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5
Coixet moribunda
Definitivamente ‘El animal moribundo’ no funciona. Y siento decirlo pero creo que en este caso todas las culpas se las lleva Isabel Coixet. Habiéndose desligado en esta ocasión por completo del guión, la barcelonesa parece buscar desesperadamente lucirse en las labores de dirección, y claro, la historia acaba resintiéndose estrepitosamente. Y lo más jodido de todo es que ya se le ven las intenciones al cuarto de hora de metraje.

Es indignante que a una historia con tantas posibilidades (principalmente tragicómicas y eróticas) se le saque tan poco jugo. Porqué la única sensación que me quedó tras hora y media (que en realidad me parecieron más bien dos horazas) fue la de haber visto un sinfín de imágenes bonitas, lo cual estoy convencido que se aleja bastante de las intenciones originales del novelista Philip Roth. Así que si lo que pretendía Coixet era hacer su propia galería de cuadros “cool” en movimiento a la vez que tiraba por la borda buena parte del crédito que fue cosechando con sus últimas obras como narradora de bellas historias intimistas, desde luego lo ha conseguido.

Por su parte, ni el asombroso reparto, que más de uno mataría por tenerlo bajo sus órdenes, consigue salvar la función. Los actores parecen haberse contagiado de la peligrosa dinámica del conjunto. Incluso el buen savoir-faire de Ben Kingsley y Dennis Hopper (eso sí, qué placer verles compartir pantalla) es sepultado por la mediocridad que desprende la película. De Penélope Cruz se aprecian algunos intentos por su parte de dar profundidad al personaje de Consuela, pero acaba haciendo lo que sospecho sabe hacer mejor: interpretarse a sí misma.

A pesar de otros detalles que me pusieron de los nervios (recursos pseudos-poéticos alarmantemente facilones y el uso de una voz en off que trata al espectador de idiota), tampoco quisiera quedarme con una impresión final negativa de ‘El animal moribundo’, porque técnicamente sería algo injusto. Como ya he dicho, desconectando el cerebro, es un filme agradable de ver. Pero creo que a estas alturas a Isabel Coixet se le puede pedir muchísimo más.
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104 de 139 usuarios han encontrado esta crítica útil
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CODIRIGIDO POR...
En esta película, codirigida por la debutante norteamericana Elizabeth Koishet y la acreditada cineasta europea Isabel Coixet, se aprecia la importancia de la compenetración en el trabajo de equipo.
Los productores, siguiendo una particular política, han apostado en este caso por Elizabeth Koishet para el liderazgo, encomendando a Isabel Coixet una misión asistencial, gregaria, en función de su mayor oficio y veteranía.

Ahora bien, Elizabeth Koishet, con los nervios comprensibles en una realizadora inexperta, se aferra a fáciles recursos, de efecto seguro:
-Sobreabundancia de primeros y primerísimos planos (con una décima parte el caché de los actores ya estaría amortizado).
-Música de Satie (¿cuántos films, telefilms y spots publicitarios habrán escogido el piano de Satie para enmoquetarse?).
-Neutralización de los actores (llevados a simple posar, poner caras, humedecer los ojos, sobre todo Penélope Cruz; Dennis Hopper es caso aparte: va a su aire, está en su propia película, por cierto bastante buena).
-Escenas bonitas, como por ejemplo a la orilla del mar, los personajes paseando a cámara lenta, adagiosa y familiar música de Marcello al fondo (el espectador exclama para sí: ¡Qué bonito!)
-Suavización de todo lo fuerte y postergación de los diálogos frente a las imágenes agradables (se supone que la estudiante es caribeña, latina, caliente, vital, y que por eso enciende al viejo profesor; se supone que hay algo esencial en que ese carácter sea precisamente así, y no de otra forma, pero nada de eso se ve).
(...)

Pero cuando el guión llega inexorablemente a zonas de turbulencia dramática, incluso melodramática, y Elizabeth Koishet debe abandonar la plana balsa de bonito y aburrido romanticismo, entonces se ve desbordada y cede el timón a Isabel Coixet, cuyo veterano pulso sí que imprime dirección a la película, con una energía y una verdad que cortan el aliento, más aún por contraste con lo precedente, que evolucionaba sin rumbo.
En esos breves pasajes emocionantes se siente de pronto que hay cine...

Surge la pregunta sobre qué habría ocurrido con "Elegy" si en el tándem la voz cantante no la hubiera llevado Elizabeth Koishet, en virtud de un extraño favoritismo, sino Isabel Coixet, que es quien parece poseer talento y dominio suficientes para haber sacado adelante con solvencia el proyecto.
Así, cabe desear que, si en lo sucesivo estas directoras vuelven a rodar juntas, se invierta la correlación de fuerzas, para bien del cine.
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53 de 69 usuarios han encontrado esta crítica útil
4
Lo siento Isabel, pero esta vez no cuela
Isabel Coixet siempre me ha parecido de lo mejorcito en cuanto a directores en este país se refiere. Y me sorprende que después de hacer cine con mayúsculas, como La vida secreta de las palabras sea capaz de presentarnos una película tan vacía e impersonal como la que nos ocupa. Entiendo que haya mucha gente a la que le guste, pero a mí me ha decepcionado. Vale, la película es un encargo de Hollywood, pero es que aun así apenas noto la mano de Coixet. Creo que la mayor baza que ha tenido esta directora son los guiones que ella misma crea, y dota a sus cintas de una personalidad (salvo alguna excepción) impresionante. Por eso creo que al trabajar con un guión hecho por otra persona la película, en este caso pierde mucho.

En cuanto a Penélope Cruz (que por cierto, ya la había impuesto la productora) creo que no transmite nada. La relación con su compañero de reparto no tiene nada de química (por parte de ella), y cuando mantiene relaciones más intimas con él me parece totalmente asexual, inexpresiva y en definitiva un témpano de hielo (ya sé que Ben Kingsley no te pone nada, pero eres actriz, disimula un poco). En las entrevistas le preguntaron a Isabel Coixet acerca de la actuación de Penélope, a lo que respondió <<Creo que nació para hacer este papel>>, yo también lo creo, porque la profundidad del personaje es inexistente.

Lo de Ben Kingsley ya es otra historia, está inmenso, como en todo lo que he visto de él. No sólo defiende el guión sino que incluso lo mejora con sus innumerables recursos y hace la película más entretenida. Vamos, lo que se suele decir, que llena la pantalla. Ha sido una delicia verle y me rindo a sus pies. No me arrepiento de ver la película, porque me a gustado conocer a este personaje.

Los secundarios es otra de las cosas que salva la cinta: Dennis Hopper, Patricia Clarkson, Deborah Harry y Peter Sarsgaard están geniales. Sobre todo éste último, que protagoniza junto a Ben Kingsley (su padre en la ficción) la que es para mí la mejor escena de la película, en la que discuten distintos tipos de infidelidades.

Conclusión, la película no es mala mala, se puede ver, pero se le podía haber sacado bastante mas partido.
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39 de 53 usuarios han encontrado esta crítica útil
5
Porno light
Coincido plenamente con Lupo. Nuestra querida Coixet exhibe en “Elegy” una bipolaridad operativa tan acusada que, por momentos, resulta verdaderamente difícil reconocer a la autora de “Mi vida sin mi” en su último trabajo.

Cierto es que Isabel sigue fiel a ese exquisito tratamiento de la imagen y a esa cuidada (aunque nada original, por cierto) selección de la banda sonora, pero la peli que hoy nos ocupa certifica -y eso es lo que precisamente me preocupa y me disgusta- una renuncia casi total a esa profunda inmersión en el alma y en la psique de sus protagonistas que tan buen resultado le había proporcionado en obras anteriores.

Coixet prefiere solapar retazos de romanticismo y sensiblería de diseño a través de atildadas escenas de cama y paseítos en la playa en lugar de ponerse algo más trascendental y hurgar en esa herida existencial o sentimental que, potencialmente, sugiere la trama argumental.

Personalmente me quedo con la esporádica relación que mantiene David Kepesh (Ben Kingsley), a lo largo de más de veinte años, con su exalumna. Me parece mucho más interesante que su ‘affaire’ con Consuela (Penélope Cruz). Y es una lástima, porque de no haberse prostituído creativamente, Isabel hubiera podido extraerle muchísimo más jugo a esta historia. Pero no, Hollywood es Hollywood, la pela es la pela y si hay que contar historias elementales, impostadas y tópicas, se hace. Y punto.
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23 de 28 usuarios han encontrado esta crítica útil
4
Alumna traviesa quiere aprobar sin presentarse a parciales. Profe, llámeme.
COIXET, ISABEL

Elegy:

Se nota el trabajo de encargo, casi todas las virtudes de la cineasta desaparecen y arrastra sus peores defectos, como si no estuviera cómoda con lo que va a contar: la voz en off insiste en subrayar lo evidente una vez sí y la siguiente también, las imágenes que buscan la emoción son demasiado obvias (‘ahora juego solo al frontón, ahora tiro la pelotita de la nostalgia, tralarí, tralará’), etc. Aun así la historia se mantiene, hasta cierto punto, luego el interés se diluye entre Consuelas y consuelos de una frialdad que ahuyenta.

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Parece mentira que tras “Cosas que nunca te dije” (película fresca que apuntaba al primer Hal Hartley) la directora catalana tirase, sin contar “A los que aman”, por estos caminos: imágenes de postal, lirismo de caucho y sensibilidad al límite del sirope; con distinto resultado eso sí. Por ejemplo, “Mi vida sin mí” tiene una cohesión interna de la que las otras adolecen, aunque el fin sea el mismo, pero como historia de amor fantástico me la creo; en cambio, “Mapa de los sonidos de Tokio” es otro paso hacia atrás, repite fórmula sin química alguna, erotismo de arlequín, música que no conecta con lo mostrado...

Quizá recupere parte de su agudeza deslucida cuando encuentre la proporción adecuada entre el romance y el melodrama.


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CRUZ, PENÉLOPE

“La niña de tus ojos”, “Volver” y “Vicky Cristina Barcelona” la han llevado al reconocimiento. Macarena Granada, Raimunda y María Elena. Comedias en las que interpreta a una mujer de fuerte carácter, reacciones estrambóticas. ¿Encasillamiento? No, desgraciadamente para ella. Sus papeles dramáticos incomodan ante su falta de personalidad en la pantalla, esa voz de niña bien, sus ademanes, se notan sus lágrimas de terciopelo. Aquí no iba a ser menos.

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Y como la traducción del film es “Elegía” le he dedicado una glosa:

Actriz inoportuna
desviación ocular, Pe,
lunar saliente: gotelé;
malévolo Bigas Luna.

Perverso “Jamón, jamón”
preferibles de cecina
los pechos sin actuación;
aplaudida por divina
y sugerente erección
aupose de la tribuna
al oír apellido Cruz,
Oscar áureo mecía en cuna
con agudo de avestruz
y ronroneos de gatuna.

Abrazos rotos de artista
inundan televisores,
portada gris de revista
“Elegy” y sus productores
luciendo a Pe de amatista:
dramatismo de corsé
el talento de la estrella,
imperceptible carné
para viaje de doncella
dirección El Paripé.
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21 de 25 usuarios han encontrado esta crítica útil
4
El Amor Pedante
"Es una gran persona. Es licenciada en química, e historia del arte; y además toca el oboe". Ésta es una de las perlas que podemos encontrar en el guión de la nueva película de Isabel Coixet, uno de los más altos exponentes del piji-progresismo ilustrado, movimiento intelectual encabezado por unos cuántos artistillas españoles, millonarios pero comunistas, que predican la moral de la nueva era.

En Elegy, una Penélope Cruz que no se cansa de enseñar las tetas, interpreta a una niña tonta de ascendencia cubana que padece un extraño enamoramiento intelectual del pedante de su profesor, un famoso escritor sesentón y calvo, que para tener tantas carreras y ser tan culto, tiene la misma inteligencia emocional que un adolescente en la edad del pavo. La relación entre ambos resulta tortuosa, áunque en vez de conmover nos deja un saborcillo en el paladar de romance frío y sin sentimiento.

Mi pregunta es: ¿Se puede mostrar menos química en la pantalla que Kingsley y la Pe? La respuesta resulta evidente a quién se atreva a ver esta mediocre historia de amor, que no resuelve con solvencia ninguna de sus propias expectativas.

Lo cierto es que toda la película en sí es un triste "quiero y no puedo". Me explico: Elegy tiene unas pretensiones intelectuales que van más alla de la pedantería, y es que Isabel Coixet nos intenta deslumbrar con sus elaboradas frases, su vocabulario de la Real Academia, y sus múltiples referencias culturales que no le interesan absolutamente a nadie. Y lo único que consigue con ello es aburrir al espectador, porque lo peor de todo es que detrás de esa artificial fachada de literatos y premios Pulitzer de poesía, se esconde un inmenso vacío, una película que a pesar de intentarlo es de muy pobre reflexión, e intenta paliar su poca profundidad conceptual con el recurrido recurso de Coixet, el cáncer, que facilita una pincelada existencialista de última hora.

A pesar de su buena fotografía, Coixet abusa en exceso de la voz en off con las reflexiones de Ben Kingsly, que hacen la peliculita muy lenta y espesa. El medio audiovisual tiene la ventaja de que también se puede ver, no sólo escuchar. Elegy tiene muchos minutos de novela radiofónica, y esto muestra cierta falta de talento para el cine, sin ánimo de ser destructivo. No me extenderé más sobre este tema porque ya he leído ésta observación en críticas de otros usuarios. No quiero poner otra vez lo mismo que ellos, simplemente lo corroboro.

En definitiva, señora Coixet, sus ansias de iluminarnos con su basta cultura progre le pierden.
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38 de 61 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Hermosa nueva película de Isabel Coixet
Me interesa bastante el cine de esta estupenda directora. He visto todas sus películas (y alguno de sus trabajos publicitarios...) excepto la primera, "Demasiado viejo para morir joven", y sólo puedo decir que, siendo totalmente diferentes entre sí, todas tienen detalles apreciables, cada nuevo estreno supone algo nuevo, una evolución en la carrera de esta cineasta personal y en mi opinión siempre recomendable.
Tras sus excepcionales trabajos con Sarah Polley ("Mi vida sin mí" y "La vida secreta de las palabras", en mi opinión sus mejores y más completos films) se desmarca ahora con una historia diferente pero conectada con los temas más importantes de su cine (el amor, la muerte, la incomunicación, la pérdida...), temas universales tratados con una sencillez ejemplar, sensibilidad y un estilo visual casi siempre brillante. Aquí la historia de un profesor que empieza a asumir que se hace viejo y la alumna que pasa de ser un lío más a sacudir toda su existencia está narrada con la sencillez exacta, con la distancia exacta, y deja un hondo calado emocional en el espectador. Las imágenes de su protagonista (estupendo Ben Kingsley, con su personaje cerrado en sí mismo y blindado al mundo) de pie ante la ventana son la perfecta imagen de lo que puede suponer la "independencia" mal entendida, de la soledad derivada de no haber querido implicarse demasiado con nadie. El trabajo de Penélope Cruz no desmerece de su compañero, está correcta y logra emocionar en escenas en las que su felicidad y su tristeza son casi palpables. Hopper, Clarkson y Saarsgard aportan una serie de matices muy estimulantes para conocer la personalidad del protagonista.

Lo mejor: el trabajo de Coixet, el guión, el uso de la música y el buen hacer de los actores (sí, también de Penélope).
Lo peor: sobra algo de voz en off, pero lo peor es saber demasiado de la película antes de verla. Suena a tópico, pero es mejor dejarse atrapar por esta historia sin conocer muchos detalles.

En definitiva: una película hermosa, de las "románticas" en el mejor de los sentidos, creíble, melancólica, nada "prefabricada", y que recomiendo tanto a los seguidores de Isabel Coixet como a los que no conozcan su trabajo, pues es una buena forma de entrar en el mundo de una cineasta muy interesante.
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24 de 33 usuarios han encontrado esta crítica útil
1
Ni amor filial
Drama romántico??? sí, lo que es un dramón es pagar 7 euros por entrar al cine a ver ésto, el rato de dolor de culo que pasas sentada en una butaca, el CO2 emitido a nuestro ambiente a través de la luz consumida mientras funciona tu DVD o la fracción de euro que corresponda a ésta de las 5 que te llevas a casa para ver el finde.

Pero de qué van?? En serio creen que en algún remoto momento nos cuelan que esos dos se ponen algo? Por favor!! pero si parecen Heidi y el abuelito y no precisamente en la versión porno.

Tomadura de pelo Coixet, nena se te subió a la perola o qué.. bueno, bueno...parece que la intelectualidad pseudoprogre y gafapasta sufren lapsus amnésicos ante una ofertita de Jolivud, eh pillina?...

Los diálogos son de meterte los dedos hasta la campanilla, cursis, melosos, empalagosos.. hasta lo que cualquier sensibilidad normal puede soportar. Lenta, pretenciosa, eso que piensas "esta peli va de algo..." como cuando te encuentras a algún tipete de esos inaguantablemente pedante del que lo único que te apetece es huir...

