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La cámara de Claire (2017)

La cámara de Claire
Trailer
6,4
470
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Sinopsis
Durante un viaje de negocios al Festival de Cannes la joven Manhee (Kim Min-hee), asistente de ventas de una distribuidora, es despedida por su jefa acusada de ser deshonesta, pero en el fondo por una cuestión de celos. Por suerte, conocerá allí a una profesora llamada Claire (Isabelle Huppert), que hace fotos con su cámara Polaroid. Cada una de ellas tiene una peculiar visión de la vida, y juntas lograrán entender sus mundos. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
Año / País:
/ Corea del Sur Corea del Sur
Título original:
Keul-le-eo-ui Ka-me-la
Duración
69 min.
Estreno
13 de julio de 2018
Guion
Hong Sang-soo
Música
Dalpalan
Fotografía
Jinkeun Lee
Productora
Coproducción Corea del Sur-Francia; Les Films du Camelia / Jeonwonsa Film
Género
Comedia Drama Cine dentro del cine
8
¡Patata!
Y se acabó. La gran epopeya de Hong Sang Soo de publicar cuatro películas el mismo año se cierra con la más esperada, esa que supone la vuelta de Isabelle Huppert a su cine tras In another country. No hay loas suficientes para un director que de manera improvisada ha logrado facturar en tiempo récord cuatro obras de gran calidad sin flaquear en ningún instante. Sang Soo demuestra que hacer una película no es tarea complicada: las cuatro, al igual que todo su cine, giran en torno a conversaciones, a casualidades, a encuentros fortuitos, a decepciones. No en vano siempre se le compara con Rohmer, hecho que nos hace pensar que igual la Claire que sostiene la cámara es aquella adolescente ingenua de La rodilla de Clara.

No parece complicado dirigir una película, decíamos, sino que lo verdaderamente difícil y meritorio es llegar al centro de un sentimiento y transmitirlo al espectador con una puesta en escena tan desnuda. Sang Soo nunca es artificio, siempre es verdad y emoción. El plato fuerte de Claire's camera, aparte de las dos estrellas femeninas, es el escenario elegido: Cannes en pleno festival.

La empleada de una distribuidora es despedida tras mantener un idilio con el director de la película. A su vez, sabremos poco después que la jefa mantiene otra relación clandestina con el mismo hombre. En esta confusión a tres bandas, Claire, una profesora de música de visita en el festival, capta con su cámara a las tres puntas del triángulo. A partir de esas imágenes será capaz de comprender lo que sucedió en el pasado y preveer lo que les traerá el futuro con gran facilidad.

Toda la historia transcurre en una burbuja ajena al espectáculo. Cuando el mayor escaparate de cine en el mundo tiene lugar a tan solo un par de calles, Sang Soo se venga del exceso de sus colegas de profesión que desfilan por la alfombra roja. Las dos mujeres protagonistas hablan en la playa de la importancia de las películas simples para pasarse el resto del film girando en torno a la decepción laboral y personal.

Cannes es una excusa que no hace más que resaltar la sencillez y la honestidad del relato que Claire retrata con sus polaroids, una tras otra, creando la historia. Si en algún momento alguien se esperase que el director nos colase en los entresijos del festival, saldría decepcionado. Al igual que The day he arrives, esta es una película de un laberinto de callejuelas y conversaciones en restaurantes. Los alumnos de la escuela de cine que aparecían al doblar cada esquina en The day he arrives jugaban el mismo papel que recae aquí sobre una perra dormilona y tranquila.

"La única forma de que las cosas cambien es volver a verlas otra vez, lentamente" le dice Claire a Manhee. Es por eso que lleva una cámara consigo. Es por eso que Sang Soo, con la misma fórmula de siempre, vuelve a ser capaz de regalarnos algo diferente. Un par de líneas de guión, un par de actores, un par de lugares, un par de conversaciones en una mesa y dejar que todo fluya. Una idea de dirección en torno a la que se creará la película basta: En Hill of freedom eran las páginas de una carta desordenadas, en In another country, tres relatos de una joven que se aburre, en Ahora sí, antes no la comparación de dos historias a partir de un ligero cambio...

En Claire's camera se trata de esta serie de fotos instantáneas que desdibujan la cronología de la película. Se provoca así una sensación de inestabilidad temporal que multiplica las posibilidades de significado de aquellos detalles que pueden pasar desapercibidos en la trama principal. Una película que, como Claire decía, invita a ser vista, otra vez, lentamente. Y efectivamente, cada vez se convierte en una historia distinta.
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7 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Obra menor, genio mayor
Creo haber leído en alguna ocasión una afirmación parecida a la que sigue: un buen director de cine es capaz de hacer que sus películas hablen de algo, pero un genio siempre hará, una y otra vez, la misma película, o al menos todas sus obras hablarán de lo mismo.

Si esto es así, no hay duda de que Hong Sang-soo es uno de esos genios. Y es que el conjunto de sus filmes supone un amasijo en el que cuesta distinguir los unos de los otros. Esta situación ocurre también con cineastas de la talla de Ozu, Kiarostami, Rohmer o Angelopoulos, por ejemplo.

Dejando aparte este caso tan extremo (en el que las películas parecen casi siempre un calco de la anterior) podemos encontrar un conjunto de directores marcados por un gran tema, de forma que sus obras siempre tratan o giran en torno a la misma cuestión. Cabe citar aquí a Bresson, Tarkovsky, Tarr, Dreyer, Kaurismäki, Erice, Herzog, Jarmusch, Fellini... Y una larga lista de nombres que sigue y sigue.

Los ejemplos anteriores me sirven para posicionarme a favor de la afirmación inicial, así pues yo también concuerdo en que los grandes genios siempre hacen la misma película o siempre hablan de lo mismo. Y no solo ello, sino que son los cineastas por los que más interés y devoción siento, siendo Hong Sang-soo uno de ellos.

El cine de este surcoreano está marcado por unos elementos muy fuertes que lo hacen personal y diferente. Inevitable fijarse primero en esos zooms que tanto caracterizan su estilo. La primera vez que se vive uno de ellos es extraña y curiosa, pero poco a poco nos decantamos hacia una de dos posiciones: amor u odio.

Esos zooms, además de ser una cuestión de estilo, están al servicio de un fin mucho mayor: no cortar la interpretación. Sang-soo dirige actores de una forma muy peculiar, y es que escribe la historia a medida que rueda. Esto provoca que el punto de partida al que se agarran los intérpretes sea casi nulo, y por tanto dependen del día a día para construir sus personajes.

El resultado son unas películas llenas de espontaneidad, capaces de retratar no sólo a la sociedad al natural en su conjunto sino también a las personas y sus relaciones humanas. Y he aquí otro gran elemento de su cine: la poesía de lo cotidiano, de lo banal.

Al igual que el cineasta japonés Yasujiro Ozu, Sang-soo es conocido por retratar historias pequeñas, desnudas, de una forma sencilla y directa, sin elementos que recarguen en demasía algo que no necesita ser recargado. Huye del efectismo y lo rocambolesco, puesto que no tiene necesidad de ello, ya que sus películas son un claro testimonio de que menos es más.

Sus personajes casi siempre se desenvuelven en bares donde beben soju, fuman y comen cantidades ingentes de comida surcoreana. Las charlas por lo general giran en torno a cuestiones banales, amores, desamores, amistades y rencores. Pero también encontramos reflexiones filosóficas sobre el cine, el arte, el amor o el sentido de la vida.

No es raro que esas reuniones acaben en grandes borracheras o situaciones embarazosas. Tampoco es extraño ver a los protagonistas paseando por una playa o por las calles de la ciudad donde toda la trama tiene lugar. En cuanto a la relación entre esos personajes, usualmente se trata de relaciones amistosas, amorosas, interculturales, laborales o de profesor-alumno.

Y es que en el fondo Sang-soo habla de lo que conoce y de lo que le rodea. En La cámara de Claire concretamente se aprecia este aspecto más que en otros de sus filmes. Y no sólo porque aparezca la figura del director de cine, sino porque en esta ocasión el nombre de dicho sujeto (So Wan-soo) remite de forma irremediable al de su creador (Hong Sang-soo).

Con tantos filmes en su haber, y más que están por llegar, es irremediable encontrar algunos que destacan más y otros que van a la cola de estos. Hablando claro, es inevitable encontrar obras menores, y en mi opinión La cámara de Claire es una de ellas.

Para mi ello se sustenta no tanto en cuestiones de contenido, sino de forma. Y es que es muy evidente tras el visionado que se trata de una película rodada con escasos fondos y en poco tiempo. Cierto que ambos elementos suelen ser cortos en sus producciones, pero en esta ocasión lo son de más. Donde más patente se hace esto es en el sonido.

Como he comentado antes, Sang-soo escribe a medida que rueda, por eso los actores tienen esa ligereza y naturalidad. Pero claro, para lograr esas interpretaciones es muy importante recoger todo en una sola toma, de ahí los zooms y el no cortar. Y a su vez es de vital importancia para ello el sonido directo, la voz y el tono original de los actores en ese momento determinado.

Sin embargo, en esta obra se nota cuándo se ha rodado con calma y cuándo no. Se notan las localizaciones silenciosas y las ruidosas. Se nota cuándo una calle no está cortada y el ruido de una moto o un autobús tapan el diálogo de los personajes. Todo ello embrutece no solo el sonido, sino también el resultado final.

La fotografía, cuestión además muy relacionada con la trama de esta película, sufre igualmente. Ello se evidencia sobre todo en los planos nocturnos, marcados por un dominante color naranja debido a las farolas de la calle. A mi parecer esto toda de un cierto feísmo nada agradable a la imagen.

El hecho de que se hable en inglés la mayor parte del tiempo y, por tanto, que los actores estén actuando en otro idioma, potencia el tono que ya de por si tienen las interpretaciones en el cine de Sang-soo. En este caso concreto (a diferencia de En otro país) dota a los personajes de una mayor sobreactuación y de cierto carácter infantil.

Pero a pesar de todo esto el filme funciona, nos atrapa y nos emociona. Porque es honesto, divertido, sencillo y directo. Porque tiene detrás a un cineasta curtido y con las ideas claras. Porque aunque sea una obra menor, tras él hay un genio mayor.
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4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil