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Aflicción (1997)

Aflicción
Trailer
7,1
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Sinopsis
El sheriff Wade Whitehouse es un hombre gris y menospreciado por todos. Su vida cambia cuando se produce la muerte de un sindicalista en una partida de caza. Aunque la mayoría cree que se trata de un accidente, él está convencido de que se trata de un asesinato. Resolver el caso es la oportunidad que estaba esperando para demostrar su valía a su propio padre -un hombre dominante y alcohólico- y a sus vecinos. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
Affliction
Duración
114 min.
Guion
Paul Schrader (Novela: Russell Banks)
Música
Michael Brook
Fotografía
Paul Sarossy
Productora
Lionsgate
Género
Drama Vida rural (Norteamérica) Drama psicológico Drama social Familia
7
Muelas podridas
- El recuerdo/imaginación de tu padre borracho maltrándote.

- Una hija que parece/seguro que no te quiere.

- El asesinato/accidente en que se ha visto envuelto tu mejor amigo.

- Una relación de pareja que aparentemente/desde luego va a pique.

- La conjura/negocio que están llevando a cabo tu jefe y el ricachón del pueblo.

- Eres/te crees un fracasado.

Da igual si todas estas muelas están podridas de verdad o tan sólo en la mente del protagonista (prefiero obviar el punto de vista del personaje de Dafoe, que al final se carga de un plumazo la ambigüedad tan bien conseguida durante toda la película). La aflicción es exactamente la misma. Y lo que vemos en pantalla es su proyección: un Nolte cada vez más desquiciado a medida que van pasando los minutos.

Los fotogramas poco a poco se van retorciendo, el tono es cada vez más áspero. El ritmo, en cambio, se mantiene pausado, desafiantemente lento durante todo el metraje, desacompasado con lo que está ocurriendo. Así como la tranquilidad del paisaje de Nebraska (¿por qué la nieve quedará tan cojonuda en todas las películas de violencia a quemarropa?). Y eso hace que la angustia sea mayor.

Cuando Nolte decide sacarse una muela podrida, el alivio es palpable en personaje y espectador, aunque haya sido de cuajo. La solución que sigue es evidente: sacarse todas las demás, cueste lo que cueste. No importa si eso va a significar liberarse o perderse para siempre, la aflicción ya es insoportable, y parece que en cualquier momento Nolte va a estallar.

Una vez que ha ocurrido todo lo que tenía que ocurrir, no sé si llamar exactamente alivio a lo que se siente después, pero desde luego respiramos.

Respiramos.
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67 de 76 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
DE PADRES E HIJOS, MUELAS Y BOTELLAS
El autor de la novela original, Russell Banks, lo es también de la que sirvió de base a “El dulce porvenir”, de Egoyan, producida el año anterior. De parecida tonalidad sombría, propició una excelente actuación, la de Ian Holm, como aquí la de Nick Nolte.

El ritmo de “Aflicción” es extremadamente sobrio y contenido, tal vez para poder sujetar el director un material que le resulta muy sensible, por motivos autobiográficos (Schrader ha elaborado en más de una película la relación con su padre, severo y conflictivo calvinista). La tensión, enorme, va en tenue progresión, con la mayor eficacia. Junto a ello, se ofrece una imagen impresionante y poderosa: un incendio culminante a través de un ventanal, de gran belleza visual y dramática.

Un simple e insidioso dolor de muelas en la boca de un hombre marcado desde la infancia por un padre bronco, abusivo, borracho y generador de odio, va actuando como espoleta de una creciente tormenta de violencia íntima, un seísmo de ira más y más incontrolable.
El volcán permanece latente desde esa infancia traumática que reaparece en constantes flashes (imágenes con aspereza y grano que potencin su fuerza perturbadora), e irá entrando en lenta erupción a partir de un incidente, la muerte de un jefe sindical durante una cacería.

El aislamiento del pueblo en el nevado invierno de New Hampshire multiplica la tensión escénica.

No asistimos a la violencia al uso en el cine norteamericano. Disparos, golpes y sangre tienen presencia mínima. Del proceso se muestra lo interno, el vía crucis de quien vive impotente cómo germinan en su psique las semillas del odio castrante y lo van dominando y desquiciando, en ataques de cólera y furia como espasmos.

Nolte lo encarna con intensidad visceral y eleva a notable esta durísima película, casi irrespirable, un callado lamento por los niños “cuya capacidad de confiar y amar les es mutilada casi al nacer”.
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37 de 42 usuarios han encontrado esta crítica útil