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The Primitive Lover (1922)

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Sinopsis
Una chica de espíritu liberal se debate entre el amor por su aburrido marido y su atracción por un atractivo aventurero, novelista de éxito y autor de "El amante primitivo". La aparición de éste, al que se le daba por muerto en una de sus expediciones, no siendo su desaparición más que una estrategia publicitaria, provoca el divorcio de la pareja. El marido encontrará en el título del libro la solución a sus problemas tanto personales como conyugales, con la inapreciable ayuda de un jefe indio también un tanto primitivo con respecto a sus comportamientos con el sexo opuesto... (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
The Primitive Lover
Duración
68 min.
Guion
Frances Marion (Obra: Edgar Selwyn)
Música
Película muda
Fotografía
David Abel (B&W)
Productora
Constance Talmadge Film Company. Distribuida por Associated First National Pictures
Género
Comedia Romance Cine mudo
9
“El divino sacrificio”
Productor, director, dramaturgo y actor, primero en el teatro de Broadway y luego en Hollywood, donde sería cofundador de Goldwyn Pictures (luego, MGM), Edgar Selwyn (1875-1944), ya era un hombre de éxito cuando, en abril de 1912, sintió que le encantaría hacer parte del sonado viaje de inauguración que se anunciaba en el transatlántico más grande del mundo, el RMS Titanic… pero, ya con el boleto en su poder, el mismo día de la partida, Selwyn recordó que tenía un compromiso literario para él muy importante y esto lo disuadió del viaje. La pareja con la que viajaría, subió al barco… y Renée Harris le contaría luego que, su esposo Henry B., pereció durante el naufragio y ella se salvó de milagro.

Este incidente, serviría para el particular punto de partida de la obra, “The Divorcee”, que Selwyn escribiría a comienzos de los años 1920, la cual arranca con el naufragio de un yate del cual tan solo sobreviven tres hombres, una mujer, ¡y una cabra!, que ahora se encuentran a la deriva en altamar. Luego sabremos que, esta es la historia de un libro titulado, “The Divine Sacrifice”, que venía leyendo Phyllis Graham-Tomley, una joven casada que ve con la más alta admiración al escritor de la novela Donald Wales, mientras reprocha a su marido, Hector, su falta de romanticismo… y lo que se derivará de aquí, es una encantadora comedia en la que se hace la más grata semblanza de la suerte de “locuras” que se le pueden ocurrir a un hombre enamorado, dispuesto a perder a su mujer… pero, ¡no tan dispuesto!

La adaptación cinematográfica, se encargó a la renombrada Frances Marion, quien se luce con un guión dinámico lleno de interesantes giros y con muy buenos intertítulos y, Sidney Franklin, como director, se encargó, con su habitual tino, de que los actores resultaran naturales, encantadores y polifacéticos, al tiempo que logró un ambiente general bastante agradable y con suficientes exteriores, para despojar a la obra de su original estilo teatral.

“EL AMANTE PRIMITIVO”, contrapone al intelectual galante e inspirado que, por poco recursivo, termina dejando apagar la más ardiente hoguera, con el hombre práctico, poco dado a la galantería, motivo por el cual acaba matando el entusiasmo que pueda haber despertado en una mujer de verdad. Quedará decidir, entonces, si es más satisfactorio el uno que el otro… o si, acaso, el punto medio será aquel que satisfaga plenamente a una linda e inteligente muchacha.

Antes que George Cukor y que Edmund Goulding, Sidney Franklin ya era conocido como “el hombre capaz de extraer las más sensibles interpretaciones de las más mediocres actrices”, y por tal razón, en la MGM, siempre lo llamaban para que elevara el glamour de sus estrellas: Norma Talmadge, Mary Pickford, Marion Davies, Luise Rainer… y por supuesto, Constance Talmadge, a quien tendría en “EL AMANTE PRIMITIVO” (y otros títulos), logrando extraer de ella, aquí, una de sus más frescas y encantadoras interpretaciones.

Como los hombres en disputa, inmejorables, Harrison Ford (sin parentesco con el actor contemporáneo que igual lleva su nombre), quien aquí desborda gracia como el imprevisible Hector; y el experimentado Kenneth Harlan, también muy divertido como el irresistible escritor al que, el marido celoso, pretende desenmascarar.

Sidney Franklin, vuelve a probar que, su nombre, era sello de buen gusto.
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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil