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La parada de los monstruos (1932)

La parada de los monstruos
Trailer
8,2
21.218
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Sinopsis
En un circo lleno de seres deformes, tullidos y personas con diversas amputaciones, Hans, uno de los enanos, hereda una fortuna. A partir de ese momento, Cleopatra, una bella trapecista, intentará seducirlo para hacerse con su dinero. Para lograr su objetivo, traza un plan contando con la complicidad de Hércules, el forzudo del circo. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
  Ver reparto completo
Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
Freaks
Duración
64 min.
Guion
Willis Goldbeck, Leon Gordon, Al Boasberg (relato: Tod Robbins)
Música
Richard Wagner
Fotografía
Merrit B. Gerstad (B&W)
Productora
Metro-Goldwyn-Mayer (MGM)
Género
Drama Terror Discapacidad Circo Película de culto
"Valiente hasta la náusea. Todo un clásico monstruoso"
[Cinemanía]
"El más furibundo alegato a favor de la diferencia de la historia del cine."
[Diario El País]
10
Espuelas
Cuesta creer que esta sea una película de la “Metro”. La soberana de las “majors”, con esa línea conservadora y amable dirigida a toda la familia, no era el vehículo más adecuado para dar lustre a una “rara avis” como “Freaks” (Mayer mandó, tras su estreno, retirar de todas las copias el logotipo de la MGM).
Esta película es un cuento cruel que deriva, hasta sumergirse, en el terror. Lo maravilloso de Tod Browning es que siguiendo al pie de la letra el clasicismo del terror, lo trastoca completamente para darnos una película de una modernidad asombrosa.
El terror nace de lo raro, de ese hecho excepcional que se vuelve intruso en la rutinaria normalidad. Esta regla básica presente en todas las películas de terror es aquí seguida al pie de la letra; sólo que en “La parada de los monstruos”, lo excepcional no son los “freaks”, sino la “normalidad” de la belleza y la fuerza de Cleopatra y Hércules, pues ellos son los anormales dentro de esta trouppe de “freaks”.
Así esta historia se desarrolla en dos partes casi simétricas: la primera parte, que podemos definir de cruel, mostraría la humillación de la belleza a la fealdad; la segunda, la terrorífica, desarrollaría la humillación de la fealdad a la belleza; pero con una pequeña diferencia: mientras que en la primera parte lo monstruoso se agazapa en lo bello (todas las humillaciones y el plan para asesinar y quedarse con la herencia); en la segunda, lo monstruoso es mostrado como un acto contra la crueldad de esa belleza que los ha excluido y marginado, tomando la venganza como un acto de hermandad.
Es curioso como Browning presenta estos dos mundos. Mientras que el de la fealdad tiene algo de paraíso perdido (la bellísima secuencia de presentación los “freaks” jugando en el bosque), el de la belleza está presentado desde la avaricia (Cleopatra y Hércules humillando al enano bien de palabra –“renacuajo”, “cagadita de mosca”, le llegan a llamar-, o por obra: Cleopatra esperando que el enano le ponga la bata); pero más magistral es cómo presenta el terror.
De nuevo el terror no surge por la naturaleza de estos “freaks”. La modernidad de Browning nos aclara que el terror es una cuestión de mirada… Puede que la normalidad domine la vida, o el aire como en el caso de la trapecista, pero el suelo, el suelo pertenece a los “freaks”… y es desde esa mirada baja desde donde controlarán toda la puesta en escena que a partir del banquete de bodas transformará la existencia de Cleopatra y Hércules en un tormento.
“Freaks” es una película extraña, fascinante, de una poética insólita. Una obra maestra excepcional e irrepetible.
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204 de 224 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
Inolvidable e irrepetible
Probablemente la única obra maestra del amante de lo grotesco y la mutilación: Tod Browning. Y, junto a Drácula (con Béla Lugosi), su película más conocida. Con tan sólo 16 años Browning huyó de casa y se unió a una feria con fenómenos humanos (freaks) aquejados de malformaciones. A partir de su experiencia con ellos, crea uno de los melodramas más inquietantes de la historia del cine. En él, los "monstruos" (monstruo= cosa extraordinaria en cualquier línea) no son fruto del maquillaje o los efectos especiales; son auténticos. En "La parada...", el sentimiento de pertenecer a una comunidad, minimiza el sufrimiento por la naturaleza deforme de estas personas, que se unen solidariamente cuando uno de ellos sufre una agresión. Creo que uno de los grandes aciertos de Browning al realizar "La parada...", estriba en no caer en la condescendencia fácil de convertirlos en víctimas inocentes ni tampoco en mostrarlos como monstruos, sino como lo que son, simplemente humanos. Llama la atención la inseguridad (exteriorizada a través de la maldad) de los personajes "normales", incluso siendo bien parecidos, mientras que los freaks, han aceptados sus limitaciones y se han adaptado a ellas. Rodada en gran medida en tono documental, que se ve acentuado sobre todo en las secuencias que muestran escenas de la vida cotidiana de los freaks. Amante del ilusionismo, Browning nos deleita con algunos deliciosos trucos de cámara que nos hacen sonreir al apercibirnos del engaño, pero que, además, encajan perfectamente con todo el ambiente de la película, pues en ella, casi siempre, las apariencias engañan, algo fundamental en los espectáculos de prestidigitación. Adelantado a su tiempo Browning nos dejó una obra tan inolvidable como irrepetible, donde los monstruos (esta vez: monstruo= persona muy cruel y perversa), no parecen ser los freaks. No lo olvidemos: la normalidad está en el ojo del que mira. Imprescindible.
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105 de 108 usuarios han encontrado esta crítica útil