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Anastasia (1956)

Anastasia
Trailer
6,7
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Sinopsis
París, 1928. Tras la Revolución Rusa de 1917 y, después de varios años de exilio, un grupo de súbditos leales al zarismo sigue buscando el rastro de la Gran Duquesa Anastasia, la única superviviente de la matanza de Ekaterimburgo (1918), ciudad donde los bolcheviques de Lenin acabaron con la dinastía de los Romanov. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
  Ver reparto completo
Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
Anastasia
Duración
105 min.
Guion
Arthur Laurents (Obra: Marcelle Maurette, Guy Bolton)
Música
Alfred Newman
Fotografía
Jack Hildyard
Productora
Twentieth Century Fox
Género
Drama Romance Años 20 Revolución Rusa
"Melodrama romántico, ajustado y sensible, que se mueve con firmeza gracias al aplicado trabajo actoral (en especial a una subyugante Bergman) y a una puesta en escena que abraza el difícil arte de la elegancia"
[Diario El País]
7
No es una obra maestra,… ¿pero quien es capaz de rodar un film así hoy en día?
Suntuoso e impecable melodrama de la Fox, concebido al servicio del retorno estelar a Hollywood de una Ingrid Bergman bellísima, tras un exilio voluntario de siete años, y su impúdica y pecaminosa relación artística/sentimental con Roberto Rossellini.

Paris 1928. Una joven y bella mujer amnésica es salvada de morir ahogada en el Sena por un influyente general ruso. Su notable parecido físico con la Gran Duquesa Anastasia, hija del Zar Nicolás II y de Alejandra de Rusia, de la que se dice que sigue viva en paradero desconocido, tras escapar de la ejecución de toda la familia Imperial rusa, le llevará a urdir un maquiavélico plan para hacerla pasar, tras un duro entrenamiento, por la auténtica Anastasia... ¿pero que pasaría si realmente fuese ella?, ¿qué pasaría si el destino...?.

Dirigida con elegancia por Anatole Litvak, “Anastasia” nos sumerge en el drama de esa mujer a la búsqueda de su auténtica identidad. Con un pasado confuso que no logra recordar. Una mujer que fue recluida en un manicomio, que conoce la vida en la calle, el lujo de los salones de palacio, y que solo tras un largo y doloroso periplo vital hallará la paz de espíritu más allá de preguntas y respuestas.

Con una maravillosa y oscarizada Ingrid Bergman a la que da réplica un soberbio Yul Brynner, en el cenit de su carrera artística, “Anastasia” es toda una lección de cine de magnética fascinación sustentada en un sobresaliente trabajo de equipo: Desde un guión exquisito, que emociona sin caer en el exceso; una puesta en escena señorial; una contrastada y brillante fotografía; la precisa planificación del formato scope, hasta esa galería de secundarios de lujo entre los que destaca la inolvidable aparición de una impagable Helen Hayes, -puro mito del cine-, en el auténtico personaje catalizador de la historia desde su primera aparición en pantalla, sin olvidar la inspirada partitura de Alfred Newman, con un sublime y romántico tema central que capta a la perfección la melancólica hondura del genuino espíritu del alma del pueblo ruso.

Emotivo drama humano rodado con primorosa sensibilidad, “Anastasia” es, ante todo, una absorbente, fascinante y romántica historia de amor y redención, que nos subyuga, nos atrapa, y nos lleva en un crescendo despiadado de ritmo implacable hacia el emotivo desenlace final de la mano de cuatro soberbias y magistrales secuencias, -que devienen auténticos duelos interpretativos de inolvidables diálogos de alto voltaje emocional-, que ponen a prueba el límite de nuestra capacidad para emocionarnos.

Que importa que el final sea aparentemente un tanto precipitado, ¿acaso podía ser de otra forma?. No por explicitar más se consigue contar más y mejor una historia, y eso los viejos zorros como Anatole Litvak, bregados en mil batallas, lo sabían muy bien.

Film muy recomendable, de visión obligada para amantes del cine clásico.


Francesc Chico Jaimejuan
Barcelona, 2 de septiembre de 2008
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24 de 27 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
Caperucita roja, La bella durmiente, El gato con botas y Anastasia.
Cuando en abril de 2008, se publicaron los resultados definitivos de las diferentes pruebas de ADN a los restos de los cuerpos, que diez años antes se habían anunciado como los de la princesa Anastasia Nikoláyevna, las dudas sobre su asesinato junto con el del resto de la familia imperial rusa en Ekaterimburgo, ponían su punto final.

Y es que durante demasiadas décadas, el mundo tuvo que soportar a un gran número de granujas que esencialmente querían hacerse con un premio de más de diez millones de libras que se encontraba en el Banco de Inglaterra al nombre de los Romanov.

Es verdad que en 1956, cuando el director Anatole Litvak estrenó “Anastasia” todavía quedaban algunas dudas e interrogantes –provocado por varias charlatanas y algunos interesados más que otra cosa- pero aún así no justifica algunas decisiones, que más tarde abordaremos.

“Anastasia” es una de las grandes películas familiares que se hicieron a finales de los años 50, con calidad y todo tipo de lujos. El proyecto contaba con dos refugiados del comunismo, el propio director ucraniano Litvak y el actor ruso Yul Brynner, que abandonaron de niños con su familia su país de origen.

Además contaba con la emotividad del regreso de Ingrid Bergman, que volvía al cine anglosajón después de su etapa rebelde y mediterránea con Rossellini. Su Oscar, más que un premio a una gran interpretación, era un mensaje a todas las estrellas de Hollywood: “Aquí se os quiere, no os vayáis”. Si se hubiese sido justo lo merecía mucho más Helen Hayes, en el papel de abuela de Anastasia, al menos el Oscar a mejor actriz secundaria.

La película que analizamos tiene una factura impecable, detalles muy cuidados, grandes actores y una banda sonora de Alfred Newman muy buena, pero con todo y con eso el devenir de toda la trama termina por meterse en un callejón sin salida que termina por explotar en la cara al guionista.

Sigue en spoiler
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11 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil