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Camino del Rocío (1966)

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Sinopsis
Tras la muerte de su padre, Esperanza y María Jesús se quedan desamparadas. Su padre había compartido sus negocios con su amante Martina Echave, que lo odiaba profundamente por no haberse casado con ella al enviudar. Por culpa de los manejos de Martina, las hermanas, casi al borde de la ruina, tienen que refugiarse en casa de una tía. El hijo de Martina (Arturo Fernández) intenta seducir a Esperanza (Carmen Sevilla) sin conseguirlo. Quien está realmente enamorado de ella es José Antonio (Paco Rabal), el capataz de una de sus antiguas fincas, aunque mantiene su amor en secreto. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ España España
Título original:
Camino del Rocío
Duración
91 min.
Guion
Rafael Gil, Luis de Diego, José López Rubio (Novela: Alejandro Pérez Lugín)
Música
Augusto Algueró
Fotografía
José Fernández Aguayo
Productora
Cesáreo González P.C
Género
Drama Musical
Grupos  Novedad
Adaptaciones de Alejandro Pérez Lugín
4
Un norteamericano en El Rocío.
"Drama" musical para el lucimiento de Carmen Sevilla, que quizá como actriz nunca llegó a ser nada del otro jueves, pero como cantante dejó constancia de su gracia y buen hacer. La película es un mero vehículo para enseñarnos a la Sevilla en todo su esplendor.

A pesar de ser un musical y que habitualmente en este tipo de películas el guión es lo de menos, en este caso está muy bien hilvanado y mantiene el interés hasta el final. Aunque prácticamente desde el principio se adivina el mismo.

Quizá y con mucho, lo mejor de la película sean sus secundarios, es decir: Francisco Rabal con su buen hacer siempre y su seriedad haciendo creíble cualquier papel que se proponga. En este caso el de un hombre enamorado de una mujer de un nivel social superior. O Arturo Fernández, en el papel que quizá lo haya encasillado pero que borda a la perfección: el de guapo vividor y conquistador, osea sinvergüenza a más no poder. Mención aparte merecen dos grandes de nuestro cine: Julia Caba y María Luisa Ponte. Sencillamente geniales, en particular la primera.

Si a todo eso unimos la fotografía perfecta de la Sevilla de los sesenta y el Rocío nos encontramos con un producto flojo pero entretenido.

Por último comentar una escena anecdótica que quizá ahora en 2013 nos llamaría poderosamente la atención: Francisco Rabal visita a una amiga en el hospital y sentado ante la enferma se pone a fumar tan tranquilo... curioso, curioso. Lo que cambian los tiempos.
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4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil