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Iván el Terrible. Parte II (La conjura de los boyardos) (1958)

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Sinopsis
Rusia, siglo XVI. Segunda parte: Iván el Terrible vuelve a Moscú, donde los boyardos (nobles terratenientes rusos) siguen conspirando contra él y consiguen incluso el apoyo de la tía del Zar, que quiere ver a su hijo (un incapacitado mental) sentado en el trono y convertido en cabeza de la Iglesia rusa, la cual, mientras tanto, acusa a Iván de herejía. Pero el Zar se adelanta al complot urdido contra él y elimina a sus enemigos con astucia y terrible dureza. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
Año / País:
/ Unión Soviética (URSS) Unión Soviética (URSS)
Título original:
Ivan Groznyy II: Boyarsky zagovor (Ivan The Terrible) Part II
Duración
88 min.
Guion
Sergei M. Eisenstein
Música
Sergei Prokofiev
Fotografía
Eduard Tissé, Andrei Moskvin (B&W)
Productora
Mosfilm
Género
Drama Biográfico Siglo XVI Secuela
Grupos  Novedad
Iván El Terrible
10
Una obra maestra 2
Tuvo problemas. A stalin no le hizo ninguna gracia que su alterego oscurizase entre dudas y crueldad. Si en la primera parte era un soñador, dispuesto a levantarse cada vez que caía, en esta segunda parte Ivan es un hombre débil, triste. Acompañado por la soledad. Su esposa fallecida, traicionado por sus amigos. Ahora no tiene a nadie que le haga compañía. Su fuerza por unir a Rusia se convierte en algo personal. Su personalidad se enturbiara. Los Boyardos decidirán matar al Zar, de cabecilla seguirá Froisiana. Cegada por la ambición de llevar a su hijo a reinar, a pesar de su clara debilidad y que le reiterara su negativa a querer serlo. Ella hará oídos sordos y seguirá cuidando a su niño (preciosa la escena en la que le canta). Vladimir coge un protagonismo que no tenía antes, jugando un factor clave en el film.

Si en la primera parte eran los ritos lo que avanzaba la historia, ahora le tocaría al espectáculo musical. Como si fuese una opera, los momentos claves tendrán un momento principal. En la obra de los tres ángeles, la canción de Froisiana y el espectaculo de la fiesta. Sobredimensionando las secuencias, dándole mucha mayor fuerza de la que ya tendrían las secuencias por si sola.

Se puede apreciar lo que pudo haber sido y no lo fue con el uso del color, en la tercera parte. Lo uso en un par de secuencias (la fiesta y el final). Muy cercano a como se usaban los filtros en el cine mudo, que enrojecían la imagen o lo azulaban. En este caso usa el rojo. Donde Ivan y Vladimir borracho le confiesa que para que querer ser Zar, Ivan dandose cuenta que tiene razón. De mientras la danza y la música reina la secuencia. Ivan al ver las intenciones que tiene el hijo de Froisana, lo llevara a su propia muerte. Lo vestirá como Zar y saldrá el primero acompañado por el séquito (todos escondidos con una capa/capucha negra, lo llevaran a la muerte como si fuesen unos espíritus mortales). Vladivir sabrá que morirá, pero seguirá su camino, harto de ser usado por su madre y desdichado por no poder vivir una vida normal.

Hay que destacar un momento, que seguramente fue lo que provoco realmente las iras del partido comunista. Ivan en un momento de la cena, llamara esclavos a todos sus aliados, es decir, al pueblo. Pasmosa valentía de Eisenstein, que se atrevió a sacarle los colores y mostrar una realidad que nadie se atrevía a decirlo y que él, por medio de la palabra de Ivan las echo. El zar de la primera parte sé convirtió en un ser patético, solitario y lleno de rencor. Convertido en una persona egocéntrica que ha dejado de mirar hacia Rusia y más a si mismo. Seguramente la ultima secuencia y que es en color fue implantando después de ver la versión que entrego Eisenstein, que vuelve al discurso de la Rusia unida que en el resto del metraje no había existido. Hay que recordar que el maestro murió antes de ver el montaje definitivo. La leyenda que fue y en la realidad que se convirtió el Zar. Seguramente Stalin prefirió la leyenda.
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26 de 29 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
El tiempo no perdona
Mejora la historia del Zar en esta segunda parte. Eisenstein se serena un poco, Cherkassov, mucho más comedido que en la primera parte, mejora mucho aunque sigue llevando como todo el elenco de actores sus trabajos a una exageración con la que yo no caso. Queda esta obra de Eisenstein, como un alarde técnico y un control sin igual de las escenas, pero nunca quedará como una obra imperecedera, porque amigos, y mirar como me preocupa que fusilen y refusilen, a esta “obra maestra” se le han comido las lombrices.

El tiempo no perdona a aquellas obras que no son maestras.

Ese curioso dato de que aparezca el color en cierto momento, me parece una cagada grandísima. Eisenstein demuestra que la era del color le pillo dormido. La fotografía en B/N tan enorme (para mí es de lejos lo mejor de toda esta historia del terrible Iván) y cuidada de Eduard Tissé y Andrei Moskvin se vuelve tosca y ramplona cuando aparece el color.

Enorme, como en la primera parte, la banda sonora compuesta por Sergei Prokofiev. No me produce urticaria algunas canciones y casi-bailes hechos en esta segunda parte, lo que querrá decir que no están mal planteados.

Sigue Eisenstein, atiborrándonos de primeros planos sensacionales, pero muchos de ellos innecesarios. El abuso en el uso, es un arma peligrosa.
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25 de 30 usuarios han encontrado esta crítica útil