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The Company (Miniserie de TV) (2007)

7,1
810
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Sinopsis
Miniserie de TV (7 episodios) ambientada durante la Guerra Fría y que narra cuarenta años de historia de la CIA. Tres amigos universitarios son reclutados por los servicios de Inteligencia: Jack y Leo por la CIA, y Yevgeny por el KGB. A medida que se adentran en el mundo del espionaje, aprenden a actuar con aplomo y sangre fría sin implicarse personalmente, pero Jack debe también luchar contra el amor que siente por una atractiva informadora enemiga. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
The Company
Duración
360 min.
Guion
Ken Nolan (Libro: Robert Littell)
Música
Jeff Beal
Fotografía
Ben Nott
Productora
Turner Network Television (TNT)
Género
Serie de TV Thriller Drama Miniserie de TV Thriller psicológico Espionaje Guerra Fría Años 50 Años 60 Años 70 Años 80 Basado en hechos reales
7
Todos eran malos
La serie, estupendamente interpretada y dirigida, nos lleva a lo largo de su extenso metraje desde el Berlín de los años 50 hasta la caída del muro. Entre medias, el desarrollo de la guerra fría, desde la revolución húngara a bahía cochinos.
La verdad es que la cuidada ambientación y la sucesión de pequeñas historias que se van entrelazando, te engancha sin remedio. Y aunque la serie está rodada donde está rodada, y se pasa por encima de ciertos episodios de la CIA, sobre todo en América Latina, no deja de evidenciar la miseria moral de las agencias de inteligencia (de cualquier signo).
Sin entrar en politiqueo, es una gran serie de espías, que te mantiene intrigado hasta el final, a la búsqueda del gran "topo" de los rusos en la Compañía... nada es lo que parece en el mundo de los agentes dobles (o triples). Sólo una cosa es cierta: Nunca hubo buenos y malos.
No lo dudes, sumérgete en las cloacas de la historia.
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11 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Perdidos en la selva de espejos
Una muy notable recreación del mundo del espionaje durante la guerra fría, que repasa más de treinta años de enfrentamiento entre la CIA y el KGB, mezclando acontecimientos históricos con una trama -la presunta existencia de un topo soviético en las altas instancias de la CIA- que a pesar de ser ficticia, contiene muchos elementos reales.

Esta miniserie, adaptación de una novela que no he leído pero que parece tener bastante en común con la monumental "El fantasma de Harlot" de Norman Mailer, conjuga felizmente el interés de su argumento con la recreación de las distintas épocas y situaciones en las que se ambienta; así, puede dividirse en cinco momentos históricos concretos, como son el Berlín de principios de los 50 (aún no separado por el muro), la revuelta húngara del 56, el desembarco en Bahía Cochinos de 1961, el período posterior a la retirada estadounidense de Vietnam (después de 1975), y la fase final de la guerra fría y de la URSS (1987-1991). Todas estas épocas encuentran su hilo conductor por medio de los personajes (tanto reales como imaginarios) y también en torno al tema del topo.

Si la ambientación resulta de lo más creíble, especialmente en lo relativo a Berlín en los 50 y por extensión a Budapest durante la revuelta, la concepción de los personajes es igualmente sólida; al trío ficticio que componen Jack, Leo y Yevgueny se añaden multitud de personajes históricos, casi todos ellos de la CIA, muy bien recreados, entre los que destacan Bill Harvey, bebedor, malhablado, poco sutil, pero tenaz y con instinto, y sobre todo James Angleton, responsable durante décadas del contraespionaje, retratado como un hombre metódico, observador y desconfiado hasta lo obsesivo. Otros personajes históricos bien reflejados son Wisner -quien fuera responsable de las operaciones encubiertas-, y el célebre Kim Philby -auténtico topo soviético, mentor y amigo íntimo de Angleton hasta su huida-.

Uno de los grandes aciertos de esta serie es que alterna con gran eficacia los fragmentos de acción con los de intriga, haciendo así algo más ligero un argumento que corría el riesgo de resultar pesado o frío si sólo se hubiera centrado en las investigaciones internas en pos del topo. Creo que el realizador y el guionista sacaron buenas lecciones de lo que había hecho De Niro en "El Buen Pastor", filme que tiene muchos puntos en común con este, pero que a algunos espectadores les resulta demasiado gélido (no es mi caso). Lo que los hace más semejantes, y que sospecho también emparenta a la novela original con la mencionada de Mailer, es la centralidad que en ambas historias tiene la atractiva y compleja personalidad de Angleton, quien en efecto, tras ser traicionado por Philby, quedó obsesionado con la existencia de un topo en la CIA, así como por la idea de que los soviéticos desarrollaban una amplia e inabarcable operación de desinformación que tenía por objetivo apaciguar a EE UU, para después derrotarlo. En cierto modo, el argumento juega con esa sospecha que Angleton siempre mantuvo hasta su salida de la CIA, y hace de su posible realidad el motor de la intriga, que queda así definida dentro de los parámetros de lo que la inteligencia entiende por contraespionaje (la infiltración del enemigo, su "intoxicación" y desinformación).

La realización, que oscila entre el aparente reposo de las labores de investigación internas y las acciones bélicas, posee una calidad reseñable, con una apreciable fotografía (especialmente en las secuencias berlinesas, muy deudoras de la estética del cine negro) y un notable diseño de producción, que dota de veracidad a los ambientes. Narrativamente, recurre a bastantes saltos temporales, bien para ilustrar circunstancias del pasado, bien para efectuar elipsis entre distintos momentos históricos (a veces la transición se realiza mediante una sucesión de fotografías fijas o tomas de vídeo). El guión, aparte de desarrollar excelentemente la trama, dota de un aire algo escéptico la labor de los espías, cuyas dudas e inquietudes no se nos ocultan, y tiene buenos diálogos, algunos excelentemente escritos.

Las interpretaciones del trío imaginario son correctas, pero palidecen ante la de Alfred Molina encarnando a Harvey (dota al personaje de un carisma tremendo, haciendo creíbles los rasgos excesivos de su personalidad sin caer en lo histriónico), y sobre todo ante la de Keaton, cuyo Angleton es sin duda una de sus mejores interpretaciones; su forma de expresarse, así como su mirada desconfiada y el aire ensimismado y reconcentrado que desprende, resultan soberbios e idóneos, pues en conjunto encarnan perfectamente el mayor peligro que corre un agente de inteligencia: sentirse perdido en la selva de espejos. Una selva en la que desde luego, para quien esto escribe, ha sido un placer perderse.
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8 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil