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Hombres olvidados (1953)

6,1
84
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Sinopsis
Después de ser encerrado en un campo de concentración nazi durante la Segunda Guerra Mundial, el refugiado judío Hans Muller emigra a Israel para empezar una nueva vida. Pero los traumas psicológicos de la guerra siguen afectando su mente y no tarda en atacar por accidente a un policía. Convertido en fugitivo, el confuso e inestable Hans huye de la justicia por todo Israel, junto a un joven huérfano, en busca de paz de espíritu. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
The Juggler
Duración
84 min.
Guion
Michael Blankfort (Novela: Michael Blankfort)
Música
George Antheil
Fotografía
J. Roy Hunt
Productora
Stanley Kramer Productions
Género
Bélico Drama
7
El malabarista
La figura del malabarista no es casual: hay que serlo para sobrevivir en un campo de concentración nazi y pasar después a un país en formación expoliado a sus legítimos habitantes a sangre y fuego. Pero ésa es otra historia. Hombres olvidados es una producción de Stanley Kramer, cosa que no debe olvidarse, porque se trataba de un hombre que gustaba hablar de problemas importantes siempre con una visión progresista. La adaptación de un hombre desquiciado por los padecimientos en esa sociedad nueva no deja de producirle angustia y tormentos, al tiempo que ejerce de padre putativo de un adolescente que le sigue a todas partes. La película fue dirigida por el delator Dmytryk, un hombre con películas interesantes en su haber, pero que poco a poco fue resbalando pendiente abajo, hasta firmar cosas tan abismalmente malas como Barba Azul. The Juggler es una de sus buenas películas, y resiste bien el paso del tiempo. Mención especial para Douglas, en una de sus habituales composiciones pletóricas de energía y autoridad.
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3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
La Tierra Prometida.
118/24(30/05/18) Interesante aunque algo superficial drama (de bajo presupuesto) dirigido por (el delator) Edward Dmytryk, adaptando la novela homónima de Michael Blankfort que él mismo escritor guioniza. Centrado en un superviviente del Holocausto que emigra a Israel en 1949 para establecerse allí, pero que sufre estrés post-traumático por haber estado en un campo de concentración nazi, y haber perdido allí a su familia. Cinta producida por Srtanley Kramer, tipo de mentalidad progresista que en sus películas intentaba mostrar temas de relevancia social, para promover reflexiones y mensajes, y esta producción es prueba de ello, cinta pinera en la concienciación de los horrores que sufrieron los sobrevivientes en los campos de exterminio nazis, para ello el relato torna en una sutil historia que loa los parabienes de la naciente Israel (lo hizo 5 años antes del rodaje), y con ello se subvierte un tanto el retrato de personalidad del protagonista al erigirse en una loa al sionismo, donde el buenismo ambiental desborda la pantalla. Para ello el relato deriva en una cuasi-road-movie en que el protagonista huye por el país mediterráneo para de soslayo mostrarnos los ancestrales pueblos y sus kibutzs, y por supuesto sus gentes, en lo que entiendo fue una postal para atraer más inmigrantes a Israel, filmándose en sus exteriores en la nación hebrea (planos interiores en estudios hollywoodiense). El director tiene sus puntos fuertes en el reflejo psicológico del protagonista, exponiendo su angustia, tormento, sus traumas asfixiantes, ello en un recorrido vital alegórico con su huida hacia ninguna parte, pasando por el conflicto interno, el intento de escapar de uno mismo, los sentimientos de culpa, la frustración y como encuentra en su odisea motivos por los que agarrarse la vida, como son un muchacho y una mujer (por otro lado, recursos simplistas). Para esta travesía física y emocional está el espléndido Kirk Douglas con una energía y visceravilidad arrolladora. Pero al final se siente un tanto liviana, no tocando apenas temas al margen como el surgimiento de Israel. Se puede agradecer la valentía de mostrar algo poco visto en cine, pero adolece de esquematismo, y falta más garra y matices en los secundarios, todos meras muletas azucaradas (ejemplo ese romance flash con la bella rubia) para el arco de desarrollo previsto del protagonista. El título original (“The juggler”) hace referencia a la profesión del protagonista que ejercía con gran éxito en Alemania antes de la guerra, Malabarista, quizás profesión no escogida al azar, puede verse como una metáfora de alguien que sorteó las desgracias, la muerte pasó a su lado y consiguió sobrevivir al peor de los infiernos.

Cinta que en muchos momentos huele a documental, esto ya desde su arranque con un montaje de refugiados judíos europeos llegando a Haifa (Israel), dos años después la proclamación en la ONU de la nación de Israel, a partir de aquí la película esta punteada del costumbrismo del tiempo y lugar. Como recibían y recolocaban laboralmente a los inmigrantes judíos, los problemas de algunos para encontrar su lugar, vemos la bella y milenaria Haifa en la,persecución policial, vemos los campos israelís, vemos la vida en los kibutz, sus fiestas con sus bailes alrededor del fuego, vemos (tímidamente) como Israel estaba flanqueada por naciones enemigas (esto cuando vemos una patrulla a caballo de tres soldados sirios). Quizá la cercanía en el tiempo a los convulsos hechos narrados hace que se perdida perspectiva de la realidad histórica, pues todo lo dicho se exhibe pero no se rasca en nada de esto, meras postales cuasi-turísticas.

Es una narración que camina por lugares comunes, sobre el dolor de la pérdida, sobre los sentimientos de culpa por haber sobrevivido al Genocidio, sobre buscar sentido a seguir viviendo, pero todo es mostrado con emoción, mero artificiosamente, recursos fáciles de darle al protagonista un motivo paternalista en la figura del joven “Josh” y otro romántico en Ya’el, es que si no aparece la hermosa y sensual mujer encarnada por Milly Vitale ya no hay motivos para la esperanza? Manipulador en este sentido es el argumento, como apresurado es este recurso amoroso, un flechazo ipso-facto poco verosímil.

El director nacido en Canadá, Edward Dmytryk estuvo involucrado en la Caza de Brujas emprendida por el pérfido senador McCarthy, buscando a “anti-americanos” en Holywood, premisa para esta esta etiqueta era el ser o haber sido miembro del partido comunista, y el modus operandi de la comisión que investigaba esto era el chantajear a los testigos con o delación (y sigues trabajando en Hollywood), o silencio (entonces cárcel por desacato y consiguiente inclusión en la Lista Negra que era marchamo de no poder trabajar en la Meca del Cine). Dmytryk fue miembro del partido comunista USA entre 1944 y 1945, y primero se negó a declarar en 1947, formando parte de “Los 10 de Hollywood”, por lo que fue despedido de la RKO, y para no entrar en prisión huyó a Gran Bretaña, allí rodó dos películas. Cuando se le caducó el pasaporte retornó a USA, siendo arrestado y encarcelado, tras cuatro mese y 17 días en el presidio de MIllspoint (Virginia O.), aceptó testificar con nombres. El 25 de abril de 1951 ante el nefasto comité delató a varios compañeros de profesión entre ellos a directores de prestigio como Frank Tuttle, Michael Gordon o el gran Jules Dassin. Todo esto viene a colación de una escena manipuladora en que se hace una alegoría torticera sobre la delación justificada, esto ocurre cuando un agente de la policía interroga a una niña Para le dé una foto del tipo que buscan, Hans Muller, y ante las esquivas respuestas de la chica el policía le dice (convirtiéndose en alter ego de la conciencia de Dmytryk), "A veces, por el bien de la ley, tenemos que renunciar a nuestros amigos", pero en mi modesto entender no cuela, sus sentimientos de culpa (del director) son justificados pero empatizados por mí.
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3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil