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La ilusión viaja en tranvía (1954)

La ilusión viaja en tranvía
Trailer
6,7
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Sinopsis
Caireles y Tarrajas descubren que el tranvía 133, en el que se han pasado media vida trabajando, va a ser retirado del servicio. Ambos salen de borrachera para consolarse... y deciden robarlo. Tras una noche en la que dan servicio a distintos pasajeros, quieren devolverlo por la mañana, pero un antiguo inspector quiere delatarlos. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ México México
Título original:
La ilusión viaja en tranvía
Duración
81 min.
Guion
Luis Alcoriza, Juan de la Cabada, José Revueltas, Mauricio de la Serna
Música
Luis Hernández Bretón
Fotografía
Raúl Martínez Solares (B&W)
Productora
Clasa Films Mundiales
Género
Comedia Drama Trenes/Metros
7
¡ÁNDELE, DON BUÑUEL!
En su país de acogida, Buñuel aceptaba todo tipo de encargos, con el brío del pluriempleado que tiene que ganarse la vida. Entre empeños más enjundiosos, como "Los olvidados" o "Ensayo de un crimen", filmó esta comedia social, que sorprende por su ligereza relativamente amable, hasta simpática, y siempre incisiva.

El foco narrador sobrevuela México D.F., "teatro de los más variados sucesos, donde cada día se urden al azar miles de historias fugaces y sencillas", y se centra en dos tranviarios, Caireles y Tarrajas, pareja cómica, quienes reciben consternados la noticia del próximo desguace de su querido tranvía 133.
En las fiestas del barrio se emborrachan, abandonan la función teatral en que participan (una estrepitosa pastorela) y se van al garaje para dar con el 133 una última y prolongada vuelta de homenaje.
En el itinerario irán subiendo y bajando viajeros de todo pelaje, lo que permitirá ensartar historietas más o menos asombrosas (pequeña galería en el spoiler), con las que Buñuel ejerce su habilidad para naturalizar lo inverosímil.

Es de mencionar el gran trabajo del actor cómico Fernando Soto ('Mantequilla') y su logrado personaje: "No soy honrado-honrado, pero sí honradito".
El rico habla coloquial de los locuaces tranviarios (guión Alcoriza) contribuye no poco al encanto de la película, que sigue siendo muy valorada en México.
No es de extrañar: a pesar de su medio siglo largo, mantiene bastante frescura, gracias al aire surrealista, y hoy continúa proporcionando disfrute.
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22 de 22 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Metáfora rodante
En la revista mexicana de cine “Somos” se confeccionó en 1994 una lista de las mejores películas producidas en ese país. “La ilusión viaja en tranvía” ocupa el lugar número 95 en dicha lista. Antes que ella figuran otras del director aragonés: “Los olvidados” (2), “Nazarín”(6), “El” (7), “El ángel exterminador” (16), “Susana, demonio y carne”(46), y “Ensayo de un crimen" (47). Es decir, a juicio de los críticos más rigurosos del país, esta película no es tan menor como piensan aquellos otros que utilizan el término con demasiada alegría, fenómeno recurrente en el conjunto de estos perezosos señores y en el seno de carreras cinematográficas con un buen número de títulos, como ocurre con la de Luis Buñuel.

Puede ser “menor” en cuanto a los medios, similares, por cierto, a los de otras a las que esa misma crítica se ha rendido. Y es “mayor” en cuanto a ingenio, sentido del humor y creación de una lúcida metáfora sobre la vida en sociedad. "Ustedes saben que en los vehículos públicos en México es posible, o lo era en aquella época, encontrar gente que lleva cajones de fruta, o guajolotes vivos, en fin: las cosas más increíbles, y por eso se me ocurrió que en el tranvía viajaran los obreros del Rastro con los cuartos de res, y las viejas beatas con la imagen de un santo." Estas palabras de Buñuel sintetizan su propósito: un tranvía es finalmente un privilegiado lugar de encuentro, una especie de tierra de nadie en donde, sin embargo, cada uno actúa según su clase y sus convenciones ideológicas. Todo es posible en un tranvía. Esa condición de lugar itinerante convierte en posible lo que en otro lugar más estable sería prácticamente impensable.

Y también un lugar en donde el erotismo es más explícito: “Reconozco que aquí se trata de algo muy mío, de mi juventud y de la de cualquiera de mi generación. Cuando las mujeres, con aquellas faldas largas, subían al tranvía, le echábamos la vista, para ver si enseñaban algo de pantorrilla”

Hay películas menores que nos ayudan a comprender otras mayores. Desde ese punto de vista dejan de ser menores... En “La ilusión viaja en tranvía” está pues la propia memoria del director: los viejos tranvías de Zaragoza, cuyos escalones propiciaban las miradas furtivas al soñado interior de las faldas. Por esto también, y, sobre todo, porque es una película tremendamente divertida, en donde va creciendo la posibilidad de sorpresa (¿quiénes subirán en la próxima parada…?, qué nueva desgracia les sucederá a los protagonistas...?) merece no caer en el olvido.
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9 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil