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Cafarnaúm (2018)

Cafarnaúm
Trailer
7,2
457
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Sinopsis
Ante un tribunal, Zain, un niño de 12 años, declara ante el juez. -¿Por qué has demandado a tus propios padres? -Por darme la vida.
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Líbano Líbano
Título original:
Capharnaüm
Duración
126 min.
Estreno
15 de febrero de 2019
Guion
Nadine Labaki (Historia: Labaki Jihad Hojeily)
Música
Khaled Mouzanar
Fotografía
Christopher Aoun
Productora
Coproducción Líbano-Estados Unidos-Francia; Les Films des Tournelles
Género
Drama Pobreza Infancia
1
Tres cantos a la miseria
Es difícil establecer un intento de análisis fílmico de Cafarnaúm (Capharnaüm) sin caer en los mismos errores en los que incurre Nadine Labaki en su acercamiento al miserable submundo de las calles de Beirut. Quizá el hecho de pronunciarse sobre esta película sea de por sí un error, ya que supone hacerlo ante una obra que ha generado un enorme debate (no sólo cinematográfico sino moral) sobre unos temas de gran importancia: ¿se puede hablar de la pobreza sin hablar de las causas objetivas que la generan?¿Cuál debe ser el punto de vista de alguien que retrata una clase social a la que no pertenece?¿Es lícito obtener réditos, bien sean artísticos o financieros, basando su obtención en la ostentación de una situación trágica, sin que dichos beneficios repercutan en aquellos que la sufren? El querer tomar partido en esta discusión, amparándose en la división generada por el filme de Labaki, podría considerarse como una banalización de un trasfondo tan relevante, una mirada superficial sobre un marco global que supera ampliamente las imágenes, más o menos trascendentes, de la cinta libanesa.

1. GÉNESIS: SLUMDOG MILLIONAIRE

En el pressbook ofrecido a la prensa con motivo de la celebración del Festival de Cannes, la directora libanesa contaba cómo se generó en su mente la idea de realizar Cafarnaúm (Capharnaüm). Volviendo de una fiesta a la 01:00 a.m. (sic), detuvo su coche en un semáforo donde observó, a través de la ventanilla de este, a una mujer durmiendo en la calle con su niño en brazos, el bebé no lloraba, sino que parecía acostumbrado a esta triste situación, soportando con el estoicismo que aporta la cotidianidad el frío, el hambre, etc.

La primera idea que considero relevante, a raíz de la anécdota que cuenta la entrevista, viene dada por la imagen que se genera (al menos en mí) tras la lectura de la génesis del filme: la directora, aún con su vestido de fiesta, quizás comentando con su acompañante alguna anécdota de la misma, mirando a través de un cristal a la pobreza más absoluta. Este retrato persiste en mí cada vez que hago memoria de Cafarnaúm (Capharnaüm). Me resulta imposible recordarla sin pensar que su nacimiento se produjo a través de una superficie reflectante, no gracias al contacto directo con una realidad no mediatizada por obstáculos deformantes. Ese punto de vista profiláctico, de aislamiento, de persona que mira desde la seguridad de su refugio móvil, me parece clave a la hora de entender su filosofía.

2. PLANO CENITAL: EL CIELO SOBRE BEIRUT

Existía, entre algunos compañeros de la prensa internacional, la intención (imagino realizada) de vincular la película que nos ocupa con los títulos clásicos habituales de la escuela neorrealista italiana, del De Sica de Ladrón de bicicletas (Ladri di biciclette, 1948) al Rossellini de Alemania, año cero (Germania, anno zero, 1948). No es objeto de este texto, ya lo decíamos en su arranque, generar polémicas absurdas con opiniones que divergen de la nuestra, sí lo es, en cambio, tratar de explicar porque no creemos que se pueda incluir su título en ese canon del cine social. Todo tiene que ver con el punto de vista que asume su autora. Tomemos como ejemplo ese momento en el que Labaki, haciendo uso de una cámara dron, realiza una panorámica cenital sobre los tejados de las chabolas de Beirut, queriendo mostrar la metástasis de la miseria y hasta qué punto se extiende esta en el cuerpo de la capital libanesa.

Consideramos que ese mero plano ya invalida, por sí mismo, su inclusión en la escuela neorrealista. ¿Podemos imaginarnos a los directores antes mencionados haciendo uso de semejante recurso aun disponiendo de los medios técnicos para ello? Entiendo que no. No porque la clave del neorrealismo es mantener la cámara a la misma altura que sus protagonistas, bajar el objetivo a la calle, no observar estas mismas calles desde arriba, desde la perspectiva de alguien que está muy por encima de la mugre y la miseria, de alguien que, en definitiva, se arroga ciertas cualidades divinas. No tampoco porque el neorrealismo entendía que no se debía hacer exhibición de ciertos recursos cuando el foco son los desplazados de nuestra sociedad. Hacer gala de músculo cuando el retrato es sobre individuos con déficit de proteicos no es sólo contradictorio, también es humanamente cuestionable.

Incidiendo en ese plano cenital, parece poco sorprendente que la propia directora se otorgue a sí misma el papel de abogada del infante protagonista, que en las palabras de éste suene un discurso sobre cómo deben actuar los que no poseen nada, ¡¡¡expresando explícitamente como ciertas castas no deberían tener hijos (!!!). Labaki no sólo mira desde arriba las barriadas y las chabolas, también lo hace con quien vive en ellas y, por tanto, ese plano cenital parece cualquier cosa menos casual.

(continúa en spoiler sin desvelar detalles relevantes de la trama)
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28 de 47 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Una mirada desoladora a los suburbios de Beirut
Asistí a la proyección de Cafarnaúm de la directora libanesa Nadine Labaki, dentro de la sección informativa de la la Mostra de Valencia, Cinema del Mediterrani. Tenía cierta expectación por verla dada su premio del Jurado en Cannes 2018 y por sus películas anteriores, sobre todo Caramel, aunque alguna crítica leída después de los honores recibidos en Francia hizo que me impusiera una cierta cautela. Innecesarios, pues la película la considero impresionante.

Se trata de una producción muy dura pero bellamente filmada. Nos narra la vida de un chaval de Beirut, de unos 12 años, y cómo se desenvuelve en un ambiente de explotación infantil en varios ámbitos: familiar, laboral, social... Con algún momento en apariencia de documental, la trama discurre en la triste realidad de los suburbios de la capital libanesa vista a través de los ojos del joven Zain, aunque lo primero que sabemos de él es que quiere denunciar a sus padres por haberle traído al mundo. Y lo hace desde la cárcel y ante un juez. Ahí es cuando empieza la narración, en flashbacks, de su historia: la miseria económica y moral que le rodea y que a veces nos desespera y nos revuelve las tripas .Espeluznante.

El film es crítico con las tradiciones en un país de grandísimos contrastes: con los niñas como víctimas, con casamientos consentidos entre familias para quitarse una boca que comer; o con el rol que hombres y mujeres "deben" ocupar según se supone que es su lugar en esa sociedad, y que mediante las desgarradoras declaraciones de los padres pasas de la repulsión a la lástima infinita; o las situaciones que potencian la desesperación, la pobreza o la bajeza de algunas personas, siendo presa fácil de mafias y explotadores varios. Vomitivo.

También pone el dedo en la llaga a la hora de valorar la dignidad del ser humano independientemente de si tienes papeles o de dónde provengas o cuál sea tu situación. Hay un momento en que da igual que seas libanés o extranjero (por cierto, a veces olvidamos que hay inmigrantes sin papeles en todos los países del mundo, incluidos los del tercer mundo o en vías de desarrollo y en las condiciones en que viven). Tener un papel que indique quién eres puede decidir tu vida, aunque los sentimientos y actos de compasión o ayuda son independientes de tu edad, tu condición o tu nacionalidad. Y eso, que es la base de lo podía considerarse humanidad, es olvidado muchas veces por este mundo tan asquerosamente burocratizado.

La banda sonora de Khaled Mouzanar (cónyuge de Labaki y que colaboró también en sus películas anteriores) me parece excelente. Potente y desgarradora, las melodías refuerzan emocionalmente los momentos más duros del film, en el que no hacen falta palabras y la desesperación te pone un nudo en la garganta y te acogota el alma.

Hay quien ha acusado a la directora de recrearse en la "pornomisera" infantil de su país, de hacer un "Slumdog Millionaire" más duro y a la libanesa o situarse en una posición moral superior al acusar de ciertas prácticas del Beirut más pobre a la propia gente que puebla esos barrios de la ciudad, como si fueran directamente culpables de la sobrepoblación y su falta de recursos. Tampoco ha gustado que se incluyera ella misma en un papel muy secundario, de abogada de Zain, y por tanto dando a entender que se posicionaba como acusadora de esas prácticas. Sin embargo creo que es una película valiente y sensible, que consigue tirarnos a la cara una realidad de países de nuestro entorno mediterráneo y que explicaría lo que mucha gente busca cuando llega a las fronteras de Europa: dignidad, oportunidades para llevar una vida decente.

Nadine Labaki consigue transmitirnos una imagen de este duro mundo de forma sincera, sin endulzamientos ni justificaciones basadas en la tradición. Lo hace de una forma abierta y sin artificios, un puñetazo en la mesa, una ventana abierta a una realidad, que aunque giremos la cabeza, sigue estando presente. Y quizá ese sea el gran éxito de su realización, que a pesar de hacer que nos revolvamos en nuestro mullido asiento esperamos ansiosos el desenlace final,con la esperanza de que no sea tan terrible. Con alguna situación tragicómica la directora nos va haciendo digerir la tragedia aunque el final, quizá un punto "naive", nos suaviza la sensación que nos acongoja en todo el metraje. Como el último plano, donde el joven Zain, el protagonista, nos regala su única sonrisa en la película, pues se está haciendo su primer documento de identidad y no su certificado de fallecimiento.
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7 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil