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Bésame, tonto (1964)

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Sinopsis
Un famoso cantante, conocido por su reputación de conquistador empedernido (Dean Martin), llega con su lujoso coche a un tranquilo pueblecito llamado Clímax. Allí viven dos amigos: un fracasado profesor de piano, casado con una bella mujer, y el encargado de la gasolinera. Cuando reconocen al cantante, conciben la esperanza de que pueda ofrecerles una oportunidad para entrar en el mundo de la música. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
Kiss Me, Stupid
Duración
119 min.
Guion
Billy Wilder, I.A.L. Diamond (Teatro: Anna Bonacci)
Música
André Previn
Fotografía
Joseph LaShelle (B&W)
Productora
The Mirisch Corporation / Phalanx Productions / United Artists
Género
Comedia Celos
"Una mordaz mirada al mito del sueño americano en la que el maestro Wilder ofrece una vez más una clase magistral acerca de cómo crear una comedia."
[Diario El País]
8
Crítica iconoclasta de la sociedad contemporánea
Film nº 20 de Billy Wilder. El guión, de Wilder y Diamond, se basa en la obra de teatro "L'ora della fantasia" (1944), de Anna Bonacci. Se rueda en exteriores de LA y en estudio. Producido por Wilder, se estrena el 16-XII-1964 (LA).

La acción tiene lugar el 30 de septiembre de 1964, en Climax (Nevada). Allá llega accidentalmente el famoso cantante Dino Latino (Dean Martin), que es abordado por Barney Millsap (Osmond), empleado de la gasolinera, y Orville J. Spooner (Walston), profesor de piano y organista dominical. Ambos le presentan a la exuberante Polly (Novak).

El film es una comedia de humor, enredos y denuncia, con elementos de musical. El guión construye una obra chispeante, ingeniosa, ácida e irreverente. Los diálogos son ocurrentes y punzantes. Aborda con ironía demoledora temas como la fama, los celos, la promoción de ventas... Desacredita los estereotipos sobre la fidelidad conyugal, la armonía familiar, la prostitución. El relato avanza a un ritmo implacable, mientras los actores se cruzan infidelidades, engaños, deslealtades y abusos, y obtienen a cambio ventajas tangibles. Se burla del éxito y de los métodos empleados para conseguirlo. Denuncia la doble moral imperante, la hipocresía generalizada, el odio oculto de personas caritativas, etc. Varias escenas alcanzan niveles culminantes: clase de piano, discusión de Orville y Zelda, conversación telefónica con el dentista, cena de Orville, Zelda y Dino. Los personajes están bien caracterizados. El cantante es vanidoso, egoista, pedante, mujeriego y borracho. El profesor de piano presenta un cuadro patológico de celos, aprecia otras cosas mucho más que la música y da clases con desgana. La obra levantó sonoras protestas entre los sectores más conservadores de la sociedad americana. Wilder eliminó un beso de Zelda y Dino, pero no calmó la situación. Critica la televisión (entretiene al loro).

La cinta incluye numerosas constantes del realizador: importancia del azar, tono melancólico, transgresión de estereotipos, confusión o sustitución de identidades. No faltan elementos iconográficos de su imaginería: coches flamantes (descapotable blanco), coches modestos (el 600), televisores, puros, etc. Se incluyen detalles muy propios de Wilder: extraño encendido del mechero (sustituto de la cerilla). Abundan las citas cultas (Shakespeare), cinéfilas ("El enemigo público", Rosano Brazzi) y melómanas (Beethoven, Bach, Porter, Berlin).

La música, de André Previn, aporta una brillante partitura, colorista y elegre, con toques de jazz, swing y chachachá. Incorpora varias canciones de George e Ira Gershwin (" 'S Wonderful", "Sophia", "I'm A Poached Egg"...). Añade fragmentos de "Para Elisa" (Beethoven). La fotografía, de Joseph LaShelle, en B/N y panavisión, subraya el tono melancólico, ralza el potente erotismo de Kim Novak y ofrece "zooms" de aproximación que convierten planos medios en primeros o primerísimos planos (rostro de Felicia Farr cuando dice "Kiss Me, Stupid"). Gran película.
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39 de 43 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Los celos del tonto (7.5)
Es el típico guión de Wilder, con dos amigos como protagonistas, uno tonto y enamorado y el otro un sinvergüenza manipulador, y con una mujer cañón; pero, sin embargo, algo no funciona como otras veces. No sé lo que es, y le he dado vueltas; Kim Novak es tan voluptuosa como Marilyn, pero encima es mejor actriz; Felicia Farr no puede salir más guapa; la elección de Ray Walston y Cliff Osmond es acertada... Quizás sea el protagonismo que se le da a un Dean Martín con poca gracia, que le resta minutos al que suele ser el personaje más cachondo de sus películas: el caradura (no tengo ni que decir que Matthau fue el que mejor lo entendió); quizás sea que Ray Walston no resulta tan simpático como Lemmon (él y Matthau sabían hacer de la sobreactuación un arte); quizás sea que entre los actores no se produce esa química Matthau-Lemmon, Lemmon- MacLaine o Monroe-Lemmon (parece ser que con Lemmon era facilísimo tener química)...

En cualquier caso, es altamente recomendable para pasar una buena tarde o para estudiar un guión que sigue teniendo la calidad de siempre.
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34 de 42 usuarios han encontrado esta crítica útil