Ahora estoy volviendo a ver todos esos westerns de mi niñez. Al revisar éste, me impresionaron mucho los cuerpos inertes de los indios muertos "aplastados" por los caballos durante el ataque al improvisado campamento de la caballería –es algo que se ve muy poco en este tipo de producciones, en las que suelen limitarse a intercalar tres o cuatro caídas de especialistas ¡y santas pascuas!–. Tampoco puedo olvidar las siluetas de los jinetes recortadas al sol del amanecer, las llamadas de los indios imitando a los búhos y a los chacales, los cuidadísimos diálogos y personajes... en fin, que me gustó muchísimo.

Sólo me gustaría añadir que cuando Mann está inspirado, sus westerns superan, aunque sólo sea ligeramente, a los clásicos más conocidos de Ford (salvo a ese "insuperable" titulado "El hombre que mató a Liberty Valance"). Con Mann los apartados técnicos se cuidan mucho más; el paisaje, la fotografía y la música adquieren, si cabe, más protagonismo. Además, se alió felizmente con James Stewart, ese hombre delgaducho capaz de interpretar igual de bien a un bueno buenísimo que a un malo malísimo. Tengo un par de colegas aficionados y coinciden conmigo: los westerns de Ford son, entretenidos y, a veces, con cierta profundidad, ideales para pasar un buen rato y recordar tu niñez; pero en esos días en que te apetece ver uno bueno de verdad, sin fallos de raccord, con emboscadas indias temibles, con venganzas y rencores, con amistades y amores adultos y maduros, mucho mejor los de Mann (1).


(1) Que no se enfaden los amantes de Ford: si hay algo bueno que tiene él es que hizo muchísimos buenos westerns, muchos más de los que pudo hacer cualquier otro en la historia.
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23 de 37 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
HAY QUE VERLA
Película con más de 50 años, pero que se presta a verla sin mucha dificultad, porque lo merece. El tema principal: como pasa el fusil Winchester 73 de una persona a otra durante el metraje, y las diferentes historias de los personajes que rodean a dicha arma, la historia ni está rebuscada, ni ofrece altibajos. Gracias a la rapidez del guión y al buen hacer de los actores, en especial James Stewart pasa como una película entretenida, incluso para aquellos a los que no les agrada el western. Tiene de todo, disparos, indios, vaqueros, soldados, competición, chica guapa, musica, saloon, vendedores de armas,etc. Poco creíble en ciertos momentos del metraje, pero aceptable tratándose del tema que es. Y tener en cuenta a un jovencísimo Tony Curtis, cuyo nombre sale en los créditos como Anthony Curtis.
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10 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
La sobrevaloré la primera vez.
Hace muchos años vi por primera vez "Winchester 73" y la puntué (hará cinco o seis años, cuando me di de alta en Filmaffinity) con un notable 8, por el recuerdo que tenía. La he vuelto a ver hoy por segunda vez y siendo generoso he dado 6 puntos. ¿Por qué?

Vaya por delante que:
-me apasiona el western,
-me parece un gran director Anthony Mann,
-James Stewart es uno de los grandes actores del Cine,
pero...

El concurso de tiro para la adquisición del Winchester 73 "Uno entre mil" es una secuencia poco creíble.
Para empezar hay público situado tan cerca de las dianas que sería propio de descerebrados arriesgarse a recibir un balazo.
Acertar en el centro de la diana es harto complicado y sobre todo...¡el distinguir a esa distancia el circulito negro del blanco!
Cuando arrojan las monedas al aire para desempatar en los aciertos la moneda al sufrir el impacto de la bala debería irse a "tomalpolculo" y en cambio ¡las monedas han caído a unos pocos pasos!
Y después de demostrar ambos contendientes su extraordinaria puntería...¡me da la risa cuando en la secuencia del desenlace final necesitan no menos de una veintena de disparos cada uno para dar en el blanco!
Cuando Dan Duryea (actor muy mediocre que aquí llega al súmmum de su mediocridad) y sus secuaces entran en la casa donde se han cobijado la Winters y su novio parece una secuencia de directores muy vulgares. A sus perseguidores, hombres de justicia, no se les ocurre otra cosa que incendiar la casa... con la Winters dentro.
La secuencia del ataque de los indios a los soldados yanquis resulta muy pobre. Como casi siempre se nos muestra a los indios torpes e idiotas.
Por supuesto que hay aspectos positivos (ver críticas de usuarios que han puntuado por encima del 7), pero he querido indicar los motivos por los cuales esta segunda visión me ha decepcionado bastante.
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12 de 18 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Un western que lo tiene absolutamente todo
Pocas veces podemos encontrarnos ante un western con una calidad tan enorme como la que presenta Anthony Mann en "Winchester 73". El director norteamericano nos deleita con esta trepidante obra maestra del cine del oeste utilizando un guión bastante sencillo pero extraordinario de todas formas y con un atractivo y genial reparto.

Este western lo tiene todo, es decir, tiene todos los ingredientes típicos de una película de vaqueros reunidos en tan solo hora y media: un valiente y honesto protagonista, una bella dama en apuros, un magnífico villano, forajidos, indios, yankis, persecuciones a caballo, un simpático compañero, trifulcas en salones, duelos a muerte... En fín, todo lo que se puede pedir a una película del oeste Mann lo resume en un fantástico film sin caer en lo fácil y banal.

En el apartado técnico encontramos, como hemos dicho, un guión sencillo pero magistralmente elaborado creando un western muy aventurero y con mucho sentido del humor, además de contener fantásticos y chispeantes diálogos.
El reparto es genial, con un gran James Stewart que, aunque se me hace extraño verlo vestido de vaquero, cumple con su papel como de costumbre. La chica de la película no es otra que la gran Shelley Winters, que hace un gran trabajo. El resto del reparto lo completan grandes secundarios como Millard Mitchell, Dan Duryea o Stephen McNally. Como curiosidad cabe destacar que también forman parte del reparto haciendo una breve intervención dos futuras estrellas de Hollywood como son Rock Hudson y Tony Curtis.
También es elogiable el extraordinario y endiablado ritmo de la película. En ningún momento decae y te atrapa desde los divertidos minutos iniciales hasta los emocionantes minutos finales.

Poco o nada más que añadir, sólo decir que si les gusta el western clásico, limpio y elegante y aún no han visto Winchester 73, ya están tardando en hacerlo.
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7 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
Una escopeta de feria
Igual me he pasado siete pueblos con el título de mi crítica, de acuerdo, pero si os he de ser franco, ni he podido ni he querido evitarlo. Y es que, por desgracia, con ésta ya son dos las veces que un western de Anthony Mann me decepciona. Así pues, permitidme que haga uso de mi legítimo derecho a derribar mitos (una práctica muy puntual y esporádica en mi caso) y que empiece a hacerlo estableciendo un mordaz y satírico paralelismo (que venía a huevo, por cierto) entre el título de la peli en cuestión y el encabezamiento de esta irreverente crítica.

Mr. Mann será todo lo bueno que queráis, un genio quizás, pero a mi sus westerns ni me llegan ni me llenan. Pero nada. Nada de nada. Y no porque el tipo no sepa narrar una historia o porque no sepa colocar la cámara en el lugar preciso. Los westerns de Mann no me apasionan porque los veo excesivamente ingenuos y pueriles. Aunque, bien pensado, quizás el culpable de todo esto no sea Mann, sino Stewart. Y es que, por mucha predisposición que le eche, cada vez que veo al larguirucho de Jimmy haciendo el canelo en un saloon (como cuando se bebe el vaso de leche, por ejemplo) se me caen los huevos al suelo. No sé que opinaréis vosotros, pero en mi concepción del Oeste héroes de mantequilla como él no tienen cabida. ¿Acaso alguien duda, quizás, que actores como John Wayne, Kirk Douglas, Burt Lancaster, Gary Cooper o incluso Charlton Heston encajan mucho mejor que Stewart en este tipo de pelis? Pero bueno, visto el ojo que tenía Mann con las mujeres (Sara Montiel), su fijación por el bueno de Jimmy resulta, hasta cierto punto, incluso comprensible.

En cualquier caso, yo -por mi parte- seguiré recurriendo a Hawks, Wellman, Peckinpah, Leone, Eastwood o Ford (con el que últimamente me he reconciliado) cada vez que quiera ver un western como Dios manda. Y que no me vengan con ostias.
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18 de 31 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Dan Duryea, ese desalmado...
Notable western de Antonio Hombre.

Con una mucha elegancia y precisión, la historia se articula en torno a un rifle, que va pasando por diferentes garras.

Impresionante la estética y muy acertada la progresión de la película, que llega a su punto culminante con la irrupción del impagable Dan Duryea, una vez más dando vida a un desalmado y, una vez más, comiéndose secuencias a bocados.

Grande.
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5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Un compendio de todos los westerns
Anthony Mann, director que tocó infinidad de géneros (comedia, cine negro, bélico y, sobre todo, del oeste), realiza aquí el mejor de sus westerns. Resulta que, lejos de su habitual esquema –el hombre que cabalga solo por la llanura y le suceden cosas–, nos regala en esta ocasión con un sinfín de aventuras en las que se pasa revista a los más típicos episodios de esta clase de películas. No falta nada: el concurso de tiro en la ciudad de ancha calle, las peleas con los vaqueros, el malo cobarde, el malo valiente, la chica maltratada, los grandes horizontes, el ataque de los indios a la caravana, las persecuciones desenfrenadas y el tiroteo final. En suma, acción pura a uña de caballo.

Los actores, muy bien. James Stewart en su línea; Shelley Winters, dando vida a la chica que pasa por mil avatares; Dan Duryea, como el malo que inmortalizó en tantos otros filmes, y dos cameos inesperados de personajes luego muy famosos: Rock Hudson como el jefe indio (al que mata James Stewart de un tiro), y Tony Curtis en la piel de uno de los soldados que escoltan a la caravana. Y al fondo de todo ello, a modo de hilo conductor, un Winchester 73, arma entonces muy novedosa, codiciada por todos y que pasa por mil manos.

Todo está bien en esta película en blanco y negro, y recomiendo que la vean a quienes aún no lo han hecho. Sin llegar a ser una obra de arte monumental, representa un compendio de todos los westerns y constituye un magnífico y entretenido espectáculo, que es, en definitiva, de lo que se trata.
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5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Un clásico del género
La parte fuerte del film es su extraordinario reparto. Un papel hecho a la medida para James Stewart (1908-1997) que hace una interpretación de primera, una ingenua y joven Shelley Winters (1920-2006) con apenas 30 años de edad, los clásicos villanos del cine Dan Duryea (1907-1968) y Stephen McNally (1913-1994), además de dos jóvenes promesas del cine para aquel entonces, Rock Hudson (1925-1985) y Tony Curtis (1925-2010).

En el film hay una escena que te llena de intriga y misterio, cuando Shelley Winters esta secuestrada en la cabaña con los dos malosos, Dan Duryea y Stephen McNally, y encuentra una foto de James Stewart. No es hasta el final del film que se descubre la gran verdad. También las escenas del duelo a tiros en la sierra montañosa son clásicas de este film.

Esta película me recuerda el último film de James Coburn, “American Gun” (2002), acerca de la historia de un hombre que viaja por toda la nación americana para rastrear el origen del arma utilizada que mato a su hija, pero en la búsqueda de la verdad, termina con su propia verdad. Igual parecido tiene esta historia cuando Lin McAdam (James Stewart) va detrás del Winchester '73 que quiere recuperar, pero en realidad lo que busca es enfrentar su propia verdad.

La película generó por la venta de taquillas la cantidad de $4,5 millones en EEUU solamente, más $2,3 millones por la venta de alquiler en los videoclubes, además recibió una nominación a los “Writers Guild of America” por mejor guion del oeste americano.
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4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
El pero es Shelley Winters
En todos los clásicos de Mann el movimiento se demuestra andando. El hombre de Laramie, Colorado Jim, Horizontes lejanos y Tierras lejanas el hombre y la mujer se mueven. Winchester 73 se mueve en busca de un rifle único en su especie. Winchester 73 es seguramente el film de Man que mejores actores y más villanos cuenta. El único pero que la veo a la cuarta visión es Shelley Winters y su novio. Todo lo demás es admirable. Y recordar que Lang declinó el ofrecimiento ya que el guión no le gustaba. No era el mismo guión el que se encontró Mann. El mejor creador de westers no llevaba parche en el ojo.
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4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
El rifle que conquistó el oeste.
Primer trabajo conjunto de un equipo formado por el director Anthony Mann, el actor James Stwart, el guionista Borden Chase y el productor Aaron Rosemberg para la Universal, luego seguirían unos cuantos westerns más. El rifle como símbolo de orgullo y poder que pocos disfrutaron, entre ellos el presidente Grant y Buffalo Bill. Sin adquirir la categoría de autentico protagonista, deviene en pretexto y catalizador. Su recorrido de mano en mano marca la estructura circular del relato. Un western itinerante levantado sobre la imagen fratricida de dos hermanos, una historia con ribetes de tragedia clásica.

Un flamante winchester modelo 1873 pasa por las manos de 8 hombres: dos pistoleros, dos soldados, un traficante de armas, un cobarde, un jefe indio (Rock Hudson) y un justiciero. No es, sin embargo, la posesión del rifle el motor de este clásico western de Anthony Mann, uno de los cineastas clave en el género. Aunque el arma sea, efectivamente, el señuelo que conduce la narrativa, en el fondo, el autentico propósito de esta historia, es la venganza. El odio asoma siempre en los ojos de Lin McAdam (James Stwart) que persigue constantemente a Dutch Henry (Stephen McNally) para vengar la muerte de su padre. Dicha persecución está jalonada por diferentes aventuras y situaciones que tienen como denominador común el famoso winchester.

En este film amargo impera el diálogo de las armas, y más concretamente la oposición entre arma corta y arma larga, entre revólver y carabina de repetición, que en cierta manera significa el progreso. La apariencia juega también un importante papel, por ejemplo, la tensión que se crea durante el concurso de tiro no está generada por la competición en sí misma sino por las relaciones personales entre los dos finalistas; el rifle como premio del concurso de tiro, es el objeto que a falta de las armas para un duelo a muerte entre los dos hombres, servirá como catalizador de la violencia reprimida. Este western violento, árido y apasionado, debe buena parte de su fuerza a la crudeza con que se muestra la violencia, a la armónica integración del hombre en el paisaje.

Uno de los aspectos destacables es el personaje de Lin McAdam, un héroe dolorido, atormentado, atosigado por debates interiores, sin futuro hasta que pueda liberarse de su pasado. Otro gran aspecto de la película radica en el tratamiento del personaje de Dutch Henry, gran villano pero si analizamos su trayectoria en el film, veremos que es un perdedor absoluto, construida en una sucesión de frustraciones, en efecto, todo lo que planea… ¡le sale mal! ¡Difícilmente puede haber un villano tan desdichado en la historia del western! Estudiar esta cadena de frustraciones insertándolas en una película que tiene como centro el azar y la culpa, la venganza y el destino, puede dar lugar a más de una jugosa reflexión, si analizamos profundamente los westerns de Anthony Mann, que fue uno de los grandes del cine clásico.
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4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Historia de un rifle
Gran western hilvanado a base de varias historias cruzadas, todas ellas con el nexo en común de un rifle que cambia de dueño constantemente, un rifle Winchester 73, "el rifle que conquistó el oeste".

Como bien indica Kick'Em Ars en su crítica, este viaje cíclico del rifle le sirve al guionista para mostrarnos una panorámica de la iconografía propia del western.

