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Al azar de Baltasar (1966)

Al azar de Baltasar
Trailer
7,7
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Sinopsis
Baltasar es un burro que vive sus primeros años rodeado de la alegría y los juegos de los niños hasta llegar a la edad adulta, en que es utilizado como una bestia de carga y maltratado por sus diferentes amos. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
Año / País:
/ Francia Francia
Título original:
Au hasard Balthazar
Duración
95 min.
Guion
Robert Bresson
Música
Jean Wiener
Fotografía
Ghislain Cloquet (B&W)
Productora
Coproducción Francia-Suecia; Argos Films / Parc Films / Athos Films / Svensk-Filmindustri
Género
Drama Animales
8
ANTROPOLOGÍA DE UN BURRO INOCENTE
1) Un relato protagonizado por un animal tiene de mano visos de fábula, pero en la seriedad de esta película de Bresson no cabe lo naif. La pensó durante quince años y la realizó casi ensamblada con “Mouchette”. Primera obra completamente suya, es también la más compleja, con más personajes implicados.
Los ojos del burro, testigos de un mundo dominado por impulsos destructivos, son el hilo conductor. El animal sirve de perfecto ‘modelo’ bressoniano: no actúa ni interpreta. Sin amaestrar, era del todo materia en bruto para filmar, y presencia muy conmovedora en varias escenas.

2) La vida del burro empieza y termina en la montaña, entre campanas de ovejas, pero transcurre entre hombres en los valles donde, tras un periodo como juguetona mascota de unos niños que lo bautizan como Balthazar, conocerá de golpe el trabajo: el látigo y la herradura, las vueltas a la noria, tirar del carro y el arado, arrastrar cargas, pasando de un dueño a otro, y conociendo el repertorio de lo cruel con el labrador, los panaderos y su brutal recadero, con el borracho, el circo (donde Balthazar brilla efímero como asno matemático), el comerciante de grano …
En paralelo discurre la vida de su primera dueña, Marie, otra víctima, maltratada por el recadero Gerard, a cuya tiranía es incapaz de sustraerse.
El paralelismo permite evitar la estructura episódica simple, dando ritmo a un relato que, centrado sólo en la azarosa vida de Balthazar habría quedado muy estático.

3) En cada película Bresson alcanza el límite de la austeridad estilística, y en la siguiente, mediante poda y despojamiento radicales, la depura aún más. Quita varias escenas del guión, apurando las elipsis.
Parte de dos esquemas: la visión cíclica de los periodos vitales (infancia, caricias; madurez, trabajo; plenitud, talento; vejez, aproximación mística a la muerte), y el trayecto a través de las lacras morales, descritas como algo natural.
Los organiza sin que parezca un sistema; muy ordenado, pero sin que se note. Como mezcla Schubert, rebuznos, canciones de guateque, jazz y petardos…
La culminante escena en que Balthazar se encuentra, presentados desde su punto de vista, uno por uno con los animales del circo, marca al espectador la pauta de total distanciamiento de lo humano.

4) En entrevista con Godard (V-66), Bresson consideraba esta película la más libre de las suyas hasta entonces; en la que más había puesto de sí mismo.
Comentaba sus creencias jansenistas sobre azar y predestinación: por especial 'azar', el pasaje de “El Idiota” dostoievskiano donde alguien al ver un asno tiene una revelación, le sugirió de pronto una película protagonizada por un burro. Como pintor que era, Bresson veía plásticamente atractiva la cabeza del animal.

Con seco fatalismo, los azares de Balthazar entre los hombres hablan del porvenir de la bondad en un mundo donde tiene poco sitio.
La única salida, se diría, es la desnuda pureza en que Bresson vuelca del todo su arte.

(8,5)
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94 de 97 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Los siete amos de Baltasar
Séptimo largometraje del francés Robert Bresson, considerado uno de los mejores de su filmografía. Escrito por él, se inspira en un pasaje de "El idiota" (1869), de Dostoievski. Se rueda en exteriores y escenarios reales de Guyancourt (Yvelines, Francia). Obtiene el premio OCIC, de Venecia. Producido por Mag Bodard ("Moustache", "Piel de asno"), se estrena el 25-V-1966 (Francia).

La acción dramática tiene lugar en una villa indeterminada de la campiña francesa. Tras su nacimiento en una granja, el burro es adquirido por el padre de Marie, que lo usa como animal doméstico de juegos y compañía de los hijos. La bancarrota le obliga a venderlo y a partir de entonces su propiedad pasa de mano en mano. Sirve sucesivamente como animal de carga, de tiro, de arrastre, de trabajo agrícola, de reparto domiciliario de pan, de atracción de circo, etc. El burro es noble, paciente, sufrido, sacrificado, resistente y diligente. Con su sencillez y naturalidad se gana el corazón del espectador. El padre de Marie (Asselin) es orgulloso e inmensamente terco. Gérard (Lafarge), líder de la pandilla de chicos, es vanidoso y malvado. La gente del pueblo es miserable, cruel, egoísta y estúpida.

El film se presenta dividido en episodios o viñetas, que cubren el ciclo vital completo de Baltasar. Muestra los cambios azarosos que sufre su vida y, a cierta distancia, expone algunos de los cambios que experimenta la vida de Marie (Wiazemsky) entre la infancia y la adolescencia. De la mano de ambos explora la naturaleza del ser humano, su crueldad innata, sus impulsos violentos, sus conductas destructivas, su debilidad y su perversidad natural.

Frente a esta realidad, el burro simboliza la virtud, la perfección y la gracia. Para Bresson el asno viene a ser en cierto modo la imagen de las personas humanas: el burro y éstas no tienen el control del mundo que les rodea y de los acontecimientos que marcan sus vidas. Para Bresson la facultad de pensar no permite al ser humano gestionar ni sus decisiones de respuesta ni su entorno. Lo ilustra con un ejemplo: Marie a la hora de elegir entre la bondad y el afecto de Jacques, su amigo de la infancia, y la brillante perversidad de Gérard, opta por éste, pese a que la maltrata, abusa de ella y la desprecia. La perversidad ejerce sobre el ser humano una fuerza de atracción tan grande y eficaz que convierte la libertad en una ilusión. El bautismo de Baltasar revela la creencia del realizador de que todos los seres vivos, no sólo los humanos, están destinados a la inmortalidad.

La narración es austera, depurada y clasicista. Lleva la sobriedad a posiciones extremas. Excluye de la imagen todo lo que suscita intriga, todo lo pintoresco, todo lo que puede llamar la atención, todo lo que trasmite respiración y pálpito (el paisaje).
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64 de 67 usuarios han encontrado esta crítica útil