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9
Rompiendo el mito del galán Latino
Refrescante film, que hace honor a la comedia de enredo italiana y española, al humor latino.
El título es incorrecto a mi juicio, se debió conservar el original: LATIN LOVER ya que el protagonista es precisamente un galán italiano"de la época de oro de este cine.
Sorprende mucho, todos están fabulosos y especialmente Candela peña que como siempre se crece en cualquier personaje que interpreté "Gran actriz" entre grandes actrices" No se la pierdan.
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4 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
4
Intrascendente y anacrónica.
Comedia teatral con un buen plantel de actores, entre ellos los españoles destacan en papeles muy acertados. Aún así, el tono casi teatral y un libreto para nada original, muy tópico y con demasiados aspectos anacrónicos. la alejan de la verosimilitud y la alejan de lo que se debería suponer un film superior.

Comete varios errores graves. Alejarse del tono costumbrista y proporcionar varias escenas alejados de la tónica general, como la persecución de un paparazzi o la relación casi incestuosa de un acertado Jordi Mollà. Pero lo más gravoso es los complejo que resulta ubicar al personaje ausente del padre, latín lover, que reza el título original, tiene todas las virtudes y carencias de un personaje que en la actualidad no podría tener varias mujeres y varias hijas de la edad que plantea la película.
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2 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Mucho más que una familia
Ha sido una grata sorpresa descubrir esta comedia a la que, en principio, le perdonaba la vida… Nada más lejos de ello: el cónclave familiar, que da origen al título, se nutre en primer lugar de una dama espléndida -y lamentablemente fallecida hace apenas medio año- como era Virna Lisi y a quien va dedicada la película: ella es la abuela Rita, embrionaria del clan y primera esposa del icono que encarna el desaparecido patriarca y latin lover (con los rasgos de Francesco Scianna) tan presente, a pesar de su ausencia, en todos y cada uno de los planos del film. Sin embargo, a fin de cuentas, y como bien dice Lluis Homar en un rol espectacular, que no conviene desvelar, lo que se perdió el finado con esa corte-harén de mujeres en derredor (una, dos, tres concubinas…) fue disfrutarlas a fondo por lo atractivas que fueron y extraordinarias que aún son: Marisa Paredes con su peluca de rata, Candela Peña con un marido florero -Jordi Mollà-, Valeria Bruni con sus nervios habituales, Angela Finocchiario con más nervios aún, y todas en su conjunto formando un mosaico espléndido que rinde tributo además a un tipo de cine en desuso, como el italiano de antaño, pero que conserva aún toda su frescura y esplendor. Y por si ello fuera poco, el clima de la película, entre libertario y comprensivo, nos deja, sin pretenderlo, materia de reflexión.
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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
2
De las peores películas que he visto nunca
'Latin lover' es una película italiana con diálogos en diferentes idiomas, lo cual obliga a verla en versión original. Aviso al espectador potencial de que no se le ocurra verla doblada, o no entenderá absolutamente nada.

Nada más comenzar la película, me costó mucho trabajo entender la relación entre los personajes (ya que hay demasiados en muy poco tiempo) y qué pintaban ahí. La película va escupiendo personajes y relaciones sin sentido en un guión donde los personajes hablan de espaldas al espectador, sin importar si este está entendiendo algo o no. Da igual. No hay mucho que entender: un grupo de hermanas, todas hijas del mismo padre (el ausente protagonista), y cada una de distinta madre y país.

Ha sido en esta película donde he confirmado el pésimo nivel de los actores españoles, en general. Candela Peña y Jordi Mollà luchan por ver quién sobreactúa más, aunque el premio se lo lleva Candela, que intenta hacer una burda imitación del clásico papel de maruja al más puro estilo Loles León, pero sin ser Loles León. Quizá sea el hecho de hablar o entonar en otro idioma, pero es evidente cómo los actores españoles, al lado del resto del reparto, no cumplen el mínimo que se le exige a un actor, que es dotar de algo de credibilidad a su personaje. No están relajados, no se expresan con naturalidad y cometen el error de hablar en italiano entonando como si estuviesen hablando en español, lo que vuelve su interpretación aún más patética.

Por lo demás, una película aburridísima, sin guión, sin historia, donde las cosas transcurren sin ser apenas hiladas entre sí, sin la más mínima gota de comedia y que quedaría eclipsada si se equipara con una comedieta de 'Noche de fiesta'.

Un error del cine italiano, sin duda.
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2 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
5
ALL´ITALIANA
Noveno film de la realizadora, escritora y guionista italiana Comencini. Reconozco que no he visto ninguno de los otros ocho. El titulo español aparentemente alejado del original a priori más apropiado: "Latin Lover", pudiera cobrar todo el sentido si lo aplicamos a la propia directora, hija de uno de los cineastas padres de la "commedia all´italiana": Luigi Comencini. Constituyéndose la propuesta entonces como un homenaje al cine que le tocó vivir y crear a su padre, plagado de tipos y personajes como el finado Severio Crispo sobre el que rota toda la trama de esta comedia preñada de nostalgia.
El plantel internacional con actores de nombres relevantes en el que destaca el personaje de Marisa Paredes y la ocasión de ver por última vez a la bella y reconocida actriz Virna Lisi, fallecida poco después a la edad de 78 años.
En general el homenaje resulta más voluntarioso que efectivo y y Comencini no acierta a trasladarnos toda la magia de una época pasada del celuloide europeo y mundial. Lo que empieza de forma prometedora se va diluyendo en un guión bastante descafeinado donde el humor tampoco brilla por su agudeza.
La cinta se va dejando ver entre alguna que otra cabezada.
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5
Homenaje a la comedia italiana
La única razón para entender cómo la directora aborda esta película es que haya querido, desde la añoranza, homenajear a la gran comedia italiana del siglo pasado. Por lo demás, sólo la grandísima Virna Lisi (en su último papel) y el resto de actrices (Paredes, Peña, Bruni Tedeschi) salvan un poco la cara de un relato que no creo merezca mayor interés, ya que lo que cuenta es intrascendente, el humor sobrevuela por encima de los diálogos sin acabar de aterrizar y, en fin, la película no molesta ni ofende, pero no merece el tiempo que se le dedica.
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6
Retrato de una época
Cristina Comencini es hija de Luigi Comencini, uno de esos directores que contribuyó a forjar la gran época del cine italiano, de aquella comedia tragicómica que tanto echamos de menos. Suyas son joyas como el dúo Pan, amor y..., Todos a casa, A caballo della tigre, El camarada Don Camino... Mi familia italiana es un homenaje al género y, al mismo tiempo, una sátira del latin lover al que alude el título original. Para celebrar los diez años del mítico actor y semental de pro Saverio Crispo, se le va a rendir un homenaje público en su ciudad natal. A él acuden sus cinco hijas (oficiales) y dos ex esposas (última aparición en pantalla de la llorada Virna Lisi ). A lo largo de la trama, con sus momentos de comedia y sus momentos de drama, se desvelarán otros secretos del susodicho ídolo de masas. Con ritmo pausado y leves puyas a diestro y siniestro, buenas interpretaciones del conjunto actoral (salvo el nefasto Jordi Mollà), una bella fotografía servida por una cámara que deambula entre las paredes del enorme caserón familiar y los jardines de la propiedad, y una bonita banda sonora, Mi familia italiana rinde homenaje a un modo de hacer cine finiquitado y a una tradición actoral espléndidamente viva. Tal vez no sea mucho, pero suficiente para invertir hora y media de tu vida en un espectáculo de lo más agradable.
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8
Un estreno de los 50.
He tenido la suerte de poder disfrutar de los filmes italianos de la época de oro.

Cuando se visiona un cine que deja tantas obras maestras, la sensación que queda después de la satisfacción es el ansia.

Un ansia que no llena nada, porque la obra, es la que hay.

Cual ha sido mi sorpresa al comprender que la Comencini, con un buen guión y un elenco de actrices oportunas y radiantes nos ha regalado la última joya de aquella época.

BRAVA
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6
Amable comedia de mucho mujerío
No pensaba escribir nada pero he leído una de las reseñas del público criticando a Candela Peña y, por aquello de equilibrar, me animo a exponer mi opinión.
Es una película de mujeres en la que sobresalen algunas actrices (Virna, Marisa y Candela) y Lluis Homar. Jordi Molla no funciona con esta comedia, porque de una comedia amable se trata.
A mí Candela es que me gusta siempre. Y le suelen dar unos papeles que no son para lucirse pero siempre saca nota. En esta película tiene permiso para sobreactuar porque no le viene mal al personaje.
A mí me entretuvo y si hubiera durado más y se hubieran destapado más episodios del personaje y su corte pues no hubiera tenido problemas en continuar visionando el film, que únicamente busca entretener y no pasar a la historia.
Lo mejor: Candela y las dos viudas
Lo peor: El pobre Jordi Molla y su patético personaje.
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2
Ni familia ni italiana ni nada
Solemnemente mala. En el cine apenas hubo cuatro risas forzadas en una película que se suponía una comedia coral a la italiana. Es dantesco contemplar semejante reparto malgastado en esta filfa. Apenas tiene cuatro golpes que se podría suponer que tienen gracia, pero tampoco la tienen. La música podía, debería, ser buena y se queda por el camino, lo mismo que los decorados, paisajes y ambientación que no se corresponden con lo que cualquier film transalpino puede, debe, ofrecer. Es evidente que su directora aprovecha su parentesco con Luigi Comencini, porque si no no se explica su supervivencia en este negocio, mejor no hablar de arte. Se hace larguísima, en algún momento llegué a dormirme. No tiene ningún interés, ni gracia, ni nada. Y evidentemente no tiene nada que ver que sea una película de mujeres, aunque protagonizada por un hombre, y dirigida por una mujer; mi mujer vino a verla conmigo y a ella también le pareció flojísima. A evitar rigurosamente, no os dejéis engañar por el reparto.
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4 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
5
Recordando a un galán
En un lugar de la sureña región de Apulia es momento de recordar al mítico Saverio Crispo, actor italiano cuyo legado a nivel cinematográfico sólo tiene parangón con lo que ha dejado tras de sí en cuestiones familiares: dos ex mujeres y cinco hijas de cinco nacionalidades diferentes, con el nexo común de que sus cinco nombres comienzan con la letra S. No es de extrañar, por tanto, que en el décimo aniversario de su fallecimiento se haya organizado en su memoria un gran evento al que asisten todos sus allegados.

Evidentemente, la figura de Saverio Crispo es pura ficción; todo lo contrario que la grandeza del cine italiano de la época. Algo así es lo que comenta en los créditos finales la directora transalpina Cristina Comencini que, con la película Mi familia italiana (Latin Lover es el título original que, por otra parte, guarda bastante más significado con el sentido de la cinta), suma una nueva obra a su carrera cinematográfica, en la que su mayor logro quizá haya sido La bestia en el corazón, título que incluso le valió una nominación al Oscar.

Comencini muestra una certera habilidad a la hora de infundir carácter a sus personajes. Mi familia italiana es, de hecho, una película que basa todo su potencial en saber construir una historia en base a éstos, marginando otros aspectos como un guión que al final se acabará mostrando como débil. Así, no es de extrañar cómo la cineasta dedica buena parte del metraje a realizar una pequeña introducción de cada individuo; o, mejor dicho, individua, ya que la familia de Saverio parece nutrirse casi exclusivamente de mujeres.

A la cabeza se encuentran las dos ex mujeres; Rita, su primera esposa, una italiana sensata; y la más excéntrica Ramona, española. Permanecen escoltadas por las hijas: la italiana Susanna, la francesa Stephanie, la española Segunda, la sueca Solveig y la estadounidense Shelley, ausente en el evento. A ellas se les añaden hombres como Alfonso, marido de Segunda, el crítico Picci, el periodista Marco o el misterioso Pedro. Con excepción de Solveig, un personaje-florero cuya función radica en apoyar otras subtramas que van surgiendo, el resto de sujetos gozan de una construcción cómica francamente buena, ya que la directora sabe explotar sus respectivas culturas (el personaje de Segunda es cien por cien español, Solveig es fría como una escandinava y Shelley es tan liberal como despistada, propiamente americana) en beneficio de la obra. A este respecto no es menos decisivo el trabajo actoral, destacando Virna Lisi, Valeria Bruni Tedeschi y la representación española con Marisa Paredes, Candela Peña, Jordi Mollà y Lluís Homar en papeles hechos casi a la medida de cada uno.

Este desarrollo de los personajes, unido a algunos gags muy conseguidos y al propio misticismo que infunde el perfil de Saverio, logran que Mi familia italiana enganche durante su primera mitad. Tras la carcajada en realidad se oculta un progresivo declive, palpable ya en la parte final de la película. No es del todo óptimo el giro hacia una vertiente más dramática que Comencini propone en la última media hora; rompe la risa pero no otorga llanto, los personajes se emocionan en la pantalla pero es muy difícil que tales sentimientos se contagien a los que están delante porque no ha habido con anterioridad un trabajo a nivel general para elaborar una historia sólida que permita semejante cosa; el drama en este film se limita a recuperar viejos rencores, descubrir tres o cuatro infidelidades y recordar al hombre que marcó su vida, todo ello sin excesiva cohesión interna.

Por tanto, Mi familia italiana ofrece un cóctel de diversión con un puntito satírico mientras discurre por el sendero de la comedia y no pretende tomarse en serio a sí misma. Cuando opta por convertirse en todo lo contrario, la película decae varios niveles hasta llegar a una indiferencia que finalmente deja un poso amargo. Pareciera que Comencini renegara de la risa, pese a que durante una hora había elaborado una más que interesante comedia, inteligente en sus propósitos. Un desatino que no borra del recuerdo unos magníficos personajes y unas cuantas risas, pero sí las transforma en meros fuegos de artificio.


Álvaro Casanova - @Alvcasanova
Crítica para www.cinemaldito.com (@CineMaldito)
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5
Mi familia italiana
Mínimos roces de convivencia, por un amante latino que no altera la sangre.

