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Black Mirror: El momento Waldo (TV) (2013)

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Sinopsis
Jamie Salter es un cómico fracasado que se convierte en la voz de Waldo, un anárquico personaje animado de un típico late night de humor. La vida de Salter se escapa de control cuando, frustrado por el mundo de la política, el oso azul Waldo se convierte en un firme candidato en las próximas elecciones. Tercer episodio de la segunda temporada de la miniserie "Black Mirror" creada por Charlie Brooker. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Reino Unido Reino Unido
Título original:
Black Mirror: The Waldo Moment (TV)
Duración
43 min.
Guion
Charlie Brooker, Chris Morris
Música
Antony Genn, Martin Slattery
Fotografía
Mike Spragg
Productora
Channel 4
Género
Drama Ciencia ficción Sátira Política Televisión Telefilm
Grupos  Novedad
Black Mirror [Serie]
9
La pregunta es: para que sirves tu?
Me sorprende ingratamente ver que éste es el episodio, con mucho, peor valorado de toda la serie cuando, al contrario que Oso Blanco que centraba todo su potencial crítico en la sorpresa final, o el que abre la segunda temporada, que es mucho más reducido en su temática (sin desmerecer ninguno de estos, conste), Waldo Moment, como el personaje, dispara sus dardos cual metralleta girando 360 grados sobre si misma. Lejos de aprovechar que el capítulo proporciona diferentes lecturas para que cada uno se quedara con su preferida, la crítica parece haberlo despreciado por simple e inverosímil (anda que el Primer Ministro Inglés follando un cerdo es creíble y todo... desde cuando la ciencia-ficción debe ser creíble en sus intenciones y no en únicamente en sus reflexiones...)?

Y yo que me alegro de que por fin Black Mirror vuelva al ámbito al que pertenece: el análisis sociológico y la construcción de la sociedad afectada por los medios de comunicación (y no drama existencial científico o terror esquizoide, aunque sea genial esta diversidad temática).

No puedo evitar comparar Waldo a campañas políticas como la de Hunter S. Thompson o Jello Biafra, o incluso algunas un poco más infames que han sucedido a las puertas de nuestros hogares y seguro más de uno recordará por lo absurdas que resultaban. O la campaña de UPyD, en su defecto, que no deja de ser un chiste y un juego del desprestigio del otro yel espectáculo (actores haciendo política...y hace poco nos reíamos de los yankees...).
Pero hay algo diferente en Waldo: la Nada. El Vacío. Todas esas campañas que antes mencione estaban apoyando algo, tenían un porque detrás, “but, what do you stand for Waldo?”
El sufrido prota en ningún momento quiere verse envuelto en todo en lo que acaba: “yo no soy político”, repite una y otra vez, negando lo inevitable. Todos acabamos arrastrados por el juego de la política. Todos ponemos las reglas de ese juego y es responsabilidad nuestra aceptarla.

Efectivamente, es terrorífico que algo como Waldo triunfe, como alguien insinúa durante el episodio. Waldo es el último clavo en el atáud de la política. La gente ya no está interesada en la realidad. Quiere el espectáculo, la mofa, los chistes de pollas, la humillación. Todo parapetado bajo el escudo de un oso azul. Un jodido oso azul.

Pero, acaso los políticos no han entrado desde hace tiempo de lleno en la Sociedad el Espectáculo? Acaso no se esconden ellos bajo la capa del personaje público, respetado, acaso no tienen su propio disfraz formado por traje y corbata asesorado por un equipo de 20 personas pagadas con dinero público? Acaso las campañas políticas no responden a la lógica de la humillación y el desprestigio del contrario? Acaso los programas electorales no son puro puro teatro y pantomima para entretener al personal con mentiras que en el fondo...no buscan lo mismo que Waldo?

Y que busca Waldo?

La Audiencia.
El Dinero.
El Poder.

Lo que pasa cuando delegamos nuestras responsabilidades políticas, lo que pasa cuando no nos compremetemos con algo, cuando abandonamos los ideales, cuando nos dejamos embaucar por el circo y el espectáculo, lo que pasa es esto...
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133 de 141 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
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Charlie Brooker pone cierre final a la segunda temporada de Black Mirror con un episodio menor, pero indudablemente interesante, que aborda el tema de la política y la facilidad de crear iconos de rebeldía con objetivo de ridiculizar el sistema. No mucho más inspirado que su premisa, The Waldo Moment está escrito a cuatro manos por Brooker y Christopher Morris, director de aquella oscurísima sátira llamada Four Lions, y aunque esta unión debería haber producido un guión más sólido lo cierto es que parece haberlo resquebrajado en lugar de insuflarle densidad. La historia sigue a un cómico encargado de dar vida a 'Waldo', un oso azul digital, un icono televisivo de culto, que un día decide probar a meterse con un político y resulta que a la gente le gusta... lo que le lleva por ese camino hasta sus últimas consecuencias. El problema es que el guión tienda dos hilos: la vida dentro y fuera de ese rol, y el interno no interesa. Y el externo es demasiado arquetípico. Funcional, no obstante.

Los conceptos que maneja The Waldo Moment nos los conocemos de memoria pero siguen teniendo entidad, si bien es indudablemente el episodio que de forma menos imaginativa (y añádase, menos mordaz) maneja los códigos que han servido a Black Mirror para convertirse en un hito de la pequeña pantalla. Como dice un personaje en un momento dado, "sólo es un oso que hace chistes de pedos". Brooker parece abrazar para la creación de este icono al modelo de "Padre de familia" o más concretamente "Ted", pero sin ser capaz de recoger -de este último- la candidez o la 'verdad' que harían entender esa parte del guión en el que conocemos qué hay detrás y como afecta a la persona la propia creación del mito. Alguna escena sobresaliente (ese reemplazo abrupto), un concepto explotado con coherencia pero sin demasiada brillantez y eso sí... un epílogo muy innecesario. Sitúa y permite percibir qué ha ocurrido con todo aquello... pero cae de lleno en la vulgaridad, alejándose de la inteligencia con la que Brooker ha sabido hasta ahora hacer de estas píldoras de mal rollo algo esencial y particularmente disfrutable.

The Waldo Moment es el peor de los seis fragmentos que (por ahora) forman Black Mirror, pero qué duda cabe: sigue mereciendo la pena. Fin de etapa, pues, con una segunda temporada inferior a la primera (con peores datos de audiencias, además); pero el mundo en que vivimos da para tantísimas historias y la mente de Brooker es tan brillante que no queda otra que desear más episodios. Veremos si Channel 4 los concede o si este es el adios al 'espejo negro' del mundo 2.0.
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