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La mejor oferta (2013)

La mejor oferta
Trailer
7,1
22.546
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Sinopsis
Virgil Oldman (Geoffrey Rush), un hombre solitario y excéntrico, es un experto en arte y un agente de subastas muy apreciado. Su vida transcurre al margen de cualquier sentimiento o emoción hasta que conoce a una hermosa y misteriosa joven (Sylvia Hoeks) que le encarga tasar y vender las obras de arte heredadas de sus padres. Esta joven, que sufre una extraña enfermedad psicológica que la mantiene aislada del mundo, transformará para siempre la vida de Virgil. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
  Ver reparto completo
Año / País:
/ Italia Italia
Título original:
La migliore offerta (The Best Offer)
Duración
131 min.
Estreno
5 de julio de 2013
Guion
Giuseppe Tornatore
Música
Ennio Morricone
Fotografía
Fabio Zamarion
Productora
Paco Cinematografica / UniCredit
Género
Intriga Romance Thriller Drama Drama romántico Pintura
9
Siempre hay algo auténcio oculto en toda falsificación - Spoiler con trama-
Soberbia. Me ha encantado.

Cuando leo otras críticas percibo que muchas de ellas no valoran la película porque no han entendido parte de la trama.
Esta crítica desmenuza las historias paralelas, aquello que se intuye pero que no se ve.

Por ello, escribo en spoiler las pistas que va dejando la historia y las motivaciones de los personajes, para que SÓLO DESPUÉS DE VERLA, se puedan interpretar y recordar ciertos aspectos que redondean la película.

Quien lea este spoiler antes de ver la película se va a destrozar el visionado, pero quien lo lea después espero que contribuya a su valoración y disfrute.
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381 de 393 usuarios han encontrado esta crítica útil
5
Ojos con rostro
Al comentar este film es inevitable referirnos a un momento muy concreto: la secuencia en la que él (Geoffrey Rush) ve la cara de ella (Sylvia Hoeks). Hasta entonces Tornatore, sabiamente, ha escondido su rostro.

Esa ocultación es eficaz a los efectos de la definición del personaje principal; en el rostro invisible y agorafóbico de ella se encuentra y reconoce la misantropía del protagonista, la metáfora de su distancia táctil con el mundo y su colección de guantes. El romance que se apunta es decadente, extraño y enfermizo. Hasta ahí, compro las resonancias hitchcockianas y obsesivas de 'Vértigo' que se han señalado previamente. Hasta ahí.

¿Por qué decide, pues, Tornatore mostrar el rostro de la prota? Es tan evidente la cagada que es absurdo pensar que es un error. Tornatore lo hace por algo, tiene un sentido (además el guion es suyo). Esa secuencia “contra natura” pilla al espectador a contrapié y contradice el inicio del film, no puede ser una mala decisión. No puede ser un fallo. Tornatore busca algo. “Necesita” mostrar el rostro de la actriz. Desde un punto de vista de análisis estructural del relato esa opción es algo estudiado y premeditado. El director sabe que estéticamente es una mala opción –porque previamente ya ha jugado al misterio de la ocultación– y aun así lo muestra. ¿Por qué?

Pretende un giro, un cambio en el tono. El proceso es justo el inverso que Hitch empleó en 'Vértigo'. Allá donde el inglés usaba el subterfugio del suspense para el drama metafísico, el italiano emplea el drama como excusa para el thriller.

Sin rostro habría mística y habría espectro, la peli transitaría por la decadencia de referentes italianos previos (el cine de Visconti, films como 'Alma perdida' –Dino Risi. 1977–, etc). Pero esta secuencia hace evidente que Tornatore no maneja ese tipo de argumentos. Necesita un desarrollo convencional que justifique el giro final. Necesita un desarrollo de género, no de autor. Esa escena es una bofetada de pragmatismo narrativo que te saca del ensueño previo; el romance de los protagonistas pasa a tener rostro porque la película, definitivamente, no va de lo que creíamos que iba.

Y en ese preciso instante el espectador avezado intuye que se la van a meter doblada.

Tornatore cambia el centro de gravedad a mitad de metraje dejándonos a algunos con la miel en los labios. A partir de ese momento, en mi opinión, todo se convierte en una letanía previsible de lugares comunes propia del más rutinario de los best seller telefilmeros y antenatreseros.

Después de esa escena todo se ve venir. O, mejor dicho, por culpa de esa escena todo lo que viene después se ve venir (*).
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133 de 186 usuarios han encontrado esta crítica útil