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Dos pasiones y un amor (1956)

Dos pasiones y un amor
Trailer
5,2
89
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Sinopsis
Una mujer rica oye cantar en sus viñedos a un obrero y se da cuenta de que posee un talento especial. No dudará entonces en poner su fortuna a su disposición para convertirlo en una estrella. Al mismo tiempo, inician una relación amorosa, pero ella, que es muy veleidosa, pronto se aburre y busca emociones en brazos de otro hombre. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
Serenade
Duración
121 min.
Guion
Ivan Goff, Ben Roberts, John Twist (Novela: James M. Cain)
Música
Ray Heindorf
Fotografía
J. Peverell Marley
Productora
Warner Bros.
Género
Drama Ópera Música
Grupos  Novedad
Adaptaciones de James M. Cain
3
Dos bostezos y una cabezadita
Uno de los films más olvidados (con razón) y menos interesantes del maestro Anthony Mann, protagonizado por el famoso tenor Mario Lanza en horas muy, pero que muy bajas (moriría solo tres años despues), una ausente Joan Fontaine que pasaba, casualmente, por allí, una Sarita Montiel tan bella como mala actriz, pero con algunas escenas (sobre todo toreras) de verguenza ajena, y un Vincent Price infundiendo un poco de altura a tanta mediocridad.
Aderezado con famosas arias de ópera, plagada de tópicos hasta la nausea y con dos horas interminables de duración, la visión de esta peli es realmente meritoria por su aburrimiento, su previsiblidad y el evidente desinteres que su director demuestra, con una puesta en escena que en momento alguno refleja la fuerza, la tensión y el vigor característico del Sr. Mann.
Recomendada tan solo para completistas del kistch más rancio, y para fans de Sara Montiel (casualmente esposa fugaz del director) , por que de Mario Lanza, espléndida voz aparte, pocos admiradores deben quedar hoy en día.
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6 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
Celos y ópera. Temas eternos.
Mario Lanza canta y canta y la vida le obliga a ir, de menos a más, pues de inicio no tiene nada, salvo su voz, pero él lucha por su vida, y con todo su esfuerzo, por abarcar amor, bondad, belleza en el canto, nos brinda una interpretación llena de fuerza, vigor, pasión.
Sara Montiel es una humilde campesina, huérfana, a la que la vida solo le permite sufrir, trabajar y un día al año hacer de torera en las fiestas del pequeño pueblito de Méjico donde nació, y con ese pequeño gesto en ese concreto día en las fiestas patronales de dicho pueblo, trata de paliar el dolor por la muerte de su padre, un famoso matador de toros, al que los celos, ay, los celos, mataron de esa manera infalible que es peor que una cornada, y que no es otra que el que uno mismo ya no quiera vivir más.
La actitud de nuestra Sara no es otra que cuidar tanto a la poca familia que le queda, como a los aldeanos del lugar, entre los que destaca un paisano mejicano que se siente atraído por sus encantos, el cual, a su vez, con la llegada del cantante Mario, también sufre la dolencia de los celos amorosos.
Por lo demás, Sara sueña con una vida mejor, la cual parece muy lejana. Por tanto a Sara la vida solo le permite ir de más a más.
Y Joan Fontaine bebe, bebe, y organiza fiestas, -entiéndase orgías-, y no tiene ni que ir de menos a más -como Mario- , ni de más a más -como Sara-, pues, como nuestra querida Joan es millonaria y lo tiene todo, solo quiere a Mario para presumir de su “amor por la ópera”, el de ella, que es una “especie de serpiente maléfica” disfrazada de “cordero amante de las artes”.
Bueno, poco más se puede pedir; además si tenemos a un Vincent Price que borda su papel de empresario de ópera, que sabe de buena mano del cinismo de Joan Fontaine, pues se conocían desde pequeños, y todo esto lo dirige el grandísimo Anthony Mann, pues el resultado es un peliculón tan grande como la mismísima ópera Otello de Verdi o Don Giovanni de Mozart.
Además, las dos mujeres están muy bellas, especialmente la siempre guapísima Sara.
La música, como no tratándose de ópera, primorosa.
También muy bellas todas las escenas que suceden en Méjico, tanto por los paisajes como los interiores de las iglesias.
Así que, ahí va mi lema:
Apaguen el ordenador, ya no lean más críticas, y música maestro: enciendan la televisión y vean esta obra maestra.
Me ha recordado otra película muy bella, en las que los celos, aunque sean de una muerta, también están presentes: la famosísima Rebeca, también con Joan Fontaine.
P.D. Comento escenas impactantes en el spoiler, sin contar el final de la película.
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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil