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Madeleine (1950)

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Sinopsis
Siglo XIX. Los Smith, una poderosa y rica familia de Glasgow, se trasladan a una nueva casa. Una de las hijas, Madeleine, es la niña de los ojos de su padre. Él desea que su hija se case con cierto caballero de notable posición, pero el corazón de Madeleine pertenece a un joven humilde... (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Reino Unido Reino Unido
Título original:
Madeleine
Duración
107 min.
Guion
Stanley Haynes, Nicholas Phipps
Música
William Alwyn
Fotografía
Guy Green (B&W)
Productora
The Rank Organisation / Cineguild
Género
Drama Drama judicial Basado en hechos reales Siglo XIX
7
Relato melodramático basado en hechos reales
Producción de "The Rank Organisation", dirigida por David Lean. Se basa en hechos reales. Se rodó en b/n en los Pinewood Studios (Londres), con un presupuesto de serie B, acorde con las disponibilidades del cine británico de los primeros años de Posguerra. Producida por Stanley Haynes, se estrenó el 14-IX-1950.

La acción tiene lugar en Glasgow (Escocia) en 1856/57, a lo largo de varios meses, que culminan en un juicio de conmovió a la ciudad. Narra la historia de Madeleine Hamilton Smith (Ann Todd), joven, de unos 20 años, que se enamora de un modesto trabajador manual, Emil L'Angelier (Ivan Desny), mientras su padre, James Smith (Leslie Banks), proyecta su enlace con un personaje de la alta sociedad, William Minnoch (Norman Wooland). Madeleine recibe en secreto a Emil en su casa por las noches, hasta que ante las exigencias y amenazas de éste decide romper las relaciones. Emil insiste hasta que cae enfermo y muere. Las sospechas acusan a Madeleine.

La película desarrolla una historia melodramática que combina el amor apasionado por un joven inmigrante francés, ambicioso y oportunista, los deseos de Madeleine de rechazarlo, la imposibilidad de hacerlo antre la cerrada negativa del mismo y sus terribles amenazas y la búsquda por parte de ella de una salida a una situación insostenible. Se pone de manifiesto la dependencia y fragilidad de la mujer en la sociedad occidental de mediados del XIX, su condición de vícitma fácil de los prejuicios sociales y la exclusión social a la que se condena a la mujer de la que se sospecha que ha mantenido relaciones extramatrimoniales. Las penas que recaen sobre la mujer en casos como el descirto provienen de la sociedad y, a la vez, de la propia familia. Pese a las acusaciones de muchos y al abandono de todos, la protagonista se erige en mujer fuerte, capaz de defender su dignidad como persona y mujer.

La música, a cargo de la Royal Philharmonic Orchestra, suma melodías alegres y románticas con fragmentos dramáticos. Combina interpretaciones de conjunto con actuaciones individuales en francés acompañadas al piano. Es excelente el solo final de violín. La banda sonora incluye sonidos distorsionados y silbidos penetrantes, de aires trágicos. La fotografía crea composiciones ricas en luces y sombras, basadas en combinaciones de diversos focos, de distinta intensidad y de colocación irregular. Ofrece contraluces emocionantes, como el paseo crepuscular a caballo. Se fija en detalles de valor simbólico, tan gratos a Lean (mano del padre, bastón en el suelo, pasos de espera). El guión explica una historia de sentimientos intensos y contrapuestos y de referencias ocultas y misteriosas, nunca esclarecidas. La interpretación del elenco es correcta y equilibrada. La dirección hace gala de gran pulso narrativo y notable fluidez expositiva.

La película corresponde al cine británico de Posguerra, modesto en recursos económicos, pero rico en valores narrativos y expresivos.
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16 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Las trampas del amor.
Nunca estrenada en las pantallas españolas, por lo tanto poco conocida, su tardío descubrimiento fue por la televisión y el DVD. El propio David Lean alimentó en parte esa cierta indiferencia hacia “Madeleine” al declarar que, se trataba de una película hecha para contentar a la que por entonces era su esposa, la actriz Ann Todd. Sin embargo, en mi opinión, este film, melodrama decimonónico muy bien ambientado, es uno de sus mejores trabajos, y que merece una consideración por lo menos igual a otros trabajos más conocidos del cineasta.

“Madeleine” es la enésima demostración de que, cuando se habla de cine – o de arte en general –, hay determinadas creencias que nunca deben tomarse como si fueran axiomas irrefutables, so pena de caer en un engorroso inmovilismo. Una de ellas es la socorrida, exagerada y repelente noción de la “película de encargo”, que tiende a usarse como arma arrojadiza para, según las ocasiones, despreciar los films realizados por directores meramente funcionales y sin personalidad que se pliegan a las “exigencias de los productores”, o para excusar las películas mediocres de cineastas más interesantes pero puntualmente sometidos al yugo de ese “tirano sin sensibilidad” conocido como “productor”. Generalizar siempre resulta contraproducente, y habría que ver caso por caso a lo largo de la historia del cine. Pero también han existido cineastas que supieron mantener la dignidad y el interés de su obra, con independencia de que fueran o no “de encargo”. Y productores inteligentes que supieron elegir al director adecuado, por considerarlo el más idóneo al proyecto en función de su estilo y personalidad.

Además, nada obligaba a Lean a realizar un film que no le interesara, estando en el mejor momento de su carrera. “Madeleine” tiene muchas cosas afines al ideario de David Lean. En primer lugar, Madeleine Smith encaja perfectamente con las heroínas del cineasta, retratos de mujeres encerradas en un contexto social y sexual represivo, que busca su liberación y realización personal por medio de una experiencia fuera de su órbita cotidiana, en su caso una aventura amorosa con alguien ajeno a su entorno (un extranjero) que la gratifica sexualmente y la sitúa al margen de las convenciones sociales que rigen su existencia (la obediencia a un padre autoritario, la aceptación de un matrimonio de conveniencia). En segundo lugar, “Madeleine” hace gala de una serie de recursos formales propios de Lean, mostrando su característica utilización dramática de la fotografía y el decorado y su empleo del comentario sonoro (música y sonidos) con vistas a añadir sugerencias y acotaciones que complementen el relato.

Basada en hechos reales acaecidos en el Glasgow de mediados del siglo XIX. El film tiene dos partes diferenciadas: una primera mitad mórbida y sensual, dominada por las pasiones más encendidas y los sentimientos más extremos (amor y odio, vida y muerte); y una segunda, en cambio, mucho más rígida y austera, en la que aquel torrente de emociones subjetivas es sometido a un frío proceso de de análisis objetivo – no sólo judicial sino, también social, moral y ético – que intenta racionalizarlas. En este sentido “Madeleine” es una excelente síntesis de ese discurso latente en todo el cine de Lean sobre la sensualidad y su represión. El cineasta y gran montador, nos recrea unos sucesos envueltos en una extraña historia romántica y una mujer que supo asumir sus errores.
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4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil