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El gran McGinty (1940)

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Sinopsis
Estados Unidos, años 30. Durante la Gran Depresión, un vagabundo es reclutado por un partido político de su ciudad para colaborar en un fraude electoral. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
The Great McGinty
Duración
78 min.
Guion
Preston Sturges
Música
Frederick Hollander
Fotografía
William C. Mellor (B&W)
Productora
Paramount Pictures
Género
Comedia Drama Gran Depresión Política Mafia
8
¡Indignaos!
Ahora que ya habéis votado y que os habréis quedado tranquilos porque un nuevo timonel guiará nuestro barquito a través de la Tormenta Perfecta, no estará de más que alguien os explique cuatro cositas sobre los políticos. No seré yo quien lo haga, desde luego, aunque ganas no me falten de sentarme sobre la cabeza de más de uno y apretar con fuerza los glúteos para que experimente en sus propias carnes la manifestación más profunda de esa voluntad popular con que todos se llenan la boca sin empacho. La de ese siniestro caradura que colecciona premios de lotería y aeropuertos sin aviones pero con suculentos contratos y comisiones, por ejemplo. O la de aquel otro jeta que, con apenas cincuenta años, podrá pasar el resto de sus días sin dar un palo al agua y paseándose en limusina tuneada de castell en castell. (Es lo que tiene ser ex alto cargo, amigos: apretaos el cinturón que en el mío me voy quedando sin agujeros.)

No, no quiero ser yo quien hable, dejad que me muerda la lengua. Quien va a explicaros cositas parecidas a esas es el gran Preston Sturges en su primera peli como director, donde se nos narra la historia de Dan McGinty, un simple vagabundo que inicia su fulgurante carrera política votando treinta y siete veces en unas elecciones municipales y que gracias a tan alto servicio a la democracia ejerce, sucesivamente, de matón, concejal, alcalde y gobernador, siempre a las órdenes de un jefe mafioso enamorado del hormigón, que controla –por si las moscas- tanto al partido en el gobierno como al de la oposición. Una fantasía, sí. Todo muy irreal. Una caricatura. Ja, ja. Fijaos si es irreal que empieza y acaba en una república bananera en la que se habla castellano. Y, por si fuera poco, el protagonista descubre un día que tiene conciencia y que la gente de la que tanto habla existe realmente y necesita un techo y comida. Es entonces, justo en el momento en que el político empieza a obrar rectamente, cuando las cosas se tuercen. Lo dicho, pura fantasía.

No sé, creo que deberíais empezar a estar indignados. No por esos trileros repeinados que dos días después de las elecciones y agarrados a un buen puñado de escaños van y te bajan el sueldo desde el helicóptero oficial. No por los rateros bronceados que enseñan la dentadura y esconden las facturas de sus trajes. No por los que –puño en alto, parias de la tierra- obran el milagro de prejubilar al que nunca trabajó. No por el que azuza contra el inmigrante y se postra de rodillas ante el banquero. No, no deberíais estar indignados por eso, sino por no haber aprendido nada, por haberos dejado pisotear el cogote una y otra vez y haber dado después las gracias, porque tenga que ser una comedia con más de setenta años a cuestas la que os abra los ojos y os muestre de qué pasta están hechos, desde hace décadas, los supuestos guías de esta y cualquier otra nación, ahora que la tormenta (siento decirlo) no ha hecho más que comenzar. Agarraos bien fuerte donde podáis. Ahí viene la primera ola.
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15 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Preston Sturges, un guionista tras la cámara.
Primera película como director de Preston Sturges, uno de los grandes de la comedia americana de los años 30 (como guionista) y 40. Tras poner grandes guiones en manos de William Wyler o Mitchel Leisen, Sturges propuso a Paramount dirigir su propio guión de “El Gran McGinty”, consiguiendo que le aprobaran el proyecto a cambio de renunciar a sus emonumentos como guionista (era uno de los mejores pagados de Hollywood). La importancia de esta iniciativa no es trivial, ya que Sturges abrió la puerta a otros compañeros (nada menos que Billy Wilder o John Huston) para que pudieran dirigir sus propios guiones.

Así, Sturges firma a los largo de los 40’s una decena de excelentes comedias, de la talla de “Los Viajes de Sullivan”, “Las tres noches de Eva”, “Un marido muy rico” o “El Milagro de Morgan’s Creek”, donde impera la ironía y el cinismo y la implicación social en su vertiente más realista y cercana a Capra, muy bien aderezadas, eso sí, con el elegante romanticismo de Wilder o Leisen.

El estilo narrativo de Sturges en esta primera película es muy conciso y directo, ahorrativo, concentrando toda la historia en un metraje de 79’, quizá un tanto impersonal, si bien la experiencia de “El Gran McGinty” le sirvió para acometer sus obras mayores, mucho más personales y ricas en contenido, como “Los Viajes de Sullivan” (también una historia de un infiltrado en una clase social que no le corresponde) y “Las tres noches de Eva”. Sturges no desarrolla más que con algunas pinceladas la relación entre McGinty y Catherine, su esposa, prevaleciendo la trama principal de aspecto social, algo que acerca más “El Gran McGinty” a los filmes de Capra que a los de Wilder o Leisen, que sin duda hubieran extraído más jugo (lujurioso, of course) a esta inusitada relación.
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7 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil