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Zardoz (1974)

Zardoz
Trailer
5,4
2.507
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Sinopsis
A finales del siglo XXIII, en la Tierra sólo sobreviven dos razas humanas: los inmortales, una casta privilegiada que no envejece y lleva una vida placentera; la otra raza vive miserablemente y sólo confía en Zardoz, el dios al que veneran. Zardoz decide elegir a unos cuantos hombres, les entrega armas y los adiestra para enfrentarse a los inmortales. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
Año / País:
/ Reino Unido Reino Unido
Título original:
Zardoz
Duración
105 min.
Guion
John Boorman
Música
David Munrow
Fotografía
Geoffrey Unsworth
Productora
20th Century Fox
Género
Ciencia ficción Holocausto nuclear Futuro postapocalíptico
9
Ciencia ficción metafísica
Personalísima obra del genial cineasta británico John Boorman, en la que éste no sólo dirige, sino que también se encarga de la escritura del guión y de las labores de producción. Tengo que reconocer que me ha sorprendido la tibia acogida que el filme tiene por estos lares cuando, personalmente, me parece una película ambiciosa y épica como pocas, pero que, entiendo, allí donde yo he visto ambición otros han podido ver pretenciosidad.

Una película que empieza con un Dios-cabeza voladora de piedra que vomita armas por la boca y que da instrucciones a los hombres para que se maten entre ellos es lo que yo llamo un inicio realmente rompedor y potente. Vuelvo a mirar la nota: ¿un 5.4? ¿Qué estoy pasando por alto? Realmente no lo sé, pero el caso es que la grandiosa distopía que Boorman plantea es de tal calado y magnitud que no puedo hacer otra cosa más que quitarme el sombrero y reverenciar el majestuoso guión.

Los más acérrimos fans de la ciencia ficción (porque esto es ciencia ficción, y no sólo eso: es ciencia ficción dura, nada de fantasía descafeinada que es lo que puede aparentar a primera vista) han de tener esta obra, por obligación, como una de las más grandes historias que recuerdan. Es tan enorme, con tal profundidad, que haría falta lo menos un libro de más de 500 páginas para llegar a decir lo que Boorman nos cuenta aquí en nada más y nada menos que una hora y tres cuartos.

La trama, sin destripar nada, vendría a contar la llegada de Zed (soberbio Sean Connery) a la tierra de los "dioses", lugar donde la clase alta y poderosa se dedica a disfrutar de la vida toda vez que han alcanzado la inmortalidad y tienen a súbditos que trabajan para ellos. Zed, un salvaje, será visto con malos ojos por gran parte de la excluyente sociedad de semi-dioses, pero aceptarán su presencia para estudiarle desde el punto de vista de la ciencia. Según vaya introduciéndose cada vez más en la vida y costumbres de los semi-dioses, irá conociendo mejor sus secretos y se preparará para dar un gran golpe que hará temblar los cimientos no sólo de la sociedad, sino en última instancia de todo el mundo conocido.
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54 de 70 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
Arriesgada y marchita
Después del incontestable éxito de “Deliverance”, Boorman podría haberse embarcado en cualquier producción hollywoodiense de alto presupuesto. Sin embargo, fiel a su estilo, prefirió rodar una rocambolesca historia de ciencia ficción, escrita y producida por el mismo, al lado de su casa en Irlanda y por cuatro duros.
Lo primero que llama la atención de “Zardoz” es lo mal que la ha tratado el tiempo: si “Infierno en el Pacifico” a ganado con el paso de los años, esta claro que “Zardoz” fue sobrevalorada en su día.
En su búsqueda de “autoria” Boorman pergeñó una historia complicadísima, llena de matices y de una imaginación apabullante. Casi nadie la entendió en su día y hoy por hoy tampoco es nada fácil de comprender, aunque probablemente resulte más fácil por elementos “adelantados” como la idea de un ente “ordenador” que conecta a todos los humanos (el Tabernáculo) o la reproducción genética.
Tras unos primeros 20 minutos realmente fascinantes y misteriosos (los títulos de crédito son de lo mas turbadores que soy capaz de recordar) la historia se detiene dentro del Vortex y Boorman se explaya contándonos la vida y costumbres de los inmortales. Y aquí la cosa empieza a encallar: los decorados, vestidos y amaneramientos de los inmortales podrían ser muy interesantes en los años 70, pero a día de hoy resultan petulantes, ridículos y groseramente ambiguos. Hasta el punto de que la carga de profundidad que Boorman suelta a modo de crítica a la sociedad queda soterrada a los ojos del espectador contemporáneo. Y es una lastima porque la trama tiene miga y lecturas muy interesantes.
Para la fotografía Boorman contó (otra constante en su cine) con uno de los grandes: Geoffrey Unsworth, y el uso de la 7ª Sinfonía de Beethoven es un gran acierto (seria usada después, en un plagio torpe, por Alex Proyas en esa cinta con Nicolas Cage cuyo nombre ni recuerdo).
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29 de 36 usuarios han encontrado esta crítica útil