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La puerta del cielo (1980)

La puerta del cielo
Trailer
6,9
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Sinopsis
En el verano de 1870, Averill e Irvine terminan sus estudios en la Universidad de Harvard. Veinte años después, viven en circunstancias muy distintas. Averill, más serio y visiblemente más viejo, se ha convertido en un "marshall" federal. Por su parte, Irvine, destruido y arruinado por la bebida, pero todavía en su sano juicio, es miembro de la asociación Stock Growers Agricultores, que está involucrada en un conflicto. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
Heaven's Gate
Duración
219 min.
Guion
Michael Cimino
Música
David Mansfield
Fotografía
Vilmos Zsigmond
Productora
UA
Género
Western Drama Siglo XIX
8
El tiempo la ha puesto en su sitio.
Creo que ya ha pasado suficientemente tiempo desde el estreno de “La puerta del cielo” para poder decir claramente que la crítica y el público de la época no fueron justos con esta película. Es verdad que esta cinta pertenece a ese tipo de obras que nunca ha estado en su sitio correcto porque no es una película para hundir una productora ni para tener cinco nominaciones a los premios Razzie, pero el problema es que estoy percibiendo últimamente que empieza a surgir una nube de legionarios que reivindican esta película como la tierra prometida y la gran obra maestra incomprendida de la historia del cine y eso con todos mis respetos no es verdad.
Estamos ante buena película, de eso no cabe duda, pero también es en exceso autocontemplativa y megalomaniaca que demuestra que no a todos les sienta bien la fama.

Michael Cimino se equivocó al intentar autoplagiarse de forma evidente y no comprender que “El cazador” era única y su verdadera obra maestra. Y lo mejor después de un gran éxito es cambiar de registro para evitar las dichosas comparaciones.

Extraordinarios de verdad los vestuarios –esas gabardinas a lo Leone- y unas localizaciones maravillosas que fueron genialmente retratadas por lo de la película que es la fotografía de Vilmos Zsigmond, que nos traslada de forma inmejorable a una época pocas veces tan bien matizada con esos colores fríos y tristes.

La música de David Mansfield, irregular, como la película, alternando temas estupendos con otros cargantes.

Los actores dispersos, mientras Kris Kristofferson da la talla sobradamente, resulta que el casi siempre sólido Christopher Walken parece un pegote postizo y no se encuentra cómodo en ningún momento.
Isabelle Huppert no me convence lo más mínimo. No me creo que sea prostituta en el Oeste del siglo XIX.

Es verdad que la versión que circula por ahí está cortada, pero eso no vale de excusas para empezar a decir que no se puede valorar, primero porque el propio Cimino ha dicho una y mil veces que la versión corta se ajusta perfectamente a lo que él buscaba y en segundo lugar porque incluso en la versión corta hay infinidad de escenas que se alargan innecesariamente hasta la saciedad, la larga ni te cuento...

Se ha dicho que el fracaso de esta película fue por motivos políticos, que si denunciar que aquello no era la tierra de las oportunidades sino la tierra de las zancadillas para los emigrantes no gustaba al establishment norteamericano. Bueno sólo a medias.
Realmente la población del condado pide formar parte de una sociedad, no tanto cambiarla.
Al grito de ¡Viva América! Se levantan en armas. Es decir un grito territorial, no social. Más bien es sustituir la vieja América del Antiguo Régimen basada en anglosajones, escandinavos y alemanes por la nueva América de finales del siglo XIX compuesta de contingentes de inmigrantes italianos, griegos, balcánicos y eslavos.
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76 de 88 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
Y murieron con las botas puestas
Lo primero que se dice de esta película es que fue la causante del hundimiento de la UA, la compañía creada por Chaplin, Fairbanks , Griffith y otros cuando los locos, en palabras de Louis B. Mayer, decidieron hacerse cargo del manicomio. Ese dato, consagra su estela de película “maldita” por excelencia, pues la película, mutilada por la productora, fue un fracaso estrepitoso (Cimino nunca más recuperaría la confianza de la industria, tardaría más de cinco años en rodar su siguiente película: la espléndida “Manhattan Sur”). Generalmente, estas masacres sirven de coartada para disculpar desde su fracaso a esa factura que no llega a convencer del todo a los popes de la crítica que en su momento formaron parte de este festín. Sin embargo, tanto en su versión mutilada como en la extendida “versión del director” esta película emerge como un capítulo único dentro de toda la historia del cine.
En si es un western; pero a diferencia de toda la mítica que lleva este género, “La puerta del cielo” es un western melancólico, pero tampoco con acomodo fácil en ese western crepuscular que ha dado tantas obras maravillosas. La visión de Cimino es histórica, casi antropológica, y recoge “el nacimiento de una nación”, como un parto doloroso, preñado de violencia entre una asociación de ganaderos y toda esa masa de inmigrantes que llegan a los EE.UU y que son vistos como un freno para el “progreso”. Sin duda, la elección de este argumento, presentado de un modo naturalista, sin disfrazar la violencia, explica parte de su fracaso. Es una película de digestión difícil, conmovedora en todos sus aspectos, que pasa fácilmente de una grandiosidad épica a una intimidad romántica con el genio de Cimino ofreciéndonos su mejor película.
El reparto es un capítulo aparte. Kris Kristofferson ofrece una actuación espléndida, comedida, pero llena tan llena de matices que con un simple primer plano puede mostrar el vacío en el que queda sumergido el personaje al final de esta historia; John Hurt, en permanente borrachera, y con un histrionismo decandente que tan bien le sienta al niño de papa que interpreta; Isabelle Huppert es la prostituta de la que todos se enamoran (y entendemos a todos por esto); y un magnífico C. Walken como asesino a sueldo. Todo en una historia de desengaños, traiciones, amistades, grandezas y miserias en la que siempre van a ganar los mismos.
Capítulo aparte merece la fotografía. Toda la melancolía de la historia está atrapada en el gran trabajo que realizó Vilmos Zsigmond, con una composición fotográfica preciosa (que no preciosista) y usando siempre la luz natural en unos claroscuros extremadamente bellos, con unas tonalidades cálidas y añejas (impresionante la primera secuencia con la fiesta de graduación en la Universidad de Harvad, parece que una postal tomara vida), tenebrosas en la violencia, o frescas en el amor; todo esto acompañado de una banda sonora tristísima, pero igualmente hermosa.
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49 de 62 usuarios han encontrado esta crítica útil