Mi familia italiana, más la española, la americana, un imprevisto desliz francés y todo extra que se tercie y ayude a decorar el complaciente y angelical escenario; un intento de humor simpático, cordial e inofensivo, a partir de las andanzas y desventuras de un galán latino encumbrado a mito, y cuyo homenaje sirve de excusa para lavar trapos y aclarar malentendidos desajustes bienintencionados, que adquieren tonalidad media afable, de aprecio en su gusto cómico, y que se absorbe con mayor rédito si se tiene la fortuna y oportunidad de visionarla en versión original.
Conocidos actores de la tierra, más el apoyo continental de los vecinos de frontera, para un suave enredo de efecto comedido que sabes lo que pretende, alboroto perspicaz y salero, distinto es que lo consiga o logre provocar esa carcajada y sonrisa satisfecha de quien está disfrutando plenamente del caos exhibido.
Se consume con ligereza nutritiva de distracción apropiada; no escala grandes cumbres, ni eleva la graduación de su ingenio y ocurrencia a suculentos grados, recurre a un libreto estándar, facilón y asequible que rellena el tiempo y espacio con prestancia confortable y proporciona un ambiente socarrón, de complicación leve, sencilla de seguir, cómoda de consumir y superficial de recordar, tras pasar por su residencia de veraneo conjunta.
“No pondré resistencia, sea lo que tenga que ser”, lema a asumir por una audiencia contenta por lo narrado, aunque con el sentimiento de futilidad y escasez enérgica de un argumento que apenas empieza a caminar, echa el freno y ni se molesta en calentar motores; hermanas de apellido, amigas en la desgracia, tras descubrir su enemistad en esa falsa felicidad que a todas envolvía, teloneras convertidas en debutantes principales alrededor de esa figura mítica, llena de rumores y leyenda, que envolvía con elegancia, glamour e intocable presencia a las estrellas de entonces.
Porque lo mejor, sin duda alguna, es la lectura y narración de un tipo de vida, de cortejo y de idolatría que envolvía a las estrellas de esa época donde se las veneraba, admiraba y perdonaba en todos sus aspectos.
“La vida es como una brisa, no hay que tomársela en serio”, palabras del rendido artista que debe hacer suyas el espectador para degustar esta ágil y liviana comedia y no esperar mayor contenido y profundidad; se mueve por el rencor, la añoranza y la frustración de la pérdida, pasa por el intercambio de emociones y papeles débiles a través del dañado o ensalzado patrón de la figura paterna, y vuelve a la arisca calma según su acuerdo resolutivo avanza y consolida las posiciones.
Válida para velada de tentempié hacia propósito más contundente y serio una vez terminada; no hay mucho garbo, tampoco enorme estilo, es familiar, costumbrista, ocurre en Italia y tiene el aniversario del fallecimiento de un actor distinguido como excusa para reunirse y pasar el rato.
Haz lo mismo con este cliché nostálgico que no desborda ni en drama, ni en sentimiento ni en fanfarria; controla en exceso los ritmos, las posiciones y los fotogramas, falta inspiración libre para dar rienda suelta a sus miembros y que líen lo que verdaderamente se puede y espera.
Sin originalidad, regular y seca debido a que primero apuesta por la ironía de la gracia y el desparpajo refrescante, para decantarse por una tragedia que no se afianza y volver a sus orígenes intentando rescatar lo ya erosionado; Cristina Comencini ofrece buena voluntad, buena intención pero errada de camino por un guión encorsetado, que da pinceladas de posibilidad sin atreverse a pintar con determinación y firmeza, y por una laxa dirección que no arriesga, que no alienta y deja al espectador observando sin seducción, sin carisma, sin pasión.
“¡Qué empiece el show!”, que desfile cada cual según se disponga pero no aguardes grandes ilusiones o expectativas; es amistosa, bonachona e inocente en su maldad pretendida, endeble versión de un teatro de galimatías y embrollos con mejores tablas en variados ejemplos previos donde elegir; la presente es llana y tratable, asequible y sociable, no escandaliza por más que quiera vivir del escándalo, su vendida inmoralidad, de tregua pactada entre las familias avenidas es liviana, dócil y manejable, innecesario medidas de protección por si se dice algo provocador y descarado; cuando se insinúa, se intercede rápidamente para bajar la tensión y el conflicto, no vayamos a dar con una “Dinastía” en la que todos confabulan contra todos, que es para todos los ojos, oídos y público.

Lo mejor; la exposición narrativa del idolatrado galán de una pasada época.
Lo peor; nunca coge fuerza, garra ni nervio; sutil y quebradiza.

lulupalomitasrojas.blogspot.com.es
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