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Ángeles sin brillo (1957)

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Sinopsis
Robert Schumann (Robert Stack), un piloto que combatió en la Primera Guerra Mundial (1914-1918), sobrevive haciendo acrobacias con su avioneta en las ferias de los pueblos. Burke Devlin (Rock Hudson), un periodista local que se interesa por la familia de Schumann, es testigo de la decadencia del piloto, de la frustración de su mujer (Dorothy Malone) y también del sufrimiento de su hijo a causa de las bromas que mecánicos y pilotos hacen a costa de su padre. Schumann, sin embargo, no ceja en la búsqueda de una oportunidad que le permita, además de recuperar el amor propio, demostrar a su familia que los antiguos sueños aún son posibles. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
The Tarnished Angels
Duración
91 min.
Guion
George Zuckerman (Novela: William Faulkner)
Música
Frank Skinner
Fotografía
Irving Blassberg (B&W)
Productora
Universal Pictures
Género
Drama Años 30 Amistad Aviones Melodrama
Grupos  Novedad
Adaptaciones de William Faulkner
9
El carnaval de la muerte
El enorme talento de Douglas Sirk para sublimar materiales, a priori, cercanos al folletín nos dejó algunos de los mejores melodramas jamás filmados. Con “Ángeles sin brillo”,-la mejor adaptación cinematográfica de una obra de William Faulkner-, basada en su novela “Pylon”, Douglas Sirk contó, esta vez si, con un material de primera y nos dejó un soberbio melodrama, poco conocido y que reclama un lugar bajo el sol de las grandes obras maestras de la historia del cine.
Un piloto de aviación, héroe de la Primera Guerra Mundial malvive, junto con su familia, realizando arriesgadas acrobacias aéreas y participando en peligrosas carreras de aviones, de feria en feria, de ciudad en ciudad. La irrupción en sus vidas de un periodista cambiará el sentido de las mismas para siempre. Film desesperanzado como pocos, de un profundo pesimismo, Sirk nos sumerge de la mano del periodista Burke Devlin (Hudson) en el mundo de infinito dolor de unos seres atormentados, apenas sin presente y sin futuro, donde el grado de degradación moral al que es capaz de llegar Robert Shumann (Stack) será el detonante que hará estallar por los aires toda la amargura acumulada muy adentro del alma de esos seres humanos de carne y hueso, en permanente búsqueda de la redención y a los que Douglas Sirk comprende como nadie.
Vista hoy, 50 años después de su realización, “Ángeles sin brillo” emerge como uno de los más contundentes estudios sobre la condición humana, la imposibilidad de expresar nuestros sentimientos más íntimos y la infinita capacidad que podemos llegar a tener de hacer daño a las personas que más amamos. Solo al final recuperarán la autoestima y la dignidad perdidas, no sin antes pagar un alto precio en ese carnaval de la muerte en que se ha convertido el infierno de sus vidas, abriéndose la puerta a un futuro que Sirk nos muestra con un cierto atisbo para la esperanza.
Con un guión que es una autentica pieza de orfebrería y la sublime dirección de Sirk, “Angeles sin brillo” destaca por una extraordinaria utilización del formato scope, por la brillante partitura de Frank Skinner -el gran compositor de la Universal y colaborador habitual de Sirk-, pero sobre todo por la magistral dirección de actores de un Sirk que confía ciegamente en los protagonistas de otra de sus obras maestras, “Escrito sobre el viento”; con un Rock Hudson que nunca estuvo mejor en la pantalla, -¿quien dijo que era un mal actor?-, con ese monologo final donde nos ofrece lo mejor de si mismo, en una interpretación de gran calado dramático que nos corta la respiración; un Robert Stack torturado, perfecto, en un papel escrito para el y una Dorothy Malone de rostro doliente que solo con Douglas Sirk pudo demostrar su gran talento como actriz.
Una obra maestra absoluta a redescubrir y reivindicar para ver en imprescindible VOS.

Francesc Chico Jaimejuan

Barcelona 30 de marzo de 2007
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36 de 38 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Ángeles sin alas
Drama realizado por Douglas Sirk. Se basa en la novela "Pylon" (1935), de William Faulkner, adaptada libremente por Georg Zuckerman. Se rueda en San Diego (CA), entre XII/1956 y II/1957, con restricciones presupuestarias que imponen el B/N, pero mantienen el formato de cinemascope. Producida por Albert Zugsmith, se estrena el 6-I-1958 (NYC).

La acción tiene lugar en Nueva Orleans durante las fiestas del Carnaval, los días 8 y 9 de febrero de 1932, con un "flashback" en Portland (1923). De la mano del periodista local Burke Devlin (Rock Hudson) analiza la vida de dos veteranos de la IGM, el piloto Roger Shermann (Robert Stack) y su mecánico Jiggs (Jack Carson), que 14 años después del conflicto malviven realizando acrobacias y carreras aéreas en las fiestas y ferias de las ciudades del país. Les acompaña Laverne (Dorothy Malone), de 28 años, casada con Roger.

La película es la antepenúltima de Sirk, que en 1959 regresa a Europa. Es un film atípico dentro de su filmografía americana, pero está considerado como una de sus mejores obras. Describe con acierto y profundidad la angustia de unos personajes solitarios, marcados por el fracaso y la desesperanza. La acción traspira pesimismo, desilusión y fatalismo, que se presenta en el marco de una estética expresionista. La mayor parte de la acción se desarrolla en interiores, que dan cabida a ambientes oscuros y opresivos en los que se manifiesta la desolación de los personajes. Perfila con sutileza la frustración de los veteranos de guerra (uno de los temas preferidos de Sirk), recibidos como héroes y relegados luego a oficios marginales y de subsistencia. Trata con fervor el tema del fracaso prsonal, otra de sus constantes, que realza con referencias extraídas de la interacción de los personajes y del medio en el que viven, dominado por las secuelas de la Gran Depresión. Como es habitual, da a la mujer el protagonismo central (otra de sus constantes), lo que le permite tensar las situaciones de los personajes masculinos, movidos por el deseo, la seducción o el interés. Las tintas oscuras del relato se ven acompañadas por la simbología del Carnaval, las máscaras y los disfraces (destaca en primer término el del diablo). Las subraya con referencias al alcoholismo y con la presencia espléndida de cuadros expresionistas en las casas de Burke y Ord. El film recoge la octava y última colabración de Sirk y Rock Hudson.

La música, de Frank Skinner, se apoya en composiciones de orquesta plena ("Main Tittle", "End Tittle"), melodías románticas de cuerdas, de emociones intensas (violines agudos), dramáticas de percusión y bajos. Añade la música festiva del Carnaval, el pasacalles y los bailes de disfraces. La fotografía, de Irving Glassberg, crea imágenes excelentes de iluminación irreal, fuertes contrastes de luz, sombras expresionistas y encuadres oblicuos que provocan distorsiones aparentes de las figuras y rostros. La interpretación de Hudson es magnífica y son convincentes las de Malone y Stark.
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23 de 26 usuarios han encontrado esta crítica útil