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Persona (1966)

Sinopsis
Elisabeth (Liv Ullmann), una célebre actriz de teatro, es hospitalizada tras perder la voz durante una representación de "Electra". Después de ser sometida a una serie de pruebas, el diagnóstico es bueno. Sin embargo, como sigue sin hablar, debe permanecer en la clínica. Alma (Bibi Andersson), la enfermera encargada de cuidarla, intenta romper su mutismo hablándole sin parar. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
Año / País:
/ Suecia Suecia
Título original:
Persona
Duración
81 min.
Guion
Ingmar Bergman
Música
Lars Johan Werle
Fotografía
Sven Nykvist (B&W)
Productora
Svensk Filmindustri (SF)
Género
Drama Intriga Teatro Película de culto
"Obra maestra. Cine puro, belleza de primeros planos, película que sigue viva como la soledad, como el amor, el silencio y la palabra"
[Cinemanía]
10
El drama de la vida humana explicado como cine en el cine
Escrita, producida y dirigida por Ingmar Bergman, fue su primera colaboración con Liv Ullman. Se rodó en estudio y en la costa de Gotlands Lan, al sur de Suecia. Nominada a un BAFTA, ganó 5 premios.

La acción tiene lugar en un hospital y en una finca próxima al mar. Narra la historia de Alma (Bibi Andersson), de 25 años, enfermera, que atiende a Elisabeth Vogler (Liv Ullman), actriz de teatro, casada, madre de un hijo, que hace 3 meses, durante una representación de Electra, dejó de hablar. No hay causas que expliquen su postración y su silencio. La doctora (Margaretha Krook) las envía, durante una temporada, a la finca que tiene junto al mar.

La secuencia prólogo contiene referencias a 5 temas: religión (araña/dios, crucifixión, cordero pascual), sexo (falo, vagina), arte/ilusión (proyector, cine mudo, pantalla), vanidad de la vida humana (personaje que inutilmente trata de trabajar) y muerte (personaje mudo, depósito mortuorio). Parece sugerir una de las ideas centrales del autor: el ser humano, al constatar la vanidad de su destino, la muerte, trata de encontrar la inmortalidad a través del sexo, el arte y la religión. El cordero pascual muere, las manos crucificadas mueren, la araña mata, ¿puede la religión librar de la muerte? El arte, como el cine, es una ilusión finita: concluye cuando finaliza la película o se quema la cinta. El sexo engendra hijos destinados a vivir en un mundo de mentira y muerte. ¿El ser humano se engaña o se afirma cuando busca la inmortalidad? El proyector, el foco, la cinta, la pantalla y otros elementos del prólogo ponen de manifiesto que el cine no crea una realidad trascendente, sino sólo una ilusión de realidad, que puede ser inmensamente bella, pero no puede dejar de ser irreal. La obra explica que el relato en cine se puede crear sin diálogo, sin personajes y sin argumento. El diálogo se puede sustituir por un largo monólogo. Los personajes que interactúan pueden ser, en realidad, dos imágenes de una misma persona (Alma es conciliadora y locuaz, Elisabeth es obstinada e iracunda: dos perfiles o expresiones de una sola persona). La posible inexistencia de un argumento o motivo básico se explica a través de la falsa enfermedad de Elisabeth, que no es más que el reflejo de la búsqueda de un refugio hermético, que la aisle del mundo de mentiras y de muerte, que no acepta. La locuacidad de Alma es la vía a través de la que trata de huir de si misma, de su verdad, su debilidad y su oculto rechazo de la muerte. El largo monólogo de Alma recuerda "La vida es sueño", de Calderón.

La película, escrita por Bergman en un hospital durante la convalescencia de un fuerte estrés, es un relato concebido en plena libertad. La fotografía es magistral. La interpretación de Bibi Andersson es extraordinaria. La obra es una de las más depuradas y personales del director. Plantea preguntas, siembra inquietudes y disipa falsas ilusiones. Invita, sobretodo, a la reflexión y a gozar del buen cine.
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556 de 611 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
La náusea de Bergman.
El proceso creativo, el artista. Bergman nos rompe la ilusión de realidad, esa madriguera calentita del que ve una película creyendo por unos minutos, aunque sepa que no es así, que la imagen proyectada es cierta, que sucede realmente. Bergman prefiere ser el cirujano que constantemente rompe la narración, que nos sacude el letargo del hilo narrativo con un fuerte olor a cloroformo (mostrándonos arcos de luz, desenfocando la imagen...) para indicar que alguien está manejando el asunto, que alguien plantea sus dudas, sus contradicciones y su propia experiencia a través de una mera ilusión de realidad. Que Bergman, y por extensión el cine mismo, nos está colocando sus propias cuitas en primer término de forma mucho más desnuda que las películas convencionales.

Bergman, como digo, se carga esta máscara. Y lo hace para que quede clara su reflexión, para que estemos al tanto de la manipulación y la distancia. Un mecanismo que, además de impactar por su innegable eficacia, sirve de guía.

La metáfora del silencio es fantástica. Me encantaría hacerlo. Creo que es la única solución posible. La falta de voluntad, dejarse llevar por una sinergia que no entendemos, no plantear falsas resistencias que sólo son espejismos. Por ello Bergman rompe la ilusión de la imagen cinematográfica, para hablar de todo esto sin recurrir a la falsa ilusión que proporciona el concepto “película” y que, trazando un paralelismo, es la que nosotros empleamos para vivir. Nuestra vida es una ilusión, una impostura. Una película. El lenguaje, los actos... no hay verdad en ellos. Aunque creamos lo contrario son tan falsos como el cine, sólo incorporan vocación de realidad, nada más. Sólo así se explica que seamos tan contradictorios.

El silencio, la comunicación, el contacto... Las dos mujeres irán desgranando sus miedos hasta demostrar que son una única persona. Dos perspectivas de lo mismo, los miedos y congojas desde dos puntos de vista que, en el fondo, son la misma cosa. Las dos protagonistas representan cosas distintas, tienen planteamientos, digamos, vitales distintos... Pero acaban siendo lo mismo (hipnóticamente representado por Bergman en un plano parte ya de la historia del cine). Se sinceran, se comprenden, se enfrentan... Como cada uno de nosotros hacemos con nosotros mismos.

En esta crítica he obviado cualquier dato de interés sobre posibles explicaciones y elementos que rodearon la gestación de la película ya que sería repetir cuestiones ya mencionadas. En este sentido recomiendo leer todas las críticas anteriores y especialmente las de Miquel y Carsecor. Son una importante pista a la hora de entender algo de este galimatías. El que quiera entender claro, que lo de la comprensión está muy sobrevalorado. Yo prefiero la implicación.

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243 de 281 usuarios han encontrado esta crítica útil