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Disobedience (2017)

Disobedience
Trailer
6,5
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Sinopsis
Una mujer que se crió en una familia ortodoxa judía regresa a su hogar con motivo de la muerte de su padre, un rabino. La controversia no tardará en aparecer cuando ella comienza a mostrar interés por una vieja amiga del colegio. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Reino Unido Reino Unido
Título original:
Disobedience
Duración
114 min.
Estreno
25 de mayo de 2018
Guion
Sebastián Lelio, Rebecca Lenkiewicz (Novela: Naomi Alderman)
Música
Mathew Herbert
Fotografía
Danny Cohen
Productora
Coproducción Reino Unido-Estados Unidos-Irlanda; Braven Films / Element Pictures / Film 4
Género
Romance Drama Drama romántico Homosexualidad
7
Curiosa
Una vez tuve un amigo dibujante cuyo método de trabajo era imaginar un objeto encima del folio en blanco y reseguir los rasgos con el lápiz. El proceso de creación tenía lugar en su mente, el trabajo manual no era más que facilitar al observador la información necesaria para “hacerse entender”. En otras palabras, al dibujar no estaba creando, sino intentando describir con precisión algo que ya existía. Da la sensación de que esto es lo que hace Sebastán Lelio con su película Disobedience, más parecida al retrato de una serie de sucesos reales que una historia inventada. El director resigue los trazos de unos sucesos casi palpables, con un lápiz de punta fina, sensible, cuidadoso. Se limita a abrir las puertas de su historia y a ofrecernos el mejor enfoque para seguir los acontecimientos. La existencia de los personajes va mucho más allá del encuadre desde el que los vemos. Todo lo que se dicen, todas sus acciones, siguen la lógica de una realidad que poco a poco vamos descubriendo. Aceptamos su carácter y comportamiento con la misma naturalidad que lo aceptaríamos en personas reales.

Lelio describe la cotidianidad de una comunidad judía ortodoxa desde una mirada indudablemente crítica, pero desprovista de maniqueísmo y manipulación. Nada resulta caricaturesco ni exagerado. La posición disconforme del director no impide a la familia (a pesar de su carácter hermético y absolutista) resultar interesante. Es tanta la precisión con que está descrita que observarla no puede más que despertar el interés. Todos los personajes actúan siguiendo ciertos parámetros, ninguno trata de complacer los deseos del director. Además, su interacción con los espacios es del todo natural, en gran parte gracias al especial cuidado que Sarah Finlay y Danny Cohen dedican a la dirección de arte y la fotografía. La planificación, por su parte, está ideada con el grado justo de realismo y manierismo para que la narrativa devenga transparente pero estilizada, contundente y a la vez ligera. A su vez, la banda sonora de Matthew Herbet (quien ya colaborara con el director en Gloria, trabajo galardonado por la academia como mejor película de habla no inglesa) logra hacerse evidente sin resultar invasiva, con deliciosas reminiscencias al magnífico trabajo Incantations de Micke Oldfield.

Presto especial atención a todos estos aspectos técnicos porque es francamente sorprendente la homogeneidad con que trabajan, siempre al unísono, describiendo una realidad que parecen conocer hasta el más pequeño detalle. Algo que sin duda contribuye a que las secuencias relativas a la historia de amor lésbico entre Ronit y Esti (Rachel Weisz y Rachel McAdams) se sucedan con la misma naturalidad que se sucederían las de una historia de amor entre personajes heterosexuales (pues, si bien sobra decir que igual de naturales son ambos tipos de amor, todavía hoy es poco frecuente que el cine, la literatura y el arte en general los trate de igual manera). Pero, curiosamente, esta misma historia (como ya dije, brillantemente planteada) parece pertenecer, a ratos, a una película completamente diferente. Como si el cuidado retrato de todo el escenario familiar judío ortodoxo no hubiera tenido en cuenta su irrupción. Pues, a pesar de que nada de lo que se muestra resulta inverosímil ni forzado, ambos relatos encuentran ciertas dificultades en co-existir... hecho que, por otra parte, no desentona para nada con la experiencia vivida por las dos protagonistas de esta fantástica película.
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14 de 20 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
Insumisión
Las tres últimas películas que he visto dirigidas por el chileno Sebastián Lelio, tienen dos rasgos destacables en común: por una parte contienen una potente interpretación de su actriz protagonista – en este caso, por parte del apasionado dúo de heroínas – pero al mismo tiempo adolecen de un guión farragoso e inconsistente donde las cosas ocurren porque así lo decide el demiúrgico guionista que mueve los liados hilos, desmintiendo la lógica interna de sus personajes así como del devenir de la trama que en apariencia se nos propone. El resultado final acaba estando, por lo tanto, por debajo de las interesantes expectativas iniciales suscitadas, pero disimulado bajo una carpintería brillante, sugerente y ampulosa, buscando una complicidad que se ve abortada con el desenlace arbitrario que nos lleva a presenciar una conclusión que cuestiona y debilita lo que hemos estado visionando hasta ese momento con engrasada fluidez. O casi.

Estamos ante un relato polifónico donde por una parte se nos presenta la cotidianeidad en una comunidad judía ortodoxa radicada en el Reino Unido, así como los efectos devastadores y contrapuestos que dicha claustrofóbica existencia tiene sobre dos mujeres que contravienen la fidelidad a unas normas sexuales milenarias que obligan al sometimiento y a la anulación de la voluntad personal en favor de una acartonada obediencia a los dictados rabínicos más rancios. Esta misma historia la hemos vista enmarcada en otras culturas y geografías, por ello el cambio radica en el delicado mimo por el detalle y la veracidad en la reconstrucción de una sociedad endogámica, por completo contemporánea pero alejada de la realidad más inmediata, ayuna de compasión y de empatía, cegada por el acatamiento de preceptos y leyes que no han sido revisados en milenios.

Lo novedoso viene dado por la mirada bondadosa con que se envuelve el relato, dejando claro quién cuenta con la simpatía y apoyo del guionista y director – sus desdichadas protagonistas femeninas – y quién debe ser denunciado por anticuado y caduco – es decir, el colectivo cavernoso que retrata. Pero es justamente ese planteamiento maniqueo y mañoso, por muy de acuerdo que el espectador pueda estar con el fondo de la cuestión, lo que debilita y domestica la narración, ya que exige al espectador una toma de postura unívoca y sin fisuras hacia las víctimas, no dejándole ninguna libertad a la hora de enjuiciar lo que se está viendo. Es decir, estamos ante una cinta de tesis, donde se pregona la libertad individual el tiempo que se censura la disensión de dicho mandamiento. ¿Contradictorio, no?

Sin embargo, las espléndidas interpretaciones de Rachel Weisz y Rachel McAdams – muy bien arropadas por Alessandro Nivola – nos hace olvidar las deficiencias del planteamiento y nos sumergen en el torbellino propuesto sin apenas resistencia.
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14 de 20 usuarios han encontrado esta crítica útil