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La brigada suicida (1947)

6,7
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Sinopsis
Dos agentes del Departamento del Tesoro de Estados Unidos se infiltran en una red de falsificadores que han conseguido fabricar un papel excelente. En una situación de peligro constante, intentan encontrar una muestra del famoso papel y descubrir a los culpables del "caso del papel de Shanghai". El principal problema será encontrar la forma de salir de la red. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
T-Men
Duración
92 min.
Guion
John C. Higgins (Historia: Virginia Kellogg)
Música
Paul Sawtell
Fotografía
John Alton (B&W)
Productora
Reliance Pictures
Género
Cine negro
7
El caso del papel de Shanghai
Inusual película de cine negro en tono documental sobre un suceso real que asombró a los Estados Unidos y que se conoció como el caso del papel de Shanghai y en el que el Departamento del Tesoro puso todos los medios a su alcance para desmantelar la peligrosa banda con la infiltración de dos agentes dentro de la organización mafiosa.

Una de las grandes preocupaciones del gobierno federal fue de siempre el tema de la evasión de impuestos, delitos fiscales y falsificación de moneda, por estos temas fue Al Capone a la cárcel y para concienciar de ello y promocionar a los policías que trabajaban en dichos asuntos, durante los años cuarenta hubo un popular cómic que se titulaba como la película T-Men.

Este tipo de subgénero siempre ha gozado de la estima del público norteamericano y para que se hagan una idea sería una especie de aquella protagonizada por James Stewart titulada “El FBI contra el imperio del crimen”, aunque menos propagandística y más oscura y opresiva.

Protagonizada casi en su totalidad por actores casi desconocidos que hacen más real el aire semidocumental, destaca muy especialmente la fotografía y encuadres de John Alton con el que recorreremos los bajos fondos de ciudades como Detroit o Los Ángeles, aunque será en interiores donde encontraremos las mejores imágenes. Aunque no fue la fotografía sino el sonido el que fue nominado al Oscar.

Es la primera buena película de Anthony Mann tras unos titubeantes inicios –junto con “El Gran Flamarión”- que se confirmará en los años 50 sobre todo en otro género mayor, el western.

Recomendable para amantes de los film noir.

La nota clavada: 6,8
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16 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
IMÁGENES QUE VALEN MÁS QUE MIL PALABRAS
Y en este título condenso el juicio que me merece esta obra del clásico Anthony Mann; en efecto, la película, que visualmente es deslumbrante, que cuenta con buenas interpretaciones, ásperos y creíbles diálogos, así como una maravillosa puesta en escena y ambientación, no alcanza la categoría de perfecta a causa de los vicios característicos de los filmes propagandísticos con afán de veracidad documental. Dicho afán se traduce aquí en el empleo abusivo e innecesario de la voz en off, que subraya y reitera lo que Mann nos muestra ya perfectamente en imágenes.

Hecha esta salvedad, la cinta me parece magnífica, con una estética y unos valores formales muy dignos de tener en cuenta. La fotografía, en primer lugar, a cargo de John Alton, es de una nocturnidad impresionante, aportando una iluminación de corte tenebrista, con rostros que parecen surgir de la más profunda oscuridad. Mann aprovecha esto como pocos, componiendo unos planos de enorme dramatismo en los que el entorno y la ambientación tienen un peso fundamental, influyendo así directamente en la percepción del espectador. Esta será una característica propia del realizador, que aplicará también a sus más famosos Westerns, que serían mucho menos valiosos sin el marco en el que desarrollan sus argumentos.

Ciertamente, la historia desarrollada en el filme es una clara puesta en valor de la lucha del gobierno federal (aquí representado por el Departamento del Tesoro) contra las múltiples ilegalidades y negocios fraudulentos que florecieron en EEUU a partir de los años veinte. El cine había convertido en héroes a muchos Gángsters durante la década siguiente, y es por ello que la reacción de parte de la industria fue realizar películas como la presente, que trataban de encomiar la labor de las fuerzas del orden (dos precedentes claros y tempranos son "G-Men", de William Keighley, y "The great guy" de Blystone).

De entre todos los momentos brillantes del filme, yo destacaría: el comienzo, en el que la unión de atmósfera, ambientación, fotografía y puesta en escena alcanzan cotas virtuosas; la partida de dados en el garito ilegal, maravillosamente concebida e interpretada; un plano en contrapicado, perfectamente iluminado, en el que Bernie y el "Planificador" contrastan billetes a la luz de una lámpara. Por último, el vaporoso asesinato ambientado en la sauna resulta tan brillante como violento.

Magnífica película, innecesariamente lastrada, pero aún así de obligada visión.
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11 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil