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Cuando éramos soldados (2002)

6,0
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Sinopsis
En plena guerra del Vietnam, el coronel Hal Moore (Mel Gibson) y sus soldados (unos 400 hombres) aterrizaron en noviembre de 1965 en una región conocida como "El valle de la muerte". Allí fueron recibidos por más de 2.000 soldados del Vietcong, desencadenándose una de las batallas más feroces de la guerra. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
We Were Soldiers
Duración
138 min.
Guion
Randall Wallace (Novela: Harold G. Moore, Joseph L. Galloway)
Música
Nick Glennie-Smith
Fotografía
Dean Semler
Productora
Paramount Pictures
Género
Bélico Acción Guerra de Vietnam Basado en hechos reales Ejército
4
Ya me reí.
Ya me reí, no me quedaba otra. Recuerdo una escena que le pregunta la hija pequeña de Mel a ver qué es la guerra, y el Mel con cara de "vaya preguntitas me hace mi niña" va y salta una perla, que decía algo así: la guerra se produce cuando la gente mala hace perrerías a la gente buena y tienen que ir los Estados Unidos a salvar a la gente buena y castigar a la mala. Así todo. Impagable la conversación que entabla Gibson cuando está rezando con el otro soldado, que parece un Action Man; o cuando uno de los buenos está con las tripas fuera y salta lo de "me alegro de morir por mi país", en vez de estar cagándose en la puta que lo parió, como haría cualquier ser viviente de este planeta.

La peli es mala, qué le vamos a hacer, porque la vi con mis amigos y nos mofamos como si estuviésemos viendo "Tropic Thunder", y esa parece que no era la intención del director al hacerla. Ni del Mel cuando daba su discursito sobre el honor y el deber. Una patriotada de mucho cuidado. Para reclutar marines y llevarlos a Afganistán, supongo. Eso sí, el que quiera ver tiros, explosiones, sangre, tripas y chinos saltando por los aires, esta película no les va a defraudar.
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93 de 121 usuarios han encontrado esta crítica útil
5
El Infierno que no conoceremos
Para aquellas personas que desconocemos lo que se experimenta en mitad de un campo de batalla, con un fusil en las manos, con una ristra de granadas colgada a la cintura, y el sonido de las explosiones que se apoderan de tus oídos como el violín que surge elevándose en una sinfonía, éstas películas bélicas son necesarias para comprender, lo que nuestro abuelo nos contaba que hizo cuando era joven, lo que estudiamos en los libros de historia, a los que solemos dar un interés nimio.
Entendiendo que no todos los realizadores de susodichos filmes lo han vivido en sus carnes, el talento consistirá en recreárnoslo de manera tan fiel, que nos dé miedo solo el hecho de pensar que somos uno de esos soldados.

Oliver Stone reflejó sus vivencias reales en el guión y la cámara de "Platoon"; Terrence Malick dejó a mas de uno petrificado con "La delgada línea roja", al darnos una visión tan cercana y a la vez tan terrorífica de la desolación y desesperación de un hombre sabedor de que no volverá a casa; Spielberg consiguió en "Salvar al soldado Ryan" crear, aunque sea discutible, la escena de acción mas espectacular y creíble (no digitalizada) que se haya rodado en éste planeta, con el desembarco de Normandía.
Y el genio Stanley Kubrick plasmando su talento en “Senderos de gloria” y “La chaqueta metálica” (no hay que profundizar mas).

Con “We were soldiers” también desarrollé un sentimiento, pero está vez fue de dudosa trascendencia: la familiaridad. Ese comúnmente llamado “Déjà vu que produce una extraña sensación de haberlo visto antes.
Las memorias de aquellos hombres, las botas pesadas saturadas de barro, el lamento por el compañero perdido, el pulso nervioso y torpe al disparar el arma…….son imágenes que te describen el horror que significa estar allí, y que ésta película no me ha transmitido.
Al contrario: por el guión discurren momentos de diálogos patrioteros, que incitan a creer que la guerra sirve para algo, que demuestran que los americanos tienen un par, y bien puestos, que no se amedrentan quitando la vida a otros seres humanos…..
La escritura, que corrió a cuenta de Randall Wallace, tiene instantes de verdadera pornografía. También hay que recordar que la contribución mas aceptable del señor Wallace a la industria ha sido realizar el guión de “Braveheart”.

Las interpretaciones secundarias (Kinnear, Pepper) resultan mas interesantes que las primarias, que desprenden chulería, mucho honor y compromiso, pero nada lejos del puro espectáculo. Incluso Madeleine Stown vuelve a estar infrautilizada, como ya ocurrió en “La hija del general”.

Si me preguntan por cine bélico, por mi cabeza pasarán muchos títulos. Muchos, antes que éste.
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45 de 52 usuarios han encontrado esta crítica útil