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8
La ambición, la locura y la codicia flmadas
Sabiendo que Welles siempre ha tenido predilección por lo original, por explorar nuevos campos, sin que ello signifique volverse pedante o plasta, es sorprendente comprobar que aparte de la faceta de creador, también sea un magnífico adaptador. Y es brillante en esto último porque no se limita a poner la obra en imágenes, sino que coge el universo de la obra y lo funde con el suyo propio, ese mundo barroco, tortuoso y extravagante, pero rara vez gratuito. Y si ambos estilos, el de Shakespeare en este caso y el de Welles, son fascinantes por sí solos, la unión de ellos no lo es menos.

"Macbeth", relato de la ambición del hombre, de nuestra permanente glotonería por el poder, que desata nuestros instintos más abominables, glotonería que atrapa y no deja escapar, llevándonos por el sendero de la conciencia y la culpa, y terminando en la locura. Para mí, una de las grandes obras de la literatura (aunque sea una obra de teatro) universal. Y Welles en todo momento es fiel al original, pero también imprimiéndole su único e inmediatamente reconocible estilo.

El juego de luces y sombras, de picados y contrapicados, de tortuosos escenarios en ruinas que sirven de marco a la tragedia del personaje, el mundo de irrealidad, el ambiente teatral llevado inmejorablemente al cine, todo ello en un mes de rodaje y un presupuesto escaso, son utilizados por Welles para captar el espíritu de la obra. No se anda por las ramas, no cuenta la historia, su única misión es capturar, plasmar y grabar la pura esencia de la ambición, la locura, la fatalidad, y una vez conseguida hacerla fascinante, transmitirla. Y el resultado es perfecto.

Y aunque los monólogos puedan volverse cargantes o monótonos, a mí no me lo parece, creo que son una buena forma de mostrar la malicia de los personajes, lo cobardes y ruines que pueden llegar a ser. Magistral interpretación de Welles como el propio Macbeth. Cada vez que veo una película de Welles me asombro siempre por la genialidad que el muy cabrón poseía como director y como actor. Era acojonante, puro genio.

Y qué queréis que os diga, para mí esta adaptación supera a la de Kurosawa. La de Kurosawa era el cuento, la historia, y tú sacabas las conclusiones. Aquí Welles no te permite nada de eso, directamente te mete un chute de las conclusiones en estado puro, locura, maldad, codicia; subyuga y fascina. Absolutamente genial.
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34 de 39 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
1. La palabra
“Macbeth” es, de las tres adaptaciones shakesperianas de Welles, la más endeble. Sumido siempre el director en luchas por recortes presupuestarios o manipulaciones en el montaje de sus obras por parte de las Majors, será esta, la película que resulte más perjudicada por dichos contenciosos.

El “Macbeth” de Welles es ante todo la palabra. Como adaptación de una obra literaria al lenguaje cinematográfico es pobre, pero la fidelidad del director hacia la obra de Shakespeare es máxima. Es, de cuantas versiones se han hecho, la más fidedigna con el texto escrito y la que más se podría considerar lo mal llamado “teatro filmado.”

Soy consciente de las extremas limitaciones económicas de “Macbeth”, pero ello no es óbice para evaluar el producto por el resultado final sin supeditarlo a lo que pudo ser o a lo que es, aún con sus restricciones. Innegable es que la paupérrima dirección artística (Welles llegó a usar decorados de otras producciones) es una de las trabas con las que tuvo que lidiar el director, sobre todo si el objetivo era alejarse del teatro y “su escena”.

La cámara de Welles no puede sobreponerse (como sí hizo en “Otelo” años después) a unos decorados tan mugrientos. Es más, el intento del director de salvar el obstáculo perjudica aún más que beneficia. El pequeño abanico de planos que decide imponer Welles a “Macbeth” acaba por matar la imagen. En esta adaptación, sólo queda la palabra. La ausencia casi de planos generales y un excesivo número de contrapicados (donde el decorado es innecesario) empobrecen el lenguaje cinematográfico y embrutecen su resultado final.

