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8
Niebla en el alma
La neblinosa e industrial comarca del Po, en el norte de Italia. Al verse abandonado por su pareja, un trabajador de una fábrica emprende, junto a su hija, un vagabundeo que le llevará a reencontrarse con una antigua novia y a tener relaciones fugaces con otras mujeres, ninguna de las cuales logrará llenar su vacío y su soledad. El desengaño amoroso y la huida como modo de dar sentido a una existencia que se ha vuelto intolerable e injusta es, pues, el tema central de esta película, aunque Antonioni lo aborda con sutileza y evitando caer en el sentimentalismo.
Los nebulosos paisajes invernales parecen reflejar la oculta desolación del errabundo protagonista, un Steve Cochran rescatado por Antonioni de sus papeles secundarios de vaquero o de gangster en el cine de Hollywood y que resulta bastante creíble en su papel de desengañado obrero italiano. Pero el destino de su personaje sería superado por la realidad algunos años después de la participación de Cochran en "El grito", cuando falleció mientras navegaba en un yate por la costa de Guatemala y sus acompañantes femeninas quedaron a la deriva durante días hasta que fueron rescatadas.
La sugestiva banda sonora con resonancias de Satie o de Chopin -más presente aquí que en otras películas de Antonioni- así como la magnífica fotografía del gran operador Gianni de Venanzo -autor de la fotografía en otras películas de Antonioni y de 8 1/2 de Fellini- ayudan en la creación de la atmósfera melancólica de una película que, sin alcanzar las cotas magistrales y la sofisticación narrativa y técnica de la “La Aventura” y las que siguieron, está llena de matices en la descripción de los diversos personajes y en las relaciones entre ellos. Uno de los elementos estilísticos que se repite es el juego visual entre el interior de las casas y el paisaje, tal vez una metáfora de la dicotomía entre el mundo anímico de los personajes y el mundo que les rodea. Y así, aparecen a menudo puertas abiertas y ventanas a través de las cuales se vislumbra el nebuloso exterior y viceversa (característica que adquirirá en "La aventura" rasgos aun más acentuados). Los ecos del neorrealismo también planean sobre la película; tanto la descripción de la vida de la gente humilde, como la pareja formada por el protagonista y su hija, recuerdan a la inolvidable obra maestra de De Sica "Ladrón de bicicletas".
En mi opinión es una película conmovedora y profunda que vale la pena ver, y que gustará no solo a los seguidores de Antonioni (que debemos ser más bien pocos), sino a los amantes del buen cine en general.
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30 de 32 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
"El problema es que no tengo ganas de nada”.
Si en alguna ocasión alguien se planteara una serie de películas que expresaran con la mayor fidelidad posible lo que el existencialismo aportó al séptimo arte, estoy convencido que pocos ejemplos resultarían tan pertinentes como IL GRIDO (El grito, 1957), partiendo de un guión del propio realizador, en unión a Elio Bartolini y Ennio De Concini.

IL GRIDO es una obra llena de tristeza, pero al mismo dominada por una extraña serenidad. Desde los primeros minutos sabemos como culminará la misma, pero al mismo tiempo no dejamos de conmovernos en esa mirada que el protagonista girará hacia ese pueblo ordenado y tranquilo que ha decidido abandonar profundamente desengañado.

La singularidad de esta admirable película de Antonioni estriba en la capacidad de ser sensible y desesperanzado al mismo tiempo, de buscar el calor de la comunicación humana y asumir que no hay posibilidad de lograrla, de manifestar un contexto físico y natural casi fantasmal y en el mismo fotograma acercarse de una manera casi palpable a la sensualidad que esta manifiesta –a través de sus eternamente húmedos parajes-. El logro de articular con tanta sinceridad, hondura, sencillez y complejidad un estado de ánimo personal que culminará con un final tan trágico como buscado desde el primer momento, es sin duda la prueba más palpable de que el cineasta se encontraba preparado para depurar su visión del hecho cinematográfico hasta extremos más austeros y complejos.
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16 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Viaje por el Valle del Po
Quinto largometraje de Michelangelo Antonioni (1912-2007) (“La aventura”, 1960), según guión escrito por el propio Antonioni, Elio Bartolino y Ennio de Concini, que se inspira parcialmente en el film “Ossessione” (1942), de Luchino Visconti. Se rueda en localizaciones del Valle del Po (Veneto y Emilia Romagna). Es premiado con el Nastro d’Argento (“Silver Ribbon”) a la fotografía y con el Golden Leopart del Festival de Locarno (Suiza). Producido por Franco Cancellieri para SpA Cinematografica y Robert Alexander Productions, se estrena el 11-III-1957 (Italia).

La acción dramática tiene lugar en el pueblo de Goriano y otras ubicaciones próximas del Valle del Po, entre el invierno de 1956 y el de 1957. Aldo (Cochran), obrero manual especializado en mecánica (mantenimiento y reparación de motores), trabaja en la planta de refinado de azúcar instalada en las proximidades de Goriano, donde convive con Irma desde hace unos 8 años, con la que ha tenido una hija, Rosina (Girardi), que cuenta 7 años. Llevan una vida modesta y con ciertas privaciones porque el salario de Aldo es muy justo y no disponen de otros ingresos. Aldo, de unos 35 años, es soltero, cuenta solo con el fruto de su trabajo para sacar adelante a la compañera y a la hija de ambos. Encarna la figura del proletario industrial sin relieve y sin pretensiones, explotado y mal pagado. Irma (Valli) hace los trabajos de la casa. Su marido se marchó a Australia en los primeros años de la posguerra. La tranquilidad y la placidez de sus vidas se ve alterada cuando Irma recibe la noticia del fallecimiento del marido. Alvia (Blair) es una antigua novia de Aldo. Edera (Payota) es la hermana de Alvia. Virginia (Grey) es viuda y propietaria de una gasolinera. Andreína (Shaw) es una prostituta ingenua y soñadora.

Con una admirable sobriedad y una espléndida economía de medios, Antonioni desgrana una intensa y emocionante historia de desarraigo, soledad y desamparo. Desde una perspectiva que observa la realidad sin prejuicios, sin sentimentalismos y desde la distancia, construye un relato que muestra con fuerza y vigor la desolación que se apodera del espíritu de un ser humano abandonado, privado de afectos y atormentado por la soledad y antiguas frustraciones. Construye en torno al personaje una atmósfera densa y penetrante de tristeza, melancolía y desolación. La narración se apoya en el uso de varios recursos adicionales al discurso principal, como luces dispersas, paisajes dominados por la niebla, escenas lluviosas y perspectivas amplias, profundas y desoladas. Añade trazos que ponen de manifiesto la tensión que se da entre progreso y bienestar, desarrollo tecnológico y arraigo humano en la sociedad, el trabajo y el medio natural.

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16 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
El eslabón perdido entre la nouvelle vague y el neorrealismo.
Uno ve y disfruta películas de la postguerra italiana. "El limpiabotas", "Ladrón de bicicletas"... le dejan a uno clavado en la butaca. Emoción, pasión algunas veces, sangre del sur que brota y anima historias muy tristes pero a la vez cargadas de humanidad. Caras tristes, curtidas, anónimas.
Después uno se pasea por la nouvelle vague, con películas a bote pronto correosas, que da algo de pereza verlas pero que a la que uno se zambulle en ellas acaban siendo una delicia en forma de conversaciones, pensamientos, imágenes. "Mi noche con Maud", por ejemplo. O los rostros de Anna Karina y Jean Seberg.

Y en esto que uno se encuentra con "El grito" y descubre una obra de arte en la que se combinan elementos de las dos escuelas: el humanismo, los desastres de la guerra vistos a la italiana, junto con la introspección, la soledad existencial francesa.

Un hombre prácticamente echado de casa que huye, huye adelante en busca de un algo que realmente está dejando atrás. Corre, viaja, escapa, intenta amar, pero infructuosamente: su corazón, su vida, su todo, solo puede verlo por el retrovisor.

Desconozco si hay películas de trazo similar. Leo que la escuela de Antonioni no tuvo demasiados discípulos. Sea como fuere, a mí me pareció un descubrimiento delicioso en que se hermanan las dos "esperanzas blancas" del cine europeo de los cincuenta: el neorrealismo italiano y la nouvelle vague francesa.

Te la recomiendo.
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15 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
Gente del Po.
Intro.

Película embrionaria, transición hacia un cine tránsfuga de emociones explícitas, recurriendo ya –aunque sea boceto- a la ataraxia y la composición simétrica de una imagen de problemática interior, anímica, pese a la obviedad melodramática que aún se aprecia en “Il grido”.

Evolución.

Pese a una estética reconocible de su primera etapa, se insinúa un incipiente silencio de paisaje ultramundano, el vacío de profundidad de campo (el campo roturado, el travelling de zanja, la toma distanciada), se reincide (lo ensaya en “Las amigas” o “La señora sin camelias”) en la soledad y decepción romántica (la propia inconcreción de los sentimientos aún sin depurar), la maquinaria industrial desenmascarando la claustrofobia vital, la partitura extradiegética ajena al contenido emotivo de la narración y, sobre todo, la estructura narrativa errabunda y determinista, de esquematismo aparente, alimentada mediante reiteraciones que habrán de eclosionar en “La aventura” como auténtico leitmotiv.

Título.

El título del film, “Il grido”, alude al contraste entre la acción y el laconismo; la catarsis explícita que promete el título en contraposición a una película que muestra cansancio y la rendición material de los objetos y los rostros. Un título que remarca un contraste tan abrupto como el de “La aventura”.

Neorrealismo.

Ajena al mecanismo neorrealista pese al mundo obrero y rural de posguerra en que se ubica –el personaje principal no es un burgués pero en cierta forma sí lo es el film, típica acusación a Antonioni, ya que su universo obliga a un individualismo donde las reivindicaciones y expropiaciones son mero contexto- la película ha de entenderse como proceso evolutivo tendente a la abstracción del autor nacido en Ferrara y, no hace tanto, muerto en Roma.

Masculin, féminin.

Es curioso el protagonismo de un personaje masculino. Lo podemos comparar con la mayor lucidez de la psique femenina si contrastamos a este Aldo de “El grito” con posteriores protagonistas de Antonioni (M. Vitti, fundamentalmente) que pese a deambular también por la incomprensión de los sentimientos parecen capaces de algo de “penetración” en lo que les rodea, ya que no merodean apáticamente en su propia indolencia sino que agarran, luchan desde su condición de entrega romántica y fracasan; o bien se mantienen quietas, asumiendo un desengaño que desborda el entendimiento.
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15 de 21 usuarios han encontrado esta crítica útil
4
Caminante no hay camino
Comentaba hace ciertas horas con amigos sobre la importancia que adquiere para ciertos directores llegar a una conclusión, mientras que para otros realizadores, la importancia no era llegar a un punto determinado sino el trayecto para llegar a ese punto, haya o no conclusión. En la afamada tetralogía de Antonioni (La aventura, La noche, El eclipse y El desierto rojo) el trayecto es en sí, lo importante. Todo lo contrario ocurre con “El grito”.


Durante el camino de Aldo (Steve Cochran) se suceden encuentros con diferentes mujeres, en las que se apoya el director para tratar el tema de la incomunicación y apatía por vivir del protagonista. Aquí Antonioni, aún usa para ello el diálogo, y la imagen (Gianni di Venanzo consigue una fotografía ajustada a la desesperanza de Aldo) aún no es primaria como lo sería en su tetralogía.

Conforme Aldo recorre el camino, el director tiene tan claro dónde debe llegar el protagonista, que tengo la sensación de sentirme engañado, como si todo este caminar no sirviera de nada y fuera simplemente, polvo con que llenar el metraje.

Aldo es un caminante sin camino. Su futuro, ya está escrito de antemano.
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14 de 24 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Niebla
La bellísima fotografía de Gianni di Venanzo es esencial para que la niebla comparta el protagonismo de El grito con su principal personaje, Aldo. La niebla persiste a lo largo de la película tanto en el paisaje como en la historia y en los propios personajes. Aldo, con una interpretación magnífica de Steve Cochran, la lleva dentro. La adquiere, en el momento en que lo definitivo, lo sin remedio le inunda; no le han servido sus ruegos, la presencia de los detalles cotidianos, un torpe regalo a destiempo, el intento de empezar de nuevo en la casa que con sus mínimos detalles representa los siete años que ha vivido con Irma, no le ha servido su violencia. Y hundido en esa niebla huye buscando afecto, tranquilidad, una mujer en la que refugiarse. Mujeres desdichadas que Antonioni presenta fuertes, resueltas pero a la postre resignadas ante la imposibilidad de salir de una vida gris, sin futuro. Un magnífico retrato de personajes secundarios tan neblinosos como Aldo que van dejando en el espectador un poso cada vez más explícito de lo irremediable de la soledad. Irma, salvo en la primera parte de la película en que adquiere un mayor protagonismo personal ejerce el papel imprescindible de ser el detonante de la historia, el origen de esa niebla que nos acompaña durante todo el film y elemento necesario para el final, para que su grito, como el del compañero de Aldo al principio de la historia avisándole de la presencia de Irma, y como el grito callado, íntimo de él reclamando un atisbo de felicidad durante su recorrido en busca de una estabilidad afectiva, desencadene el silencio total.

Acompañamos a Aldo en su búsqueda que es más una huída, gracias en gran parte a la cuidadísima puesta en escena, llena de detalles que proporcionan realismo a la historia: el interior de las viviendas, sus techos desconchados, la fotografía de algún antepasado, un periódico dejado a los pies de la cama, los zapatos de Irma y del personaje de Betsy Blair (cómo me gusta a pesar de que tantas veces parece estar haciendo un mismo papel) llenos de barro, las manchas en la ropa de Aldo y de Andreina.
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4 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
El grito de los derrotados.
Una de las obras maestras de Antonioni. Tras ser abandonado por Imma (Valli), Aldo (Cochran) deja su trabajo en la fábrica y emprende un viaje -junto a su hija- sin rumbo por el norte de Italia, conociendo y reencontrándose de nuevo con otras mujeres pero sin poder entablar una sólida relación con ninguna de ellas... Ubicada geográficamente en la neblinosa comarca del Po, Antonioni nos embarca a través de esa misma niebla en la grisácea vida y sensaciones de su protagonista: un personaje autoaislado, marcado psicológicamente. Antonioni filma con absoluta solidez esos paisajes naturales profanados por una fría e incipiente industrialización.
Se plasma en "El grito" de manera marcada y sobresaliente la imposibilidad de amar más allá del momento pasajero, la dificultad de las relaciones duraderas, el desarraigo y el desamor, en base a una profunda melancolía. Lo físico (el protagonista seduce a quién se lo propone) choca con lo psicológico e invalida al primero, y el ahora es una insoportable losa, la de no poder estar con quien tanto se quiere o se ha querido. Anticipa su memorable trilogía sobre la incomunicación y demuestra en Antonioni ser el cineasta de la derrota y el desasosiego. Aquí, el obrero Cochran es tan simbólico como venenosamente crítico: la derrota en la vida sentimental y la derrota ante el nuevo y agresivo, incontrolable capitalismo.
Posee un tan preciso como brutal final (ese grito...). Magníficas interpretaciones.
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3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Notas sobre Aldo
Aldo, incapaz de compartir su pequeño pueblo con Irma tras ser despechado por esta, inicia su quijotesca aventura en torno a los alrededores del río Po.
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La niebla, siempre en el horizonte, siempre ocultando el camino, marca la ruta de Aldo. Una ruta perdida sin destino alguno, tan solo la bruma y su más allá.
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La imagen y el sonido de lo artificial escoltan a Aldo durante su recorrido. Las fábricas, las sirenas, los motores. Estar rodeado de tantos elementos construidos por la mano humana y al mismo tiempo estar tan distanciado del resto de personas.
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La humanidad, la incomunicación, la soledad.
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CONTINUA EN SPOILER
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3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
ANTONIONI NEORREALISTA
Al ver por segunda vez esta película me ha gustado mucho más que la primera porque he podido advertir muchas virtudes que antes me parecieron ocultas. En primer lugar, me sorprendió descubrir similitudes con películas como "Ladrón de bicicletas", "El limpiabotas" y "Obsesión". En segundo lugar, me parecieron muy sobrias todas las actuaciones destacándose Cochran, Valli, Gray y Shaw. Tanto la fotografía como la banda sonora están muy ajustadas y logran transmitir de manera incomparable el sentimiento triste y desesperanzado del relato. Advierto aquí un Antonioni mas cercano al clasicismo en la forma de relatar que al que aparecería a partir de "La aventura". La presencia desoladora del paisaje logra enmarcar de manera perfecta todo el sentimiento de desolación que acompaña en su viaje sin rumbo al protagonista. Un retrato muy interesante y duro de la Italia de posguerra.
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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Viaje por la Italia pobre
En esta película, un trabajador italiano que es abandonado por su pareja emprende un viaje con su hija pequeña. En ese marco, entabla relaciones efímeras con otras mujeres. Es decir, que no es sólo un viaje geográfico sino también espiritual...A mí, me generó diversas sensaciones. Por un lado, puedo hablar de una atmósfera algo triste, un ritmo algo lento, es decir que la permanencia frente a la pantalla por momentos se me dificultó sobre todo por este último aspecto. Por otra parte, había algo indefinible en la película, en las actuaciones, en cierto suspenso pese a que la acción no está privilegiada y, principalmente, en la belleza de los paisajes en blanco y negro, en los notables encuadres de la cámara con un indiscutible sentido lírico que realmente cautivan, que hicieron que dominara la tentación de dejar la película. Creo que ésto fue acertado, ya que éstos aspectos estéticos, el encanto de los pequeños poblados italianos y las zonas más rurales, sumado a una muy buena música y un inesperado final, la hacen una película muy recomendable desde el punto visual y con su buena cuota de interés.
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4 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
5
HISTORIA TRISTE DE UN SEÑOR ANCLADO EN SU PASADO.
Tenemos una historia que transcurre en una serie de pueblos del valle del Po. Las imágenes son preciosas, con un anchuroso y hermoso río casi siempre de fondo. El fresco forma parte de la época del neorrealismo italiano, época en la que se podía ver lo ruinoso en lo que se había quedado el país después de la in-fastuosa guerra.

Lo mejor de la película son las guapísimas actrices que interpretan a cada uno de los amores de Aldo.

Lo peor es la tristeza que nunca llega a desaparecer y la nostalgia tan profunda.
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3 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
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