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La paz empieza nunca (1960)

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Sinopsis
Inspirada en la obra homónima del periodista y escritor Emilio Romero. Poco antes de la guerra Civil Española (1936-1939), un grupo de amigos falangistas sueñan con una revolución que transforme España y se dedican a difundir sus ideas entre la población. Al estallar la guerra, uno de ellos, López (Marsillach), está a punto de morir fusilado, pero salva la vida gracias a un republicano. A continuación, se une al bando nacional. Al terminar la contienda, un viejo camarada lo anima a participar en una operación para acabar con los maquis de Asturias. Aunque ya está casado y tiene hijos, acepta la propuesta; se infiltra entre los guerrilleros y los convence de que les proporcionará armas para seguir luchando. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ España España
Título original:
La paz empieza nunca
Duración
100 min.
Guion
Emilio Romero, Domingo Almendros, Jesús Sáiz, Leonardo Martín, León Klimovsky, Enrique Domínguez Millán (Novela: Emilio Romero)
Música
Cristóbal Halffter
Fotografía
Ricardo Torres (B&W)
Productora
Compañía Industrial Film Español S.A. (CIFESA)
Género
Drama Guerra Civil Española Posguerra española
5
Un capullo
Qué alivio, menudo descanso me ha quedado. Convencido como estaba de que nunca lograría saber los motivos de la guerra civil española, ni por qué acabó ganándola Franco ni cómo se lo montó Ese Hombre para gobernar durante casi cuatro décadas España sin que apenas nadie le chistara, y he aquí que esta película, cortesía del TDT Party, ha venido a abrirme por fin los ojos. Sí, mis descarriadillos amigos, tirad vuestros inútiles y tendenciosos estudios históricos, que aquí está la edificante historia de López, uno de esos héroes anónimos que restituyeron a una nación en ruinas el antiguo brillo de su esplendor imperial, para devolveros a la senda perdida de la españolidad.

López, se nos dice, quiere una nación unida, una justicia social y una patria libre. Tan alta nobleza de ideales no puede conducirle, claro, sino a la Falange. Con reparos, eso sí: al pobre no acaba de gustarle lo de arrojar octavillas a los rojos y salir por piernas de sus tiros. Por suerte, un par de estos tiros matan a uno de sus nobles y utópicos camaradas y toda duda queda disipada. Una ermita en llamas, por cierto, ayuda lo suyo. De modo que el bueno de López, en julio del 36, coge su fusil y corre a repartir paz, libertad y justicia social.

Y entonces es cuando queda claro que los republicanos no podrán ganar la guerra ni hartos de vino. Ni fusilar como Dios manda saben los tíos. Se apiñan en manadas de veinte, derrochando alegremente munición para apiolar a un tío con las manos metidas en los bolsillos. Son un hatajo de embrutecidos zopencos que se dejan engañar como pipiolillos. Se van tan panchos al monte y dejan a falangistas heridos en sus casas para que vayan conociendo bíblicamente a sus mujeres. ¿Cómo van a ganar la guerra? La pasta que se hubieran ahorrado Hitler y Mussolini de haberlo sabido. Lo raro es que aguantaran tres años.

Después de la guerra, al pobre López, lejos de descansar, se la acumula el trabajo. Ni echarse un ratito en el sofá puede el hombre. No sólo tiene un niño por año, sino que participa en manifestaciones contra la ONU (“Ellos tienen U.N.O., nosotros tenemos dos”), con la mayoría silenciosa cómodamente instalada en el cementerio, y, por si fuera poco, desmantela, casi solito, a una banda de maquis asturianos, liderados por un gañán con bigote de millonario mexicano, trajeado como un empresario del ladrillo, putero y juerguista. Mala gente, no hace falta decirlo: cuando se aburren, van y matan un cura. Ayuda, eso sí, que su servicio de información sea el de la Señorita Pepis, pero ni eso ni que López parezca un espía de chiste de Forges quitan un ápice de mérito a su noble y arriesgada tarea.

He aquí, en suma, la historia de un capullo. No es, sin embargo, una historia cualquiera. Capullos como López los hubo a puñados, a millones. Capullos callados y obedientes que nunca levantaron la mirada del suelo y que creyeron que la paz consistía en matar perros para que no hubiera rabia. Mis padres y mis abuelos, sin ir más lejos. Y los vuestros.
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24 de 39 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Véanla sin complejos.
A ver, chicos, veamos esta película sin anteojeras, sin complejos, sin rojos ni fachas. Imaginemos que se ha hecho en Hollywood y que cuenta la lucha de los yanquis contra los malvados nazis.....pues nos queda una película resultona, tirando a buena.

La intriga está conseguida, la acción se dosifica perfectamente, el interés se mantiene durante las casi dos horas de montaje.

Hasta la historia de amor de Conchita Velasco,¡qué guapa!, pega en la trama.

Lástima de actor principal, Marsillach es MUY malo y él solito fastidia bastantes escenas.

Menos mal que nos queda Carlos Casaravilla, ese actorazo, feo como él solo, pero ¡qué bueno!....
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14 de 21 usuarios han encontrado esta crítica útil