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Plácido (1961)

Plácido
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8,2
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Sinopsis
En una pequeña ciudad provinciana, a unas burguesas ociosas se les ocurre la idea de organizar una campaña navideña cuyo lema es: "Siente a un pobre a su mesa". Se trata de que los más necesitados compartan la cena de Nochebuena con familias acomodadas y disfruten del calor y el afecto que no tienen. Plácido ha sido contratado para participar con su motocarro en la cabalgata, pero surge un problema que le impide centrarse en su trabajo: ese mismo día vence la primera letra del vehículo, que es su único medio de vida. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ España España
Título original:
Plácido
Duración
85 min.
Guion
Rafael Azcona, Luis García Berlanga, José Luis Colina, José Luis Font
Música
Miguel Asins Arbó
Fotografía
Francisco Sempere (B&W)
Productora
Jet Films
Género
Comedia Pobreza Navidad Sátira
"La gran obra maestra de Berlanga estalla no sólo como impecable comedia costumbrista, sino también como un devastador retrato social"
[Diario El País]
"Ácida, crítica y con el sarcasmo como banderín de enganche. De paso, Berlanga juega al cine con sus eternos y magníficos planos-secuencia"
[Cinemanía]
9
Retrato inmisericorde de la sociedad española
Clásico inmarchitable del cine español de todos los tiempos “Plácido” es unas de las obras maestras indiscutibles y fundamentales de la filmografía de Luis García Berlanga. Rodada en el momento cumbre de su creatividad, en un periodo oscuro donde la feroz censura del régimen franquista agudizaba el ingenio y la imaginación de los guionistas “Plácido” se transforma, siguiendo el hilo conductor de un alambicado, pérfido y malévolo guión del propio Berlanga y Rafael Azcona y bajo la afilada dirección de un Berlanga -lejos de la ternura que destilaba su mirada en anteriores trabajos- en una falsa comedia coral y en una amarga, pesimista y cruel reflexión sobre la sociedad española de la época. Deudora en parte del neorrealismo tardío, tanto en la forma como en el fondo, “Plácido” es al mismo tiempo una visión vitriólica de la realidad y un retrato despiadado e inmisericorde de la España de la pandereta, profunda, negra y reaccionaria que desgraciadamente sigue vigente en amplios sectores de la sociedad española actual. Con “Plácido” Berlanga disecciona y hace pedazos -con su habitual lucidez- a una sociedad hipócrita, mezquina y provinciana de doble moral donde lo más importante son las falsas apariencias, que predica la caridad pero que no la practica, a la que le molesta la pobreza pero que no hace nada por erradicarla y que necesita poner en marcha una cruel farsa, en forma de campaña navideña, bajo el lema “siente un pobre a su mesa” para lavar sus conciencias. Con un reparto irrepetible de grandes actores en estado de gracia, donde seria injusto destacar a nadie, Berlanga se mueve como pez en el agua en ese cine coral tan querido por el y en el que ha sido maestro y referencia absoluta. Trufada de secuencias memorables, no por esperpénticas y surrealistas menos dramáticas, son especialmente inolvidables la que se desarrolla en los lavabos públicos y sobre todo la larga, genial y milimétrica secuencia -de una sátira mordaz demoledora- en la que el repentino empeoramiento del estado de salud de uno de los pobres, gravemente enfermo, desencadena una situación cómico-patética que pone en evidencia todas las miserias de esa sociedad amoral. Obra maestra de imprescindible visionado.

Francesc Chico Jaimejuan

Barcelona 10 de mayo de 2006
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125 de 133 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
Llegando a la cima en solitario y sin forzar.
Luis García Berlanga, para muchos el mejor director de la historia del cine español. Puede ser, aunque creo que ha sufrido demasiado las modas de la crítica y el público.

Mientras que su primera etapa de los años cincuenta y sesenta ha quedado como una especie de Fátima donde todo es maravilloso, no pasa lo mismo con su época ya de la España constitucional donde sus títulos en general están bastante maltratados. Ya no interesaba igual.

Centrémonos en su primer periodo. Berlanga tuvo la suerte de ser uno de los artistas españoles que vivían en la España franquista y que eran valorados fuera de aquí, y además en la doble vía, en Francia y en Estados Unidos. Más no se puede pedir.

Cuando estrena “Plácido” a Berlanga le llueven las novias, en Cannes se le trata muy bien, le invitan hacer cine en el país galo, los americanos le nominan a mejor película extranjera… Es un momento de reconocimiento máximo, que realmente Berlanga no volverá a tener en esos niveles.

Todo ello hizo que “Plácido” estuviera en el imaginario colectivo como una obra maestra, pero no lo es. Siendo objetivos de esa primera etapa de Berlanga de los años cincuenta y sesenta “Plácido” está muy lejos del nivel de películas como “Bienvenido, Míster Marshall!” o “El verdugo”.

Y decir que es mejor que “Calabuch” o “Los jueves, milagro” es cuando menos discutible. Yo opino lo contario. ¿Por qué? Pues porque como decía otro usuario para ser una comedia le falta más humor y además hay una construcción de escenas muy repetitivas que terminan por cansar. Hombre, y Cassen tampoco es Fernando Fernán-Gómez, Pepe Isbert o José Luis López-Vázquez. Nada del otro mundo.

Lo mejor es la crítica de Berlanga a la hipocresía, las apariencias… pero todo ello con el régimen en España, ya lo decía nuestro genial valenciano, que sin censura la inteligencia decae. Que nos lo digan ahora.

Nota: 6,4.
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77 de 101 usuarios han encontrado esta crítica útil