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10
El asesinato huele a madreselva
Es de noche, un coche circula a gran velocidad por las calles de la ciudad y de el se apea un hombre malherido...así comienza “Perdición”, un rotundo, demoledor y noqueante ejercicio de “film noir”, basado en una novela de James M. Cain, con uno de los guiones más extraordinarios jamás escritos para la pantalla del propio Billy Wilder y de Raymond Chandler. Con un ritmo trepidante y una gran tensión visual, la soberbia dirección del genio vienes trasciende y dinamita las convenciones del género y dibuja un perverso y audaz -para la época- relato de pasión, asesinato y muerte. Una de las cumbres indiscutidas del cine negro “Perdicion” es una joya que gira alrededor de la figura sensual, maquiavélica y pérfida de una de las “femmes fatales” más fascinantes del celuloide -una turbadora Barbara Stanwyck- que seduce a un cínico Fred McMurray desde ese plano sublime -de un erotismo de alto voltaje- de sus piernas bajando por las escaleras con una pulsera en su tobillo a modo de metáfora de la unión inseparable de unos personajes al borde del abismo, atrapados por la larga sombra del destino, donde un meticuloso plan de conspiración para asesinar se acabará convirtiendo en una imparable espiral de violencia, degradación moral y autodestrucción. Un larguísimo flashback, la voz en off de Fred McMurray y un casting milagrosamente bien escogido y en estado de gracia, con un trabajo excepcional de los tres protagonistas, son los instrumentos de que se sirve Billy Wilder para contarnos esta absorbente y tórrida historia bañada por las luces y las sombras de la fotografía en blanco y negro, de tintes expresionistas, de John Seitz y la sugerente y tensa música de Miklos Rozsa que potencian la atmósfera malsana y asfixiante del film a la perfección y que nos conducen de forma inexorable hacia un memorable doble final, de poderosa carga dramática y un lirismo arrebatador, donde las pasiones dejan paso a los sentimientos más ocultos, donde se cierra definitivamente el circulo mágico de un film estremecedor con ese inolvidable plano final en el que el protagonismo de un cigarrillo, una cerilla y el marco de una puerta que no podemos llegar a traspasar da el sentido postrero a esta obra maestra absoluta del CINE con mayúsculas de uno de los mas geniales guionistas y directores de todos los tiempos.
Un film inolvidable, para ser visionado con devoción y respeto en imprescindible VOS.


Francesc Chico Jaimejuan

Barcelona 15 de mayo de 2006
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210 de 240 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
Magistral y arquetípica película de cine negro
Cuarto largo de Billy Wilder, tercero realizado en EEUU. Adapta al cine la novela "Three of Kind" (1935), de James M. Caine, basada en hechos reales. Se rodó en LA y en los Paramount Studios (California), con un presupuesto estimado de 1 M dólares. Producida por Joseph Sistrom, se estrenó el 6-IX-1944.

La acción tiene lugar en LA entre finales de mayo y el 16 de julio de 1938. Narra la historia de Walter Neff (Fred MacMurray), vendedor de seguros, de 35 años, soltero, reservado y débil de crácter. Al visitar a un cliente, el Sr. Dietrichson, para renovar la póliza del seguro de sus coches, conoce a su esposa, Phyllis Nirdlinger (Barbara Stanwyck), sensual, atractiva y seductora, que despierta en él gran interés. Al amparo de este suceso, ella trata de seducirlo para convertirlo en cómplice de un plan que los conducirá a la perdición.

La película enfrenta a un hombre honrado, pero débil, con una mujer fuerte, sin escrúpulos, que aprovecha su atractivo personal para engañarlo, manipularlo y utilizarlo despiadadamente. Es destacable la sordidez de la historia, centrada en la ejecución de un crimen con premeditación, frialdad, desprecio por la vida humana, codicia y alevosía. Barbara Stanwyck interpreta la figura de una de las más pérfidas "mujeres fatales" del cine. Entre los dos personajes se establece una insana relación de amor y odio, dominio y sumisión, atracción y repulsión, que se ve corroída por las sospechas cruzadas de infidelidad, de Neff con Lola Dietrichson (Joan Hearther) y de Phyllis con Nino Zachetti (Byron Barr). Se añaden las sospechas de crímenes pasados, de planes de nuevos crímenes y la aparición de deseos mutuos de venganza. El investigador Barton Keyes (Edward G. Robinson), mientras avanza en su investigación implacable, hace que salga a la superficie un mundo escalofriante de bajas pasiones. La obra está narrada en forma de confesión, que relata los hechos en "flashback". El espectador queda con la sensación de que los verdaderos motivos que mueven el comportamiento perverso de los dos protagonistas no quedan explicados de modo justo y cabal. Posiblemente, de esta sensación se deriva uno de los atractivos más poderosos del film.

La música, de Miklós Rózsa, aporta intensidad, estridencias y disonancias, sumamente adecuadas. La fotografía, de John Seitz ("Días sin huella", 1945) se inspira en obras del expresionismo alemán, como "M, el vampiro de Dusseldorf" (1931), de Lang. Crea ambientes oscuros y tenebrosos, de fuerza inmensa. La interpretación de Stanwyck es extraordinaria en el que posiblemente es el mejor papel de su carrera. Excelentes son las intervenciones de MacMurray y Edward G. Robinson. A destacar la intervención del español, afincado en Hollywood, Fortunio Bonanova en el papel de Sam Garlopis. La dirección crea una de las obras culminantes del género negro.

Película magistral, arquetipo de cine negro, que sitúa en la secuencia final una sobrecogedora confesión de amor entre dos hombres.
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137 de 155 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Tie break
1-0

Un rostro desencajado, sudoroso. El ascensorista y la penumbra. Profundidad de campo, el vacío en la oficina y un micrófono sobre la mesa.

2-0

Flash-back, tan pertinente y acertado como el que acontece en el inicio de 'El hombre que mató a Liberty Valance'.

3-0

B/N casi N/N. Nunca la ausencia de color admitió tantos matices en lo oscuro. Una atmósfera a la altura de 'El sueño eterno'.

4-0

Diálogos a quemarropa, no sé si más de Wilder o de Chandler. Con un ritmo y agudeza indescriptibles.

5-0

Un trío inolvidable: Fred MacMurray, elegante incluso con los pantalones sobaqueros; Barbara Stanwyck, litros de laca y seducción; Edward G. Robinson, un enanito de lógica implacable.

6-0

La escena de la puerta. Una puerta que se abre para fuera, vulnerando las normas contra incendios de Los Ángeles. Una licencia artística manejada con la habilidad de un cirujano.

7-0

El milagro del tempo narrativo y las cerillas. La transparencia cinematográfica.
===

"Si, en un momento dado, un espectador nota un movimiento de cámara, has fracasado."(*)

Juego, set y partido para Billy Wilder.
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119 de 141 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
Wilder perfecciona el cine negro
“Perdición” es para mí mucho más que una película ya que marcó mi afición al cine, me descubrió el cine clásico americano, el cine negro y al maestro Wilder. Me marcó profundamente y es (y lo será siempre) mi película favorita.
En “Double indemnity” confluyen multitud de elementos que hacen que sea un film capital en la historia del cine y que la convierte en el modelo ideal de “film noir”:
- La historia es muy arriesgada, totalmente macabra, rompedora para la época y contraria a la moral puritana, por lo que fue dura e injustamente castigada en los Oscar de aquel año (en los que triunfó la ramplona historia de un cura bonachón llamada “Siguiendo mi camino”). Wilder se enamoró de la novela creada por James M. Cain y junto al mítico escritor de novela negra Raymond Chandler (“El sueño eterno”) escribió la adaptación cinematográfica. La relación entre ambos fue dura, se llevaron mal, pero de ella surgieron algunos de los mejores diálogos de la historia del cine.
- La fotografía, a cargo de John F. Seitz, marcó una época y un género. La luz entrando a través de las persianas venecianas, reflejándose como barrotes de una celda sobre el salón de la casa de los Dietrickson y sobre los protagonistas….
- En cuanto a la dirección, Wilder ofrece una clase magistral de cómo utilizar dos recursos cinematográficos: el “flashback” y la “voz en off”. Con el primero articula la historia contándonos el final en el minuto 5 (“I did it for the money, and for a woman, and I don`t get the money, and I don`t get the woman…”), lo que sumerge en la amargura al resto del relato; y con el segundo nos introduce en los pensamientos, sentimientos y reflexiones más profundos del protagonista. Son para enmarcar el primer encuentro de los protagonistas, cargado de erotismo, la tensa escena de la puerta y los pequeños detalles, como la pulsera del tobillo de la Stanwyck, el enano infalible o las cerillas.
- En los papeles protagonistas, dos actores que dejan atrás sus registros habituales, que jamás habían hecho papeles dramáticos similares: Barbara Stanwyck que marcó para siempre con su actuación lo que debe ser una perfecta “femme fatale”, y Fred McMurray, magnífico en su rol de vendedor de seguros que se deja arrastrar al abismo. Y para completar la terna, Edgard G. Robinson, uno de los mejores y menos reconocidos actores del cine clásico americano, que aquí lo borda.
- Por último, la música de Miklos Rozsa envuelve el relato ayudando a crear esa atmósfera cargada y malsana.
Todo esto es “Perdicón”, el magnfico clásico de Billy Wilder que marcó la estética del cine negro e hizo un poco más grande al séptimo arte.
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75 de 84 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
UNA HISTORIA DE LOCOS CON UN FINAL DE LOCOS
Junto con "Sunset Boulevard" la obra cumbre de Wilder, una OBRA MAESTRA sin paliativos, abrumadora y espectacular.

Basada en la obra de John McCain (autor de obras tan conocidas como "El Cartero siempre llama dos veces" y guionista de la versión epónima de Bob Rafelson en colaboración con David Mamet..., o guionista de obras tan conocidas como "Alma en suplicio" de Michael Curtiz u "Ossessione" de Luchino Visconti) titulada "Three of a kind" y basada en un famoso caso real ocurrido a finales de los años 20 en NY, fue traducida de dos formas en castellano; para Sudamérica como "Pacto de sangre" y en España como "Perdición".

La espectacular y paradigmática fotografía en blanco y negro de John F. Seitz, es una referencia clásica dentro del cine azabache de los 40, y la música perturbadora de Miklós Rózsa, sobre todo al inicio de los títulos de crédito con la silueta de Walter Neff (o tal vez el señor Dietrichson) en muletas, ambientan esta cinta con guión adaptado del prestigioso Raymond Chandler y del propio Wilder.

Wilder recurre en esta cinta a algunos de sus personajes favoritos como ya hiciera en "El Apartamento" y/o "En bandeja de plata" ; el mundo de las compañías aseguradoras, con sus vendedores y sus ascensoristas..., y los sitúa en una trama de cine azabache; a saber el recurso narrativo de una voz en off (el personaje de Walter Neff interpretado brillantemente por Fred MacMurray), una mujer fatal (Phyllis Dietrichson interpretada por una cautivadora Barabara Stanwyck), un asesinato, un final tormentoso, perdedores,y humo, mucho humo...El de los cigarros de Walter y los puros de Barton Keyes,el jefe del departamento de siniestros interpretado soberanamente por el gran Edward G. Robinson...

Uno nunca se cansa de ver esta cinta sublime, que marcó la pauta junto con un ramillete de excelentes películas de uno de los géneros más grandes en la historia del cine, el de ese negro que siempre viste tan elegante...

Los diálogos tienen esa deliciosa, concisa y sentenciadora ironía de las novelas de Chandler y cuando la cinta llega a su fin, el eco de las últimas y recurrentes palabras de Walter Neff a su querido Keyes; "...yo también te quiero..." aún reverberan en nuestros oídos.

Como dato anecdótico y si queréis curioso, esta obra maestra tiene el orgullo de la participación de un españolito que por aquel entonces ya había trabajado a la orden de gente tan importante como Orson Welles y el propio Billy Wilder, interpretando en esta ocasión el papel de Sam Garlopis, un camionero que intenta "enchufar" un pufo a la compañía y es sonrojantemente desenmascarado por el sagaz Barton Keyes y "sus enanillos en el estómago", tan perspicaces ellos...

Para los fanáticos de esta obra maestra hay un enlace web de la película en su versión original; www.filmsite.org/doub4.html. Disfrutadlo.

M A G I S T R A L.
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59 de 73 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
¿Qué ingenuos y débiles somos muchos hombres?
La noche ha caído sobre la ciudad de Los Angeles, cubriendo con su manto toda la ciudad, intentando tapar las miserias humanas que en ella se esconden, pero esto no será posible.
Una voz en “off”, es de un hombre cansado y malherido, nos va relatando unos hechos en los que él ha sido uno de los principales protagonistas. De ésta manera se inicia una de las mejores películas de cine negro que han marcado a todos los cinéfilos, salió de la pluma de James M. Cain, y que posteriormente nuestro admirado Billy Wilder con la colaboración en el guión de Raymond Chandler, nos entregó en la pantalla.

Una vez empiezas a ver “Perdición”, te hipnotiza de tal forma que no puedes dejarla hasta el final. Basada unos vergonzosos hechos reales, nos cuenta la historia de un vendedor de seguros Walter Neff (excelente trabajo de Fred MacMurray) que fascinado por una de esas llamadas “mujeres fatales”, se deja arrastrar hasta llegar a la situación más decadente del ser humano. Esa mujer sin escrúpulos, calculadora, manipuladora y fría como un témpano, le hace realizar todo lo que ella tenía pensado, y aunque cínico es un hombre ingenuo y débil, y caerá totalmente en su trampa. Solamente hay una persona, que no se cree a la mujer, es el Jefe de Siniestros Barton Keyes (magistral trabajo de Edward G. Robinson) que solamente está buscando quién y de que forma ayudó a Phyllis Dietrichson (excelente Barbara Stanwyck) a realizar los hechos. Billy Wilder supo en seguida que tenía entre manos una obra maestra, y con la colaboración de John F. Seitz en la fotografía y de Miklós Rózsa en la música, lo consiguió.


Keyes a Walter: Muchacho en tú estado, no creo que llegues ni al ascensor.
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44 de 46 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Por el enano, que si no, el cate era mayúsculo.
¡Ding, Dong!
- Buenos días, vengo a venderle una enciclopedia.
- Sí pase. Oh, le amo. ¿Quiere matar a mi marido?

10 minutos después, en el supermercado...
- No nos podremos ver en una o dos semanas
- ¡No! Dios mío, ¿Podré sobrevivir sin poder tenerte entre mis brazos? (ponen mejilla contra mejilla)
- Cuidado, ¡la boticaria!, ponte las gafas de sol para que no te reconozca, agarra un paquete de azúcar, y silba.

Sinceramente, estas cosas no las puedo soportar. Si aparecen OVNIS, si Barbara Stanwyk resultase ser un alma en pena enviada por Satanás, si Fred MacMurray se pone a volar, incluso si Edward G Robinson da el estirón de golpe y mide 2 metros diez, hago acto de fé y me lo trago. Pero este amor, no. Sea intencionado o no, no me cuela. Por mucha cara de tolai que tenga el McMurray y por muy largas que sean las piernas de la Stanwyk, esto no lo digiere ni el menos espabilao. No dejéis que Wilder os la dé con queso.

Sólo por Edward, la película llega a ser interesante. El mérito del enanito es, por tanto, incalculable y hace que esta sea una de las mejores interpretaciones (¡y de secundario!) jamás realizadas en la historia del llamado séptimo arte.
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86 de 139 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Cine de lo más negro y pelín sobrevalorado
La perdición consiste para Walter Neff (Fred MacMurray), agente de seguros, en conocer a Phyllis Dietrichson (Barbara Stanwyck) cuando busca renovar la póliza de seguros de los dos automóviles de su marido. Yo no veo problema en saber desde el principio quién es el asesino de éste, porque el interés reside en cómo se desarrolla la trama y se descubre, no es saber quién cometió el asesinato.

Los afilados diálogos son los propios de cualquier novela negra de Raymond Chandler (aunque están extraídos de la obra de otro autor, él sólo se ocupó del guión) y puedes disfrutar de las rápidas frases que se intercambian Walter y Phyllis: en su primer encuentro, frente a las insinuaciones de él, ella le susurra “Me pregunto si entiendo lo que dice” y él le espeta directo “Me pregunto si se lo pregunta”. Genial.

Pero… siendo objetivos y procurando no dejarse llevar por la gran admiración que Billy Wilder nos inspira, la verdad es que ésta no es una película redonda. Para empezar, es más que chocante que Phyllis despierte en Walter esa gran pasión a los diez minutos de conocerse. Un calentón, se comprende, eso sucede incluso en menos tiempo, pero aceptar matar al marido de alguien que se acaba de conocer, eso sólo se hace por dinero, no porque en dos días se esté rendidamente enamorado. La historia continúa también de forma apresurada y apenas hay tonalidades grises en la psicología de los personajes. El disimulo del encuentro en el supermercado, consistente sólo en ponerse unas gafas oscura, es ridículo.

Ignoro si Barbara Stanwick resultaba en 1944 una convincente mujer fatal capaz de llevar a la perdición a un hombre. Supongo que lo de llevar una pulsera en el tobillo sería por entonces el no va más del atrevimiento y el atractivo sexual, pero a mí me parece muy poco atractiva en ese papel con la peluca platino. En papeles de mujer de carácter sí estuvo siempre creíble, pero como mujer extremadamente seductora, no me convence. Yo no mataría por ella y dudo también que Walter lo hiciera.

Me rendí sin discusión ante “Testigo de cargo” o “El crepúsculo de los dioses”, por poner sólo dos ejemplos de la filmografía de Wilder, pero a ésta no la puedo considerar una obra maestra del cine clásico. Eso sí, Edward G. Robinson en su papel de supervisor del agente de seguros, está asombroso.
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42 de 55 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Mis enanos nunca me han fallado
"Perdición" viene a ser como una receta magistral que determina a la perfección cuáles deben ser los procedimientos y aderezos necesarios para conseguir el sabor del más auténtico y genuíno cine negro. Sin embargo, disponer de todos esos ingredientes ( fotografía tenebrosa, música asfixiante, guión sin fisuras, diálogos mordaces e interpretaciones solventes ) no serviría de nada sin un cocinero para guisarlos adecuadamente. Billy Wilder es quien le infunde el estatus de obra maestra a "Perdición". No lo duden. Mis enanos cinéfilos tampoco me han fallado nunca.

P.D. : Barbara Stanwyck no lo hace mal pero con Lana Turner o Lauren Bacall como "femme fatale" mi nota hubiera ascendido automáticamente a 10.
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37 de 51 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
"¿Cómo imaginarse que el asesinato podía oler a madreselva?"
Billy Wilder, gran maestro que supo retratar como nadie los entresijos de la infidelidad y del adulterio motivados por la infelicidad conyugal, se introdujo de lleno en este thriller de cine negro que reúne todos los elementos imprescindibles para ser uno de los grandes exponentes de dicho género.
No ofrece nada que se pueda tachar de original ni de innovador. Personajes arquetípicos, situaciones de las que ya hemos visto repetidas veces, una trama que no se desvía de su desarrollo inexorable hacia el desenlace intuido... Pero lo que la convierte en brillante tal vez sea el carisma de los protagonistas, el guión minuciosamente elaborado, ese aire a gran clásico que se respira en este thriller que recoge una hora y media de inmortalidad.
El argumento puede sonar a típico, y lo es: agente de seguros varonil, seguro de sí mismo y con lengua ágil (ejemplo del tradicional galán machote, duro y exitoso con las mujeres) cae en las redes de una mujer turbadora (típica femme fatale rodeada de un halo sensual y peligroso, calculadora y todo menos florecilla indefensa). Alrededor de ellos, giran otros arquetipos, como el investigador y sabueso de la agencia de seguros, encarnado por un portentoso Edward G. Robinson. Sus audaces y acertadas intuiciones y deducciones son dignas de seguir, convirtiéndolo en uno de los personajes más interesantes. También tenemos el clásico marido adinerado y rudo, que mantiene con su esposa una relación tensa y déspota. La joven hija del primer matrimonio del marido, que supone un obstáculo...
Ingredientes tradicionales reunidos con gran elegancia, con magnífica viveza y agudeza en los diálogos; la atmósfera de pasión prohibida, de disimulo, de transgresión de los límites de la moralidad, de desobediencia ciega a los dictados de la conciencia, de funesto presagio...
Película que, en el fondo, trata de algo tan universal como las locuras que se pueden llegar a cometer por pasión amorosa. Del instante en que la vida entera da un vuelco absoluto, pasando del equilibrio y la estabilidad a la zozobra y la sensación de que el suelo se vuelve movedizo bajo los pies. Y, si dicha pasión arrolladora va acompañada de ambición y avaricia, entonces razón de más para que muchos pierdan la cabeza por completo.
Este drama nos habla sobre el momento en el que caemos para perdernos sin remedio en el laberinto de las tentaciones más fuertes (las del amor, del deseo y de la codicia), momento en el que arrojamos por la borda las precauciones y apostamos todo a una carta. Y hay tantas probabilidades de que la jugada salga bien, como de que salga mal.
Y, mientras descendemos conscientemente, pero inevitablemente, al dulce infierno que va cavando una tumba a nuestro alrededor, y en el fondo sabemos que allá abajo, al final de la caída, sólo nos espera un duro golpe... Pese a todo, nos arrojamos al vacío porque preferimos la seducción del abismo a la seguridad de caminar sobre tierra firme y llana.
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31 de 39 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
Turbiedad con fecha de caducidad
Tendré que ser la voz disonante en esta avalancha de críticas entusiastas, porque a mí la verdad es que esta película no me ha transmitido gran cosa.

Se nota que es la obra de un guionista, porque lo que es el entramado del crimen está reflejado de una manera sólida, a prueba de bombas, todos los cabos están muy bien atados, sin fallo alguno. Ahora bien, exceptuando a Edward G. Robinson, que está excelente y lo mejor de la película, las interpretaciones no me parecieron gran cosa, especialmente las de su dúo protagonista Fred McMurray y Barbara Stanwyck (siendo frívolo, incluso diré que me pareció poco agraciada). No me parecieron creíbles de lo artificial que resultan, no pude asimilar su historia de amor, que sucede de manera tan repentina. Y la renombrada sordidez no me parece tal. Seguro que soy yo, que juzgo con ojos contemporáneos la historia, pero la verdad es que es que en ningún momento llegué a sentir esa sensación de "qué jodido que es todo esto", todo me pareció bastante higiénico. Y no hace falta recurrir a Ciudad de Dios para encontrar esta sensación, otra obra cumbre del cine negro, La Jungla de Asfalto, si que consiguió hacerme notar ese sentimiento tan clave en el noir, ahí si que noté turbiedad por un tubo. Para colmo la banda sonora me chirrió en exceso de lo oxidada que está, tampoco ayuda a crear esa terrible atmósfera que se supone nos ha de oprimir. Globalmente he de decir que para mí se trata de un film bastante caduco y muy inflado.

En fin, que yo, como hijo de mi tiempo, sigo sin conectar plenamente con el cine de Billy Wilder. Me gustó moderadamente El Apartamento y El Crepúsculo de los Dioses, pero el resto me suele dejar bastante tibio y no consigo notar su grandeza, como es este caso.
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48 de 74 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
Madre mía...
Ocurre infinidad de veces que a los 5 minutos de una película dèjá vu, va uno y recuerda el final. Es una auténtica putada. Pero no es excusa para dejar de maldecir a Trueba una y mil veces: a poco que te dejes llevar por su horrible diccionario de "mi cine" (el suyo), encontrarás spoileada la película entera. Ya sabéis... con eso de que Wilder es Dios, va el tío y te la despotrica de cabo a rabo. Aprovecho para desaconsejar, con enjundia, el mayor libro de cotilleos recientes sobre la historia de cine que se ha publicado en España: "Mi diccionario de cine" de Fernando Trueba. Eso sí, en su afirmación de que Wilder es un Dios al celuloide, no me atrevo a rechistar, al menos por lo que a esta película se refiere.

Madre mía...

Peliculón donde los haya. ¿Cine negro? No lo sé. "Perdición" está muy por encima de cualquier género. Es cierto que a la vez que se enfría la relación entre la pareja protagonista, la película se enturbia cada vez más, con la magnífica narración en off de MacMurray, (nadie como él aguanta esos primerísimos planos), la inquietante intervención de Barbara Stanwyck, atractivamente enigmática y más si cabe del grandísimo Edward G. Robinson, siempre al acecho.

Y para derroche de magistralidad: luces y sombras, un juego de contraluces y claroscuros cargados de tensión, con el sudor de MacMurray a cada minuto más insufribles.

Cuando crées que la historia está servida en bandeja y que ya no puede dar más de sí, Wilder sigue repartiendo estopa y alimentando un guión magnífico, sobrado. La trama se complica hasta el no va más pero sin florituras, sufriendo con cada pronunciación sin aliento de la narración genial de la que se hace cargo el protagonista. Y el más difícil todavía, con coherencia.

"Perdición" provoca ansiedad. Y angustia, metiéndose en el pellejo de MacMurray. Con la que se le viene encima...

Edward G. Robinson remacha un trío de actores tremendos, debatiéndose entre dudas como un malabarista tirando al aire pelotas, hipótesis, conjeturas que nos rondarán durante la película entera, hasta el final. Y sin tregua.

Magistral Wilder, por enésima vez. Viva la madre que lo parió.
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27 de 34 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
MANANTIAL DE CINE NEGRO
Mientras pasan los títulos de crédito, la silueta de un hombre con muletas camina hacia nosotros hasta oscurecer la pantalla.
Preludia el tono de lo que viene, sombrío; para Brackett, coguionista de Wilder en aquella época, demasiado sombrío. Ante la sordidez de la novela de Cain, se hizo a un lado. Encontraba rechazable el argumento, con personajes codiciosos, de apariencia normal pero capaces de todo por dinero: pensando en unos miles de dólares los ojos les hacen chiribitas, literalmente.

Contratado Chandler, muchas frases del excelente guión brillan con filo inconfundible. El primer diálogo entre el vendedor de seguros Neff y la señora Dietrichson, de fluidez vertiginosa, tiene su sello.

En los minutos iniciales Neff, herido, dicta a una grabadora la narración de la historia. Comienza con una apretada sinopsis y da paso a una serie de amplios flashbacks que, a modo de capítulos, se suceden con ritmo perfecto, en tensión constante y sin violencia visible.

La fotografía se mueve entre tinieblas, siguiendo la pauta de “M, el vampiro de Dusseldorf”. Noche, penumbra, lámparas apagadas. Desde ámbitos a oscuras se ve llegar a alguien. Una luz exterior dibuja el marco de la puerta. Primero entra la sombra, luego la figura.
Para escenas claras, la iluminación ‘de noticiario’ que deseaba Wilder.
Suelen ser las correspondientes al supervisor, una excelsa creación de Edward G. Robinson. Guiado por golpes intuitivos, aplica como un atleta mental la lógica deductiva a la reconstrucción de los hechos, con todo detalle.
Fumando en su despacho ve con el pensamiento a los personajes moverse sigilosos, ocultos bajo sombreros, velos, con pasos sin ruido, por despoblado; ve lo que está lejos y lo que está algo más cerca, pero no puede ver lo que está demasiado cerca.

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*Cosas que hay en este manantial permanente de cine:

-Sombrero puesto la mayor parte del tiempo.
-Cerillas que se encienden con la uña, a una sola mano.
-Polvo flotante en el aire oscuro.
-Una pulsera tobillera.
-Puertas de apartamento que se abren hacia afuera.
-Reflejos irisados en una peluca rubia.
-El dictáfono, que guarda todo en palabras dichas.
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24 de 28 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Futilezas a parte, una gran obra
Cuando uno empieza a ver "Perdición", es imposible que no se sienta inmerso en la historia que Wilder está retratando, pues desde esa ambientación tan turbia lograda con exquisitez, mediante un buen uso de la iluminación y la inclusión de una banda sonora muy adecuada, o esa narración en off que procede a desgranar la historia desde la perspectiva del protagonista, Walter Neff, contribuyen en gran parte a que el espectador se sienta uno más.
Además, el punto de partida, aun y a estas alturas, resulta tan vibrante como en otras grandes obras del género: Por esa relación que se establece bien pronto entre los dos protagonistas, por esos endiablados diálogos conformados soberbiamente para el deleite del espectador y por ese planteamiento que busca un poco de atención y la obtiene en seguida gracias a sus variadas virtudes, que no son pocas.

Sin embargo, la película peca de ser demasiado obvia. Y ojo, que cuando digo obvia no me estoy refiriendo a que pueda resultar previsible o tópica (sería una estupidez hablar de esos parámetros cuando estamos ante una obra de los años 40, una de las precursoras del género). Cuando digo obvia, me estoy refiriendo al direccionamiento que le da el cineasta a su film, pues tras ese direccionamiento, las intenciones de cada uno de los protagonistas y el como irán avanzando junto a la cinta resultan demasiado evidentes. En primer lugar, porque el trazo al que somete Wilder a sus personajes es demasiado esclarecedor, haciendo que en seguida sea visible el cauce que tomarán sus decisiones y cuales serán los aciertos y los errores de estos, cosa que evidencia un transcurso, si bien notablemente urdido y armado, no tan satisfactorio en otras vertientes. Y en segundo lugar, puesto que las explicaciones que se ofrecen entorno al caso principal, también resultan claras en exceso, haciendo que uno tenga la certeza de como terminará transcurriendo todo.

De todos modos, ese pequeño escape no es más que futileza si la comparamos con la envergadura de la obra, sobre como posee ese extraño magnetismo y como ese halo de turbación se apodera de la pantalla constantemente, cada vez que una de las reflexiones del protagonista se dilucida gracias a la voz en off antes mencionada.
De las que hay que ver. Sobre todo si eres uno de esos amantes del cine negro de siempre.
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39 de 59 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
Yo también te quiero
Del trío formado por Wilder, Raymond Chandler y James M. Cain nació la que, sin lugar a dudas, es una de las mejores películas de cine negro de la Historia del Cine y una de las cimas de este Arte en general.
Con "Perdición" Wilder asomaba su talento de forma absolutamente maravillosa, con una historia genialmente escrita en un guión formidable que, sin desmayo, nos conduce a las irresistibles fauces del mejor cine negro, que muchas veces es decir del mejor cine.
Eléctrica, envolvente, agílisima y soberbia, regada de un humor ácido que corroe todo lo que pilla a su paso y que engrandece aún más sus afilados y agudísimos diálogos de doble filo.
En esencia, "Perdición" es la historia de un hombre muerto en vida tras ser arrastrado hábil y retorcidamente por una pérfida y codiciosa mujer, por una "femme fatale" que lo guía al despeñadero de un destino implacable, al caer al núcleo de una tela de araña sin escapatoria, dónde la violencia y el daño son mucho peor que físicos, de tipo moral, aniquiladores del alma. Y un hombre sin alma es ya un hombre muerto.
Genial de cabo a rabo, tiene unas interpretaciones apasionantes y memorables de MacMurray y Stanwyck, y literalmente maravillosa del inolvidable Edward G. Robinson. Imprescindible. Y, por cierto, "yo también te quiero", amado Billy.
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24 de 29 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
Vergüenza ajena
Ya está bien de obras sobrevaloradas porque carguen con apellidos ilustres como Ford, Wilder o Lang, o hayan sido dirigidas en los años 40 ó 50.

Esta película, dentro del estricto género noir podrá catalogarse como obra maestra, pero dentro de la creación cinematográfica humana (que no sólo incluye el Hollywood de los 30 a los 50), se trata de una película vulgar, como la mayoría de su especie.

-El argumento y su desarrollo es inverosímil; es puramente novelesco (válido para un texto escrito e impreso por Chandler), pero sin lógica en el mundo real.

-Los sentimientos y afecciones aparecen como inmotivados, en todo caso no suficientemente desarrollados, lo que ofrece planitud y estupidez a gran parte de los personajes.

-La selección de cásting es entre correcta y floja; la pareja protagonista, sin comentarios. Un extraordinario agente comercial con cara de panoli y una abominación de femme fatale (no había actrices guapas en Hollywood enlos 40?). Mr. Robinson, eso sí, excepcional.
Las interpretaciones de la mayoría del reparto, superan en hieratismo a las esculturas del románico.

-Me pone de los nervios (y sé que es una convención del género) que durante todo el metraje no haya ni un solo segundo de silencio, ya sea debido a la pésima banda sonora o al martilleo de los diálogos a 200 por hora.

-Otra convención del género que me irrita: el hecho de que hablen muchísimo más rápido de lo habitual y con tal chispa y mordacidad que convierte todos los diálogos en antinaturales e incluso causen sonrojo. Quizás Wilder, como citaba alguno en una crítica, pretendiera que el espectador no fuera consciente de los movimientos de cámara, pero lo que ningún espectador honrado pueda negar es que, como en la mayoría de films negros, se es plenamente consciente de que los actores están recitando de memoria un texto, y cuanto más rápida y atropelladamente mejor. Y en el cine no hay nada peor que eso; es como ir al teatro y ver a los actores interpretando con el guión en la mano.

-Los aspectos técnicos del film (irreprochables, aunque tampoco implican un riesgo o una transgresión excepcional) son los que elevan mi puntuación al 6.

-En resumen, show puro y duro, entertainment y poco más; ritmo frenético y atropellado, historia anecdótica e indiferente, inverosímil en todo caso, interpretaciones flojas salvo una, banda sonora floja, maestría técnica...una película buena y canónica dentro de su género, pero regular dentro de la historia del cine.
Si esta cinta está cerca del 9, algunas obras de Tarkovsky, Bergman o Renoir deberían andar sobre el 13 ó 14.
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47 de 77 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Buena, una más del maestro.
Si algo nos ha gustado siempre a los amantes del cine negro, es la posibilidad de ir degustando poco a poco toda esa trama de suspense, acción, intriga y personajes oscuros que en este género se pasean por la pantalla dejándonos generalmente con la boca abierta.

Por desgracia, y pese a ser una buena película, éste no es el caso. Si bien "Perdición" es un film visualmente atractivo, con personajes magníficamente perfilados y una excelente puesta en escena, el saber desde el minuto uno prácticamente todo lo que va a suceder le resta parte de su valor cinematográfico.



Lo mejor: ese pequeño gran actor que fue Edward G. Robinson, se come literalmente a sus compañeros de reparto, y la estupenda ambientación.

Lo peor: que no da al espectador la menor posibilidad de elucubrar y una femme fatale algo blandita.
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25 de 33 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
Ya lo dice la sabiduría india, por citar una.
Allá por los tiempos en que la América del norte era tierra de indios (los de las plumas, no los de las vacas) casi exclusivamente, (porque Vikingos no vemos en los Western, ni se han encontrado aún cascos con cuernos en el cañon del Colorado) cuenta la historia, que una mujer de avanzada edad, recogía troncos en un bosque helado por la nieve para hacer con ellos un fuego en el que calentar su cuerpo y la sopa para la cena. Cuando ya casi había reunido los sufiecientes pedazos de madera como para asegurarse una noche agradable y mantener alejadas a las fieras autóctonas, encontróse ésta con el cuerpo congelado de una serpiente que asemejaba más una ramita de pino que un reptil en sí.

Pasen al spoiler por favor, si quieren saber cómo termina el cuento y mantener el final de la peli en secreto.
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27 de 38 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
Tramas con trampas
Decepcionante...El guión cojea continuamente. Con Wilder siempre tengo la impresión que me está engañando en sus mal armadas tramas, llenas de trampas. Y precisamente son sus guiones y diálogos por lo que es alabado, no lo entiendo. Exceptuando "El apartamento" y "El crepúsculo de los dioses" que me parecen grandes películas, el resto de su filmografía (con altibajos) me dejan muy frío e indiferente. Creo que la última que veré de Wilder...
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27 de 39 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Perdición (1944)
Paradigma del cine negro, un género que alcanzó su plena madurez en los años 40. Famoso por sus ácidas y satíricas comedias y por poseer una filmografía repleta de obras maestras, Wilder fue un artista que también mostró su genialidad en otros géneros como el suspense, el drama social o la sátira.

Narrada en forma de confesión, el filme reúne algunas de las características que usualmente imperan en el cine negro: la voz en off, el flashback, la "femme fatale", el ambiente urbano, la tensión, los giros imprevistos en la trama, el pesimismo o la iluminación tenebrosa en claroscuro.

'Perdición' es una historia repleta de misterio donde un hombre común queda atrapado por las tenues y encantadoras garras de una "femme fatale" que, motivada por la codicia, actúa sin escrúpulos. La villana explota su sexualidad para manejar al desdichado varón en su maquiavélico plan.

Llena de agilidad y mordaces diálogos, la trama se ve envuelta en una vorágine de ímpetus prohibidos dentro de un turbador mundo cuyo interior está inundado en la tristeza de las relaciones afectivas. Sus personajes, perfectamente definidos, terminarán dentro de un laberinto sin salida.
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14 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil
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