Genial James Stewart, como siempre, para esta entretenidísima historia coronada por un intenso tiroteo entre los dos personajes principales, con sorpresa final incluida.
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5 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Prototipo del western.
76/06(06/04/08) Buena cinta del oeste, conjuga en ella todo lo que a un western se le pide, duelos a muerte, ataque de indios, diligencias atacadas, etcétera, y por supuesto a un Grandisimo protagonista, James Setwart, una gran fotografía, tiene un par de handicaps, es lo tramposo que es el guión y lo mal que soporta la cinta el paso del tiempo, cosa que por ejemplo no le pasa a los films del oeste de John Ford, pero bueno Ford solo hay uno. Recomendable a todos los amantes del género. Fuerza y honor!!!
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5 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Uno entre mil
Otro director a reivindicar, Anthony Mann. Tras unos inestables comienzos se consolida con algunas buenas cintas de cine negro, pero es en la década de los 50 y con sus westerns cuando alcanza el estatus de excelente director.

Durante estos años se lanza a una actividad frenética especialmente en el género USA por excelencia, aunque lleve a cabo incursiones en otros: biopic (Música y lágrimas), bélico (La colina de los diablos de acero) o drama (La pequeña tierra de Dios). Ya en los 60 su actividad (y calidad de su cine) decae trabajando en diferentes países europeos: en España para Samuel Bronston (destrozando nuestra historia en el Cid pero embelleciendo a Jimena que dudo fuera como Sofía, y en La caída...) y en Noruega, Londres y Berlín (Lo héroes del Telemark y Sentencia para un dandy los dos últimos países, película que no pudo acabar).

En 1950 se estrena Winchester 73, el primer gran western de Mann, que también inicia una fructífera colaboración con James Stewart que se extiende a 4 clásicas películas más de este género (además de otras tres pertenecientes a otros).

En Winchester 73 Mann mezcla magistralmente la historia de una venganza y la historia del rifle que pasa fugazmente de mano en mano ("un rifle entre mil... uno tiene el presidente Grant y otro Buffalo Bill"). Y lo hace de manera antológica, desde el principio de la película. Fuera prólogos, páginas de guión para completar metraje, grandes planos generales que hagan brillar la fotografía y música, nada ... total, 82 minutos imprescindibles y maravillosos. Así, Jimmy llega a Dodge City (tras la batalla de Little Big Horn y donde se encuentra a Wyatt Earp, lo que nos sirve para situar cronológicamente la película) y encuentra en un concurso de tiro (el premio se supone) al hombre que busca. Sabemos que el duelo final está ya servido.

Como curiosidades, dos jóvenes llamados a ser alguien en el mundo de Hollywood en pequeños papeles: Rock Hudson (como indio) y Tony Curtis todavía como Anthony en créditos. Y destacar, cómo no, la belleza de Shelley Winters (qué ciego estabas Humbert Humbert).

Por supuesto, Stewart se come la película. Ese año estrenaba este western y Flecha rota (ya en 1939 había rodado Arizona junto a la Dietrich), por lo que el perfecto padre de familia americano veía abierto un nuevo mundo para él, el género por excelencia, donde cosecharía un magnífico puñado de éxitos. Sin embargo, aunque no las comparta, recuerdo las palabras de un viejo amigo de mi padre:

- A mí me gustan mucho las películas de vaqueros. Pero las de John Wayne, no las del vaquero ese blando que 'to' el mundo le puede dar dos hostias.

Y cuando decía John Wayne no recuerdo la pronunciación que usaba, pues fue cambiando en aquellos años según "adelantos tecnológicos":
jon vaine, yon vaine, yon vuei y, finalmente, yon vuein.

P.D.: ¿quién fue el gracioso digno del corredor de la muerte que empezó a comparar hace años a Emilio (repugnancia) Aragón con Jimmy?
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3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
Sabor a cine
Es por películas como ésta por lo que me gusta el cine.
Se podrán poner mil pegas (a todas las películas se puede) pero el regusto a buen cine que deja cuando salen los créditos es espectacular.
Cuando la ves de niño, te fijas en los buenos, los malos, indios, vaqueros... Y te encanta.
Cuando la ves de mayor, aprecias todos los matices, actuaciones, diálogos, tramas secundarias... Y alucinas.
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3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
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