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Doctor Zhivago (1965)

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Sinopsis
Rusia, revolución bolchevique (1917). La guerra civil que sigue a la revolución mantiene al país profundamente dividido. En medio del conflicto, asistimos al drama íntimo de un hombre que lucha por sobrevivir. Este hombre es Zhivago, poeta y cirujano, marido y amante, cuya vida trastornada por la guerra afecta a las vidas de otros, incluida Tonya, su esposa, y Lara, la mujer de la que se enamora apasionadamente. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
Doctor Zhivago
Duración
197 min.
Guion
Robert Bolt (Novela: Boris Pasternak)
Música
Maurice Jarre
Fotografía
Freddie Young, Nicolas Roeg
Productora
Carlo Ponti. Distribuida por Metro-Goldwyn-Mayer (MGM)
Género
Drama Romance Aventuras Histórico Revolución Rusa Cine épico Drama romántico
10
El día en que me enamoré de Yuri Andreyevich
Cuando era una niña (hace muchos años), en un album de piano de título tan impreciso como “Piezas célebres”, que de alguna manera había ido a parar a mi casa, encontré una obra llamada “Tema de Lara”. Yo no sabía qué era “Lara” ni había oido jamás hablar de Zhivago. Empecé a tocarla de forma titubeante e inmediatamente mi madre acudió junto al piano. Por su expresión sólo le falto decirme lo de “tócala otra vez”. Me explicó el origen de esa pieza y en mi mente se quedaron grabadas dos imágenes que asocié a aquella música desde ese momento: un doctor (al que suponía idealista y entregado a los demás) y una estepa cubierta de nieve.

Años más tarde, en una tienda que ya no existe, encontré una colección de mecanismos para cajas de música, que se accionaban por medio de una manivela. Todos reproducían la música de alguna película. Compré dos: El padrino y Doctor Zhivago. Esta última se la regalé a mi madre y me dije que había llegado la hora de leer el libro. Nunca quise ver la película. A priori, con ese halo de superproducción, no me interesaba demasiado. Sin embargo disfruté mucho con Pasternak.

El día de Reyes, por fin Yuri tuvo ojos y voz, tras tantos años vagando sin forma por mi pensamiento. Le ví cabalgar por la estepa nevada en busca de Lara, luchar en silencio contra la vida con las mejores armas que un hombre de esa categoría puede tener. Por fin entendí la emoción contenida de aquella música, la promesa de felicidad que anuncian sus notas.

Poco puedo añadir sobre Doctor Zhivago tras leer la critica de Servadac. Después de tantos años evitándola (¿cuántas veces hemos tenido la cinta en la mano y la hemos vuelto a dejar en la estantería de la tienda?) al final, desprevenidos ante su belleza, nos encontró ella a nosotros.

Un hallazgo, un regalo. Eso es Doctor Zhivago.
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167 de 182 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Palabras para Yuri
Zhivago es médico y poeta. Sus manos son el instrumento sanador. Con ellas cura cuerpos, restaña las heridas materiales producidas en el hombre por el hombre. Con ellas, cuando escribe, procura dar alivio a las heridas sin costura del espíritu, acaso más profundas. ¿Quién duda de que la cicatriz de Striélnikov sea más interna que exterior?

Más allá de las imágenes excepcionales, fascinantes, grandiosas, sobrecogedoras y perfectas; más allá de la precisa metáfora de la balalaica, desbordante de colores vivos entre paisajes grises; más allá del mecanismo visual hermosamente matemático; más allá de la exactitud milimétrica en el diseño del vestuario, en el trazado de los personajes, en la puesta en escena, en el uso de la luz, en los encuadres, en la composición de cada plano. Más allá de la maestría narrativa, de la belleza de Christie y de Sharif. Más allá, digo, de los aspectos técnicos de la película, Doctor Zhivago es el retrato milagroso del alma de un poeta.

Yuri Zhivago busca sin descanso una ventana, una abertura, un pasadizo, que le permita escapar de la cárcel más inmensa que pueda concebirse. Una cárcel tan grande como el mundo. A Yuri le basta con un mínimo cuadrado que le deje ver el cielo, con su hijo, en un vagón repleto de personas; le basta con un cerco de luz en un cristal cubierto por la escarcha. Le basta con el sol, el aire, la luna o las estrellas.

Pero en la cinta no encontramos sólo campanitas del lugar y atardeceres. La narración es inmisericorde con sus habitantes. Komarovski (un espléndido Rod Steiger) hubiera situado con cinismo socarrón el agujero de escape para Yuri entre las piernas de Larisa.

Nunca sabemos si las separaciones serán irrevocables: los individuos no son quienes hacen la Historia; la Historia les pasa por encima.

“Si encienden las estrellas / es porque alguien las necesita, ¿verdad? / alguien desea que estén, / alguien llama perlas a aquellos salivazos”, nos dice Mayakovski, el gran poeta de la Revolución.

David Lean convierte el salivazo que es la vida de sus personajes en perlas para los sentidos. Nos enseña, sin palabras, los versos de Zhivago.
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