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(Mi) Punto de Vista (In)Documentado IV
Como la escucha de una confesión proferida entre balbuceos. True Love comienza con Ion haciéndose un tatuaje en el pecho, y nos cuenta su historia de desamor con Marta acontecida cuando ambos vivían en Paris. Entre el interior de su casa, la pizzería donde trabaja y el barrio periférico que habitan (con detención metronómica en las pintadas de las paredes y el retorno a los mismos lugares para registrar el ruinoso paso del tiempo), el trabajo de Ion se compone de multitud de fragmentos en 16mm y en video rodados por él mismo y por unos cuantos amigos. Recomposición que, al modo del esbozo y el sketch, nos presenta escenas íntimas y domésticas (hasta la intimación extrema de mostrarnos el interior de su cuerpo, en el metraje filmado por un doctor que le realiza una gastrotoscopia, en una de las escenas más desagradables del certamen y al tiempo una certera metáfora de una exhibición atroz y de la confesión como estilo; que la propia pareja defina sus escenas como “porno” no le resta valor) y un trabajo programático del espacio. En ese difuso vaivén, y en un voluntario ensimismamiento, la figura de Ion se nos acerca reflejada, mostrándonos su propia experiencia como un conjunto de ruinas, como lugar des-angelado sobre el que quedan las marcas que hicimos, lo vivido. La película vivida o realizada, como un tatuaje, aunque algo ingenuo, que enlaza True Love con la obra de una cineasta que también utiliza la cámara para tatuarse sobre el cuerpo: la Naomi Kawase de Cielo, viento, fuego, agua, tierra (01). En su automatismo, True Love adquiere finalmente tintes luminosos, casi epifánicos.
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