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Sé fiel a ti mismo (1942)

6,5
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Sinopsis
Historia de un joven que se muestra desilusionado de la guerra, pero el amor que siente por una mujer, le hará recobrar su coraje y patriotismo. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
This Above All
Duración
110 min.
Guion
R.C. Sherriff (Novela: Eric Knight)
Música
Alfred Newman
Fotografía
Arthur Miller (B&W)
Productora
20th Century Fox. Productor: Darryl F. Zanuck
Género
Romance Drama Drama romántico II Guerra Mundial
10
Los soldados nunca mueren.
Calificarla como película de propaganda aliada de la Segunda Guerra Mundial, puede ser engañoso, pues siendo de propaganda, que lo es, está hecha con suma inteligencia y, por momentos, parece una película de suspense, a más de melodrama romántico, siendo en realidad una película de tesis con todos esos ingredientes.
La originalidad del planteamiento es total, pues el personaje de Clive, que es el bueno, el guapo, vamos, el protagonista (en este caso encarnado por Tyrone Power) es un desertor del ejército; aunque, lógicamente, no es un desertor vulgar. Es un héroe británico de Dunquerque, propuesto nada menos que para la Cruz Victoria, que asqueado de la brutalidad vivida, se aleja del frente, íntimamente trastornado. No huye de las incomodidades, del hambre, del dolor o del peligro, que afrontaría una vez más si encontrase alguna justificación moral, ética o política a tanto horror. Esa justificación se la va a dar el presonaje de Prudence (Joan Fontaine), contrapunto del de Clive. Toda la película gira en torno a ello, justificando con argumentos hermosos (ni tópicos, ni vulgares tan frecuentes en las películas de propaganda de la época) por qué es necesario luchar: no para conseguir un mundo mejor, sino para evitar que sea peor y que el suyo, su mundo, con todo el peso de su Historia, desaparezca. Por tanto, no se trata de ser mejores o peores, sino de sobrevivir y salvaguardar lo bueno que les legó su pasado. Y para ello se ha de ganar.
De nuevo Power metido en un personaje complejo, intimista y atormentado, de profundos y nobles sentimientos, y con fuerte conciencia de clase. Esto último me chirría bastante, y me explico: Power, aunque intenta pasar por proletario, a mí no me da en absoluto la imagen. Puede hacer de muchas cosas; pero de proletario, no lo veo. Su educada voz de barítono, sus maneras, ademanes y actitudes que salían de su propia personalidad, y esa cara de niño bien que Dios le dió, explican que una elegantísima, refinada y adinerada Joan Fontaine, cayera cautivada en sus brazos. No he leído la novela que da pie a la película; pero si ha de ser así el personaje del soldado, deberían haber buscado a otro actor de perfil más tosco. Con todo, como Power es un gran intérprete, medio se lo cree una y se cae en su hechizo como la Fontaine.
Secundarios grandiosos (con Thomas Mitchell y Nigel Bruce a la cabeza), una banda sonora bellísima a cargo de Lionel Newman, con canciones para levantar los corazones como "The soldiers never die", y una preciosa fotografía en blanco y negro, completan una película multigénero donde, a la postre, lo que queda es una inolvidable historia de amor, con algunas de las escenas más románticas que yo haya visto: como muestra, la antológica petición de matrimonio de Clive a Prudence por teléfono y su cita balo el reloj de la estación (a la altura de la mítica cita de "Tú y yo" en el Empire State). Hermosa película que da gloria ver.
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22 de 25 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
“Ah, es usted a quien conocí en la oscuridad”
Producto de propaganda inteligentemente enmascarado en un melodrama romántico y psicologista donde un desencantado y un poco cínico idealista protagonizado por Tyrone Power tiene sus razones para no compartir el ambiente de patriotismo de la Inglaterra asediada por los alemanes en 1940. Desigual en sus momentos de patriotismo -un poco circunstanciales y periclitados- pero densa y profunda en su introspección en el carácter retraído de los afectados por los horrores de la guerra, Litvak consigue milagrosamente cumplir a un tiempo con las obligaciones del cine de propaganda sin abandonar los resortes de un melodrama interesante y cuidado. Gran labor de la dulce Joan Fontaine y magnífico Tyrone Power en su caracterización del ambiguo y un poco desquiciado Clive Briggs. La película se ve salpimentada por las breves pero destacadas apariciones de secundarios de lujo como el eterno Thomas Mitchell, Nigel Bruce o Alexander Knox –uno de los actores favoritos de Litvak- en el brevísimo papel de pastor. Buena.
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6 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil