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Moonrise Kingdom (2012)

Moonrise Kingdom
Trailer
7,2
36.920
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Sinopsis
Años 60. Familiares y amigos buscan a dos jóvenes amantes que han huido de su pueblo natal. Así, quedarán de manifiesto viejos rencores y ocultas relaciones románticas entre algunos de los personajes que participan en la búsqueda. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
  Ver reparto completo
Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
Moonrise Kingdom
Duración
94 min.
Estreno
15 de junio de 2012
Guion
Roman Coppola, Wes Anderson
Música
Alexandre Desplat
Fotografía
Robert D. Yeoman
Productora
Focus Features / American Empirical Pictures / Indian Paintbrush
Género
Comedia Drama Romance Años 60 Cine independiente USA Comedia dramática Infancia Adolescencia
7
Wes Anderson en el País de Nunca Jamás
Da lo mismo el tipo de graduación de gafas que tengas, si son de pasta gruesa o de liviana montura, si llevas lentillas o no tienes cataratas. Da lo mismo que veas esta película bizco o haciendo el pino, que te pongas el parche o te hagas un piquete de ojos. Da lo mismo que la veas a dos kilómetros de distancia, que estés en primera fila o saques tus prismáticos y apuntes a la pantalla… porque siempre verás lo mismo:

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Y es que el autor de “Fantástico Sr. Fox” vuelve a la ficción en retroceso narrando, entre bellas imágenes y una estética inmortal, un cuento sobre el amor adolescente: imposible, loco e indivisible. Su estilo es siempre inconfundible en su reparto coral y conexiones anteriores, en su banda sonora y la utilización y reivindicación del vinilo. “Moonrise Kingdom” es como si Peter Pan se vistiera de un boy scout nerd y se pusiera gafas de pasta gruesa para ligarse a una depresiva y solitaria Wendy. Desde la presentación de la heroína, como si viviera atrapada en una casa de muñecas con una familia disfuncional (marca de la casa) esperando que su príncipe por correspondencia la lleve al País de Nunca Jamás, llueven las referencias al detalle y al mundo de los libros entre páginas, barridos y precisas panorámicas.

La batidora está lista para triturar el pasado, para reconvertir el tren de “Viaje a Darjeeling” en una canoa con destino a una playa de ensueño, para transformar a “Life Aquatic” en el Diluvio Universal fuera y dentro de un escenario teatral que no tiene nada que envidiar a “Intolerancia” de Griffith, para reinventar los valores familiares de “Los Tenenbaums. Una familia de genios” y para reivindicar el papel cinematográfico de Bill Murray desde “Academia Rushmore”. Pero sobre todo para que gritemos entre prismáticos y butacas: ¡Oh, Dios mío… han matado a Snoopy! ¡Hijos de puta!
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142 de 178 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
El reino de los modernos
Si hace una semana hubiésemos realizado una encuesta sobre cuál es su director favorito entre los miles de seguidores del Sónar que bailoteaban a plena luz del día, seguro que Wes Anderson aparecería en la mayoría de preferencias. Wes Anderson es cool, es vintage, es guay. Es lo más. Al cine de este enigmático director le ocurre lo mismo que a la música alternativa y etérea que se danza en el festival de Barcelona, unos pocos la disfrutan y unos cuantos, los que más, fingen entenderla. Wes Anderson, como el Sónar, como las tiendas de ropa de segunda mano, es parada obligatoria para todo moderno que se precie.

El director de Academia Rushmore, de Los Tenenbaums, de Viaje a Darjeeling, mantiene en esta última obra ese humor surrealista revestido de look demodé, hoy más de moda que nunca. Es, sin duda, un estilo particular, muy meritorio, en el que cada fotograma destila comedia por sí mismo. La imagen requiere de pocas palabras para provocar ese efecto satírico y absurdo que desprenden todas sus películas. Pero en esta ocasión, más que nunca, se echa en falta una mínima trama, un argumento que complete el impresionante esfuerzo de fotografía.

Porque esa historia de amor preadolescente, esa fuga de amantes benjamines, provoca el mismo efecto que producen los niños ajenos, esa sonrisilla entre “fíjate qué monada” y “quítalos de mi vista lo antes posible”. Aunque muchos críticos se esfuercen en buscarle sentido al filme como un viaje a la etapa infantil, a pesar de lo increíblemente bien que Jared Gilman asume el papel de niñato resabido, lo cierto es que Moonrise Kingdom es poco más que un estímulo visual.

Anderson demuestra una enorme habilidad, no sólo en el uso de la luz y del color, sino también en el manejo de la cámara, con esos desplazamientos laterales, arriba y abajo, que lo convierten en el rey del travelín (palabro del diccionario de la RAE que también parece perseguir el gusto por lo antiguo). La agilidad que por momentos no encontramos en los guiones la obtenemos en el puro nervio de sus imágenes, como si ambos conceptos, continente y contenido, discurrieran por caminos opuestos.

A los fieles seguidores del director, sin embargo, poco les importará el mensaje. Moonrise Kingdom ofrece los suficientes guiños nostálgicos como para satisfacer a esa corriente posmoderna con la mirada puesta en el pasado. Vibrarán con el tocadiscos portátil de Suzy, objeto kitsch donde los haya, o con el baile de guateque que se marca Sam en la playa. Sólo cabe preguntarse qué ocurrirá con la película, cómo se mantendrá en el tiempo, cuando lo viejo deje de ser moderno. Es lo que tienen las modas, que son pasajeras.
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114 de 152 usuarios han encontrado esta crítica útil