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El ahorcamiento (1968)

7,0
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Sinopsis
Koshikei relata las vicisitudes de R, un joven coreano que es acusado de violar y matar a dos mujeres y, por tanto, condenado a morir en la horca. Pero algo falla en la ejecución: R sobrevive y se queda amnésico. El comité organizador decide que, para que la ejecución sea eficaz, primero hay que conseguir que R recuerde quién es y lo que ha hecho. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
Año / País:
/ Japón Japón
Título original:
Koshikei (Death by Hanging)
Duración
117 min.
Guion
Nagisa Oshima, Michinori Fukao, Mamoru Sasaki, Tsutomu Tamura
Música
Hikaru Hayashi
Fotografía
Yasuhiro Yoshioka
Productora
Sozosha / Art Theatre Guild
Género
Drama Comedia Sátira Racismo
7
El ahora no miento
Peculiar e inclasificable película del no menos peculiar Oshima. Un instructivo comienzo nos introduce de lleno en el mundo de las ejecuciones japonesas, donde después de un ahorcamiento fallido, los entregados policías se ven obligados a reconstruir la mente y las acciones del amnésico condenado a muerte para volverlo a ejecutar, pues la legislación japonesa no permite ahorcar a quien no es consciente de porque esta siendo condenado.

Comienza así toda una representación "teatral" del cuerpo de policía para hacerse con la memoria de R, a caballo ente la profesionalidad y el ridículo más patético, cada agente adoptará un rol familiar diferente, intentando reconstruir desde la base, lo que llevó a R a violar varias jóvenes. Oshima jugando con la ambigüedad no nos deja claro cuando estamos ante una escena seria o cómica, y ver una actuación entre policías con esta tesitura simulando una de las violaciones no tiene desperdicio.

La variedad de personajes haciéndose pasar por otros personajes, todo ante la en un principio indiferencia del protagonista, van conformando poco a poco una bizarrada contenida que como el cerebro del ajusticiado ira despejándose lentamente, y ahí es donde Oshima demuestra que es en donde mejor se desenvuelve, no obstante llegado un punto cambia el registro y lo que era una película con una de las investigaciones mas curiosas del cine se convierte en un film que se deja guiar por la estela de Masumura, Teshigahara o Buñuel, desgraciadamente no llega a tales niveles pero aún con ello, el desarrollo de la investigación es lo suficientemente sugestivo.

Como contrapunto su final, que peca demasiado de japonés.
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14 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Gracias a ti
Aunque tan sólo cuatro pelagatos sepan poner correctamente el nombre de Nagisa Oshima, la cosa cambiaría notablemente de color si se hace referencia a uno de sus filmes, que sin duda más de uno habrá gozado -en todas las acepciones de la palabra- o al menos ha oído hablar a propios y extraños: “El imperio de los sentidos” (1976).

Podría decirse que es una verdadera desgracia que Oshima se haya hecho mundialmente famoso gracias a dicha cinta erótica que rompiera moldes en su día y a la que se recurre por sistema para nombrar determinados géneros y escenas procaces, cuando, en realidad, el trasfondo de la película es un meridiano puñetazo al centro del conservadurismo de la sociedad nipona. Aspecto que, con precisión quirúrgica, nos señala el director japonés en “El ahorcamiento” (también llamada “Muerte por ahorcamiento”).

En la década de los 60, Francia era sin duda el referente internacional en el séptimo arte debido, entre otras cosas, a las geniales inventivas y reformulaciones cinéfilas de Truffaut o Godard. No obstante, en el otro lado casi del mundo, Japón continuaba dando rienda suelta a un cine comprometido, pero escasamente personal y rompedor con el estilo clásico, aunque a nivel global contara con magníficos ejemplos que crearan obras maestras del cine, sobre todo del género de terror y de drama psicológico: “Samurai” (Masaki Kobayashi, 1962), “La mujer de arena” (Hiroshi Teshigahara, 1964), Onibaba (Kaneto Shindo, 1964), “El ángel negro” (Yasuzo Masumura,1966)...

Entonces apareció Oshima quien, junto con el genial Shôhei Imamura (“La mujer insecto”, 1963), acogió con beneplácito algunos aspectos realistas, de narración objetiva y semidocumentales del cine francés, principalmente de Godard, y decidieron crear una serie de películas que aún hoy resulta del todo increíble que pudieran ver la luz en la estructurada y conservadora sociedad del país del sol naciente. Obviamente, “El ahorcamiento” es una de ellas.
Cartel original de la película

Ya de entrada, en un prólogo de datos estadísticos, Oshima muestra sus cartas: en una encuesta realizada durante la Segunda Guerra Mundial, el 71% de la población japonesa era contraria a la abolición de la pena de muerte, que a día de hoy sigue siendo legal en el país para casos de homicidio y traición. Partiendo del poco creíble hecho de un condenado a la horca que sobrevive milagrosamente a la ejecución, narrada en género documental, el director desbroza con una primera hora magnífica a partir de una curiosa representación teatral que trata por todos los medios de encontrar motivos para volver a ejecutar al preso, todas las fobias y taras de Japón, desde el puritanismo hasta la xenofobia hacia el pueblo de Corea, las cuales unidas en amor y compaña, llevan a la justificación de la pena de muerte de determinados sectores sociales y políticos mientras, al tiempo, busca excusas para pergeñar sus propias maldades.

La segunda hora, mucho más espesa, cargada de alegorías y de un carácter netamente surrealista que rompe el esquema al que se acogía, no desmerece, aunque condensa demasiadas ideas y procesos a partir de determinados personajes del todo simbólicos con los que el director culmina su crítica demoledora a cualquier atisbo de comprensión hacia la pena capital. En un final de nuevo curioso e impactante, la voz en off se dirige al espectador tras agradecer al jurado, al juez, al verdugo, su participación en la ejecución sumaria: y (gracias) a ti, y a ti, y a ti...

Gracias a ti, Oshima, por esta más que por “El imperio de los sentidos”, aunque el goce halla de ser distinto.
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6 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil