arrow

La profesora de Historia (2014)

Sinopsis
Anne Gueguen es una profesora de Historia de instituto que además se preocupa por los problemas de sus alumnos. Este año, como siempre, Anne tiene un grupo difícil. Frustrada por su materialismo y falta de ambición, Anne desafía a sus alumnos a participar en un concurso nacional sobre lo que significa ser adolescente en un campo de concentración nazi. Anne usa toda su energía y creatividad para captar la atención de sus alumnos y motivarlos. A medida que el plazo se acerca, los jóvenes comienzan a abrirse a los demás y a creer en sí mismos. Un proyecto que cambiará sus vidas. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
  Ver reparto completo
Año / País:
/ Francia Francia
Título original:
Les héritiers
Duración
100 min.
Estreno
15 de mayo de 2015
Guion
Marie-Castille Mention-Schaar
Fotografía
Myriam Vinocour
Productora
Loma Nasha Films
Género
Drama Colegios & Universidad Adolescencia Enseñanza Holocausto
6
EL VALOR DE LA EDUCACIÓN
Existe un subgénero cinematográfico que engloba las películas centradas en las relaciones entre profesores y alumnos y, muy especialmente, las que reflejan la complejidad educativa de adolescentes problemáticos y marginados. Títulos europeos como “La ola” de Dennis Gansel, “La clase” de Laurent Cantet, “Profesor Lazhar” de Philippe Falardeau y “Hoy empieza todo” de Bertrand Tavernier, o norteamericanos como “Rebelión en las aulas” de James Clavell o la emblemática y maravillosa “El club de los poetas muertos” de Peter Weir, no sólo son cintas de obligada visión para los aficionados al Séptimo Arte, sino que se alzan como interesantísimas propuestas de reflexión docente para estudiantes y educadores. Podrían citarse más ejemplos de mayor o menor valor cinematográfico y de superior o inferior carga reflexiva pero, en todo caso, las aulas son siempre fuente de inspiración para cineastas ávidos de mostrar historias con mordiente y con capacidad para despertar conciencias.
El largometraje francés “La profesora de Historia”, dirigido por Marie-Castille Mention-Schaar, aporta su granito de arena a una modalidad que compagina la denuncia social con la reivindicación general de la importancia de la educación y la particular del maestro vocacional y comprometido. Constituye una de esas obras que dejan buen sabor de boca en el espectador, ya que lleva implícitos un sentimiento de esperanza y una lección de superación personal. Y, aunque la narración se dulcifique en cierta medida, no resulta empalagosa ni sentimentaloide ya que, al final, prevalece ese regusto de empatía con la bondad del ser humano que, aunque pueda restar un ápice de credibilidad, es muy de agradecer. Anne Gueguen es una de esas profesoras que, además de impartir clases de Historia en un instituto, demuestra una gran preocupación por las vicisitudes de los jóvenes. Este curso le ha tocado un grupo complicado. Frustrada por el pasotismo generalizado, el materialismo dominante y la absoluta rendición ante la mediocridad, desafía a los chicos a participar en un concurso a nivel nacional sobre qué significa ser adolescente en un campo de concentración nazi. La mujer despliega toda su energía y creatividad para motivar y captar la atención de sus pupilos. A medida que se acerca el plazo de entrega del trabajo, los chavales comienzan a evolucionar y a involucrarse en un proyecto que cambiará sus vidas para siempre.
Pese a exhibir alguna carencia en la dirección de actores y en la propia labor interpretativa, además de cierto déficit en la narración visual, es justo reconocer que el guion posee la suficiente enjundia como para atrapar a públicos concernidos por esta temática. La generosidad y el valor trascendente de su mensaje suplen cualquier fallo adicional, pudiéndose concluir que la realizadora gala firma una obra que merece ser añadida a esa larga lista de filmes que deberían mostrarse en los centros escolares como parte de las enseñanzas obligatorias. Porque no cabe duda de que el cine, aparte de industria de entretenimiento, es una herramienta educativa muy útil y eficaz.
“La profesora de Historia” recibió el Premio del Público Joven en el último Festival de Valladolid, así como una nominación al César al mejor actor revelación.
El equipo artístico está integrado por nombres desconocidos, a excepción de la prestigiosa Ariane Ascaride, ganadora del César a la mejor actriz principal en 1998 por su personaje en “Marius y Jeannette” y a quien hemos podido ver recientemente en la versión para la gran pantalla de la popular novela de David Foenkinos “La delicadeza”. Le acompañan en el reparto Ahmed Dramé, Noémie Merlant, Geneviève Mnich, Xavier Maly, Martin Cannavo y Stéphane Bak.
www.cineenpantallagrande.blogspot.com
@gerardo_perez_s
[Leer más +]
14 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
Crónica llena de buenas intenciones y escaso realismo
Siempre es necesario y útil detenerse en la enseñanza y su notoria desmemoria y carencias organizativas, presupuestarias y formativas. Tan imprescindible como recordarnos que el siglo XX ofrece un catálogo de horrores y vesanias que harían palidecer de envidia al más tarado de los tiranos de la antigüedad. Pero esa combinación – en apariencia infalible – para completar un proyecto socialmente comprometido, se queda huérfano por un exceso de sacarina, una plasmación ilusoria (por mucho que se recalque que está basada en una historia real), del todo ayuno de veracidad y sólo a ratos creíble.

No es suficiente adaptar un material basado en hechos reales y esperar a que la historia resulte convincente. Hace falta que la narración respire autenticidad y los personajes no se limiten a ser maniquíes parlanchines que se contentan con repetir o gruñir diálogos estereotipados o a mostrar unos modales deleznables que pretendan transmitirnos que están mal o inadecuadamente socializados y que basta la buena voluntad de una entregada y enérgica maestra pública francesa para enderezar a todo ese rebaño de cafres y patanes. Falta cualquier lógica interna al relato y las situaciones se suceden porque les da la gana a sus guionistas, pero no porque la historia lo demande o haya coherencia alguna, sino por la sola soberbia voluntad arbitraria y errática de sus escribas.

A su favor juega la interpretación de Ariane Ascaride, que dota de vida, fuerza, convicción, veracidad, intensidad y fondo al personaje de la veterana profesora de instituto que se implica visceralmente con su trabajo y cree en sus pupilos y su capacidad de mejorarse, pese a la genética, pese a la sociedad, pese al entorno, pese a las nulas expectativas, pese al determinismo catastrofista de sus compañeros docentes, pese a los prejuicios de un sistema tan ciego como obtuso, incapaz de aprender de sus ineficiencias y errores. Ella proporciona un alma al conjunto, que sin ella hubiese sido tan sólo un tópico indigesto con ínfulas de manjar socialmente consciente y comprometido. Hay una única escena que exuda veracidad y emociona hasta al más depravado: la presencia y el relato sobrecogedor de un superviviente real (cuando aún no era ni adolescente) de un campo de exterminio nazi. Hablando desde el corazón sobre la muerte, se renueva la vida. Lo demás es un erial de buenos propósitos manidos.

Es verdad que la película – a ratos – emociona porque sabe tocar la fibra sensible del espectador predispuesto. Pero una vez terminada su proyección, no queda nada. Hemos asistido a un vacío enajenado que se queda sin llenar. Frustrante.
[Leer más +]
15 de 22 usuarios han encontrado esta crítica útil