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Éstos son los condenados (1963)

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Sinopsis
Weymouth, Inglaterra, principio de los años sesenta. Joan, una joven británica, actúa de cebo para que la banda liderada por su hermano King robe y apalice a un súbdito norteamericano llamado Simon Wells. Después de ser agredido y abandonado sobre el arcén, Simon recibe ayuda por parte de Bernard y sus amigos. Al regresar a su embarcación anclada en el puerto de Weymouth, Wells vuelve a reencontrarse con Joan, pero en esta ocasión sus intenciones parecen ser bien distintas. De hecho, Joan pretende zafarse del control que ejerce su hermano mayor sobre ella y se presta a embarcar junto a Simon en su pequeño yate. Sin embargo, King y su grupo de “teddy boys” les siguen la pista con sus motocicletas bordeando la costa. Al verse rodeados, Simon y Joan saltan una valla protectora electrificada y penetran en una especie de recinto militar. Ambos no tardan en precipitarse por un acantilado, y acto seguido, las olas arrastran sus cuerpos hacia la orilla. Allí los recogen unos niños que viven confinados en unas galerías subterráneas conectadas con el centro militar vía circuito televisivo, cuyo habitual interlocutor es el enigmático profesor Bernard. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Reino Unido Reino Unido
Título original:
The Damned
Duración
96 min.
Guion
Evan Jones (Novela: H.L. Lawrence)
Música
James Bernard
Fotografía
Arthur Grant (B&W)
Productora
Columbia Pictures Corporation / Hammer Film Productions
Género
Ciencia ficción Drama
6
La sociedad en apuros y los niños de la luz
Durante una entrevista realizada en Europa, Joseph Losey, dijo: “Ver el mal, advertir que existe y no hacer nada para combatirlo, es una manera de aceptarlo, de convertirse en su cómplice” (1). De esta manera, el director estadounidense, radicado entonces en Inglaterra para evitar el asedio del burdo y deplorable HUAC (Comité de actividades antiamericanas), estaba haciendo público uno de los objetivos esenciales de su cine que, él mismo, definiría como “una exaltación de la realidad desnudándola y depurándola a fin de ennoblecerla”.

En principio, hacer cine en Gran Bretaña no fue para Losey nada fácil, y cuando la Hammer, en cabeza del productor Michael Carreras, le entregó el guion que, Evan Jones, había escrito basado en la novela “Los niños de la luz” de H.L. Lawrence para que lo dirigiera, se sintió un tanto confundido, pues, la ciencia ficción no era de los temas que más lo apasionaran. Por esto, su película luce claramente como dividida en dos: Una primera parte, donde con soltura y comodidad él hace un buen espacio para el choque entre una pandilla que lidera un muchacho huérfano llamado King y un ex-asesor en seguros, Simon Wells, quien, desde que llega al puerto de Weymouth, se muestra interesado en la bella hermana del motociclista.

Aquí, la situación apunta a recrear un problema sociológico, donde la apatía del Estado, la violencia juvenil, el incesto y la prostitución a temprana edad, entran como asuntos que merecen la más seria atención, y Losey, luce muy desenvuelto en la planeación de tomas al aire libre, quedando nosotros preparados para el disfrute de un filme impactante y emotivo. Pero los productores esperaban que el director se ajustase a las líneas del guion… y es entonces que Losey se siente como pez en un pantano, cuando le toca contar el cuento de los niños cobaya con los que un oficial del gobierno experimenta, en aras de ‘encontrar la clave que permita a los ingleses sobrevivir en caso de una guerra nuclear’.

En este punto, surgen curiosas ideas: Al nombre King (Rey) del líder pandillero, se suma que los niños prisioneros (9 en total, como el número de miembros de la banda), llevan nombres de reyes y reinas de la historia de Inglaterra (Victoria, Elizabeth, Anne, Mary, Richard, Henry…) y ¡ya veremos la asociación que se dará entre el uno y los otros! Los niños estarán fríos como muertos, pero siguen vivos, y la tecnología que se usa con ellos luce ahora bastante rezagada, con lo que, el filme pierde gracia, y en este segmento, apenas luce como un episodio de “Perdidos en el espacio”.

Se pretendía con esto, hacer una denuncia de los peligros de la carrera nuclear, pero lo inocente del cuento y la austeridad con que fue realizado no logran cometido alguno.

MacDonald Carey, acostumbrado a los roles de buenazo, es una vez más el hombre que busca salvar a los más débiles. Oliver Reed, es el joven inadaptado que juega a ser malo mientras cuida que nadie se sobrepase con su hermanita. Y la preciosa, Shirley Anne Field, llena la pantalla en cada plano que se le brinda y además nos ofrece un espontáneo y fresco plano erótico que de seguro sorprendió al director, a su partenaire ¡y a ella misma!, en el momento en que recibe el primer beso. Sólo ahora, en la versión restaurada para DVD, podemos verla, porque, durante el estreno –dos años después de su realización- el filme fue cortado de 96 a 87 minutos y en algunos países a 80.

(Aquí citaré parte del desenlace) En la escena cumbre, Losey quería que la escultora Freya Neilson (Viveca Lindfors), muriera acribillada desde un helicóptero militar, pero una vez más intervino la censura y se insertó un plano con menos implicaciones.

No creo pues, que Losey haya quedado a gusto con lo que hizo (y le hicieron), y nosotros solo quedamos con el recuerdo de las imágenes iniciales donde se puede visionar el talento de un verdadero artista.

(1) Il cinema dei maestri. Gian Luigi Rondi

Título para Latinoamérica: “EL GERMEN DE LAS BESTIAS”.
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6 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
Tiene su encanto..
Unas de las primeras películas de Joseph Losey tras su exilio londinense tras ser una de las víctimas de la caza de brujas del McCarthismo (cosas que tiene el irse a estudiar tecnicas teatrales en Rusia, que le tachan a uno de "rojo"). Exilio londinense que más tarde se haría perpétuo y que nos dará joyas como "El sirviente" (también de 1963) o , más tarde, "El mensajero" con la que lograría la Palma de Oro de Cannes de 1970.

Tambien llamada "These are the damned", estamos ante una produccion 100% de serie B en la que, mediante una historia de amor y celos entre un americano y una pandilla de "gangs" rockeros de la época, Losey lo lleva todo al terreno de la ciencia ficción para hacer su mordaz crítica de esa sociedad de los primeros años 60 y del uso de las bombas atómicas por los estadounidenses.

La película bien se podría dividir en dos partes: Unos primeros 45 minutos donde, como más tarde haría Kubrick con su "Naranja mecánica", nos presenta a unos jovenes nihilistas, rockeros de cuero negro de motocicletas, y cómo no soportan que la hermana del cabecilla (un fantástico Oliver Reed) entable algo más que amistad con el rico americano madurito con yate.

Luego, otros 45 minutos en los los tres protagonistas de antes acaban en un lugar extraño para ellos: un lugar donde se realizan experimentos secretos con unos niños (los "malditos" del título). Esta parte está más relacionada con "1984" de Orwell; cámaras por todos lados, desconocimiento de lo que hay más allá, temor al "profesor", etc, etc... Vamos, metáfora de esa sociedad actual ante el futuro que se les avecina...

En resumen, película discretita, que se deja ver y te distrae a partes iguales.
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6 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil