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7
Áspero Enclave
Retomar el género del western pudiera parecer un acto de nostalgia o escapismo, pero revitalizarlo, renovando sus entrañas con tanto mimo como respeto es una labor digna de elogio que merece ser resaltada. Esto es el caso del presente filme que evoca las cintas de vaqueros del Hollywood clásico pero añadiendo un brioso discurso autocrítico que lo convierten en una rareza llena de audacia y rabia. Estamos en Australia, años veinte del pasado siglo, pero sólo la alusión velada a la Gran Guerra Europea (luego llamada I Guerra Mundial) nos permite determinar la época. Y como todo país colonizado por los desteñidos europeos y con una milenaria población autóctona aborigen, el rechazo, desprecio y vejación con la que los invasores agravian a los nativos nos recuerda que todos somos culpables de unas actitudes arrogantes y racistas, por demasiado tiempo consideradas ‘normales’.

Negar la evidencia de esa infausta y perseverante ignominia visceral nos llevaría a repetir los errores del pasado. Por ello lo que podría parecer una cinta localista se erige así en una pertinente acusación intemporal contra todos aquellos que se creen superiores e inmaculados, recordándonos que la fraternidad y la compasión son tan humanas como cicateras y que conviene acordarse de dónde venimos para no tropezar de nuevo en la misma piedra de la infamia. Basta con que un nativo mate a un blanco para que el ‘sentir popular’ lo quiera linchar sin más, obviando los detalles y disquisiciones de leguleyo que permitan determinar su grado de culpabilidad o los motivos exactos de semejante suceso. Este es el meollo del relato: mostrarnos una sociedad escindida entre ‘nosotros’ los buenos por la gracia divina y los odiosos ‘otros’ criminales por naturaleza y pigmentación de la piel.

Además nos propone un recorrido punzante y nada benévolo – aunque quizás algo premioso – sobre un paisaje tan lejano como severo, tan inhóspito como rudo, es decir, de la Australia ‘profunda’ alejada tanto de las metrópolis bulliciosas como de las leyes que oficialmente rigen esos recónditos territorios quizás ya ‘independientes’ pero tanto entonces como ahora bajo el dominio de la áurea corona británica. Pocas veces se ha visto tan bien retratado el complicado tema de la justicia humana como en esta agreste propuesta a trasmano de fatigados tópicos al uso. Y al cubrir su inequívoco discurso antirracista en un envoltorio insólito y remoto nos permita apreciar mejor el esfuerzo que requiere construir un mundo cabal y recto en la bárbara lontananza de la periferia, donde impera la ley del talión.

Es admirable la reconstrucción de una época pasada y, sin embargo, aún próxima. Y aunque el ritmo demasiado moroso – elegido de forma consciente – pueda desafiar nuestra paciencia, el resultado final es encomiable y desolador.
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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Crítica de Sweet Country por Cinemagavia
En su extraordinario debut cinematográfico con “Samson and Delilah” en 2009, el realizador, guionista y director de fotografía Warwick Thornton esboza brillantemente los problemas contemporáneos de su pueblo, los aborígenes. Sitúa la acción en una sociedad donde son considerados como ciudadanos de segunda clase, sufren la pobreza, padecen adicciones y con un índice muy bajo de alfabetización.

Esa idea inicial sobre los aborígenes desfavorecidos que luchan contra los perjuicios preconcebidos de la sociedad australiana contemporánea inspiraría a Thornton a realizar una versión moderna de la historia bíblica de amor entre Sansón y Dalila. Ahora con Sweet Country, el director australiano muestra la forma en la que han sido tratados los habitantes originarios de Australia durante décadas, y como los problemas a los que se enfrentan los aborígenes han sido creados por el propio opresor blanco. La tierra de las tribus aborígenes fue arrebatada, su cultura y tradiciones destruidas y la gente humillada. En ambas películas sus protagonistas huyen tras una tragedia.

La trama de Sweet Country se basa en una historia real que el guionista David Tranter (aborigen al igual que el director Warwick Thornton) oyó una vez a su abuelo, sobre un juicio ocurrido en los años veinte donde un nativo fue arrestado y juzgado por el asesinato de un hombre blanco. En la película el personaje se llama Sam Kelly (Hamilton Morris) que junto con su esposa Lizzie (Natassia Gorey Furber) viven bajo la custodia del afable predicador Fred Smith (Sam Neill). El matrimonio es tratado por el religioso con dignidad y de forma igualitaria. Esta relación lamentablemente es una excepcionalidad en aquella época ya que la mayoría de los aborígenes tienen dificultades con sus amos.

La caridad y fraternidad de Fred conlleva prestar a Sam y Lizzie a su nuevo vecino, Harry March (Ewen Leslie), un militar recién llegado del frente que desea la ayuda de Sam para arreglar su valla. Una decisión equivocada que dará lugar a unos trágicos acontecimientos. Harry es una bomba siempre a punto de explotar, un hombre amargado y violento que trata a los aborígenes con desprecio. Este hecho provocará situaciones conflictivas y tensas, fuera de control, que terminarán con la muerte de March por Sam en defensa propia. El matrimonio se ve obligado a huir al desierto. Un grupo dirigido por el sargento Fletcher (Bryan Brown) comienza una persecución contra Sam y Lizzie.

Tiene todos los elementos propios de un western clásico: vaqueros, disparos, paisajes polvorientos, personajes taciturnos, bebidas, los sombreros característicos, la frontera……..Sweet Country bajo la envoltura de un western narra una historia sobre racismo, y el sometimiento de todo un pueblo.

En el western clásico, los blancos son los “buenos” y los indios los “malos”, sin embargo, Sweet Country se desvía de esa idea, y aparentemente en un inicio concebimos a los aborígenes como héroes sobreviviendo ante la explotación del hombre blanco. Digo aparentemente, porque al finalizar la película te das cuenta que, no todos son tan buenos en un bando ni tan malos en el otro. Todos intentan sobrevivir a su manera en un mundo duro y despiadado.

Warwick Thornton deliberadamente no utiliza música en su película, a excepción de “Peace in the Valley” de Johnny Cash bajo los créditos, de esta manera los sonidos ambientales adquieren un papel relevante y exigen nuestra atención. La hábil forma de utilizar y jugar con el sonido ambiente contribuye a intensificar situaciones inquietantes y turbadoras.

A través de fragmentos de flashbacks y forwards, Thornton revela lo que sucedió o está a punto de suceder. Estamos ante una película amarga, con una puesta en escena sencilla y austera, desprovista de adornos, y con un reparto muy justo sin apenas extras.

El paisaje es otro elemento inconfundible y característico de la película. Al igual que el Gran Cañón está interconectado con el Oeste de Estados Unidos, Outback, región interior de Australia, impregna de carácter a Sweet Country. Los alrededores de Alice Springs, la única gran ciudad del interior y lugar de nacimiento del director, son hermosos e impresionantes, y están bellamente filmados por Thornton y su hijo Dylan River.

La naturaleza salvaje de la zona con las áridas praderas adornadas de elementos rocosos, los charcos de agua en medio de desiertos de sal, sirven de hermoso telón de fondo para reflejar la dura realidad a la que se tiene que enfrentar y adaptar el hombre y el ganado para sobrevivir. La muerte parece estar siempre al acecho en este paisaje.

Las dilatadas imágenes de la superficie de la tierra adquieren con frecuencia una belleza adicional debido a que van acompañadas de peculiares fuentes de luz, como la luna llena o el amanecer, filmadas con mucha sensibilidad y cuidado por Warwick Thornton.

Sweet Country con la utilización de un ritmo comedido, escasos diálogos y el apoyo de la impresionante belleza del interior de Australia, parece que Warwick Thornton intenta transmitir al espectador un mensaje donde deja entrever que realmente se ha avanzado bien poco desde 1929 hasta nuestros días en cuanto al trato y reconocimiento de su pueblo.

https://cinemagavia.es/sweet-country-pelicula-critica/
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2 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
Colonialismo y poder
Inspirada en una historia real sucedida e Australia e 1929, este western con el tema del racismo por medio, utiliza el paisaje como un actor más y consigue transmitir, al menos por momentos, con fuerza el dramatismo de las situaciones.
Sin embargo no acaba de cuajar del todo, ya que las situaciones son predecibles.
El colonialismo y el poder son los dos grandes temas del film.
El titulo obedece tanto al asombro del personaje ante la belleza del paisaje, como al lamento final de otro: “¿Qué será de este país?”.
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6
La bondad y la verdad son presas propicias de la violencia
Western australiano que transcurre por los territorios del verismo, enmarcado en una fotografía espectacular y unos paisajes agrestes o acogedores según quien los transite.
Hace cerca de un siglo la mayoría de los granjeros blancos de nuestras antípodas, al igual que los americanos, poseían caballos, vacas y negros sin deferenciar demasiado su valor. Con el agravante además de que los tipos "civilizados" habían sometido, esquilmado y esclavizado las tierras de Oceanía y a sus nativos. Ni siquiera se tuvieron que molestar en comprarlos o en ir a cazarlos a África. En este deshumanizado panorama transcurre la odisea de Sam Kelly, un sensato e íntegro aborígen que se ve obligado a defenderse de un colono borracho y desalmado.
La jauría de los racistas y los funcionarios corruptos abogan por su muerte inmediata, pero un jurista defensor de los derechos de los individuos consigue llevarle a juicio para que argumente en su defensa.

Warwick Thornton, nacido en Alice Springs (Australia) hace 47 años, es un defensor de la cultura de sus ancestros y aunque ama a su tierra de ahí el título (Sweet Country) no duda de que el mayor peligro vendrá de algunos de sus habitadores, de ahí el lamento del predicador: ¿Que será de este país?
Aunque lo que se cuenta tuvo lugar en el primer tercio del siglo XX, los comportamientos de unos y otros son extrapolables a nuestros días. Y es que la pobreza, ignorancia, abuso, injusticia y falta de escrúpulos siguen dañando la convivencia de los seres humanos. Y el esclavismo, que escondía algunas raicillas, ha rebrotado de forma violenta disfrazado con fórmulas que huelen a vaselina y neologismos hipnotizadores.
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6
Colonialismo racista
La película se proyectó en el Festival de Cine de Venecia en 2017 donde ganó el Premio Especial del Jurado, ocho años después de que Warwick Thornton su director fuera galardonado con la prestigiosa Camera d'Or en el Festival de Cannes por  Sanson y Dalila en 2009.

Warwick Thornton toma una historia verdadera ocurrida a principios del siglo pasado para mostrarnos un western en unos parajes australianos preciosos donde el racismo de los colonos ingleses  hacia los aborígenes era brutal. Toda una época oscura donde el sistema judicial empezaba a tomar forma gracias al avance de la civilización pero que para muchos habitantes era un "atraso" acatar ciertas leyes.

Sam Neill interpreta a un predicador que convive con el aborigen Sam (Hamilton Morris) y su esposa, cuando una disputa con el vecino del rancho de al lado acaba con la muerte del hombre blanco en defensa propia por parte de Sam,  da lugar a una persecución y a un largo juicio. También aparece Bryan Brown (F/X) en el reparto como un soldado fronterizo.

Muy bien filmada con una excelente fotografía y muy buenos diálogos, pero con un ritmo algo lento a la hora de contar esta historia que resulta también bastante predecible. Pero en resumidas cuentas es una buena película que nos muestra bastante bien una época colonialista de los británicos con el inicio de la independencia de un nuevo país, así como el racismo hacia los nativos australianos por parte de los nuevos invasores.
Destino Arrakis.com
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8
La justicia en el punto de mira
El director australiano Warwick Thornton nos presenta su último trabajo, un maravilloso western de los de la vieja escuela. Dirigió los cortometrajes “Green Bush” y “Nana”. En el año 2009 presento su opera prima “Samson & Delilah” con la que logro ganar la Camera de Oro en Cannes. Sweet Country gano el premio del jurado en el último festival de cine de Venecia y también estuvo presenta en La Seminci, que fue donde yo la pude disfrutar.

Nos cuenta la historia de Sam Kelly, un nativo australiano de mediana edad que trabaja como agricultor en las tierras de un predicador. Todo transcurre sin ningún problema, hasta que aparece un veterano de guerra en estado de embriaguez y empieza a dar problemas.

Después de tanto aguantarle Sam se enfrenta a él en una pelea y el otro acaba falleciendo. El predicador se da cuenta que ha cometido un gran error al prestarle sus trabajadores al malvado hombre que se creyó con el derecho de poder abusar de ellos simplemente por ser esclavos.

A partir de ese momento Sam y su familia se ven sometidos a todo tipo de presiones por parte de los colonos, porque aunque lo mato en defensa propia, al fin y al cabo es un aborigen y ha matado a un hombre blanco. Tendrán que huir hacia el interior del país para seguir con su vida.

El director nos va contando la historia de una manera asfixiante, nos presenta de manera sublime la desesperación, la desconfianza y el desencanto de esta pobre familia.

El continuo polvo, el calor y los duros paisajes del desierto se convierten en otro personaje más, nos muestra un uso escueto y preciso de los diálogos y un profundo sentido del lugar. Y qué decir del guion y su desarrollo.

He disfrutado mucho con esta cinta ambientada en los años 30, donde se nos muestra el tema del colonialismo, el derecho y el poder, pero con un más que convincente eco contemporáneo. También la película pretende dar un mensaje al espectador y presenta la división racial en el país oceánico de manera pocas veces vista.

Lo mejor: El guión y el paisaje.
Lo peor: Nada
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7
Sweet Country – Desiertos discriminatorios
A pocos días de que llegue de manera prominente el verano, y a pocos días de que clausurase el último festival de Cannes, todavía siguen llegando a nuestra cartelera películas importantes de los festivales grandes del año pasado. En mayo está siendo el turno de las películas programadas en Venecia en 2017. Y a falta de contemplar los nuevos trabajos de Haigh o Pallaoro, y tras haber disfrutado de los filmes del certamen de Del Toro, McDonagh, Aronofsky, Clooney, Payne, Legrand, Doueiri, Kore-eda, Virzì, Wiseman o WeiWei, llegó el turno de descubrir en pase de prensa el filme que nos ocupa. Una película que también se proyectó en la Sección Oficial de la última Seminci, pero que me pilló fuera de combate. Hablamos del western australiano de temática racista Sweet Country, segunda película del realizador de ascendencia aborigen Warwick Thornton. Película de atractiva sinopsis y sugerente aspecto visual. Las críticas eran positivas, y no en vano recaló algunos galardones durante su recorrido por festivales. Por ello, no dudé en confirmar asistencia al pase tan pronto como pude. Y que duda cabe, saboree una buena película, pero considerando su recorrida, también decepcionante. El filme es bueno, e innegablemente elegante, así como lo suficientemente interesante como para merecer su visionado, pero está atado por un argumento típico. Nos implica en su drama y nos atrapa en el desarrollo rítmico de ciertas secuencias, pero esta belleza formal no oculta una narración monocorde y simplista.
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7
Un episodio racial en Australia
He tenido la oportunidad de ver este destacado largometraje dirigido por Warwick Thornton, responsable de títulos como "Samson & Delilah". Está inspirado en una historia real sucedida en el interior de Australia en 1929. Cuando el aborigen Sam (Hamilton Morris) mata al propietario blanco Harry March (Ewen Leslie) en defensa propia, Sam y su mujer Lizzie (Natassia Gorey-Furber) emprenden la huida. Pero la pareja será perseguida de forma incansable por las autoridades. Este excelente film australiano tiene una apariencia de western que cuenta un drama sobrio sobre el racismo y la violencia en la historia del pasado de un país, que puede tener ecos de la intolerancia de hoy en día. Hace pensar en que los hechos del film tienen lugar después de la primera Guerra Mundial, no hace tanto tiempo y tienen eco en el presente. La película, que en algunos momentos tiene un montaje paralelo que ayuda a entender mejor las acciones de los personajes, cuenta con imágenes bellas, crudas y visualmente es expresiva, el director sabe captar los paisajes del país, con una fotografía a cargo de Dykan River y el mismo Thornton. Podemos ver los diferentes estratos de la sociedad: el religioso, judicial, el aborigen y la película está bien interpretada por Hamilton Morris, Bryan Brown, Sam Neill , Thomas M. Wright y Matt Day. La cinta fue muy bien recibida en la Mostra de Venecia del año pasado donde ganó el premio especial del jurado.

Valoración: 7 '5

Lo mejor: trata un tema vigente y la cuidada fotografía.
Lo peor: los personajes femeninos están poco desarrollados.

https://josh-cine.blogspot.com
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5
Soso western
Es un western muy mundano, muy plano, que no aporta absolutamente nada y que incluso da la sensación de que sobra. Su reparto no está mal (Hamilton Morris, Bryan Brown… e incluso aparece Sam Neill) y cuenta con algún gag simpático, pero su desarrollo es de cajón. Apenas hay sorpresas en el guión y la historia paralela del crío pequeño no termina de encajar al cien por cien.

Tampoco ayuda el montaje, que destripa en algunas ocasiones las mínimas sorpresas que podría darnos la historia, utilizando erróneamente flashbacks que buscan volver un poco loco al espectador. Vamos, que no levanta grandes pasiones.

Más en: https://alquimistacinefilo.wordpress.com/
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6
6/10
Película buena. Abstenerse quienes son amantes de la acción trepidante ya que estamos ante un metraje muy crudo, lento y que se consume a fuego lento. Muestra de ello es que no hay música en toda la peli. Interpretaciones, fotografía y guion muy Buenos.
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