Tampoco ayuda mucho la promoción casi exclusiva de la imagen de Macbeth (el propio Orson Welles) en detrimento de los demás personajes. Welles saca (como siempre) una interpretación magistral, de una intensidad no vista en pantalla y de una ferocidad no superada por cualquier otra versión, pero está focalización provoca también un detrimento, sobre todo, en el rico personaje de Lady Macbeth que Shakespeare escribió. Jeanette Nolan no es una buena Lady Macbeth pero no está claro sin por el excesivo protagonismo de Macbeth o por culpa de la propia actriz.
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31 de 39 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Y pensar que, en la vida real, Macbeth fue un rey amado por su pueblo
Es cierto. Macbeth de Escocia llegó al poder derrocando y matando a su primo Duncan, pero no lo mató en su cama a cuchilladas, sino en una batalla y el pueblo (que no tenía a Duncan en gran estima) se lo agradeció. De hecho, se permitió el lujo de peregrinar a Roma para expiar el regicidio, lo que indica una situación de tranquilidad y estabilidad. Reinó 17 años, se casó dos veces y tuvo un hijo. Pero cuando Malcom, criado en el exilio en Inglaterra, regresó con tropas inglesas, todo se desmoronó. Macbeth perdió una batalla y fue asesinado al poco. Su hijo le sucedió, pero solo duró un año y también fue asesinado. Malcom introdujo en Escocia la monarquía hereditaria que se daba en Inglaterra, siendo los Macbeth los últimos reyes célticos de su país. Quizás por eso Shakespeare (y los historiadores ante que él) los pusieron a caer de un burro.
Centrandome en esta película, lo bien cierto es que contó con pocos medios (el propio Welles lo dijo), llegando a parecer teatro filmado y fracasando el taquilla. Pero de todos modos, no se puede decir que las carencias escenográficas no se solventan con soltura (ej: la escena en la que las brujas revelan a Macbeth las profecías a voces). Orson Welles compone un personaje principal con todo su carisma y se puede decir que soporta la mayor parte de la cinta sobre sus hombros, en tanto que su partenaire tiene menos espacio de lucimiento y tampoco es que lo aproveche. Sin duda, un clásico que merece ser visionado junto con la versión de Polanski y la lectura del original de Shakespeare, una triple visión que permite contemplar la historia en todas sus facetas y posibilidades.
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13 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Extraordinario poder visual
Welles era un apasionado de las tragedias shakespearianas. Rodada en 23 días con poco dinero y escasos medios vuelve a demostrar que además de cineasta es un creador. Hay un respeto a todos los monólogos de la obra de Shakespeare pero nos los relata de variadas formas, para no quedar encorchetado en una posible apatía teatral. Hace una interpretación sublime de Macbeth (todos ensalzan su labor como director y pocos parecen reconocer que era un grandísimo actor que dotaba de una energía admirable a sus personajes) lo mismo que Jeanette Nolan de Lady Macbeth (actriz vituperada en EEUU e Inglaterra por este papel, vaya usted a saber el motivo).
Fue un total fracaso comercial, bueno, también lo fue incomprensiblemente la excepcional "La dama de Shangai" de ese mismo año, pero el tiempo se ha encargado de valorarlas en su justa medida.
A pesar de la escasez de decorados crea un clima onírico, una atmósfera fantasmagórica gracias a su total dominio de la luz y de la sombra. El castillo parece más una caverna que un edificio donde no hay puertas ni casi aposentos. Con el primer plano del film mostrándonos a las tres brujas en un paisaje de niebla sabemos que vamos a asistir a la proyección de una película diferente, de un poder visual fuera de lo normal.
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15 de 18 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Shakespeare con pocos medios
El realizador Orson Welles, pese a ser conocido mayoritariamente por su aportación al mundo del cine con obras que ya forman parte de la historia del séptimo arte, tuvo una carrera previa en el teatro (y en la radio, no lo olvidemos), por lo que no es de extrañar el gusto y el deseo del genial director por adaptar al cine las obras del gran escritor anglosajón: William Shakespeare.

Por ello, no es de extrañar, que tras su ruidosa irrupción en el mundo del cine, se esforzara en adaptar alguna obra suya. La elegida fue Macbeth, no precisamente de las más conocidas del escritor, pero cuyo tema, lleno de intrigas políticas, traiciones, etc entre la realeza británica es muy atractiva para llevar a la gran pantalla (de hecho hay varias y muy diversas adaptaciones de la obra). Rodada con muy pocos medios, el realizador tiró de técnica y de sus dotes, no sólo como director, sino también como actor para componer un film, voluntariamente extraño, con unos decorados de carton piedra y un vestuario más bien rudimentario, que nos transporta a un tiempo casi primitivo (como queriendo enfatizar los sentimientos primitivos que transmite el texto original) en la que se emplea una puesta en escena casi minimalista, y cercana al expresionismo, utilizando técnicas igualmente rudimentarias para suplir la escasez de medios, con una series de efectos como el de poner vaselina directamente en la cámara para conseguir que ciertas imágenes parezcan borrosas, casi surrealistas, el uso maquillaje y vestuario de los intérpretes y algunos aciertos visuales más para dar una sensación de mayor volumen, pero también para exteriorizar lo oscuro y turbio de la historia que nos está contando.

Una historia, que si bien mantiene las líneas principales del texto de Shakespeare, Welles le da una trayectoria circular con la presencia de las brujas que acentúan el carácter trágico de la historia. Además, hay una voluntad manifiesta de centrar el relato en la figura de Macbeth, interpretado por él mismo, recortando considerablemente el peso específico del resto de personajes como Lady Macbeth o MacDuff (cuyos personajes corrieron a cargo de la compañía de teatro que el propio Welles creó), configurando un personaje sediento de poder y que no duda en realizar los actos más terribles para llegar al poder y mantenerse en él, muy en la línea de otros personajes oscuros que le gustaba interpretar.

El resultado es un film extraño, oscuro (y no sólo por el predominio de las escenas nocturnas) que da la sensación de incompleto, casi inacabado, o acabado de forma apresurada. Seguramente la falta de medios económicos afectó considerablemente a las posibilidades y resultados finales de un film de estas características, aunque no por ello, Welles dejó de lado sus constantes personales y de mantener una calidad técnica muy superior a la media. Y ello sin negar que posiblemente sea uno de los flms más flojos de su director.
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5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
ATMÓSFERA
De vez en cuando algún director de cine logra hacernos sentir emociones y sensaciones muy poderosas tan sólo con un sabio empleo de las imágenes, y es en estas contadas ocasiones cuando el espectador experimenta todo el placer que el séptimo arte puede conjurar. En mi caso, esas sensaciones me las producen un puñado de creadores entre los que destaca, señaladamente, Orson Welles. Las películas de este genio gozan siempre de una atmósfera particular, ajustada a lo que él quiere mostrar en una historia, y ello las hace singulares e irrepetibles.

Nada diré acerca del argumento de "Macbeth"; basta decir que es una obra de Shakespeare, y como tal muestra con brillantez sentimientos tan humanos como la ambición, la envidia y la venganza, además de crear sublimes malvados atormentados. Welles adapta eficazmente la historia, pero su sello se plasma en la concepción visual de la misma. La atmósfera que emplea es similar a la de un cuento o pesadilla; la noche predomina sobre el día, que cuando aparece lo hace cubierto de nubes, con una luz irreal, fantasmagórica. Los árboles y las rocas están desnudos, retorcidos, y el palacio se asemeja a una gruta infernal, plagada de luces y sombras, que son hábilmente proyectadas contra los rostros de los actores. La composición de cada plano, el contínuo recurso a la alternancia de ángulos y la soberbia puesta en escena contibuyen a transmitir con total eficacia el tema de la obra.

En cuanto a las interpretaciones, Welles se reservó la principal, realizando una notable labor al transmitir la nublada ambición de Macbeth, así como su atormentada conciencia. A su altura brilla Jeanette Nolan, que compone una fabulosa e infernal Lady Macbeth, al borde de la locura. El resto del reparto cumple muy bien, siendo notables las caracterizaciones de Ross y de las brujas, cuyas escenas, aunque breves, resultan soberbias.

En definitiva, otra magnífica demostración artística de Orson Welles, quien pareció empeñarse en probar que el cine, al igual que los hombres (según dejó escrito cierto autor), está hecho de la misma materia que los sueños.
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6 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
5
ENGULLIDOS POR LA ESTÉTICA
"Macbeth" es una película puramente wellsiana, para lo mejor y para lo peor. Impresionan la composición de cada plano, los claroscuros de la fotografía en blanco y negro, los decorados opresivos, y las declamaciones -no tanto interpretaciones- de los actores, frecuentemente filmados en contrapicado. Es el estilo de Welles, su marca de fábrica: un "tour de force" visual tan deslumbrante que termina por ahogar la propia historia. ¡Y qué historia! Nada menos que el Macbeth shakesperiano. Por poco satisfactorio que sea el resultado, un mérito sí debemos reconocerle: Welles tuvo que rodar la película en Irlanda, en apenas tres semanas y con un presupuesto exiguo porque Hollywood ya le había dado la espalda. Por eso, sin duda, tuvo la libertad creativa que un gran estudio le habría negado. Sucede que, en sus manos, el ascenso y caída de Macbeth acaba convertido en una exhibición de imaginería tenebrista.
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6 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
Orson Welles enamorado de William Shakespeare
Por lo visto las dificultades con las que contó Orson Welles para realizar su adaptación cinematográfica del clásico de Shakespeare fueron realmente excesivas. Las cosas creo que no le iban mal desde que empezara en esto del cine, pero para filmar "Macbeth" tuvo que enfrentarse ante el principal obstáculo de todo proyecto cinematográfico, la cuestión monetaria, que ahora y siempre, han supuesto el principal problema a la hora de iniciar la complicada tarea de estar al frente de una película. Con todo ello, si hay algo que no se puede dudar, es que Welles tenía entre ceja y ceja la obra del dramaturgo inglés, intentó convencer a los que ponen la pasta de hacer una versión de Otelo pero, por lo visto, los productores veían en el trasfondo de la lucha por el poder que se desprende en Macbeth algo mucho más comerciable. Welles realizó más homenajes que este "Macbeth" a William Shakespeare, después vendrá "Otelo" por fin y sobre todo la brillante "Campanadas a medianoche".

Por ello afirmo que la admiración de Welles por Shakespeare iba más allá de lo normal, su profundo aprecio hizo que realizara este "Macbeth" irregular en el que deja su personal huella. El juego de claros y oscuros es suyo, la cámara que se coloca en ángulos elevados es cosa suya, y por supuesto, suyo es el protagonismo interpretativo. Este "Macbeth" es enteramente de su cosecha, de manera que aquellos que llegamos aquí apreciando la calidad de su cine vamos a encontrar buenos motivos para seguir apreciándolo. Los que lleguen aquí por el otro lado, por el interés por la literatura, creo que pueden sentirse más satisfechos aún. La interpretación de Welles es portentosa.

Sin embargo la siempre complicada tarea de poner una nota en FA me impide elevar mucho más este "Macbeth" a causa del recuerdo de una obra tan brillante como "Trono de sangre" de Kurosawa, muy superior. Puede que los escasos recursos monetarios acaben perjudicando la película de Welles, el caso es que la intensidad del drama escrito no se ve plasmado en imágenes. No me ha acabado de enganchar la conocida trama por alcanzar el poder, la despiadada actitud del malvado Macbeth y los hilos que mueve su mujer. Qué vamos a hacerle, me quedo con las flechas y las katanas de Kurosawa, con la locura de Toshiro Mifune y la personal adaptación japonesa.
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4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
"El hombre es un lobo para el hombre"
Orson Welles pese al escaso presupuesto que poseía para realizar la obra, consigue, gracias a su ingente talento, hacer una obra maestra intensa y desasosegante. Welles adapta íntegramente esta inmortal obra dotando al film con una poderosa carga dramática y un profundo intimismo tal cual la concibió Shakespeare. Obra alejada de todo yugo hollywoodiense, filmada en tres semanas. Se trata de la obra que más se ajusta a esta indeleble y magistral obra de William Shakespeare escrita en 1606.

Obra excelsa, de subyugante atmósfera, que se adentra en lo más oscuro del ser humano representado por un general del ejército escocés corrompido por la ambición desmedida suscitado por las profecías perversas y certeras de las brujas o hermanas fatídicas. La ambición, el poder, la traición, la maldad, la venganza, los remordimientos, las consciencia se supeditan a merced de esta inmensa obra como la profunda temática que aborda una película portadora de una fuerza visual y una intensidad dramática abrumadora.

Film ambigüo, desde su planteamiento hasta su ejecución, que cautiva inmensamente debido sin duda a su fuerza narrativa y su intenso y eficaz vigor dramático. Obra artística muy compleja, de lenguaje, tanto cinematográfico como literario, denso y metafórico, en el que Welles hace un uso excepcional del montaje cinematográfico y de la propia composición de los encuadres para adentrarnos en una obra sugerente, ambigüa y genial, cargada de una atmósfera subyugante que recubre una cuidada y esmerada ambientación.

El cine y la literatura son artes que se complementan, y este es el caso en el que se fusionan con muchísima cadencia, Welles extrae del fascinante universo Shakesperiano unos personajes profundos y torturados, llenos de matices y obsesiones, cuyo exponente más visible es el protagonista. Aparte de una puesta en escena excepcional y de una dirección de los actores más que acertada, Welles nos traslada ,mediante encuadres herméticos y sugerentes, saciados de profundos claroscuros y brillos irreales, hacia lo más recóndito del personaje y su propia introspección, mediante la cual consigue desvelar sus temores e incluso una profunda y rotunda crítica hacia la existencia humana. Macbeth corrompido por la ambición es capaz de renunciar a sus principios y de cometer un espantoso asesinato de su Rey. A partir de esta base resumida, nos adentramos en un mundo de horror y crueldad, capaz de mostrarnos los sentimientos y acciones que se dan simultánemente, envueltos bajo un oscuro pesimismo. Ese contexto se nos presenta como una metáfora del estado psicológico de Macbeth, grutas abruptas, inmensas y tenues, como si de un alma oscura y decadente se tratase, luces irreales bajo una noche oscura, como si la destrucción y la muerte se apoderaran de todos los individuos.

Gracias a ese, antes nombrado, uso del agilizado y audaz del montaje a la vez que bizarro y expresionista, y la formalidad del propio encuadre en el que abundan planos secuencias y ángulos extremos, Welles supera esas barreras que para un cineasta de su calibre no son más que minucias.

Cabe destacar la cuidada y expresiva fotografía en un acertado blanco y negro, y la forma de sugerir en vez de mostrar (no desvelo nada) por parte de una obra barnizada con una plasticidad tanto visual como narrativa ensordecedora.

Destaco también, dentro de las interpretaciones, a la expresiva e intensa actuación del protagonista Macbeth encarnado por Orson Welles, personaje difícil atestado de cualidades intrínsecas y extrínsecas, de una profundidad psicológica apabullante, un Macbteh atormentado, desquiciado y cruel; de la esposa Lady Macbeth, interpretada por la actriz de teatro Jeanette Nolan con muchísimo esmero y precisión, como mujer pérfida y manipuladora, personaje difícil de interpretar sobre todo en el momento que su mente se desquicia. Destaco asimismo, a las tres hermanas fatídicas, Malcolm, Donalbain y Macduff con un muy destacado ejercicio interpretativo a la vez que el resto del elenco, gracias sin duda a la expresiva, elocuente y vigorosa dirección.

La estilización tanto formal como conceptual de los propios encuadres hace más plausible el modo de adentrarse en los recovecos interiores y en las propias reflexiones del propio Macbeth. En el film se adecua el uso de ritmo acorde a lo mostrado cuyo resultado final es cadente y satisfactorio, clara muestra del excelso rigor intelectual y artístico del propio cineasta. Filmado prácticamente en escenarios no naturales y con decorados artificales, en el que el espacio visual se acota y sin embargo Welles hace uso de él como disertación para mostrarnos que no es necesario mostrar tantos escenarios si se conserva la fuerza narrativa, dramática y el vigor expresivo.

Escasa vez se nos mostrará tal trascendental estudio de la conciencia, los remordimientos y la maldad humana. Recomiendo aun así que lean previamente la obra teatral de Shakespeare para que se comprenda mejor la obra, puesto que el uso del lenguaje que hace Shakespeare, tan sutil, intrincado y figurado puede dificultar su compresión si tenemos en cuenta que bastantes diálogos del filme de Orson Welles son propios de la obra teatral.
Obra maestra imprescindible.

10

SI TE INTERESA Y QUIERES LEERLA COMPLETA, en mi blog de cine:
https://rashomoneltemplodelcine.wordpress.com/2015/09/19/macbeth-1948/
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4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Con un mayor presupuesto habría sido una obra maestra.
"Macbeth" de Orson Welles (1948), es mi versión cinematográfica favorita de dicha obra de Shakespeare. La versión de Polanski (1971) es sin duda interesante, pero no deja de ser algo plana dramáticamente hablando, y bueno "Trono de sangre" (1957) del maestro Kurosawa que adapta el relato al Japón medieval es cuento aparte.
Sin duda, Welles con un presupuesto mínimo, pero con gran ingenio le imprimió gran fuerza dramática, visual y sonora al relato, así como también un acertado ritmo y prudente metraje. Sin embargo, a pesar de tanto ingenio, el magro presupuesto se hace notar demasiado en los decorados y el vestuario. En vez de castillos medievales tenemos cavernas y a los personajes usando trajes que habrán sobrado de otras películas. Si Welles hubiese contado con los medios económicos de las películas del Hollywood de la época (como las películas de Cecil B. De Mille) o los medios con los que contó Laurence Olivier para realizar su "Hamlet" (1948); sin duda el "Macbeth" de Welles habría sido una obra maestra; ya que para ser tal, una película debe rozar la perfección tanto en el fondo (dirección, guión y personajes) como en la forma (puesta en escena) y lamentablemente la película de Welles flaquea en lo último.
Pese a lo anterior, la película no deja de ser cautivante audiovisualmente; con esa Escocia oscura y gris, siempre cubierta cubierta de niebla, con sus tormentas y relámpagos; elementos que le dan una atmósfera de película de terror y demuestran que "Macbeth" funciona mejor en una puesta en escena fantástico-teatral (y con fotografía en blanco y negro), que en una puesta en escena realista. Un claro ejemplo de esto, es la maravillosa escena del "bosque de Birnam en movimiento" surgiendo de entre la niebla; en cambio en una versión "realista" como la de Polanski sólo vemos a soldados llevando unas ramas de árboles.
En cuanto a las actuaciones, tenemos a un brillante Orson Welles como el protagonista con su feroz e imponente presencia; a su lado una perversa y a la vez atormentada Lady Macbeth, interpretada por la olvidada Jeanette Nolan; personajes que son lanzados por la superstición a una vorágine de sangre y muerte; que sin embargo, ha sido la elección de sus propias conciencias. Por que en definitiva, el tema central de "Macbeth" es la ambición por el poder y de como el protagonista obtiene dicho poder mediante la violencia y un poder obtenido en esa forma, sólo se puede retener con la misma violencia.
Sin duda, la "magia" del relato de "Macbeth", es que el personaje del protagonista es identificable universalmente; ya que si bien, la historia transcurre en la Escocia del siglo XI; todos los países del mundo han tenido su propio Macbeth en algún momento de su historia: el de Chile se llamó Augusto Pinochet.
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4 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
Una representación teatral más (6.3)
Me pasa algo curioso con la mayoría de los clásicos del teatro antiguo: prefiero leerlos a verlos o escucharlos. Prefiero tener mi diccionario y mi Internet para aclarar las referencias mitológicas, o volver a repasar una frase si no la he entendido bien.
Esta película, a pesar de intentar entender el lenguaje cinematográfico, se queda en una representación más, y, por lo tanto, puede resultar aburrida para el que conoce la historia y, aún más, para el que no la conoce –yo soy de los primeros–. Hoy en día es casi imposible soltar las palabras de Shakespeare sin una molesta afectación. Kurosawa lo entendió; adaptó los diálogos y las situaciones, mejorándolos, incluso, gracias a su poesía visual. Lo cierto es que en la comparación, Akira sale ganando en todos los aspectos: mientras que aquí vemos a Orson (y a los demás actores) interpretando a un personaje, en "Trono de sangre" Mifune es Macbeth; aquí los monólogos interiores cansan y la monotonía se hace patente; el presupuesto de la del 57 fue mucho mayor, y pudimos disfrutar de grandiosos castillos y ejércitos; la música aquí es irregular –unas veces sublime y otras inadecuada–, mientras que Sato siempre ha estado perfecto; pero sobre todo es la imaginación de Akira y de sus coguionistas la que marca las diferencias, regalándonos momentos tan memorables como la lluvia de flechas o el bosque "viviente".

Vamos, que "Trono de sangre" es la mejor adaptación de Macbeth que yo he visto.
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15 de 28 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Juego de Tronos.
184/19(29/10/15) Notable adaptación de Orson Welles del homónimo drama de William Shakespeare, proyecto en el que ante la evidente escasez de medios OW hice de la precariedad virtud, haciendo un somero homenaje al teatro, con su marcado estilo operístico, imbuyendo al relato de un marcado sino cuasi-surrealista, pesadillesco en algunos casos, onírico en otros, pero siempre potenciando el lirismo del texto del Bardo (poeta o narrador de historias) de Avon, ello con el acentuado estilo expresionista gótico propio del director. Una narración enmarcada en un ambiente cerrado, opresivo, avanzando hacia la asfixia en la piel de unos protagonistas presos de su aciago destino señalado por unas brujas, tocando temas universales y atemporales como la ambición desmedida, las ansias de poder, los sentimientos de culpa, la venganza, la traición, las luchas de fe de religión, la envidia, la frustración vital, la soledad, la cobardía, o el maquiavelismo, todo desarrollado de modo fluido, alternando diálogos profundos con monólogos sublimes, declamados por unos actores magníficos, sobresaliendo en este aspecto un Titánico Orson Welles. Desgraciadamente fue un fracaso comercial, además en su momento la crítica la denigró, el tiempo es un juez sabio y la ha elevado a donde se merece.
OW escribe también el guión, se mantiene bastante fiel a la obra, aunque introduce algunos elementos nuevos que realzan el sentido de la historia (por falta de espacio no los comento), el polifacético artista maximiza la importancia de Macbeth en detrimento de su mujer, algo más en la sombra que la obra original, ahonda en su tormento interior, en su angustia existencial, en sus sentimientos de culpa, refleja un personaje enfermo de poder, complejo como gustaba de interpretar a OW, poliédrico, con aristas, oscuro, sombrío, con mucho mundo interior. Evolucionando mediante mucha voz en off de los pensamientos de los personajes, esto cubre e relato de una sinuosa intriga tensa. Es un drama de un fuerza visual e intensidad arrolladora, te atrapa desde su lírico inicio con la imagen de espaldas de las tres brujas engullidas por un paraje nebuloso que remueven un caldero, declamando en tono cavernoso la profecía, y a partir de aquí una narración de un tremendo calado emocional, de gran vigor, de estremecedora ambigüedad, con ingenioso uso de las metáforas visuales, ello con inteligente delineación de personajes, obsesivos, reflexivos, abrumados, muy humanos, angustiados por el poder omnímodo de la conciencia, sumidos en un mar de dudas por sus actos villanos. Esto en un universo sumergido con la alegoría de su ambientación en un clima atávico de violencia, con ahorcamientos, regicidios, apuñalamientos, asesinatos de niños, suicidios lanzándose al vacío, decapitaciones, cabezas cortadas en picas en exposiciones públicas y más.

La tara que le puedo achacar es la disminución de importancia que tiene Lady Macbeth, Icono en el imaginario de la esposa “malediciente “Pepito Grillo”, una manipuladora perversa, pues aquí su peso dramático de maestra de marionetas que influye malévolamente en el protagonista queda bastante disminuido, quedando este aspecto aminorado. Asimismo la batalla final resulta descafeinada, pues para defender el castillo de Macbeth está el solo, solo contra miles, donde se ha metido el supuesto ejército de Macbeth? No se da explicación a esta desidia de extras y de contienda bélica hurtada al espectador. Tampoco el vestuario brilla, pues parece sacado del atrezzo de un film de “Gengis Khan”, totalmente anacrónico, en algún caso rozando lo grotesco.

Orson Welles realiza una enorme actuación, de profundidad, de gran intensidad psicológica, de un memorable arco evolutivo, hastiado, arrollado por la ilusión del augurio, sumido en una espiral de violencia sanguinaria, una cuesta abajo que lo derrumba mentalmente ante nosotros, exhibido esto mediante estremecedores monólogos interiores, aguantando primeros planos prodigiosamente, una labor bañada de tintes arcaico-salvajes, excelente. Jeanette Nolan debuta en cine con Lady Macbeth, expone dotes sibilinas, manipuladoras, perturbadoras, en un complejo declive hacia la demencia, aunque queda opacada por el colosal Macbeth, restándole el protagonismo de la obra shakesperiana, la primera ladyu Macbeth en mente de OW fue Vivien Leigh, pero creyó su marido (Laurence Olivier) la vetaría, se le ofreció el rol a Tallulah Bankhead, lo rechazó, también se barajaron Anne Baxter, Mercedes McCambridge y Agnes Moorehead, al final OW escogió a Jeanette Nolan, perteneciente a su compañía teatral Mecury. Dan O'Herlihy da vida con estupenda energía a Macduff. Un imberbe Roddy McDowall es el valiente e inocente Malcolm. Alan Napier deja huella con su Santo Padre, rol sombrío, inquietante, turbador, interpretado de modo valioso. Como curiosidad OW hace aparecer en el film a su hijo Christopher en el papel del hijo de Macduff, su única aparición en cine.

La puesta en escena en lo que se refiere a los decorados del director artístico Fred A. Ritter resultan un canto al arte de las tablas, muy teatral, sin exteriores, con indisimulados fondos falsos, con exagerada recreación de cartón piedra y papel maché, todo muy falso, con rocas y árboles simulados, sobresaliendo el castillo de Dunsinane, aquí más una retorcida fortaleza cavernosa, un gran patio sorteado de una red de pasillos excavados en la roca, con habitaciones primitivas sin puertas, esto como alegoría del hombre atávico, el que surge de los más bajos instintos, todo esto realzado por la fenomenal fotografía de John L. Russell (“Psycho” o “La hora de Alfred Hitchcock”), potenciando el expresionismo del film, envolviendo en claroscuros y sombras (espléndidas sus proyecciones en los fondos) a los personajes, casi todo la historia pasa de noche, y lo poco de día es nublado, con luz marcadamente artificial, con angulaciones de cámara que oprimen y crean zozobra y exaltan emociones,... (sigue en spoiler)
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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
La teatralidad cinematográfica de Welles
Podríamos atrevernos a decir -erróneamente- que es la más “teatral” de las adaptaciones de Macbeth. Con la clásica carencia presupuestaria de algunas obras de Welles, decorados de cartón piedra, un atrezzo casi simbólico y un aire a película de estudio, el proteico director es capaz de desplegar sus señas de identidad puramente cinematográficas: con un puñado de memorables planos secuencia, un escenario cortado por haces de luz con actores moviéndose entre la luz y la oscuridad, contrapicados en profundidad de campo, personajes colocados a diferentes alturas, travellings de gran potencia visual y una fidelidad al texto teatral llena de energía cinematográfica, Welles construye una obra llena de potencia fílmica en un espacio mínimo y agónico.
Una forma tangencial de disfrutar del bardo inglés y de la potencia irrepetible del genio americano.
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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Muy buena a pesar del responsable de casting
Me ha encantado esta película. Me ha encantado su sobriedad; esos escenarios nada realistas, hechos de retales y posiblemente impuestos por un presupuesto muy ajustado, convierten una posible debilidad en una poderosa cualidad. Me ha encantado Welles dentro y fuera de la pantalla, me ha gustado tanto cuando habla como cuando calla....pero, ay, el resto de los actores!....eso es harina de otro costal. Welles soporta el peso y le da sentido a la cinta porque si llega a ser por el resto de la tropa que lo acompaña la película pasaría la historia...de la sobreactuación.
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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Otra gran versión del clásico de Shakespeare por Orson Welles
Macbeth de Orson Welles es un drama basado en la edad media sobre un valeroso caballero escocés que tras volver de una batalla con honores del rey, recibe por parte de tres brujas la premonición de que será rey después de que se cumplan otras dos profecías. Dirigida con un ritmo paulatino y con un estilo fiel a la adaptación de la famosa obra pero con los detalles técnicos particulares del director, es una obra magnífica que te transporta gracias a la trama y su narrativa al teatro de una de las obras más representadas de Shakespeare, concluyendo un magistral film que deja evidencias de la calidad cinematográfica de Welles al lucir una historia provocadora y dramática que absorbe al público y lo deja atento a su desenlace desde el principio.
La fotografía es oscura y utiliza mucho la niebla para desconcertar al público, mostrando también imágenes tenebrosas y haciendo gran uso de los claroscuros en una evocadora labor que es estéticamente lúgubre y apropiada para lo que ofrece. La música es turbadora e intensa en las escenas pertinentes para estimular al público con ritmos inquietantes que hacen sentir al espectador la continua amenaza del protagonista. Los planos y movimientos de cámara consuman una particular labor técnica reconocible del director mediante el uso de los detalles, primeros y primerísimos planos, avanti, retroceso, subjetivos, seguimiento, reconocimiento, grúas, generales y cámara en mano que logran una excelente tarea.
Las actuaciones son profundas y soberbias del primero al último. Como protagonistas Orson Welles está reluciente en un enorme papel como es habitual en él y Jeanette Nolan está persuasiva y manipuladora en su labor, siendo contundentes los acompañamientos de Dan O´Herlihy, Roddy McDowall y Edgar Barrier. La dirección artística emplea para estos unos vestuarios y caracterizaciones sugestivos de la época y lugar en cuestión y sus personajes en una magnífica tarea que junto con los bien elaborados decorados te transportan al momento y lugar en cuestión.
El guion, escrito por el director y adaptado de la obra de teatro de Shakespeare, es enrevesado y conspirador en su historia que en base a una premonición, saca lo peor de la persona, en especial la ambición de poder para profundizar inevitablemente en el público, incitándolo al hacerle ver una trama que va poco a poco calentándose hasta llegar a sorprenderte con un final magistral. Esto se lleva a cabo con una narrativa con voz en off profunda y conspiradora que a base de insidias y misterios añade intriga al film y hace sentir la desmoralización del protagonista en una lenguaje lírico e intachable. Cabe señalar también, el montaje lineal y seguido que comprime bien una de las obras de teatro más conocidas de la historia.
En conclusión, la considero una obra imperecedera y esencial tanto en la filmografía del director como en las obras adaptadas de Shakespeare que sirve como un resumen personal del director sobre tal obra para situar al espectador en una historia provocadora y trágica que se base en la ambición y la traición para absorber al público sin remisión. Recomendable por su dirección, guion, actuaciones, fotografía, música, montaje, planos, movimientos de cámara, vestuarios, caracterizaciones, decorados y narrativa que vuelven a Macbeth, un film magistral y necesario para conocer de la mano de Orson Welles la famosa obra del genio inglés.
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7
Teatro, puro teatro
Un gran guión es lo que potencia esta obra de Orson Welles, y por supuesto, su protagonista, Welles de nuevo, en una mayúscula e impetuosa interpretación.Técnicamente, la fotografía, la música y el uso de luces y sombras engrandece todo lo demás. En 1971 surgió una versión más completa de la mano de Roman Polanski, pero 23 años atrás, 'Macbeth' (1948) es toda una proeza artística del cine.
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6
A la sombra de Trono de sangre
Enigmática, terrorífica, imaginativa, oscura, siniestra, contundente, poderosa, metafórica, épica y poderosa producción bajo la dirección y la interpretación del maestro Orson Welles, en una historia que juega con la fantasía en un mundo de reyes y traiciones que conquistan tronos cubiertos de la sangre vertida en las batallas por el poder.
Trabajo muy serio y sólido que se nutre de la gran obra de William Shakespeare, en las poderosas manos de Welles, regalando una pieza muy teatral, apoyada en la elegancia y posiciones de la cámara del director.
Una obra maestra con multitud de lecturas demoledoras que siguen vigentes.
Es posible que los monólogos y la forma de hablar tan rebuscada puedan con la paciencia del público, pero no hay que olvidar que todo nace de la obra de Shakespeare y todo queda muy dramático.
Trabajo serio y muy respetable de todos los responsables de la película.
Una gran obra, llevada de la mejor forma posible, aunque es innegable recordar El trono de sangre de Akira Kurosawa.
Hace recapacitar y ofrece conocimientos.
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8
Hipérbole de si mismo
Quinta obra de Welles, primera con la Republic Pictures, productora con la que tuvo gran libertad para dirigir. Dicha libertad se traduce en una hipérbole de sí mismo: tiene este film grandes dosis de ese expresionismo barroco en la puesta en escena (un cartón-piedra que enfatiza la faceta wellesiana de exageración de los elementos). Este estilo hiperbólico no se matiza en esta obra sino que simplemente al tener Welles más libertad lo expande a toda la trama. Y es que parece que la palabra “hipérbole” se va a convertir en la base para empezar a hablar del arte de Welles. Uno de los actos que lo acusan es la forma tan descarada de hacer pensar al espectador que está poniendo en dialogo dos formas artísticas, cuando en realidad se está enrocando en el teatro (dudando de la permeabilidad de este) para escapar de su erróneo pensamiento del cine como ortodoxia.
Si por algo este film puede entrar en los anales (aparte de por ser su primera obra “expresionista” en el completo sentido de la palabra) es por ser un auténtico prodigio en cómo realizar una obra de arte en cada plano; pues los constantes claroscuros, la difuminación de las formas entre las sombras y la poesía barroca que se respira forman un conjunto de planos que parecen tocados por la manos divinas.
Admito que Macbeth supone uno de los puntos más importantes en la evolución del discurso de Welles, pero en algunos momentos se roza el tedio, y no me termina de llegar como otras obras anteriores aparentemente “hollywoodienses” pero que para mí son profundas, transgresoras, y bastante expresionistas para estar tan cohibido, como por ejemplo una de sus obras maestras The Lady from Shanghai.
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7
Lady Macbeth
El hecho de que Orson Welles escogiera adaptar esta obra al cine no sorprende a quienes conocen su carrera artística, marcada principalmente por un interés casi obsesivo por la Caída del hombre y la pérdida de la inocencia. ¿Cómo podría exorcizar Welles sus demonios si no fuera llevando al cine la vida de personajes titánicos, de enorme peso moral, psicológico y dramático?
Y no sólo eso, sino que el mismo encarnaría a dichos personajes, para complacerse una y otra vez en la ascensión y caída de los hombres poderosos, como un dios omnipotente que goza con su propia inmolación...
La traducción que hace Welles de la obra de Shakespeare no podría haber sido más acertada, pues capta la esencia misma de la tragedia de Macbeth que no es otra que el enfrentamiento de sus dos principales protagonistas a la aterradora realidad: su propia corruptibilidad.
Orson Welles contó con una financiación muy escasa que le obligó a rodar la totalidad del film en poco más de tres semanas, en un estudio y con decorados que antes habían servido para rodar películas del oeste.
Aún así, su Macbeth figura hoy entre las obras magistrales del séptimo arte, pues en ella captó, como lo haría en el pasado William Shakespeare, la grandeza y la miseria del alma humana.

Federico Trillo-Figueroa
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7
Juego de sombras mágico
He tardado casi un año en poder terminar esta película. No la encontraba subtitulada e intenté abordarla en versión original. Imposible. El lenguaje usado en los diálogos de Shakespeare sobrepasa los límites de mis conocimientos de la lengua anglosajona. Por suerte, di con una versión con subtítulos en castellano, pero ni aún así he podido verla del tirón. No cabe duda que no me terminaba de enganchar y aún así, le doy un 7. ¿El motivo? La magia que hace Welles con pocos medios en los años 40. El juego constante de sombras, las caras, los sonidos, el miedo… es magistral.

Dos escenas me parecen épicas: la primera, quizá sacada de la obra de William, los soldados portando un árbol haciendo desplazar al bosque hasta el castillo. La segunda, el ahorcamiento con la cuerda de la campana de uno de los sirvientes de Macbeth.

La película tiene toda la fuerza que tenía el valiente director americano.
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