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A propósito de Henry (1991)

A propósito de Henry
Trailer
6,3
19.305
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Sinopsis
Henry Turner (Harrison Ford) es un brillante y rico abogado de Nueva York que es tiroteado durante un atraco a un supermercado. Su cerebro queda dañado y, además, sufre amnesia total: no recuerda nada de su vida anterior. A partir de ese momento, tendrá que aprender a hablar, a andar, a leer... (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
Regarding Henry
Duración
107 min.
Guion
J.J. Abrams
Música
Hans Zimmer
Fotografía
Giuseppe Rotunno
Productora
Paramount Pictures
Género
Drama Familia
7
Por un paquete tabaco te viste en medio de un atraco
Pero Harrison, tío. Lo tuyo es mala suerte. Llevabas docenas de películas a tus espaldas; en todas ellas siendo un tío sano que ni bebía ni fumaba... y se te ocurre empezar a fumar justo en la que atracan un estanco.

Pero bueno, no hay mal que por bien no venga. Gracias a ese disparo, la película tiene una excusa para contarnos una entretenida historia, en la que se nos muestra esa segunda oportunidad para empezar de nuevo omitiendo esos malos pasos dados en el pasado.
Buen guión para un buen drama.

Ya sabes, si vas por mal camino en filmaffinity, pégate un tiro, borra todas tus críticas, y a escribir con otro nuevo estilo :)... (esto no va por nadie; es sólo un estúpido chiste sin gracia)
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28 de 40 usuarios han encontrado esta crítica útil
5
¿Qué es el éxito?
Realizado por Mike Nichols ("Armas de mujer", 1988), se basa en un guión de Jeffrey Abrams ("Misión imposible 3", 2006). Se rodó en NYC y en los Paramount Studios. Producido por Scott Rudin y Mike Nichols, se estrenó el 10-VII-1991 (EEUU).

La acción tiene lugar en NYC y alrededores en torno a 1990. Narra la historia de Henry Turner (Harrison Ford), abogado neoyorquino implacable, arrogante, sin escrúpulos y de mal carácter, que vive absorto en el trabajo y en la búsqueda del éxito profesional y económico, sin miramientos y sin hacer ascos de marrullerías, la manipulación de la verdad y la ocultación de pruebas. A penas tiene tiempo para compartirlo con su mujer, Sarah (Annete Bening), y su hija única Rachel (Mikki Allen), de 11 años. Un día sale de casa a primeras horas de la noche para comprar tabaco en la tienda de 24 horas de la esquina. Inesperadamente recibe varios disparos, dos de los cuales le afectan el cerebro. Pierde la memoria y se ve obligado a volver a aprender a leer y escribir y a reconstruir sus recuerdos con la ayuda de un terapeuta, Bradley (Bill Nunn).

La película denuncia los excesos, basados en el fraude y la corrupción, que se cometen al servicio del éxito expeditivo y fácil. El tráfico ilegal de información privilegiada, el abuso de poder, las infracciones de la ley, la compra de voluntades y la corrupción, no son caminos de éxito, sino de enriquecimiento ilícito y delictivo. La película es, además, un relato sobre las segundas oportunidades, que en ocasiones resultan mejores que las primeras. Es interesante la descripción que se hace de las diferentes reacciones que se dan ante una persona con discapacidad sobrevenida. La exclusión del discapacitado o su simple marginación laboral y social se repiten con demasiada frecuencia, pese a ser injustificables e injustas. Como película familiar, exalta el valor de la familia como apoyo insustituible para una vida profesional y personal activa, satisfactoria y equilibrada. La narración incluye desmayos sentimentalistas innecesarios y luce un optimismo edulcorado que devalúa el relato. La moraleja que ofrece es superficial y anodina.

La música, de Hans Zimmer ("Gladiator", 2000), aporta melodías que explican y refuerzan las incidencias de la acción. Añade un fragmento de un concierto para piano de Mozart. La fotografía, correcta y funcional, presta especial atención a la expresión corporal del protagonista. El guión toca temas de gran actualidad en su momento y aún más posteriormente. El tono de sermón que adopta resta fuerza, reciedumbre y poder de convicción a la obra. La interpretación de Harrison Ford es sobresaliente. La dirección, muy convencional, se aparta de los parámetros que inspiraron sus inicios ("¿Quién teme a Virginia Woolf?", 1966).

El éxito no se fundamenta en la ilegalidad y la infracción de los códigos de buenas prácticas.
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20 de 27 usuarios han encontrado esta crítica útil