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Ararat (2002)

6,9
2.001
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Sinopsis
Durante un control aduanero en la frontera canadiense, Raffi (David Alpay) declara que sólo lleva material para una película que se está rodando en Toronto. Sin embargo, un funcionario llamado David (Christopher Plummer) sospecha que miente y lo somete a un interrogatorio que se convierte en un examen psicológico que revela episodios conflictivos de sus respectivas vidas. Raffi, de origen armenio, vive obsesionado con el recuerdo de su padre y con los sentimientos que dicho recuerdo suscitan en su madre Ani (Arsinée Khanjian) y en su hermanastra Celia (Marie-Josée Croze). Por su parte, David intenta entender y aceptar la relación de su hijo Philip (Brent Carter) con un actor de origen turco Alí (Elias Koteas), al tiempo que trata de establecer una sólida relación con su nieto Tony, el hijo de Philip. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Canadá Canadá
Título original:
Ararat
Duración
116 min.
Guion
Atom Egoyan
Música
Mychael Danna
Fotografía
Paul Sarossy
Productora
Miramax
Género
Drama Cine dentro del cine
La realización de una película sobre el holocausto armenio de los años veinte tendrá un gran efecto sobre un joven de 18 años contratado como conductor en el rodaje de la producción. Agoyan refleja el conflicto de Armenia y Turquía a través de la historia contemporánea de dos familias separadas y su búsqueda de la reconciliación y la verdad, enfrentándose a un pasado terrible y un presente complicado.
[FilmAffinity]
"Genial reflexión sobre el genocidio del pueblo armenio y el pozo sin fondo del factor humano. Es apabullante. (...) obliga a repasar, a tratar de ordenar en la memoria la inmensa cantidad de sensaciones con las que le han bombardeado. (...) esta película es única e imprescindible."
[Cinemanía]
7
Ararat
Cualquier película dispuesta a arrojar algo más de luz sobre aquel terrible suceso histórico que acabó con la matanza indiscriminada de miles de armenios a manos de los turcos ya merece todo mi respeto y admiración, pero si el que lo firma es Atom Egoyan uno espera encontrarse además ante algo más que una simple película histórica. Y Ararat es algo más que una simple película histórica. Planteada como un juego de muñecas rusas que se arman y desarman al antojo de su director, Egoyan nos habla de muchas cosas (quizás demasiadas), que sólo van cobrando cuerpo tras una desconcertante primera media hora; es en ese momento cuando el relato empieza a adquirir sentido, aunque el resultado no sea igual de satisfactorio en todas sus partes. Para entendernos: hay un abismo entre los diálogos que mantienen Christopher Plummer y el joven que viene de filmar en Oriente (lo mejor de la película, magistral en su definición final) y las relaciones del resto de personajes en tanto a fuerza, interés y presencia. Con lo que se deduce que lo que realmente se le da bien al autor de Exótica es el interiorismo humano, el buceo libre en el alma y la cabeza de sus personajes.

En Ararat brillan más los sentimientos que los decorados, de ahí que los episodios de reconstrucción histórica y las cuitas cinematográficas queden bastante por detrás de los conflictos paterno-filiales, en parte porque en aquellos la cabeza apenas deja paso al corazón. Y aún así la película emociona y asombra, perturba y conmueve, pero conmueve con el presente más que con el pasado: un presente, no obstante, que necesita al pasado para sobrevivir y comprenderse a sí mismo. Así y todo, da un poco de pena que un proyecto tan bien pensado y ejecutado haya desembocado en un film destemplado y un tanto discursivo, pese a que lo positivo se imponga a lo negativo. En cualquier caso, una obra bella, interesante, compleja y muy recomendable, que incita a reflexionar sobre el significado de la historia y el papel que juegan en ella las nuevas generaciones.

Lo mejor: el careo entre Christopher Plummer y David Alpay.
Lo peor: las momentáneas pérdidas de interés.
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23 de 26 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
PEREGRINACIÓN AL ORIGEN
1) Créditos iniciales sobre planos-detalle del estudio de un pintor: Arshile Gorky joven, elaborando “El artista y su madre” a partir de foto.
Pintor y cuadro son centrales en una superproducción del ficticio director Saroyan en Turquía, drama épico sobre el genocidio armenio. Coincidencia, una profesora da un ciclo sobre ese cuadro, a su vez pieza estelar de una retrospectiva de Gorky, pero sólo con obras de aprendizaje, figurativas.
Tanto cuadro como foto existen, y en el film el tratamiento de su creación es experto, de primera.
En la obra de Gorky (nacido Vostanig Adoyan pero se cambió de nombre y se fingía pariente de Maxim Gorki) ese cuadro influido por Cezanne y Picasso tiene valor muy secundario. Gorky fue fundador del Expresionismo Abstracto, la apuesta americana para competir con las vanguardias europeas.
La presentación sesgada del personaje responde al forzamiento general del argumento.

2) Egoyan suele desplegar un mundo propio. Sus seres tienen vínculos ambiguos, abren sus mentes en raros discursos. Mezclando tragedia y sensualidad da su toque de incertidumbre, acrecentado por los saltos temporales que entrecortan el relato. Así ha cargado de misterio intrigas psicológicas como “El liquidador” o “Exótica.
El compromiso con la causa armenia le lleva a cambiar en “Ararat” al registro épico para ocuparse del genocidio perpetrado por los turcos en Anatolia.

3) Un veterano policía interroga en el aeropuerto de Toronto a un viajero: Raffi, joven de origen armenio que trae de Turquía sospechosas latas de películas. Con toda paciencia, escucha explicaciones sobre esos rollos y la película de Saroyan, en la que Raffi participa como ayudante; sobre el argumento y los tenebrosos acontecimientos que busca testimoniar; sobre la huida de Gorky niño...
Durante el examen psicológico, un cursillo de historia armenia.
¿Por qué sin límite de tiempo, extrañamente? Sufre el policía la incomunicación con su hijo (cuyo novio es de otra religión), y la actitud del interrogado le remueve el conflicto. Este dilema del inspector, con la sinceridad y lo ético en juego, interesa.

4) Ver, nada más empezar, al armenio Aznavour contando con tal sentimiento esa historia de la granada que simboliza éxodo y madre patria, lleva a preguntarse si viene una obra nacionalista, de inspiración condicionada por la vindicación histórica.
Pues sí: en la primera película del autor centrada en la conciencia colectiva, lo épico tiene aliento indeciso, y asoma el maniqueísmo. Las escenas de masacres pecan de obvias. Aparte su valor propagandístico, restan valor estético. Egoyan subordina su talento al servicio de una causa. A pesar del insistente recurso al cine dentro del cine, la inserción de lo histórico en lo vital es débil y forzada. A ratos desaparece el pulso habitual, aunque la calidad técnica nunca se pierda.
Porque, pese a todo, estamos ante un gran director. Queda claro que también es un buen armenio. Y que la épica no es lo suyo.

(6,5)
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20 de 21 usuarios han encontrado esta crítica útil