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9
BRUTAL ROBBIE
Hace años que esta historia pululaba por los estudios de Hollywood sin demasiadas esperanzas al retratar un suceso pretérito que la gente parecía haber olvidado.
Es extraño, porque dicho suceso fue una de las historietas más controvertidas de los años ochenta, no sólo en Estados Unidos, sino en todo el panorama del cotilleo cuché. Tonya Harding, el anti prototipo de patinadora artística de la época, ruda como un leñador, de clase baja y familia desestructurada, lograba ser la primera americana en lograr un triple mortal, y a pesar del rechazo de las instituciones, pasó a convertirse en heroína de muchas y muchos. El patito feo que se convierte en cisne, pero por poco tiempo. Una de sus mayores rivales, la ñoña Nancy Kerrington, patinadora glamourosa y con técnica brillante pero sin empaque, sufrió una agresión en la que estuvo implicado el marido de la Harding, que se vio enfarrangada de golpe en todo el meollo, presionada, denostada y relegada de sus cuchillas de por vida.
El escándalo fue del gusto de las teles de la época y durante mucho, era pronunciar su nombre y los americanitos de pro escupían de inmediato como vieja supersticiosa que intuye al diablo.
Pues bien, la cinta, que hace del "basado en hechos reales" su mejor presentación, es una verdadera maravilla, prodigio irónico del cine popular bien hecho, y tiene su mejor baza en un reparto magnífico que a ratos parece el auténtico cast de la vida real, y sobre todo y todos, una Margot Robbie simplemente prodigiosa.
Bien escrita, rodada con mimo e interpretada de manera impresionante, la cinta está llamada a arrasar en premios y carteleras, es prácticamente perfecta.
Sólo hay que ver los créditos finales para fliparlo con imágenes de archivo documental.
Recomendable a todo el mundo, sobre todo a desconfiados de cine biográfico como yo.
La Robbie, en adelante, en mi lista de actrizones.
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119 de 128 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Alguien a quien amar, alguien a quien odiar.
Dentro del mundo del deporte, del cine, y del espectáculo en general, nos encanta tanto crear leyendas como destruirlas. Con la familia ocurre lo mismo. Muchas veces, a quienes menos soportas es a quien has adorado desde pequeño, con quien has convivido. "Quien más te quiere, más te hará sufrir", dicen. O algo así.

Pues de esto va esta cinta: sobre una patinadora "amada" y golpeada por su madre, por su marido, por una masa llamada público, por una crítica especializada (esa que dice saber de lo que habla aunque los criterios estéticos anden en las mismas antípodas que las estrellas o puntos que asignan) y por la vida.

Con una cámara que no para quieta y en base a un montaje dinámico, asistimos a los "amores", las hostias y los odios que esta patinadora tuvo que sufrir antes, durante y después del "incidente" que la puso en el punto de mira de toda la sociedad estadounidense. Primero fue "amada" y golpeada por una madre dura y seca interpretada por una espectacular Allison Janey (¡qué recuerdos de El ala Oeste de la Casa Blanca!), luego por su violento novio y marido (un correcto Sebastian Stan) y, finalmente, por unos jueces que admiraban su patinaje pero cuyas puntuaciones para las clasificaciones locales y olímpicas tenían casi más en cuenta su vestimenta y su volátil vida personal que su técnica. Sin embargo, cuando consigue hacer lo que ninguna patinadora había hecho hasta entonces, público y crítica se rinden ante ella; empiezan a conocerla, a adorarla. A servirse de ella.

Desgraciadamente, llega el incidente. Y ahí cambia todo, incluyendo la película. Y el público. Y Margot Robbie. En la mejor interpretación de su carrera por la cantidad de registros que maneja en una única cinta, la vemos pasar de adolescente vulgar e hija sufriente a esposa maltratada y patinadora constante amargada en las derrotas y eufórica en los éxitos. Y suma y sigue. La vemos hundirse con la crítica de unos medios que la habían encumbrado para terminar haciendo del "incidente" pura carnaza televisiva, independientemente de si pasó lo que pasó o no.

Gracias a estas dos estupendas actrices, la película se libra de lo que de otra manera podría haber sido catalogada como "una película del montón". Sinceramente, no es una película de virguerías técnicas ni de originalidad cinemática o cinematográfica, por más que conjugue falsas entrevistas con realidad, hablar a cámara al estilo de House of Cards, algún falso plano secuencia y que los efectos especiales de Margot Robbie "patinando" estén bastante bien. Es una película de interpretación. De actrices. De ellas. Ellas hacen todo aunque haya algún bache narrativo en el ritmo allá por los cuarenta minutos de película que dura más de lo necesario. La película habría estado perfecta con quince minutos menos. Se recupera también por el cambio a "thriller" en el que desembocó el rocambolesco incidente y que da una nueva oportunidad a todos (y todos y todas lo aprovechan) para seguir evolucionando intepretativamente con la película.

En definitiva, I, Tonya se ve muy bien pero que me deja la misma sensación que me dejó Dallas Buyers Club en su día: qué buenas actuaciones, la historia es interesante... pero temo que de aquí a dos años tendré que hacer esfuerzos por recorar el título, no así a las actrices.

Pero sí, creo que nadie sentirá que pierde el tiempo visionándola.

Es mi opinión.
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53 de 61 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
"Y esa es la **** verdad"
Yo, Tonya es muchas cosas, y todas ellas muy interesantes.
Es una crítica al hambre de carnaza y polémica de la sociedad, siempre ávida por saber de escándalos para poder babear en ellos, como ejemplifica el personaje de Bobby Cannavale.
Es una reflexión sobre el éxito, la fama, y lo que algunos están dispuestos a hacer para conseguirlo, especialmente dentro del mundo del deporte de alta competición.
Y sobre todo es la historia de Tonya Harding, de su auge y caída, y aquí viene lo más interesante: Craig Gillespie y su guionista Steven Rogers no se mojan. O mejor dicho, no escurren el bulto. Así, se nos presenta a Harding como una víctima de abusos varios por parte de su madre y su marido y como alguien que ha llevado una vida de todo menos fácil, pero en ningún momento se idealiza su figura ni se atenúa el crimen por el que fue condenada judicialmente y apartada del patinaje profesional. Harding es una víctima, sí, pero en modo alguno es una santa, y eso queda muy claro en la película. Así, cada espectador puede decidir lo que cree y lo que no y formarse su propia opinión sobre la protagonista. ¿Es Tonya Harding una villana o una víctima? Posiblemente ambas. Decidan ustedes. Gillespie nos muestra los hechos con un estilo de mockumentary, con entrevistas y rupturas de la cuarta pared, que otorgan un carácter informativo a la ficción que le va estupendamente.
Solo hay un problema, que es que tiene media hora, justo después del ataque que sufre Nancy Kerrigan, en que pierde un poco de interés y el ritmo baja. La investigación policial es demasiado larga y el pulso se resiente. Afortunadamente, la última media hora compensa ese bajón con un final de antología que encadena escenas memorables una detrás de otra.
Vamos a hablar ahora del monumental trabajo de Margot Robbie. Repitamos: monumental. La Harley Quinn cinematográfica hace aquí su mejor trabajo hasta la fecha, y en un año con menos competencia se hubiera llevado todos los premios. su Tonya Harding lo tiene todo: según Robbie mire, llore, grite o ría, la vemos indefensa, orgullosa, egoísta, simpática o insoportable, y lo vemos gracias al superlativo talento de la australiana. Es una delicia ver un trabajo tan matizado, que además no juzga nunca a la persona real que interpreta. Cuando se mira al espejo antes de la última competición, cuando por fin habla a la prensa, cuando escucha su sentencia... son momentos en los que es imposible apartar la mirada de la actriz. A su lado, Allison Janney se luce con el personaje de la despreciable madre de Harding. Janney lleva años demostrando su valía (imposible olvidarla en American Beauty, Las Horas, Juno o la serie Mom) pero este es quizás su mejor trabajo. Cada vez que aparece en pantalla roba la escena, tal es su fuerza y su talento (ver el prólogo en la pista de patinaje, o cada uno de los momentos en que discute con su hija). Igualmente, no sería justo olvidar a Sebastian Stan, que también hace un trabajo excelso como el abusivo e infantil marido de la patinadora.
Una de las mejores películas de 2017, valiente, arriesgada y ácida, que mete el dedo en la llaga en muchos de nuestros defectos, como sociedad y como seres humanos.

Lo mejor: Su guión, fantástico, y las monumentales presencias de Robbie, Janney y Stan.
Lo peor: Pierde un poquito de fuelle en su segunda hora, una vez ocurre el asalto.
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38 de 41 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
That's the story of my life... and that's the fucking truth.
ORO PURO. Humor negro + toque justo de drama + actuaciones impecables + genial soundtrack + montaje TOP. Eso es todo lo que hace que I, Tonya sea una de LAS películas del año.
El primer acto es maravilla pura, no he podido despegar la mirada de lo que nos estaban contando. El segundo acto encamina la historia perfectamente para que explote de la manera más extravagante posible, y el tercer acto es una oda a la actuación de Margot Robbie. Brutal. Tanto ella, como Allison Janney están de Óscar.

Por fin alguien se ha dignado a hacer un biopic disfrutable y que va al punto álgido de la historia, sin rodeos ni sobreexplicaciones. Un 8 y directa a los Óscars.
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33 de 36 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Eres una flor o un jardinero?
La historia real de la patinadora más odiada de Estados Unidos está interpretada magistralmente por Margot Robbie, una clara candidata a ganar el Oscar, así como el papel que interpreta Allison Janney de una cruel y desalmada madre.

Una película magistralmente dirigida por Craig Gillespie (La hora decisiva, El chico del millon de dólares), con un guión redondo de Steven Rogers y un trabajo de recreación de los años 80 y 90 increíble, con una selección de canciones buenisima que te traslada a la época.

Tiene un montaje exquisito que nos recuerda a películas de Scorsese con voz en off , otras como un documental basado en entrevistas con lo que se nos va mostrando la increíble historia de esta particular mujer maltratada primero por su madre y luego por su marido que contribuyeron a que tuviese una personalidad desquiciada, pero con un gran don para patinar.

La imagen que querían vender a nivel Olímpico los Estados Unidos del deporte no se correspondía en absoluto con la maleducada Tanya por lo que los jurados le restaban mucha puntuación por su manera de ser. Todo ello colapso con el conflicto que tuvo con la patinadora Nancy Kerrigan en 1994.

Robbie se preparó mucho para el papel, pero los momentos de patinaje están resueltos bastante bien con una patinadora real y con ayuda del CGI. Una buenísima película amarga y a veces divertida de esta victima o heroina incomprendida de nuestro tiempo.
Destino Arrakis.com
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19 de 22 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Tonya Maxene Harding.
08/08(08/01/18) Notable dramedia dirigida por Craig Gillespie y escrita por Steven Rogers, muy refrescante biopic sobre la controvertida patinadora Tonya Harding, con especial atención a su conexión con “el incidente” (así lo llaman en el film), de 1994 en Nancy Kerrigan, su rival y compañera de Harding en el equipo olímpico, que la hizo la mujer más famosa el mundo en aquel momento. Estructurada con un ritmo trepidante en base a un docu-drama (ficticio), encabezado por entrevistas con la protagonista (colosal Margot Robbie), y la gente clave en su ciclo vital, su dura madre LaVona Fay Golden (grandiosa Allison Janney), su ex marido Jeff Gillooly (buen Sebastian Stan), su patético guardaespaldas Shawn Eckardt (Paul Walter Hauser), y sumado esto a una supuesta voz neutral en la figura del presentador del programa “Hardcopy”, Martin Maddox (buen Bobby Cannavale), esto cruzado con flash-back de su trayectoria, en los que hábilmente se rompe la cuarta pared. Los personajes de I, Tonya comentan la acción tal como sucede, ya sea a través de entrevistas recreadas, narración en off o dirigiéndose directamente al espectador. Gillespie y Rogers proporcionan detalles que se ven mal para Harding y distorsionan u omiten algunos. Todo contado en un tono mordaz, entre la comedia negra y el drama sórdido, en un equilibrio casi perfecto (digo casi porque hay algún elemento estridente). Según los créditos de apertura, está "basado en entrevistas totalmente irónicas, totalmente contradictorias y totalmente irónicas con Tonya Harding y Jeff Gillooly". En sus dos frenéticas horas seguimos el ascenso y caída de Tonya, mostrándonos como el dolor, la ira, y sus malos tratos sufridos con su madre, posteriormente con su marido, e incluso vejada por los jurados, se convirtieron en el combustible para sobre la pista de hielo ser una gran patinadora. "Tonya es América", escuchamos a alguien decir al principio, es un nuevo enfoque al Sueño Americano, mujer dura que apaga cigarrillos con la cuchilla del patín. Film con multitud de subcapas deriva en un estudio sobre las relaciones en una familia disfuncional, sobre los malos tratos, sobre los abusos, sobre la competitividad en el deporte, sobre los prejuicios por encima de la meritocracia. El director impone una cámara ágil, en perpetuo movimiento, con una edición nerviosa, sin hacer juicios de valor, exponiendo las situaciones, sin intentar moralizar, en lo que se puede ver como un cruce de estilos entre los hermanos Coen y Martin Scorsese. Aquellos la han odiado durante casi 24 años pueden tener que volver a examinar sus sentimientos, en una cinta que humaniza a la caricatura que muchos tenían de ella. El desequilibrio viene por el cuestionable modo trivial en que se abordan los malos tratos, ejemplo sangrante es un tramo en que Harding es golpeada por su marido y de fondo oímos el clásico “Can you mend a broken heart? (Puedes reparar un corazón roto?)”, de Al Green, haciéndote sentir (por lo menos yo) bastante incómodo. Mención aparte merece la antológica actuación de Margot Robbie como protagonista, y Allison Janney encarnando a su madre da una lección de sutilidad malévola.

La cinta se convierten una revisión de la vida de una de las grandes villanas americanas del SXX, mujer situada en la imaginería popular USA como un ser perverso ser situada caricaturescamente ala izquierda de Satán, y aquí se la redime, se le da un rostro y alma, porque nada es blanco o negro, todo tiene un origen. Y el de Tonya fue un Infierno familiar, criada por una madre divorciada, en un estrato social bajo, donde su progenitora abusiva la vejaba una y otra vez, oprimiéndola, asfixiándola, curtiéndola, y para escapar de ella que hace? Unirse a un rastrero tipo, un gañán que para no romper el círculo vicioso también la maltrata, estableciéndose de la mujer una personalidad cercana al sadomasoquismo, donde no podía vivir con él (se separó varias veces, pidió, órdenes de alejamiento, se divorció,…), pero tampoco sin él, volviendo una y otra vez con él. Tonya se acostumbró a ser golpeada por todos, su única válvula de escape, donde vertía toda su rabia era en la pista de hielo, y aun así encontraba “maltratadores”, en este caso en los jueces; Y para hacer verosímil a esta mujer tridimensional, la majestuosa actuación de Margot Robbie, la mejor encarnación de su carrera, y difícilmente la superará, sublime su rol de animal constantemente herido, se transmuta en ella, camina, habla, ríe, llora, un lenguaje gestual y físico soberbio, esa mujer zafia, pelirroja, lenguaraz, anti-sensual, con un manejo de la sonrisa impresionante, lección magistral de cómo se puede utilizar este gesto para emitir dolor y rabia, mirada modulada de forma maravillosa, llegando a atravesarte, con destellos de violencia que rebosan veracidad, con una oratoria de baja estofa como un cuchillo, sin caer en histrionismos fáciles, emitiendo toda una galería de emociones extraordinarios, un volcán con erupciones que arrollan, una furia desatada de la naturaleza. "Me convertisteis en una heroína durante un minuto. Después fui la mala y al final me quedé en un chiste" dice amargada Tonya. Margot se preparó para ser convincente sobre la pista de hielo, pero esto realmente se da puntuales ocasiones, la mayor parte del tiempo los cuerpos que vemos danzar sobre el hielo son los de las patinadoras Heidi Munger y Anna Malkova, como dobles y Sarah Kawahara brindó entrenamiento y coreografía, insertando el rostro de la actriz en el cuerpo por medio del CGI supervisados por Jeffery D. Woodrel (“The Amazing Spider-Man”).

La cinta es un torbellino te absorbe en sus redes, mezclando el humor y el drama, como es la vida, componiendo personajes tridimensionales, con aristas, imperfectos, humanos, filmado en una ingeniosa combinación de escenarios, en base de viñetas que algún momento caen en lo caótico, pero es parte de su gracia, del modo en que se interrelaciona los testimonios.
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15 de 19 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Tiempo de amar, tiempo de odiar
¡Al fin! una historia basada en hechos reales que resulta atractiva y sugerente, bien contada, ágil y muy entretenida. Además muestra a las claras la obsesión cada vez más extendida y devastadora que tienen los medios de comunicación – sobre todo la omnisciente televisión – de canibalizar, triturar y escupir historias truculentas (o incluso de fabricarlas) para cubrir su parrilla de programación y freír a quien haga falta con tal que asegurarse sus esclavos índices de audiencia. Y por eso, por una vez, me gusta sobre todo el enfoque elegido, centrándose en la “mala” de la historia y no en su víctima, para ofrecernos un relato complejo, ambiguo y poco edificante donde nada es lo que parece (o lo que creíamos) pero deja abiertas todas las interpretaciones posibles sin decantarse por ninguna. Cuando sus protagonistas han dado fehacientes muestras de su querencia por la mentira, la falsedad es una piel turbia, viscosa, y resbaladiza difícil de atrapar.

El guion de Steven Rogers está muy bien construido – como si se tratara de un documental – con demoledoras intervenciones a cámara que se combinan con el progresivo relato lineal de los acontecimientos más relevantes que no por publicitados debemos de creer conocidos, ya que la superficie de las cosas, su opacidad o su destello, son llamaradas cegadoras que muchas veces dejan fuera de campo lo esencial: la impenetrable intimidad de sus protagonistas. Ser o parecer, esa es la cuestión. Estamos ante un relato de personas sin estudios, fracasados en potencia, desdichados en acto, que tratan de sobrevivir con los pocos dones que la vida les ha proporcionado, sin otro mérito que su mucho esfuerzo y sudor, pero sin garantía de redención. Los golpes y las bofetadas no son solo metafóricas, sino muy tangibles y van salpicando como llanto callado el hosco metraje hasta devenir en sangre indeleble que todo lo infama y ensucia.

Pero sobre todo hay que resaltar las dos interpretaciones femeninas que son un prodigio de sensibilidad, hondura y perfección. En primer lugar la de Margot Robbie (también productora de la cinta) que se revela como una actriz superlativa, que combina fragilidad y solidez, poderío y sumisión, orgullo y degradación con insuperable fiereza e inusitada credibilidad. Tiene muchos momentos excelentes y solo por verla a ella merecería verse la película. Casi a igual altura se desenvuelve su madre en la ficción, Allison Janney (‘amiga especial’ del guionista, para que todo quede en familia), con un personaje bombón en su severa aspereza que emociona tanto como repele por su incapacidad de mostrarse humana y accesible. Un portento.

En resumen, un exquisito cóctel de agudeza y purulencia que hace que nos reconciliemos con el cine realizado al margen de las grandes productoras.
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12 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
La realidad supera la ficción
La película se sostiene, por un lado, por la rocambolesca historia de la controvertida patinadora Tonya Harding, y por otro lado, por la actuación más que solvente de los actores que conforman el reparto. Sin embargo Craig Gillespie deja pasar la oportunidad de completar una película mucho más trascendente.
El filme se mueve entre el drama y la comedia sin llegar a redondear en ninguno de ellos. No profundiza en la personalidad de Tonya, mostrándola demasiado fría, como si no se viera realmente afectada por los acontecimientos dramáticos que la rodean constantemente. Tonya asciende y desciende, se apega y se desapega, de su marido, de su madre, del patinaje y la competición, y sin embargo no se perciben los motivos que la llevan a ello.
En beneficio de Craig Gillespie cabría decir que se atreve a llevar a las pantallas una historia no convencional. Incluso resulta muy interesante la forma en que estructura la película, abordándola como si se tratara de un documental realizado unos años después de que se produzca la historia (aunque pierde aquí también la oportunidad de profundizar en el personaje de Tonya).
En definitiva un filme interesante, que abre el apetito de quienes no conozcan la imperdible historia de Tonya Harding.
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14 de 19 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
“¡Jódanse! Lo hice”. Tonya Harding.
Completar, en 1991, un salto triple axel en plena competición fue el motivo por el que Tonya Harding entró en la historia estadounidense del patinaje artístico sobre hielo. Fue la primera mujer del país en lograrlo –y segunda del mundo tras la japonesa Midori Ito– y eso le valió para ser considerada como la mejor y más querida patinadora del mundo… durante un rato. De esto trata “Yo, Tonya”.

Más que sobre patinaje artístico sobre hielo, la película habla sobre el entorno que rodea a este deporte y a Tonya. Desde el difícil ambiente familiar donde creció hasta su situación actual, pasando por sus logros deportivos, su participación en los Juegos Olímpicos de Invierno y algunas polémicas. Todo ello contado a través del testimonio de sus protagonistas en clave de humor –negro, por supuesto– y con alguna que otra contradicción que ya se avisa al comienzo de la historia.

Las interpretaciones de todo el reparto son magníficas, pero hay que destacar sobre todo a dos: Margot Robbie y Allison Janney. La primera, también productora, realiza una interpretación soberbia, para mí la mejor que haya hecho hasta ahora, aunque no puedo hablar mucho porque tan solo he visto un par de trabajos suyos. Es un papel de gran carácter, hecho a su medida y defendido de manera sobresaliente para intentar lograr el reconocimiento de la Academia. Pero tiene un problema: Frances McDormand en “Tres anuncios en las afueras”. De no ser por ella creo que Margot Robbie sería la favorita para ganar el Oscar. Por el contrario, parece que Allison Janney no va a tener problemas para levantar el premio gracias a su interpretación de una madre con bastante mala leche.

“Yo, Tonya” es una entretenidísima película que posee un montaje trepidante y un repertorio musical que le queda como anillo al dedo. Las secuencias sobre el hielo están muy bien rodadas y son fieles a los acontecimientos que sucedieron en la realidad. Además, la narración es dinámica, llegando a hacer partícipe al público cuando los personajes se dirigen a la cámara. Una gran película que merecerá la pena ver de nuevo.
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11 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
Un falso documental demasiado largo
La película se plantea como un falso documental en el que en la narración de los hechos, se intercalan entrevistas a los protagonistas ya maduros (actores), para presentar los distintos puntos de vista (luego no es para tanto, los puntos de vista son bastante planos y se discrepa en los maltratos y póco más). En cualquier caso, el planteamiento es interesante, los actores lo hacen muy bien, las escenas son a menudo sugerentes y brillantes, con golpes de ironía y humor, y el resto, la banda sonora, las caracterizaciones, la ambientación, son también excelentes.
Pero el enfoque de la película, la pretensión de objetividad, la vocación de mordacidad, lastra la emotividad de lo que se nos cuenta y la profundización en la sicología de los personajes, y en lugar de sumergirnos en una triste y grotesca historia de abusos, desamor, ambición y triunfo frustrado, nos presenta un documental actuado, con muchas virtudes y pretensiones, pero que termina resultando frío, un poco largo y más superficial de lo que pretende. Y sin intriga, que ya sabemos el final.
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14 de 20 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
Yo, Oscar
Cuando tienes un sueño desde niña y ves que tu familia es una mierda y sigues adelante, tu pareja es una mierda y sigues adelante, tu vida es una mierda y sigues adelante, pero también te das cuenta que aunque te empeñas en seguir adelante todo esta en tu contra y hagas lo que hagas tu destino sera una mierda. Una peli que como siempre la he ido dejando para el final porque no me convencía y como siempre me ha fascinado porque como siempre he encontrado algo en la vida de Tonya que me ha recordado a mi. Una peli preciosa con toques de humor porque si no no hay cristo que la digiera. No entiendo como han nominado a Déjame Salir a mejor peli y a Yo, Tonya la dejan fuera...
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10 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
AMERICA NECESITA GENTE A LA QUE AMAR Y A LA QUE ODIAR
YO TONYA es un biopic sobre la patinadora estadounidense TONYA HARDING. Dentro de sus logros destaca ser la primera mujer en conseguir un triple salto axel, varias medallas en campeonatos estadounidenses y un cuarto puesto en las olimpiadas del 92. Pero por lo que realmente se hizo famosa fue por sus disputas con la patinadora NANCY KERRIGAN y la presunta organización de la triste agresión que sufrió. Ahí fue cuando aparecieron los medios de comunicación creando la leyenda de “la antihéroe” y la “princesa del pueblo” que tanto gusta a los norteamericanos.

El director CRAIG GILLESPIE opta por una estructura muy original, entremezclando lo que sucedió con supuestas entrevistas de los protagonistas en la actualidad, con un resultado ágil y entretenido para todo el público. Muy destacable es la caracterización de los actores respecto a la realidad y su evolución en la trama. Gran trabajo el del director para conseguir mantener la tensión del espectador pese a conocer el final de la historia.

MARGOT ROBBIE da vida a la patinadora TONYA con una actuación espectacular, siendo lo mejor de este buen film. Además de que tuvo que aprender a patinar, consigue un resultado camaleónico, con múltiples cambios y alejada de su frecuente roll de niña guapa. Un papel que no deja indiferente y digno de elogiar.
Por otro lado está ALLISON JANNEY (conocida por su papel en la serie MOM) encarnando a su malvada madre. Otro trabajo muy meritorio y que despide la maldad que el papel y el auténtico personaje exige.

Muchos somos los espectadores que conocíamos parte de la dura historia que se narra, a pesar de ello el resultado es ameno y es muy interesante la moraleja que se puede extraer. Por un lado, nos asalta la duda de si las personas son malas por naturaleza o si sus malas acciones son causas de una mala formación, en este caso vemos la educación brutal recibida, plagada de actos de maltrato a la protagonista y el complicado ambiente en que se movía, de ello que surja la eterna pregunta de si tiene más valor el genotipo o el fenotipo. Por otro lado, también vemos reflejado en la situación, la manipulación y el amor a la carnaza de los medios de comunicación y la triste realidad de los juicios paralelos que realiza la sociedad con el consiguiente daño que se puede ocasionar, creando monstruos e idolatrando a otros cuando en muchas ocasiones ni los malos son tan malos, ni los buenos son tan buenos.

No me gustaría terminar sin destacar la buena banda sonora y apuntando que en los títulos finales de crédito podemos ver patinando a la auténtica TONYA y pequeños flashes de entrevistas con los verdaderos protagonistas.
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8 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
El gran patinazo
Parece lógico que una historia tan esperpéntica se afrontara en tono de comedia negra, aunque me queda la duda de cómo hubiera quedado en otro formato. En todo caso la película está dirigida con talento y dinamismo y se ajusta a la verdad de los hechos, o mejor dicho, a la verdad establecida por la justicia.
A pesar del tono de pitorreo, que a veces no encaja demasiado bien con la lacra del maltrato, la película habla de muchas cosas serias a la vez. No solo de una agresión vergonzosa a una inocente patinadora. Habla de una madre que es cruel con su hija, de rivalidad enfermiza en el deporte, de ganar a toda costa, del maltrato doméstico, de reconciliaciones imposibles con un maltratador, de fiar tu destino a personas poco recomendables, de encontrarte bajo el foco de la prensa sensacionalista, de arrastrar tu imagen pública por el lodo, de sueños rotos… ¿Cuántas de las miserias de la vida te vienen impuestas y cuántas te las buscas tú?
Margot Robbie se luce en el papel protagonista y Sebastian Stan también está muy bien en el de Jeff Gillooly (curioso nombre que parece creado para una comedia). También mencionaría las secuencias de patinaje, todas brillantes, y los efectos visuales que las hacen posibles. Dejando atrás la idea antes expuesta de que podría haber sido un excelente drama, la incluyo entre las películas más interesantes y originales del año.
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6 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
3
Palurdos
(Basura blanca... Con ellos todo vale. Se puede. Barra libre. Nadie se quejará. Ninguna organización o gobierno les defenderá jamás. Nadie reclamará. Todos aplaudirán. A nadie le importará. Que les jodan. Si da igual)
(¿Se atreverían a hacer eso mismo con otras razas, de color, del que sea, con la negra por ejemplo, se lo permitirían, les acusarían de algo si lo hicieran, de una palabra algo conocida que rima con manierismo, les darían el visto bueno? ¿Qué creéis, amigos?)
Abusar de los débiles. Reírte de los tontos. De los mamarrachos y majaderos. Es un buen deporte, seguro, no hay peligro. Todos lo practicamos, tarde o temprano.
Pero el resultado no es agradable, es plano, palmario, bruto, crudo, incómodo.
Lo fácil es unirte al coro, celebrar, carcajearte a modo. ¿Pero no sería más decoroso buscar un enemigo protegido, alguien más poderoso, establecido, ir a por él y no a por estos bobos?
Bueno, cada película, situación o trozo de vida debería tener su mirada más adecuada, su punto de vista más idóneo. Todos valen. Todos son posibles. Peo no igual de acertados.
En este se caso elige la burla, la broma, el sarcasmo macabro. La agresividad, el histrión, la música sonando a todo volumen, todo el rato, los personajes sin apenas matices, espantajos, las situaciones lo más extremas posibles, los idiotas que sean de baba, las exageraciones a todas horas, los golpes, la sangre, las palizas, el ruido, la histeria, todo ese barullo.
Y es una opción, lícita, como decíamos.
Pero a mí no me convence, me parece la salida más obvia y simple, la menos iluminadora, la menos compasiva y comprensiva, la menos arriesgada, valiente u honesta. Es la opción que recurre a las sensaciones más gruesas y primarias, al estrambote, la sal fuerte, al descojone de los tarados botarates y sus aberrantes aventuras, en su conjura de los necios.
Yo hubiera preferido enterarme de más, mejor, de algo por lo menos. No de lo ya conocido por la leyenda (esa agresión forma parte de la cultura popular, muchos ya la conocíamos en forma de nebulosa borrosa, confusa, sórdida, como la dolorosa memoria de un acto nefando, culpable, no precisamente deportivo, su otra cara, tan tapada), no de todos los tópicos mostrencos sobre la vida de los paletos blancos de medio pelo con su violencia endogámica, su burricie, su incultura, barbarie y estupidez, su autodestrucción cazurra.
Eso ya lo habíamos visto.
Yo quería que me humanizaran esas personas, descubrirlas en su particularidad, lo que les hace únicos a esos arquetipos, a esos seres, al fin y al cabo, de nuestra especie (aunque los observen como si fueran marcianos o australopithecus ). Que me los explicaran de verdad, sin tantos gritos ni puñetazos todo el rato, con un poco de calma, tiento y gusto.
Pero claro, eso es pedir demasiado, un imposible. El cine no está al alcance de la mano, no es una carta de restaurante, es casi siempre plato único, rancho que llena y no quita el hambre. Hay que conformarse.
Ella, Margot Robbie, productora (o te buscas tú un buen papel o te ponen de florero. Bien. Un buen vehículo para su lucimiento. Puesto por el ayuntamiento, por ella como alcaldesa), actriz, valerosa, entregada, vibrante, fuerte, guapa, ingobernable. No le quiero poner pegas ni restar méritos, que los tiene. Pero tampoco. Ella es mucho mayor (respecto a la edad adolescente en la que Tonya comenzó a destacar), más grande, pesa más, más alta, más volumen, más bella, más todo. Su cuerpo poco tiene que ver con el de una patinadora profesional de (tanta) élite. Ni por muy garrula que nos quieran hacer ver que era la Tonya original. Lo cual confirma que su aspecto deportivo, el más luminoso, les interesa poco, lo justo. Clama al cielo cuando tiene que hacerse pasar por una niña de unos 16 años. Por Dios. Si parece su madre. Ella no.
La forma. Las entrevistas. Tampoco me convence ese recurso si lo sumas a los hechos y lo metes todo en una coctelera de humor grueso que no para de acumular grasas en un cuerpo muy adiposo, a punto de reventar de brutales excesos, de monstruoso sobrepeso.
Y esa suma infinita de canciones y músicas, desde Dire Straits a Vivaldi, a presión, al mogollón, como si no confiaran en el espectador del montón y su atención de ratón.
Y lo quizás mejor se contradice hipócritamente durante su propia narración. Me refiero a las bromas "metaficcionales" (cuando se ríen de su propio cuento, ya sea al compararse con Rocky en los ridículos métodos de entrenamiento o en algún comentario de la madre sobre el peso de su personaje) y, sobre todo, a una especie de crítica al sueño americano y a sus tentáculos groseros en forma de medios de masas, que hacen como de lado pero que tristemente les devuelve su propio reflejo, es decir, la utilización de pobre gente, miserable, pequeños monstruos como carne de cañón para el entretenimiento más burdo de toda la nación, de cómo hay que dar continua carnaza a un público embrutecido que pide sangre, una realidad con colores chillones, gente a la que idolatrar u odiar, un mundo reducido al más romo hueso. Eso es justamente lo que hace la película. Los vuelve a echar al barro no para reivindicarlos o entenderlos como seres humanos, con sus luces y sombras, no, lo contrario, para hacer chanza, escarnio, para cagarse (siempre con mucho cariño) en ellos, para, desde arriba, ridiculizarlos y no parar de despreciarlos. A este respecto el caso del gordo podría ser el ejemplo perfecto.
Spoiler:
Un momento lamentable:
- Cuando después de haber asistido con indudable desagrado a las mil y un hostias ocurridas durante ese matrimonio (se supone que muy especialmente propinadas por él, eso se da a entender aunque ella también algo haga), ella, tras haberse separado y vivir en lugares distintos, debido a esa convivencia insoportable y llena de tanta violencia, coge el teléfono y le llama pidiéndole que por favor vuelva con ella, que le necesita, que es indispensable para estar lista de cara a los juegos olímpicos.
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18 de 31 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Los "valores" del deporte
Vengo de disfrutar un montón con una película sobre un deporte que no me interesa especialmente. El patinaje artístico siempre me pareció algo hortera y afectado, aun que es cierto que las piruetas y la velocidad en esa especia de pecera que es la pista molan. Con este único bagaje, mi relación con el patinaje sobre hielo se limitaba a este recuerdo de más de 20 años atrás, recuerdo que había quedado amontonado entre otros recuerdos intrascendentes. Todo esto lo cuento para señalar el logro de la película, pues va más allá de una historia en plan Estrenos TV y despliega un retrato social que trasciende el mero relato deportivo, y que cuestiona, en esencia, esa manida idea tan americana -y hoy en día universalmente promovida y aceptada- del "querer es poder". Pues no. Querer no siempre es poder. Especialmente en un mundo competitivo y desigual como el de la alta competición (que al fin y al cabo, funciona como una metáfora del progreso social). Es cierto que quizá Tonya hubiera preferido más amor de su áspera madre (espléndida actriz) antes que tantas horas de patinaje, pero al fin y al cabo, su limitado mundo de chica de suburbio solo se ilumina un poquito en el hielo de la pista. Y a pesar de que sobre las cuchillas es todo carácter, técnica y fuerza, su única voluntad no le va a servir para triunfar. Sus habilidades son pocas, sus recursos escasos, sus compañías, peor amuebladas que ella,.... Una víctima más del capitalismo sangriento estadounidense. Y es así como pasará de ser una celebridad a una pieza sobrante. cuya vida languidece en los márgenes del sistema.
No se puede negar que la película tiene un ligero bache de ritmo en el segundo acto, pero tiene un muy buen ver gracias a las interpretaciones y a lo esperpéntico de muchas de sus situaciones. Margot Robbie está espectacular en su papel, fuerza y debilidad al mismo tiempo en unos arrebatos de desquicio profundo. (Iimpagable cuando nos acercamos a la actuación final en los JJOO). La galería de secundarios también es digna de estudio, especialmente su marido y el patán que lo acompaña, tremendos ejemplos de miseria moral y limitaciones cognitivas.
El tópico pero necesario epílogo nos muestra una vez más que los tan cacareados "valores" del deporte tan sólo son, en muchas ocasiones, otra cantinela más para vender un producto que, al desenvolverlo, resulta ser bastante menos beneficioso de lo que reza su propaganda.
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6 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
Un don desaprovechado ¿por carencia de amor?
Esta película cuenta la vida de Tonya Harding, una patinadora estadounidense, desde muy pequeña hasta su ocaso deportivo.
Tonya nació con un don para la ejecución del patinaje sobre hielo, un deporte técnicamente difícil a la vez que estético y expresivo. Desarrolló sus habilidades a pesar de padecer asma, de los durísimos abusos físicos y sicológicos que sufrió de parte de su familia, primero de su madre y mas tarde de su marido, y de la discriminación de que fue objeto en la escuela y en el ámbito del patinaje, entre otros motivos por ser pobre y vestirse con mal gusto. Incluso durante su período de éxito como patinadora, en el que por primera vez en su vida recibió reconocimiento y afecto, brindado por el público, tuvo que afrontar la hostilidad de algunos jueces deportivos. Hubo competencias en las que el bajo puntaje asignado al ítem Presentación, donde se evalúa la indumentaria entre otros aspectos estéticos, afectó su ubicación en el podio a pesar de haber obtenido altísima puntuación en los aspectos técnicos de su rutina. No se muestra claramente en la pelicula si con su entrenadora pudo establecer algún vínculo afectivo.

A diferencia de otras historias de vida, en las que el empeño por desarrollar las habilidades innatas se ve premiado por el apoyo y la comprensión del entorno, en el caso de Tonya todo le fue adverso. Así adquirió un comportamiento agresivo y desagradable que le impidió sostener su éxito y el cariño del público. Tonya continó su vida en el ámbito del deporte, pero dejo para sorpresa de quienes no hayan visto todavía la película, saber a qué deporte se dedicó.
Esta triste historia está bien contada en la película. Las actuaciones son buenas, especialmente el trabajo de la actriz que encarna a Tonya. No me parece necesario ni efectivo el recurso de la falsa entrevista mechada en las secuencias narrativas. Tengo sentido del humor, incluso humor negro, pero no le asignaría a este film la calificación de Comedia, ni siquiera negra, solamente por las ocasionales sonrisas que puedan provocar los delirios del guardaespaldas de Tonya, un personaje creído de sí mismo y absolutamente ridículo.
Finalmente: es entretenida y cuenta una historia de vida real y distinta.
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5 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
ABSOLUTAMENTE RECOMENDABLE
Fantástico relato en formato de falso documental de uno de los sucesos más extraños, surrealistas y mediáticos del deporte de los últimos tiempos.

Espectacularmente rodada (sobre todo las escenas de los ejercicios de patinaje), y muy bien ambientada en la época, su principal virtud es un casting simplemente soberbio, están que se salen todos los actores y las actrices, pero especialmente Margot Robbie y Allison Janney, increíble el duelo interpretativo entre ambas, sin lugar a dudas lo mejor de la película.

La cinta no sólo habla de la cara oculta del glamour del deporte, sino que también mete el dedo en la llaga de la moral americana, que necesita tener claro alguien a quien querer y alguien a quien odiar a través de la televisión y, tal como dice la protagonista, "necesitan tenerlo fácil".

Cuando uno todavía no ha terminado de flipar con lo que cuenta la película llegan los títulos de crédito finales con trozos de las entrevistas reales a los protagonistas de la historia y es cuando ya te quedas con la boca abierta, desde luego está claro que la realidad siempre supera a la ficción.

El problema es que yo recordaba haber leído esta historia los periódicos de la época y estaba convencido de que habían pasado 10 o 15 años, pero la película me ha dejado claro que ha pasado nada menos que un cuarto de siglo de todo aquello. Válgame...
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4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
La Filosofía de la Toña
Suele ser habitual narrar una biografía con testimonios directos a cámara para favorecer la empatía. Yo soy yo y mis circunstancias, y cómo si estuviéramos tomándonos un café te las cuento.
El problema con Tonya Harding y sus allegados es que... son una panda de importantes hijos de puta.
El mundo entero les colgó ese sambenito, esta película se vende con la promesa de verles en su elemento, y ellos mismos se encargan de no dar lugar a dudas cada vez que se expresan o rememoran lo que les llevó a donde están.

Así las cosas, sólo queda despejar el "por qué", la razón por la que les estamos viendo y nos hemos sentado a escucharles.
'Yo, Tonya' podría haber dicho "por mi infancia difícil", "por no tener un puto duro", "porque me cansé de ser el mierdero saco de hostias de los jueces de patinaje"... pero elige decir "¿por qué no?".
Nadie le iba a dar la oportunidad a Tonya, su propia profesora la rechazó cuando acababa de salir del útero como quien dice, su propia madre la pegaba cuando no ganaba y todas sus compañeras la miraban con odio a cualquier podio que se subiera.
Pero ella eligió seguir adelante, porque se le daba bien, y punto.

No por esas mierdas habituales de "tenía un sueño..." o "sentí que me llamaba", sino porque podía, y porque le dejaban, o más bien, la empujaban.
Y entonces asoma el vértice más interesante de lo que podría haber sido una biografía más rutinaria: Tonya asoció que las hostias de su madre y novio eran muestras de amor.
A cámara directa, rompiendo la cuarta pared, aprovechando la oportunidad que les brinda esta película, estos hijos de puta nos cuentan que la violencia siempre estaba justificada, porque de otra manera las cosas no habrían funcionado como deberían.
(Ojo, sin recrearse en ello ni señalar culpables o causas, que habría sido lo fácil)

Tonya se acostumbró a recibir toñas (y perdón por el chiste fácil), asoció la sangre al entrenamiento y los golpes al ensayo, y eso siempre la hizo mejor, nunca la inmovilizó, porque era lo que había mamado desde que era niña.
Lloró cuando se fue su padre, no cuando competía con la brutal determinación de quien se sabe merecedora de todos los premios posibles: si la golpeaban en la pista, con notas injustas que sólo punteaban sus cutres vestidos o maneras, ella respondía, dando donde más duele y jodiendo a quien podía.
Era la tormenta perfecta, hasta que de repente... llegó más lejos que nadie.

Las multitudes empezaron a aclamarla.
La cámara congela su imagen de pura felicidad en la que no hay rabia ni ferocidad, como un éxtasis religioso que alcanzó cuando se atrevió a hacer un Triple Axel, sólo porque nadie lo había intentado.
De una intención nacida de la violencia, recibió amor sin límite, uno puro y embriagador, que la convenció... de que hasta el momento nunca la habían amado de verdad.

A partir de entonces, la biografía trata de romper sus diminutos márgenes, relatándonos por boca de estos hijos de puta la triste historia de una chica que probó el amor verdadero por una vez (el del publico que aclama) y nunca dejó de patinar tras su estela.
Porque el caballo que se acostumbra a trotar a palos pasa a caminar cuando se le retiran los golpes: su maldición se acaba con el beso o polvo de amor antes de la medianoche, al constatar que todo va sobre ruedas (o patines) y puede haber final feliz.
Y entonces queda el vacío de saber que necesitaba esa maldición, necesita a un imbécil gritándole desde la grada para no caer aparatosamente en la pista; y esa es una verdad terrible, más jodida que cualquier cosa que haya enfrentado.
No por nada queda el mismo silencio seco, sin distancias irónicas, tras la bronca más agresiva de su madre y la dura respuesta de un juez diciendo que "no eres la imagen que queremos proyectar, cielo": Tonya pasa de valorarse por primera vez, ferozmente como siempre, a darse cuenta de que nadie la quiere así, feliz a su manera, sino mostrando algo que nunca ha sido para ella y con lo que le duele profundamente vivir tras sentirse querida.

Pero vuelve a ello, porque es la única manera de ganar.
Lo único que puede hacer para honrar cada puta hora entrenada, cada puto golpe, cada puta sangre, cada ladrillo de la pirámide con la que intenta sobresalir de la arena general.
Vuelve a entregarse a los golpes, porque eran los que la hicieron flotar en el aire de la pista de hielo.

Y ahí entran Jeff y LaVona, enormes y monstruosos Sebastian Stan y Allison Janney, que permanecen agazapados gran parte del metraje (más o menos, no pueden evitarlo), y al final toman el control, como lo hicieron con la carrera de Tonya: la niña no triunfará si tiene golpes con los que conformarse; no se esforzará si se acostumbra a la intensidad de la patada y los dientes rotos del puñetazo.
El incidente de Nancy Kerrigan entonces tiene la naturaleza de un dibujo animado, porque la vida muchas veces tiene esa cualidad, de que se la lleva al límite de lo serio o desagradable, y todo el mundo sólo puede pensar cómo de gilipollas han sido los responsables.
Ese era el Gran Momento que estábamos esperando: el patoso ataque de cuatro gilipollas que no concebían la pirámide hundiéndose en la arena, y se atrevieron a tomar cartas en el asunto, de la única manera que siempre supieron.
Jeff la amaba, y por eso organizó esa mejor declaración de amor, el mejor golpe que se le ocurrió: hay que apreciar la brillante ironía de que, la primera vez que intenta demostrarle su amor de verdad, sea cuando más profundamente e irrevocablemente la jodió de verdad.

(Sigue en Spoiler, sin revelar nada hasta que lo indique)
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4 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Yo nunca hice esto (preparando la escopeta para brindar un escopetazo)
Es una película sobre un personaje histórico incomprendido al que le salió todo mal y ni siquiera tuvo la culpa, se la desmoronó su entorno encima.
Las interpretaciones son perfectas, destacando a Margot Robbie y Sebastian Stan como las grandes estrellas del espectáculo, en una auténtica obra de arte muy difícil de mejorar.
La película es redonda, está muy bien escrita y dirigida. En el aspecto técnico es absolutamente brillante, cada plano es una obra maestra. Además, las relaciones entre los personajes están construidas con un inmenso realismo psicológico que conquista al espectador. Comentaré esto en la zona con spoilers.

El ritmo es muy dinámico y acertado. Los secundarios funcionan bien, el único que me cansa al visionar la película es el amigo tontorrón con sobrepeso y es que este personaje es tan cargante, tan pesado y aparece tanto que logra separar al conjunto de la perfección.

La rotura de la cuarta pared en repetidas ocasiones es maravillosa, me han fascinado estos momentos a lo largo del metraje y han sido todo un regalo para los cinéfilos que hemos gozado de disfrutar con ellos.
Gracias por esos momentazos, gracias a Craig Gillespie, gracias a Margot Robbie, gracias a Allison Janney, gracias a Sebastian Stan. Gran trabajo.

¿La recomiendo? Sin dudarlo, es una maravillosa obra de arte que todo el mundo debería ver. La película puede no atraerte de primeras, pero una vez que la estás visionando se siente como una auténtica gozada. Es todo puro y auténtico cine.
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4 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Fuego sobre Hielo
Terminando de ver “I, Tonya” (2017) de Craig Gillespie con Margot Robbie, Sebastian Stan, Allison Janney, Paul Walter Hauser, Bobby Cannavale, Caitlin Carver, Julianne Nicholson, entre otros. Drama deportivo que sigue la carrera de la patinadora Tonya Harding, haciendo una crónica de su vida familiar, como patinadora profesional, su personalidad, y su relación sentimental. Todo ello se muestra de manera cruda, violenta y “sin pelos en la lengua” La historia es la típica de formación de un atleta para ser famoso en contra de sus anhelos, y cómo la presión hace mella en las actitudes y maneras del deportista, con un trasfondo lleno de abusos brutales desde todos los puntos de vista posibles, desde los psicológicos hasta los físicos, desde todos los frentes. Se le puede cobrar factura por la narrativa en tono de comedia, que no hace gracia en absoluto, aunque parezca ser la única forma posible de retratar personajes patéticos, “White Trash/Red Neck” como ellos mismos se definen, al tiempo que son caricaturas de sí mismos, por lo que el nivel actoral está siempre en la cuerda floja. Técnicamente insuperable, con algún bajo de ritmo, predecible pasada la primera hora, es cuando Tonya está en la pista donde brilla, así como en los arranques de personalidad. No me gusta mucho que constantemente “se quiebre la cuarta pared”, en momentos en que se rompe la narración, pues llegan a ser muchos los momentos, como el abuso de la banda sonora, aunque es muy buena, para ambientar y llenar de psicología las escenas. Este es un filme de actores, donde Margot Robbie brilla, y no porque patine, sino por su humor de cambio constante, sus registros y “sinceridad/honestidad” en las reveladoras entrevistas, y se gana mi admiración en la escena casi final, cuando está frente al espejo… son escenas que bien recuerdan a “Black Swan” pero se entiende al ser un retrato de una persona real. Sebastian Stan hace su mejor papel hasta el momento, drama, violencia, patetismo y caricatura; un esposo con cambios de ánimo también constantes, una fuerza que se siente tan aterradora como intrigante; mientras Allison Janney hace el papel más “cómico” y vulgar de todos, que sorprende que exista alguien así como “madre”; y Paul Walter Hauser en un papel no tan pequeño, como el guardaespaldas que llega a representar el trasfondo social de todos los personajes. En definitiva, una película que hay que ver para analizar la tortura infantil, la búsqueda de los sueños, las decepciones, las rivalidades, las consecuencias, el descontrol emocional, etc. “Fuego sobre Hielo” a toda regla.
RECOMENDADA
PRONTO una nota en el blog de Lecturas Cinematográficas.
http://lecturascinematograficas.blogspot.com/
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4 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
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