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Mi hermana, mi amor (1966)

Sinopsis
Suecia, 1782. Jacob, un joven noble, alocado y algo vehemente, retorna de sus estudios en Francia. Después de su ausencia, le alegra volver a su hogar, pero le hace más feliz reencontrarse con su querida hermana Charlotte. Sin embargo ésta se ha prometido al barón Alsmeden, hombre de gran influencia en la corte, lo que despierta en Jacob un sentimiento parecido a los celos... (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Suecia Suecia
Título original:
Syskonbädd 1782 (My Sister My Love)
Duración
95 min.
Guion
Vilgot Sjöman (Teatro: John Ford)
Fotografía
Lars Goren Bjorne
Productora
Sandrew
Género
Drama Siglo XVIII
"Tuvo en diferentes países problemas con la censura por la crudeza y realismo de sus imágenes, y fue estrenada con décadas de retraso. Adaptación de "¡Qué lastima que sea una puta!", de la obra del famoso autor isabelino John Ford."
[Diccionario Espasa]
5
Talento desaprovechado
Hay que reconocerlo, tras ver "Mi hermana, mi amor" uno tiene que rendirse ante la evidencia y saber constatar que Vilgot Sjöman (del cual ya vi anteriormente "Soy curiosa: Azul") era un cineasta inteligente, uno de esos tipos que cuando cogían la cámara sabían que hacer con ella, pues todos y cada uno de sus planos están repletos de una intencionalidad increible, son planos que nos cuentan algo indirectamente, que nos hablan sobre sus personajes, sobre sus relaciones, y todo ello sencillamente colocando la cámara en un lugar u otro.
La puesta en escena no resalta en exceso, y se ve solapada por una fotografía en blanco y negro que no despunta demasiado y no resulta todo lo lograda que podría haber estado, así como los demás aspectos técnicos tampoco son gran cosa y sencillamente son una vía bastante prescindible para que Sjöman pueda trasladar la historia que nos aborda sin carencias, pero sin lucidez en ese apartado.

No hay, pues, demasiado que decir sobre formalidades, amen de la habilidad ya mencionada al principio con la que el realizador juega constantemente con sus planos y desenfoques, pero si nos introducimos en la historia, que se supone debe ser el eje principal de la cinta, no hallamos tampoco ni un ápice de solidez, originalidad o intensidad.
Puede que el hecho relatar unos acontecimientos que, encajados en esa época, debieron ser controvertidos, aporte un poco de interés al asunto, lo malo es que ese amorío hermana-hermano se cuenta sin hacer hincapié en diversos temas que podrían haber sido provechosos, dejándolos de lado y tiñiendo el trabajo de Sjöman de una simplicidad y un hastio demasiado grandes.

Sus personajes, además de que podrían ser definidos en una línea (el vanidoso, la prudente, etc..) cosa que no dice demasiado a su favor, actúan sin prácticamente motivaciones, es decir, les vemos tomar una decisión u otra, pero en ningún momento sabemos porque lo hacen, porque dirigen hacía un lado u otro sus acciones, o porque deciden lo que deciden, y todo queda en un trazo bastante ínfimo de lo que prometían ser unos protagonistas mucho más jugosos.
Luego el tedio se apodera de la pantalla ante tanto elemento desaprovechado, y terminas sin dar demasiada credibilidad a lo que estás viendo, cosa que hace de este, un ejercicio mediocre y que en ningún instante halla un verdadero camino a seguir como para ser del todo sugestivo.
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29 de 35 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
Hermanos de cama.
La cinta, aunque basada en la obra de uno de los autores representativos del teatro isabelino, John Ford (el otro), es curiosamente una película de marcado tono, para entendernos, “sueco”. Y no sólo por su capacidad de conmoción en cuanto al aspecto sexual de sus fotogramas, característica muy de la fecha y de la nacionalidad de la cinta por otro lado; sino por sus concomitancias, superficiales si se quiere, con algunos elementos del cine de Bergman (la intensidad y crudeza dramática de su puesta en escena, las pretensiones de introspección psicológica, sus intenciones de ofrecer un drama simbólico, representativo de ideas y conceptos) e, incluso, con dramaturgos como Strindberg y la irreverencia sexual y social y los arrebatos de pura fuerza indómita y contradictoria de los personajes (puritanos, feministas, naturalistas, rebeldes, inconformistas... Heterogéneos en definitiva) de su Señorita Julia; mujer que, al igual que la protagonista de esta historia, le dan una vuelta de tuerca a las cuitas de las Noras y M. Bovarys, cargando las tintas de lo sexual y lo primitivo rompiendo convencionalismos sociales (tirarse al criado) o familiares (tirarse al hermano).

Imaginemos a un director grande, enorme, con barba rala y gafas de culo de vaso, haciendo llorar a las actrices en busca de dios sabe qué resultado artístico y buscando vaginas que retratar como si eso fuera el cénit de la modernidad y el espasmo intelectual.

Pues ése es el énfasis que se imprime a la peli, por eso digo que es muy sueca y muy de los reivindicativos y transgresores (trasnochados también) 60. Y es que dudo mucho que la obra isabelina en la que se basa llegue a estos extremos, llegue a esta desinhibida y desquiciada disección de la obsesión de los protagonistas. Pero eran suecos, eran los sesenta y llevaban barba. Supusieron que ofrecer al espectador una, trazando un paralelismo con Casa de Muñecas de Ibsen, casa de putas, era el camino idóneo para que la moderna modernidad de la que hacían gala tipos como este Vilgot Sjöman cristalizara. Lo que ocurre es que esas ansias de impacto y renovación quedan cuarenta y pico años más tarde algo gastadas, sobre todo por algunas pegas que tienen que ver con cierta liviandad en el tratamiento de la historia y personajes, que son precisamente las carencias que peor aguantan la tormenta del paso del tiempo.

Pero en fin, no hablaré más de las pegas de la peli, sino que les remito directamente a las ya señaladas por Grandine (a mí la película me gustó más que a él, pero me sirven sus observaciones) y así me ahorro el esfuerzo y el spoiler.

Que hoy también estoy yo en plan “moderno”.
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20 de 27 usuarios han encontrado esta crítica útil