Haced lo que queráis pero yo hubiera agradecido muchísimo que alguien me hubiera dicho ésto que estoy diciendo yo antes de entrar a ver esta peli..
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22 de 31 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
A veces, sólo una secuencia justifica una película. Compruébalo.
Empieza sin garra, como un videoclip monótono de tema cien veces ya visto. Casi en el centro del metraje se produce un giro. Cierto aleteo. La cámara cobra un poco más de ritmo, de credibilidad. Pero, si has llegado hasta aquí, tendrás premio. Es en sus últimos veinte minutos cuando, por fin, los personajes encarnan y la historia, como por arte de magia, se torna creible, humana, emotiva incluso. Incluyendo una secuencia, la de las fotos en el apartamento, que encierra más cine en sus venas que el resto del film enteretico.
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19 de 26 usuarios han encontrado esta crítica útil
2
Anestésico cabezazo para el espectador.
Isabel Coixet se ha equivocado en esta obra, y es que aunque a priori y posteriori tiene el carisma presente en ella, de su máximo exponente, el amor, su lentitud narrativa, junto a la aspereza de algunos de los actores, no pasa de un simple rollo emocional ingerible y desasosegado, es decir, empalagosamente intolerable.

El guión de forma general es sobre el papel algo aceptable, el problema ha sido a la hora de presentarlo, y transmitirlo, insuficiente y el querer dirigir sin espíritu al resultado, sino a los propios ideales de Coixet, han hundido más si cabe la película en un anestésico cabezazo para el espectador.

Kingsley, lo mejor de la película sin duda alguna, muy por encima de su media y con un registro nuevo en él, que no desaprovecha y aumenta sus capacidades, pero es insuficiente, ante una estéril y pueril Cruz, que aparte de enseñar pecho, poco más se percibe de ella y un práctico Hopper, que está pero sin mostrar su genialidad.

Hay mejores películas dentro del género, las hay mejores de Coixet, así que no perdáis el tiempo con ella, porque es solo, perder el tiempo.
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13 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil
2
Crítica colectiva: “Coixet, me caes mal y eres mala”
Intentar razonar porqué esta película es tan mala es perder mi tiempo y el vuestro (suponiendo que alguien me lea), porque ciertamente Coixet (o como dice Txarly la Coiñet) no ha juntado dos escenas con algo de sentido. Todo es un gran pastel con almíbar y merengue envuelto en frases que creen ser trascendentales y citas de gente que si supo hacer arte.

Si bien pudiéramos decir que el personaje de Kingsley tiene algo de interés, el de Penélope Cruz está fuera de órbita. Es un mero acompañamiento, es lo más absurdo que recuerdo. Y hablo del personaje, ella no lo hace mal, pero creo que ya no necesita papeles como esto que son más acordes a pequeñas muchachas dispuestas a enseñar sus encantos para saltar a la fama.

Escenas que pretenden ser hermosas pero que la mera pretensión estropea, palabras que intentan ser locuaces pero que el mero intento las ensucia, planos que buscan ser armoniosos pero que la búsqueda afea; película que trata de ser y que acaba por no ser nada.

Coixet, me caes mal y eres cada vez peor directora porque tu ego te impide ver con la frescura y nitidez con la que afrontabas antes los retos.
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29 de 48 usuarios han encontrado esta crítica útil
3
Crítica colectiva: "Cuando haces el amor con una mujer te vengas de todas las cosas malas que te han pasado."
El título de mi crítica citado por Ben Kinsgley en un momento dado, me parece lo más destacable de este bodriete horriblemente filmado bajo bandera yankie. La Coiñet no sabe dirigir. No tiene ni repajolera, caballeros. No digo que la película sea fácil, que no lo es, pero mi intuición me dice que cualquier caballero anglosajón de ésos de los que nos mofamos tan a menudo, hubiese firmado algo de más relumbre. Las constantes coletillas morales que nos adormecen durante el visionado cargan por sí sólas una obra destinada creo yo, a los corazones más sensibles del público americano. Aunque tengo mis dudas de que este peñazo puediese rozar siquiera alguno de sus ventrículos.

La Coiñet se suelta el pelo y se pega sin ningún remilgo sus gafas de pasta con el súper glue más potente del mercado, abrumándonos con un trillón de primeros planos y con su personal visión de la diferencia de edad. Y digo personal siendo sarcástico a tope, of course. Ignoro si la chupalatas esta acometerá más desgracias como la que nos ocupa en un futuro. Rezo para que sea en un futuro muy lejano, o si es menester, en una galaxia muy lejana, del tipo Afganistán. En serio, aguantar una historia de amor carente de espíritu es una de las cosas que peor soporto en una película del género.

Lo único salvable es la recuperación de un gran Dennis Hopper, al que celebro que haya vuelto al consumo de drogas diario, porque aunque interpreta de puta madre, sin el uso masivo de varios cócteles de estupefacientes dudo muchísimo que hubiese aceptado participar en semejante peñazo. Coño!! que es Dennis Hopper.
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25 de 40 usuarios han encontrado esta crítica útil
5
Biografía no autorizada de Fernando Sánchez Dragó
Hay películas que requieren ser vistas con gafas. Por un lado, encontramos las del tipo Parque Jurásico, que se disfrutan más con unas gafas de 3D. Por otro, las de Víctor Erice por ejemplo, que se ven mejor con gafas de pasta. Esta biografía no autorizada de Fernando Sánchez Dragó pertenece al segundo grupo.

Para el papel de nuestro insigne intelectual se optó por Ben Kingsley, que no se parece nada físicamente pero es muy buen actor. Su esfuerzo y el del resto del reparto es lo que mantiene la atención hacia la historia de un señor muy culto al que le encanta el sonido de su voz y cometer actos impuros con chiquillas a las que triplica o cuatriplica en edad.

Se opta no obstante por un tono romántico que se vuelve resbaladizo porque:
-Da rienda suelta a esa fantasía femenina de que se puede reconducir a los alérgicos al compromiso.
-Está muy bien que Isabel Coixet crea en la belleza interior -que remedio-, pero el mensaje queda difuso si el ejemplo es Penélope Cruz. Apuesto a que el número de hombres que la seguirían queriendo igual aunque le faltara una teta se aproxima a cero.

Con lo que sí me quedo es con la exquisita selección musical y con el buen hábito anti-melodramático de no utilizar música en las escenas de más tensión emocional. Y para terminar una cita que me ha gustado mucho: "Los hombres nos vengamos de todo lo malo que nos ha pasado cada vez que hacemos el amor".
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23 de 36 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
El ensayo sobre la vejez de Isabel Coixet
Algo hay en la historia que nos cuenta Coixet en su última película que atrapa. No sé si el morbo de una relación entre hombre maduro y jovencita o si el juego dialéctico del protagonista consigo mismo o por el mero hecho de ver en pantalla un romance protagonizado por Penélope Cruz y Ben Kingsley. El caso es que Elegy despierta algunas de las sensaciones con las que tarde o temprano deberemos convivir, los miedos frecuentes del ser humano.

El paso del tiempo es sin duda el más aterrador. Todas las acciones y reacciones del profesor Kepesh se mueven en torno a ese reloj biológico que le recuerda constantemente que los años pasan y que con ellos marchan también las oportunidades. En su lucha contra la edad a veces sale ganador, logrando por ejemplo que su capricho en forma de joven estudiante termine arrojándose a sus brazos. Pero en tantas otras ocasiones son los años los que terminan venciéndole y frenando lo que de joven de bien seguro hubiera derivado a final feliz.

El argumento de esta extraña historia de amor puede que resulte más satisfactorio desde las páginas de un libro que en forma de filme intimista. Las reflexiones que va vertiendo el protagonista sobre la vejez y su relación con Consuela seguramente sean más reveladoras en la novela El animal moribundo, de Philip Roth, en la que se basa la película. Sin embargo, los de la productora independiente Lakeshore parecían muy interesados en llevarla al cine y por el camino se encontraron a una Isabel Coixet entregada que gustosa aceptó el reto.

Se nota que la directora catalana ha renunciado a gran parte de su creatividad con este encargo. Por primera vez se ha enfrentado a la adaptación de una exitosa novela y, aunque asegura que los productores le dieron carta blanca, finalmente ha pesado la fidelidad al autor original. El guión no le ha permitido jugar con los silencios ni con las miradas ni con las músicas como Coixet solía hacer con todas sus obras. Sin embargo, ha sabido hacer suyos esos miedos que refleja la novela original y que tanto la inquietan, como la enfermedad, la soledad o la muerte, y les ha proporcionado entidad.

Un experimentado Ben Kingsley y una Patricia Clarkson que se come a Penélope Cruz con patatas –nuestra actriz demuestra una vez más que el inglés no es su lenguaje más creativo- son el fiel reflejo de cómo influye el paso del tiempo sobre nosotros y de hasta qué punto el amor finalmente sí tiene fronteras.
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12 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil
2
Penélope y sus ya más que vistas tetas.
Cada vez que miraba a Penélope me parecía estar viendo un póster de MANGO. Aparte de esa brutal y ya preocupante obsesión por hacer que una película sea una consecución de imágenes bellas de cliché-adolescente, no soporto que no me dejen ni un solo hueco en mi cerebro para pensar.
Hacía tiempo que no veía una película tan vacía, facilona y hasta hiriente a la inteligencia de los espectadores. Intuyo una buena historia pero para eso ya nos hemos leído libros que nos lo dicen mucho mejor, o nos cuentan cómo es debido la decrepitud y miedos típicos de un hombre típico (culto) en los albores típicos de la vejez. ¿Por qué se pierde más el tiempo en estas cosas?

Me temo que esta directora siga triunfando y nos siga haciendo creer que es la reina de cómo expresar los sentimientos universales. La conclusión es que me aburrí mucho y me alegra pensar (secretamente, claro) que todavía tengo criterio para distinguir algo que no es creíble.
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17 de 26 usuarios han encontrado esta crítica útil
5
Coixet: ¿Porqué "Elegy"ste a Pe?...
De Isabel Coixet solo habia visto "Mi vida sin mi" y realmente me gustó, me pareció un buen trabajo. Con estos antecedentes me dirigí a ver Elegy...

Tuve la sensación desde el principio de que algo no cuadraba... y ese inesperado sentimiento me acompañó hasta el final de la película. Ben es un señor actorazo, llena, sin hablar, la pantalla con su presencia, su mirada es de las más expresivas que he visto pero... en Elegy casi "pasaba" por delante de la cámara cual figurante, su interpretación era... mmm ¿cómo diría?, parecía que le estuvieran metiendo prisa, me recordó a uno de esos actores de serie televisiva que deben grabar y grabar capítulos a destajo. Penélope... no debería haber estado allí, no se a quien se le ha metido en la cabeza que esta chica es una buena actriz... ¡lo que hacen los medios y la suerte!. El resultado de esta combinación (Ben y Pe, que ya se que parece el título de una serie de dibujos animados...) es un tremendo fracaso que sumado a la banal historia, los diálogos pobres, la escasa banda sonora... hace del film en cuestión una película más, que para mi gusto pasará sin pena ni gloria a mi memoria cinematográfica.

¿Alguien más notó esa "presión" tanto en los actores como en el ritmo de la película?... Bueno, quizás son figuraciones mías... 8¬)
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15 de 23 usuarios han encontrado esta crítica útil
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Crítica colectiva: Elegía por los que cruzan el charco sin acierto
Al contrario que a muchos, la Coixet no genera en mi ningún tipo de reacción, ni favorable ni negativa, sino un ligero halo de indiferencia. Y es que pese a considerarla como fácilmente odiable por su búsqueda continua, aunque aparentemente involuntaria, de la notoriedad, no suscita en mi esa mala leche que noto en otros usuarios de esta, como de otras muchas, página.

Por eso no vi con malos ojos entrar en un cine a intentar disfrutar de su nueva película, como había hecho en cierta forma con el poco tiempo que vi de La vida secreta de las palabras. Quizá fue porque era la primera película suya que veía entera, no lo sé, pero debo decir que hacía tiempo que no me aburría tanto en un cine. Y no se puede decir que la película carezca de momentos por los que puede considerarse salvable, el problema reside en, creo yo, que la historia está tremendamente desaprovechada, a lo que colabora una selección de actores realmente equivocada. Kingsley realiza un recital de muecas pero ni se acerca a representar al viejecito cabroncete que pretende y Penélope sólo llama la atención en la parte final de la cinta, aunque tampoco destaca en demasía.

¿Pretendía acaso la directora que sus virtudes destacaran ante semejante despropósito actoral (Dennis Hopper mediante, éste sí era su papel)?

Parece ser que tampoco, pues a la hora de crear sentimientos no me encontré con la pasión desatada, el romance con el que poder disfrutar en la pantalla sin hacérseme empalagoso y demás que la sinopsis anunciaba, no. Y lo peor es que podían haberse logrado, pero el tono distante, casi frío, contamina todo el metraje, reduce todos los estímulos, contagia al espectador y lo adormece en 100 minutos de la más absoluta apatía.

En definitiva, y como le ha sucedido a no pocos directores en su debut americano: apunta, dispara pero no da en el blanco. Sigue intentándolo, Coixet, acabará por salirte bien, hay mimbres.
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14 de 21 usuarios han encontrado esta crítica útil
5
Las ovejas decían zzzzzz
Se ve que Isabel Coixet, la otrora responsable de películas de acción como “La vida secreta de las palabras” o “Mi vida sin mí”, ha decidido dar un giro radical a su registro y sorprendernos con una película de corte íntimo, ritmo lento y psicológica (muy, muy psicológica). En “Elegy”, Coixet aborda el novedoso tema de las relaciones amorosas entre un hombre mayor y una mujer joven, la pasión y las dudas, el amor y las dificultades que conlleva el ir contra corriente, el rejuvenecer y el qué dirán… En fin, lo nunca visto salvo (quizás) en “Lolita” y cien o doscientas películas posteriores.

Bromas aparte, “Elegy” es como todas las películas anteriores de Coixet y, seguramente, como todas las que va a hacer en su vida. Repleta de silencios, primeros planos y música de piano, es imposible ponerle un pero salvo el hecho de que es más aburrida (desde mi punto de vista) que los programas de Sanchez Dragó. La historia está ya mil veces vista en el cine, en la tele, en la literatura y en la propia vida real, así que la motivación para aguantar es casi nula. Tampoco ayuda el concepto de Coixet de hacer películas “en tiempo real” con una música que sus incondicionales califican de “un personaje más” pero que a mí me suena a música de ascensor.

No suelo hacerlo, pero esta vez voy a subrayar eso de que hablo “dede mi punto de vista”. A quien le guste esta clase de cine (ya sabeis a lo que me refiero) disfrutará de lo lindo y, cosa que tampoco suelo hacer, lo respetaré. A quienes no les guste… pues quedan advertidos de que aquí no se les ha perdido nada.
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8 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
Animales heridos
De las películas de Isabel Coixet, Elegy es la que menos impresión me ha causado. Acostumbrado a ser golpeado por sus personajes (valientes pero impotentes) y pisoteado por la demoledora realidad que habita su mundo cinematográfico, ésta historia hecha por encargo (creo que se nota) me ha dejado bastante incólume. Y no es porque lo que cuenta carezca de carga dramática, si no porque algo falla en la transmisión que convierte la acción en algo distante, algo para contemplar. Y viniendo de Isabel Coixet se nos hace extraño, aunque a veces es de agradecer, que no nos haya salpicado más.

La falta de garra de la que yo acuso al film, sé que será un mérito para quienes consideran que el cine de Coixet es excesivo y que hay que permitir que el espectador se relaje algo más y no resulte tan implicado. Ellos también tienen razón, pero el aspecto masoquista, a la par que morboso, tiene un atractivo especial: el dolor cautiva.

Penélope y Ben Kingsley construyen dos buenos ejemplares de animales heridos (una constante del cine universal de Isabel Coixet) pero la voz del narrador les coloca en otro plano: no son individuos que viven en tu barrio, son seres que huyen de un libro.
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7
Coixet, me caes mal, pero eres buena
Creo que el insoportable personaje en el que se ha convertido Isabel Coixet, provoca una reacción de rechazo en sus obras. Evidentemente esto son especulaciones, pero si la Coixet no fuera tan rematadamente progre e insoportable, si no se le llenara la bocaza de orgullo cada vez que nos quiere deleitar con sus pensamientos, se hablaría del talento de la directora y de su corta pero exquisita filmografía, y no de lo pretenciosa que parece. Isabel Coixet me cae francamente mal, pero me ha vuelto a demostrar que hace películas como casi nadie sabe hacerlas en España.

Hasta la fecha, considero a "Elegy" su segundo mejor film. Volver al nivel de "Mi vida sin mí" es difícil, pero Coixet lo ronda, se acerca, y tiene mucho mérito. "Elegy" toca muchos temas, los acaricia, Coixet tiene una sensibilidad especial tras la cámara. Los sentimientos afloran, "Elegy" no es sólo un drama romántico, el film aborda muchos más temas, y es muy fácil que alguno de ellos te toque la fibra sensible. Amor, desamor, soledad, celos, erotismo, impotencia, enfermedad, todo nos toca de cerca, y Coixet es muy cuidadosa en la forma de mostrarlo.

Técnicamente el film también es muy bueno. La playa fría y húmeda transmite sensaciones diferentes en momentos diametralmente opuestos. La fotografía está muy lograda, me ha gustado lo que veía.

Por último hay que destacar un gran reparto. Nunca me ha gustado Pé, no voy a defenderla ahora, pero no desentona y su belleza natural hace más plácido el verla en la gran pantalla. Quién destaca es el protagonista, el profesor David Kepesh (Ben Kingsley), quien está formidable ante todas las situaciones y todos los estados de ánimo por los que pasa.

"Elegy" ha superado mis expectativas, Coixet ha vuelto a realizar un trabajo formidable. Enhorabuena a Coixet.
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